martes, 19 de diciembre de 2006

El Quirófano,alternativa literaria



En Ecuador la publicación de revistas de arte y literatura siempre han sido sinónimo de vida corta de circulación; pocos han sido los medios que han llegado al número tres, otros a penas al número uno, y luego la nada: un nuevo nombre engrosando la lista en el cementerio de revistas sin continuidad.
El Quirófano, del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel y cuyo editor es el poeta Augusto Rodríguez, es el nuevo espacio para el arte y literatura ecuatoriana (aunque ya exista el antecedente en el internet, como el blog de la agrupación) que este colectivo propone. De formato A4 y con a penas 16 Págs. abarcan temas en torno a las preocupaciones de los escritores frente a la problemática de mercado y expansión de las obras literarias, artículos en el campo musical, creación literaria y un segmento de reseñas de libros. Las firmas que acompañan estos escritos son de conocidos en el campo de las letras ecuatorianas.
Para ser el primer número de este medio, su edición y contenidos están bien conjugados. Ahora toca esperar las próximas ediciones para ir confirmando que El Quirófano no es un síntoma de novelería en el campo del arte y literatura, sino que responde a una necesidad de difusión, donde nuevos enfoques del arte y literatura –valga la redundancia- son tratados por jóvenes escritores, cuyas preocupaciones van más allá de la mera figuración dentro del escenario de las letras en Ecuador.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Alexis Cuzme: el club del desenfado




Patricio Lovato*

La poesía según Lezama Lima: es el reto sagrado de la realidad absoluta. Como el poeta de los Premuertos y sus textos son sacrílegos; y, tienen su propia realidad para contar, vamos a tener una buena aproximación a esta definición.
Qué usa Alexis Cuzme para traducir la realidad, más allá de su realidad individual. Tiende puentes mediante el reconocimiento de imágenes y a través de estas con metáforas se integran palabras: duras, ásperas y hasta cínicas. Pero trabajadas con laboriosidad en un discurso desenfadado.
Pero qué hay con la credibilidad, la fusión de “ ver y creer” otro requerimiento que antepone Octavio Paz, para la poesía? Nos hace El Club...oír lo inaudito para ver lo imperceptible? Estoy seguro que sí. Sólo que entremos en su mundo, en su realidad con sigilo. Acerquémonos a su discurso sin ir de lleno en el análisis, no, como el viene a nosotros. Porque los formalistas dirán: qué raro. Los moralistas: qué procaz. Y los normales por lo menos diremos: qué anormal. (Le queda el consuelo de lo dicho por Caetano Veloso: visto de cerca nadie es normal)
Ante estas generalizaciones, otro punto de vista, ahora hacia la visión poética del grupo al que se pertenece el autor. Les denominan “los novísimos” y hablan de representar “una libertad del desencanto” rompiendo con estructuras pasadas e incluso cometiendo parricidio, que según el representante del Grupo, el poeta Xavier Oquendo Troncoso, consiste en matar a los autores que encauzaron sus textos, lo que lleva a crear su identidad. Ante esto hay que asegurar que ya otras generaciones anteriores a ellos “torcieron el cuello al cisne”.
Otro rasgo que lo identifica con el Grupo es la negación al nosotros y el sí al yo. El yo poético que sustenta su discurso.
Revisado el entorno, vamos dentro del texto. El sujeto poético de Alexis se proyecta sobre la objetividad externa, mediante su individualidad y se descarga en el amor y las rutinas normales básicamente. El poemario prácticamente se divide en dos corrientes con sus contenidos: la premuerte y la post muerte. Si hay vida en la muerte, en la antesala; esto es, la premuerte la actividad es intensa. El poeta ama el desamor, lo dice en dos versos: “salvo mutar en poema pisoteado / por amor al desamor.”
La primera víctima en esta premuerte; obvio, es el amor, veamos desde el epígrafe: “...ya que finalmente/ ningún amor funciona” Charles Bukowski.
En nuestros escenarios de amor normales, comunes y corrientes, ubicamos la cama desde donde pueda desenvolverse con naturalidad la imaginación. El poemario traslada estas formas para proyectarnos otras realidades, contempladas desde ángulos que estaban en la sombra y se iluminan, ahí abajo:
“...contemplarás hasta agotar / las colillas vetustas bajo la cama, / mis medias y botines jubilados / los últimos preservativos consumidos.../ ... el retrete donde paré el tiempo / para crear quimeras sin olor ni forma...”
Se puede pisotear a la ternura ? Sí, el poeta puede. El texto lo hace desde su solitaria compañía de premuerto: “ ...La ternura es una larva que debes pisotear, / rociar con esperma ácida / moscas productoras rondando tu cabeza...”
Nada es gratuito porque el amor reclama a lágrima viva la mezquindad del individualismo: “...yosoyyo, me digo / aunque desde lejos / la protesta lacrimal moje mis pies, / reclamando – sin vergüenza – el extirpado yosoytú, / sin escuchar el enfoque divertido / de mi carcajada múltiple pisoteando pretensiones...”

Alguien odia hasta aquí al poeta?. No debería, es un enfoque audaz de la realidad, con cargas de profundidad muy válidas en su expresión, hechas para el desamor que nos gobierna. Cuatro versos más: “ ... Mujer, no te amo / ...tu cuerpo es la barrera / ¿cuándo lo comprenderás?...recurrir a ti es un lugar común...”
Para la normalidad también existen contundentes cuestionamientos y cuando pone nombre a las sensaciones, salen tendencias agresivas que emancipan la soledad y el individualismo de su envoltura de compañía. Otra vez el lenguaje desenfadado con el cortejo de sinónimos en los poemas nicho y postmorten: “...que lo anormal nos recorra / sin pudorosos remordimientos...”.
Harto de mirarnos, Cuzme mira hacia sus interiores y también dispara, se retrata con lenguaje duro, del que saltan piedras como palabras afiladas a golpear-se: “...Rey / durante la estadía en mi oscuro templo. Y ahora bufón, / distracción desnuda / croquis indefenso.../ ...alimento intelectual para perros…”
Se avanza y ahora encontramos palabras que construyen pinturas de feísmo para mirarnos en nuestras gulas: “...embriagarse de grasa, / triturar tripas aliñadas. / Se emprende el curetaje al ano con los labios. / Masacre: / mosaico de caricias, sangre, fogón. / La vagina dental succiona el gusto de los dedos. / ...Imperan los asesinos. / Sin casta. Sin raza. / Con tridente y cucharón...”.
También hay cinismo al confrontar la relación entre víctimas y victimarios, el contraste expulsa la conciencia de las crónicas: “...Las niñas visten de viejas esquineras / y está bien, / sobreviven los pedófilos . / Prolongando pesadillas / a las madres.../ ...Está bien, sobreviven los pedófilos. / Víctimas / de la ofensa.”
El poemario está hecho, los poemas son estructuras osadas, para provocar sensaciones, para desatar animadversiones. Aunque pasados esos lodos queda la realidad intacta. Libro extraño, que produce un postizo alivio cerrarlo. Quedan como los efectos que dejan los malos sueños: queremos olvidarlos y nos gobiernan por un tiempo.
El poeta se hizo, tiene la confrontación de Bukowski en sus quehaceres y el piedrazo al protestar. La moral se protege bien, detrás de este escándalo habrá otro. A partir de este grito habrá silencio, todo podrá neutralizarse a partir de lo mediático. El desenfadado discurso se enfrenta a una atmósfera recreada para desvanecerlo. El poeta insistirá hasta sembrarnos a los moralistas, formales y normales, su visión, que no es si no su obra.
(texto leído en la presentación del libro Club de los premuertos)

*Escritor manabita.

No desvistas el maniquí




¿Qué demonios tramamos –y estamos pensando- desde nuestros clandestinos rincones solitarios, junto a un número, una bocina y una voz del otro lado que ignoramos si es sincera?, si todo lo fraguado se esfuma ante el enfrentamiento voz a voz. El laberinto resurge frente al rostro pensado, y entonces no nos queda más que improvisar, descartar las palabras, las oraciones, todas las frases prediseñadas dispuestas a soltar que se escurren ante el momento decisivo y... fallamos.
Después de eso la nada, el vacío sofocando los pensamientos, el peso existencial volviendo para sabotear las actividades, las acciones comunes logradas para autodistraer el peso impalpable que nos joroba más a cada instante, hasta que el último párpado baje la guardia y no nos queda más que la pesadilla aguardando con su infernal mezcla de escenas recogidas, devolviéndonos la idea de que los sueños no son más que fragmentos vivenciales descompuestos por nuestro inconsciente.
Y volvemos a nuestro estado natural: tristes esperpentos, entregados a desolados bancos de parques alegóricos (para hacer más evidente el desahucio), a lecturas abandonas días atrás por desalentadoras, resolviendo no alejarnos de la esencia oscura que no pretende liberarnos.
Y evitamos el enfermizo contacto colectivo –nada más chocante que otros rostros, otros cuerpos para profundizar la desazón que nos gobierna-: ese mundo rosa, fácil, colorido, sonriente, fanfarrón, placentero y abundante que se nos ha negado por dementes, extraños, simples y ordinarios criticones de lo inacoplable.
Y retornamos al tema depresivo predilecto, repetimos cada palabra, cada frase, cada susurro o grito demandado; imaginamos la absurda semejanza de las historias (de quien canta y la nuestra), subimos el volumen, apagamos las luces y nuevamente nos entregamos al vacío.
No somos más que un monólogo expuesto a lectores desconcertados, testigos de lo inatestiguable, necros individuos esquizoides, fantasmas sin un cuerpo complaciente, minúsculos brujos sin el bebedizo del “amor”, payasos llorones negándose a temas productivos y salvadores, poetas de lo trivial trasmitiendo versos mal logrados, pequeños y olvidados amantes oxidados.
Y continuamos el engaño: dejaremos creer que nos dijeron la verdad. Dejaremos creer que las palabras encontraron consuelo en lo distante. Dejaremos creer que desde ese instante nada cambió para el espacio actualizado, aunque en el fondo no hagamos más que mentirnos una y otra vez, como ha sido lo habitual.



Entre las obras de Woody Allen y Steven Spielberg



No recuerdo la primera vez que vi una película de Woody Allen, pero sí rememoro una imparable risa e intensas pausas de reflexión para intentar analizar qué mismo era lo que había pretendido decir el loco ese. Títulos específicos no atino, tal vez solo imágenes de alguna caracterización donde es un espermatozoide y se plantea -cruda y crítica postura- el sentido de la vida, vista desde luego como un espermatozoide poco privilegiado.
De Spielberg en cambio tengo más clara su producción en mis recuerdos, desde I. T. (que hasta ahora no me sigue agradando) hasta películas mejor logradas como Color Púrpura donde en verdad se pasa como director.
Ahora los he reunido en mi expectación, dos estilos y temáticas alejadas, disímiles en sus apreciaciones de la realidad, pero en el fondo semejantes, unidos por el talento de hacer cine; perdón, excelente cine.

Match point: amor y muerte conjugados
Match point (2005) de Woody Allen no solo rompe el esquema al que nos tenía acostumbrado el director, con la carga de humor negro y sarcasmo incontenible, sino que nos revela una nueva faceta en su cinematografía. Allen, en este film, recorre los oscuros sentimientos y realidades del amor y el deseo, donde la muerte resulta ser una opción salvadora ante estilos de vida cómodos, ante la negativa de estancarse en ambientes sin mayor encanto.
La frivolidad y comodidad de un mundo casi privilegiado es una parte de la muestra a la que el director pretende –y lo consigue- fraguar la trama espeluznante a la que enfrenta al espectador, así todas las intenciones y falsos símbolos de encontrarnos frente a una simple y trivial película de amor, deseo y traiciones se torna oscura y desesperante, hasta el punto que personaje apacibles como Chris (Jonathan Rhys Meyers) logran un giro aterrador; así el personaje protagonista, como centro atentatorio, nos muestra a lo que el fracaso en el tenis (o cualquier otro deporte y en lo que sea) puede llevar a encontrar en el amor un refugio complaciente, sobre todo cuando este amor ofrece una cómoda vida burguesa.
En cambio Nola (Scarlett Johansson, cada vez demostrando mayor talento en sus caracterizaciones) como personaje de peso en la película, es además del símbolo del deseo esa ruptura indeseable de una vida matrimonial aparentemente perfecta, la de Chris. Es el pandemonium que intenta lograr el amor y la estabilidad emocional a pesar de la desgracia de otros.
La película no solo que mantiene a la expectativa al espectador, sino que no defrauda por la inclusión de un humor negro –aunque bien disimulado-, burlesco y extremadamente sutil que aparece en las escenas de mayor importancia en el film, demostrando que el fondo es un producto de Allen, y no porque el espacio geográfico se desarrolle en Inglaterra necesariamente se recurre a ese humor tan falto de comicidad.

Munich: la guerra eterna
Espectar Munich (2005) de Steven Spielberg no solo es enfrentarnos a un tema de interminable polémica a nivel internacional, sino que es la oportunidad para conocer una ruda –y que vista desde los implicados podría ser hasta ofensiva- crítica del tema israelita y palestino, de esa interminable guerra por la tierra, por esa promesa de suelo bendito por el que se mata, no solo en los mismos territorios sino fuera de ellos.
Es precisamente fuera del contexto en conflicto donde el director desarrolla la trama de la película, reflejando toda la maquinaria de espionaje y terrorismo internacional que existe en el planeta. Spielberg arremete con su crítica al poner en su personaje protagonista Avner (Eric Bana) los cuestionamientos del absurdo de pelear por algo –para el personaje- vano, donde lo único que se gana es la demostración del más fuerte.
El film parte del secuestro y asesinato de israelitas por parte de palestinos en un hotel de la ciudad de Munich, donde por motivos de las Olimpiadas del 72 se habían reunido. Pero es a partir de allí que el director avanza, arremete y juzga las masacres en nombre de fanatismos y venganzas.
Una película no apta para apasionados por el tema, donde las escenas dan el peso necesario para comunicar la violencia representada. Los argumentos son directos y definidos, aunque ronde el desencanto de encontrarse con escenas donde se nos recuerda que la percepción del tema es vista por un estadounidense y que esa visión está lograda como producto comunicacional occidental y no desde el centro mismo de la problemática.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Garganta Profunda o mi experiencia poética



Karina Mera*

Y eso de encuentros poéticos era para mí toda una aventura de la que no tenía ni idea de cómo empezaría, se desarrollaría, ni en qué terminaría. Me le colé (con la condición de que reseñara el evento) a uno de los invitados, mi amigo, el flaco Cuzme. Y ambos nos dirigimos hasta Quito.
La organización del evento estaba a cargo de los colectivos literarios Machete Rabioso, Fe de erratas y Red Látigo de Poesía, puros mechones con pinta de rockeros malos.
La verdad, y esto solo entre usted lector y yo, ese tema de los “poetas” me altera mucho, pero como para superar los miedos hay que enfrentarlos y porque en el fondo cada uno lleva un masoquista incorporado, me fui para allá, bueno nos fuimos.
Los días programados para el encuentro “Latinoamericano” (así entre comillas, porque estando allá nos enteramos que ninguno de los dos invitados de Colombia y Venezuela, respectivamente, asistirían) fueron del jueves 27 hasta el sábado 29 de julio del 2006. Como el flaco Cuzme es responsable en su trabajo no pudimos llegar a la inauguración del encuentro, el jueves, así que lo hicimos al segundo día, viernes 28.
Un frío estremecedor nos recibió al bajar del carro y de ahí directos al cine porno Hollywood, no para entrar en calor (como de seguro estarán pensando), si no para presenciar el segundo día de lecturas y claro para que el flaco Cuzme se reporte y me presente la bola de amigos poetas (¡de miedo!, todos esos tipos medios rallados y rallados completamente, pero en el fondo poetas).
Entre cervecita y cervecita nos contaron de cómo el día anterior había estado la concurrencia, que los poetas invitados habían leído sin ningún problema, que eso de haber hecho la inauguración del encuentro en la Parada del trolebús en la Villaflora, era original y bueno...
De a poco la gente fue ocupando cada una de las butacas del cine (con la advertencia de que revisaran los asientos antes de sentarse, no vaya a ser que se encontrasen una sorpresita, ya que al ser un cine porno...) hasta casi llenarlo. Una vez dada la hora de inicio (8 PM) subieron los poetas quiteños Samuel Tituaña, Alex Tupiza, Edison Lasso, Enver Carrillo, Christian Arteaga y el guayaquileño Ernesto Carrión. No sin antes enterarnos de qué mismo era eso de Garganta Profunda (además de ser el título de una película porno antigua), para ello subió al escenario la actriz “Débora”, que le dio a la noche su toque provocador.
Sin duda los poetas más destacados en la noche –y eso que de poesía no se mucho- fueron Enver Carrillo, Samuel Tituaña y Christian Arteaga. Allí escuchamos poemas llenos de sarcasmo e ironía, como los del aparentemente adolescente (pero más viejo el tipo) Enver Carrillo, que dijo en su poema Supervivencia: “En el colegio / tocaba escupir el sanduche / para que no me lo arrebataran / ¿cómo defiendo hoy / a mi muchacha?”
Finalizadas las lecturas y tras despreciar el trago que nos invitaban, nos fuimos a descansar (¡por fin!).
Ya papelitos el día sábado 29 y luego de hacerle pata al flaco por ahí y por allá, llegamos al lugar donde se daría la tercera y última noche de lectura. Por fin podría ver en acción poética a mi amigo, el flaco Cuzme.
El lugar fue el bar La mulata de tal (bien aniñado para nuestra costumbre), donde a diferencia de la noche anterior la concurrencia era minoritaria. Igual tocó el turno a los poetas quiteños Fernando Escobar, Edwin Madrid, Susan Rocha, Jorge Gómez y Raúl Arias, también a el mantense Alexis Cuzme y riobambeño Víctor Vimos.
El quiteño Fernando Escobar arremetió con su poesía, cargada de humor negro a borbotones, así lo confirmó en poemas como La virgen: “Deja de masturbarme la boca / porque si no / voy a tener que violar / a todos tus osos de felpa / muñecas de porcelana / perros y gatos, / o ir a buscar a tu amiga / que aunque medio feíta / es más legal que vos.”
También el flaco Cuzme tuvo su parte, su poesía fue agradable (recuerden que no se mucho de poesía y otra cosa no porque sea mi amigo lo voy a alabar), en algunos casos sombría y en otros erótica, pero me impresionaron algunos versos, como los del poema Llamada sin efecto: “Ey, flaco de ojos rudos, / que más da si el mundo intenta conectarse, / nada desde afuera lo resuelve en un instante.”
Y sin duda el poeta que más me impresionó fue el riobambeño Víctor Vimos, qué fuerza expresiva la del tipo, de seguro pronto retumbará su nombre en todo el país. Una poesía fresca y sincera, que no busca estancarse en la simple pose de muchacho malo, sino que escribe a partir de la experiencia, y eso, para alguien como yo que no sabe mucho de poesía, es lo importante.
Terminadas las lecturas, los poetas –muchos agotados por las tres noches de poesía y amanecidas- se despidieron; el respectivo intercambio y obsequio de libros (de los cuales también me dieron algunos a mí), los fraternales abrazos en agradecimiento por la asistencia y bueno... al fin había enfrentado mis temores, ahora ya sabía de lo que mismo se trataba todo ese cuento de los famosísimos encuentros literarios, había estado en el centro del joven movimiento poético del país y no estaba nada mal, quizás me animase a escribir un poco.


*Estudiante de periodismo en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí.


Capote: la sangre fría del escritor



Yo soy lo bastante humano como para sentir lástima de mí mismo.
Perry Smith

Argumento fílmico
Capote (2005) de Bennett Miller, es sin duda un film que a más de uno logrará erizar, tanto por la crudeza de las imágenes como por la radiografía de la vida de Truman Capote: escritor ícono de la cultura y sociedad norteamericana de los años sesenta y setenta.
La película recrea como el escritor inicia, mantiene y finaliza su investigación en torno al múltiple crimen acontecido en el pueblo de Holcomb, en el estado de Kansas; allí la historia nos va mostrando como Capote va penetrando en la vida de la comunidad y posteriormente en la de los asesinos, para ir dando forma a su novela más conocida y mundialmente famosa: A sangre fría.
Capote (caracterizado por Philip Seymour Hoffman, que logra darle toda la fuerza expresiva y emotiva del escritor) no hace más que mostrar los dos lados de su mundo: uno, donde es el escritor fanfarrón y alma de las fiestas (ver el film Estudio 54, que también lo muestra así), ególatra incomparable; y dos, el investigador sensible que conversa con los asesinos de la familia Clouters. El film dramático centra sus diálogos con Perry Smith (Clifton Collins Jr., un actor que hay que tomar muy en cuenta) quien reafirma su importancia tanto como asesino de los cuatro miembros de la familia, así como el más sobresaliente por la sensibilidad e inteligencia que demuestra para con Truman.

Los dos lados de Truman
El film norteamericano no deja de lado las excentricidades de Truman: su narcisismo y egolatría, su recurrencia excesiva a la bebida e inclinaciones homosexuales, que lo reflejan en la película como un escritor sobresaliente dentro del círculo banal de escritores, periodistas y artistas norteamericanos de la época; por otro lado el escritor es el niño desprotegido, deprimente, humilde y solidario que se entrega amistosamente en diálogos reveladores con Perry Smith (asesino de los Clouters).

Literatura de no ficción
La película logra darle el ya reconocidísimo valor a la obra de Capote. Su novela encasillada en literatura de no ficción (porque la historia y sus protagonistas son reales) consagra al escritor norteamericano como uno de los más importantes en los años sesenta y hasta la actualidad.
A sangra fría es el trabajo de más de cinco años de investigación y observación cercana de uno de los crímenes más sonados en un pequeño pueblo del estado de Kansas, en Estados Unidos. Allí el autor se dirige para convivir con los habitantes y ser parte de la conmoción colectiva. Así es como Truman logra trasmitir en su novela la carga psicológica no solo de los dos responsables de los asesinatos, sino de muchos de los habitantes y protagonistas del sangriento acontecimiento.
Truman y Perry: amigos por interés
Truman, en el film, encuentra en Perry “una mina de oro”, ya sea por lo emotivo del asesino o por la franqueza hacia el escritor. Además porque Capote ha comprendido que su libro necesita enfocarse en la vida de los asesinos, sobre todo en la de Smith. De igual manera Perry encuentra en Capote una ayuda para su apelación en los múltiples juicios que pesan sobre él y su amigo por los asesinatos cometidos.
Ambos intentan obtener algo del otro, pero es Truman quien logra extraer de Perry la información necesaria para la composición de su libro (tanto sus diarios como la declaración de autor de los cuatro asesinatos). Y esto lo va demostrando en el cuerpo del film y de la historia, ya que mientras en la cárcel junto a Perry desniega el haber escrito siquiera una página del libro que ayudará a Smith y su amigo para no ir a la horca; por otro lado ya se comenta el exitoso proyecto novelístico de no ficción que el escritor está escribiendo, donde consta de un título llamativo y cuyos fragmentos ya han sido leídos en público.

Truman: una mente brillante
Lo más sobresaliente del film es la información que se da acerca del escritor norteamericano. Como el hecho de afirmar que de todo diálogo siempre recordaba el 94 % (teniendo en cuenta que no usaba grabadora), cualidad clave al momento de cada una de las distintas entrevistas que mantuvo con los ciudadanos de Holcomb y con uno de los dos protagonistas de los asesinatos, Perry Smith; éste quien junto a su amigo Dick Hickock fueron condenados a morir a la horca la madrugada del miércoles 14 de abril de 1965, por el asesinato a sangre fría de los cuatro miembros de la familia Clouters.


Casi un poema




La idea, como en todo cuerpo necesitado, era emborracharla y poseerla hasta la saciedad. No era un tipo pilas, como los que solía ver en rincones públicos o clandestinos, capaz de engatusar con las palabras, menos caricias claves o detalles convincentes dignos para lograr aflojar unas cuantas víctimas. Solo tenía a la poesía y cientos de páginas borroneadas en espera de corrección (según cuentan algunos). Libros, recortes de periódicos, algunas fotografías, contadas películas y un repetitivo orgasmo perdido en las paredes de mi habitación. Pero ella, estaba seguro, caería.
El cigarrillo lograría dejarme sin erecciones, de eso estaba convencido. Era mejor actuar cuando aún podía lograr todo lo imaginado y me esperaba hasta lo inimaginado por experimentar.
La maldita discoteca de por medio, pero los sacrificios serían retribuidos. Algo de billete para la inversión, una hora fija para el encuentro, varios condones para no cargar con alguna sombra, litros y más litros de alcohol para el cometido.
Desde luego cabría la posibilidad de que nada sucediera. Que me emborrachase primero y estallase en ira. Que me emborrachase primero e intentara poseerla en donde sea. Que me emborrachase primero y que me dejara por otro. Que me emborrachase primero y que una vez en el hotel me poseyera. Pero desvariar en el último momento era normal en mí. Esperaría.
Bailamos, sería la segunda vez por alguien. Recité mis escasos poemitas rosas escritos para la ocasión, algún otro poema plagiado para enternecer el terreno; una caricia vaga, un toqueteo seudo descuidado, varios besos –con esa lengua calcinada y acelerada de tanta nicotina- confirmantes del “querer”.
-me quieres -la cagó.
-te necesito –respondí.
Con botella, del mismo trago, en mano –para asegurar la borrachera fraguada- nos fuimos al hotel más baratero de la ciudad. Dobló. El plan dio resultado.
10 AM, desperté. Ella aún yacía dormida. Recogí su pequeño interior oscuro y acerqué a mi nariz, aspiré hasta recrear lo ocurrido horas atrás.
Contemplé su delgado cuerpo desnudo sobre la cama, sus largas y blancas piernas, su pubis escaso, sus minúsculos senos de pezones puntiagudos, su boca semiabierta.
Los cinco condones sin usar, regados en la mesita adjunta a la cama, desencantaron la imagen.
Prendí un cigarrillo, hallé un lápiz y sobre papel higiénico empecé a escribir un poema que hablaría del amor libre y sin ataduras, del sexo desenfrenado y sin protección, de lo poético de los hoteles miserables, del licor como afrodisíaco, del olvido como juego, del aborto como opción salvadora ante la tristeza agobiante de nuevas vidas en este mundo. Escribiría del “amor”, ella entendería.

Hostel o el gore hostigador (crónica cinéfila)




El cine gore es toda una empresa compuesta de sangre, vísceras, gritos y desesperación, con la muerte siempre alrededor de cada situación a la que los personajes se ven arrinconados. Hostel (2005) de Eli Roth está compuesta por todos los elementos conocidos en una película de esta naturaleza que sobrepasa el terror, pasea por el horror y se estanca en lo grotesco: fuente inacabable donde la sangre es el elemento más abundante.
Basta saber que en la producción del film ha intervenido Quentin Tarantino para imaginar la ultra violencia que el largometraje puede contener, aunque una vez finalizada la película nos queden inquietudes y varias interrogantes promotoras de la decepción.

Personajes desesperantes
El reparto flaquea en casi todo el largometraje, esto porque muchas de las escenas posteriores son predecibles de imaginar. Muchos personajes intentando ser siniestros a excusa de cualquier cosa y situación tornan al film tedioso. Sumado a todo esto que los diálogos nos remiten a cualquier película terrorífica norteamericana, sin nada de hondura en sus argumentos, y más bien demostrando superficialidad en lo que se dice, donde el sexo, mujeres despampanantes y la sangre son los elementos abundantes.

Sangre, gritos e ingenuos turistas
La historia, después de la infaltable dosis de sexo y cuerpos femeninos desnudos rondando en cada escena, es para público de estómagos fuertes. Porque eso de estrellarse con vísceras, sangre, imparables gritos, y, como si no fuera suficiente, vómito a borbotones, a pocos hará estremecer de gozo.
El espacio geográfico se vuelve clave para el desarrollo de los acontecimientos: una ciudad incrustada en medio de la nada, donde la mayor parte de la población vive del secuestro y venta de turistas a las mafias.
El director confabula a partir de esta realidad subterránea (porque según dice el mismo director la historia surgió de un anuncio en internet –de algún lugar remoto de Asia- donde se puede pagar por matar), para crear una más increíble de aceptar, donde la carnicería entre humanos es el oficio de mayor recurrencia y satisfacción.

¿Asesinos frustrados o mediocres consumistas de muerte?
El argumento sin duda posee bastante originalidad, puesto que parte de información basada en hechos reales (con otro contexto y situaciones distintas); así las leyendas urbanas se conjugan con datos verídicos y se complementa toda la ficción posible para lograr el resultado final en la película.
Pagar por matar: ese es el fin de todos aquellos miembros del club de asesinos frustrados que habitan en esta enfermiza película. Mediocres desadaptados que ante las complicaciones de asesinar como lo haría cualquier matón respetable, optan por comprar a sus víctimas y desatar su furia.

Escenarios lúgubres
Sin duda lo más sobresaliente del film son los escenarios sobrecogedores, donde objetos antónimos de vida son lo más destacable. La muerte así no es solo el hecho consumado que habita en cada uno de los asesinos frustrados, sino el testimonio material estancado en las paredes de las habitaciones-carnicerías, en los cuchillos, bisturís, sierras, machetes ensangrentados; en aquella terrorífica vestimenta de carnicero que recorre los pasillos tétricos y en los múltiples gritos que se apagan por las gargantas abiertas.



Safari



Por Marco Martínez*

Díganme cómo no iba a estar cabreado. Luego de casi dos años por fin el canal 2 iba a transmitir una nueva temporada de Los Simpsons (en televisión por cable iban dos temporadas adelante) y cuando me disponía a descubrir los encantos y tesoros de un capítulo totalmente inédito para mí llega Héctor y me pide que lo acompañe.

Ando con Bruno. Nos vamos de safari.

Me opuse con firmeza. Ni siquiera sabía qué era eso de irse de safari . NO. NO. NO. NO. NO. Cuando me di cuenta estaba yo subido en el carro de Bruno viéndole parte de la cara en el espejo retrovisor, camino a no sé dónde y para colmo ya medio borracho.

¿Qué es eso del safari?
Ya le vas a ver. Ya le vas a ver.

Estuvimos dando vueltas horas de horas, piropeando a cuánta niña bonita se nos cruzara, primero por Alborada y Sauces y luego por Urdesa y la Kennedy. Además de coca, había suficientes tranquilizantes en el carro como para ponerse una distribuidora farmacéutica. Bruno, al que todos llegamos a conocer por Ramón, tenía ya tres años entrando y saliendo de las clínicas de rehabilitación y se había escapado de la última clínica atacando al guardián con un cuchillo de mesa, dejándolo atado en una silla como se ve en las películas; él contaría que era un tipo medio físico culturista que tenía una 38 en el cinto, pero Héctor sabía la verdad: el guardia era un tipo maduro que se había quedado dormido y al que Bruno amarró sólo por molestar. Era un man demasiado drogo, y había prometido no sé cuántas veces dejar de usar sustancias prohibidas. Si lo mismo le da fumarse un bate que inyectarse cocaína. Sus padres, concientes de que Bruno no tiene remedio, decidieron subsidiarle sus extravíos. Para que te despejes, mijo, le había dicho el papá mientras le ponía seis mil dólares en la mano y por eso ahora andaba recorriendo el país en su Mercedes antes de irse para el Caribe. De eso ya hacían como cinco meses, pero había regresado a Guayaquil por una pelada y aprovechó la ocasión para irse de safari con su nuevo amiguito Héctor. A la una de la mañana íbamos por el Punte 5 de Junio a 120 kilómetros por hora.

Hoy tengo ganas de algo más exótico –repetía a cada rato Bruno-. Algo más tierno.
Ya vas a ver qué es el safari -decía Héctor.

Una línea de coca laceraba mis mucosas. No tenía ni idea qué podría ser irse de safari, pero sí sabía que tenía que ser alguna porquería.

Ahí está, con otro pelado- dijo Héctor, señalando a unos niños indigentes que arrastraban con esfuerzo dos mochilas llenas de fierros.
Posi.

Intempestivamente, sin preámbulos ni introducciones, sin diálogo o intercambio de señas o protocolos de saludo, se suben al carro dos niños cuyos rostros son una colección anárquica de rasgos mal dibujados: un cráneo rapado a mate lleno de gruesas cicatrices purulentas, un tabique desviado, las cuencas de los ojos vaciadas, unos puntiagudos dientes negros desiguales. De golpe lo entendí todo. Algo me había insinuado Héctor a veces, pero asumía que eran únicamente fanfarronadas. En el segundo siguiente los niños ya estaban sin ropa y empezaron a desvestir a Bruno; se notaba que esto no les era desconocido porque sus movimientos eran precisos, mecánicos a fuerza de repeticiones. Lo siguiente fue el nervudo miembro de Bruno penetrando el enmierdado ano de uno de los rapazuelos –dilatado, negruzco, hermoso, con pequeñísimos costras de sangre pegadas-; después los quejidos, el placer disfrazado de suplicio; el dolor que muta en regocijo, en satisfacción absoluta. Una boca infantil de labios gruesos y reventados lacta diligente otro falo, el de Héctor, que se ha quitado el pantalón quedándose en camiseta y hay un hedor a sexo sudado encerrándose dentro del carro y ahora la misma boca, otro falo embarrado de estiércol, el mismo recto atravesado, la cara de orgasmo de Bruno, el olor a cemento de contacto, a semen y parece que uno de los niños es por primera vez sodomizado porque sangra mucho, muchísimo, dejándole marcas de sangre en el pene a Héctor. Al ratito, un olor a semen distinto -un suspiro diferente-, casi a lejía, aplaca el olor a sangre. Alguien -ya no sé quién, creo que Bruno- me baja el cierre y me desabrocha el cinturón, pero me desembarazo y me refugio en la parte de atrás del carro. Desde ahí, cuando vuelvo a verlos, todo es muslos, barrigas abultadas, torsos planos, genitales revitalizados por la patología, unas gotas de semen que caen sobre una herida abierta, ojos desorbitados hasta la demencia. Yo también tengo los ojos abiertos, muy grandes, el pulso acelerado por la inmundicia, y Bruno me pregunta que por qué no me uno, que qué hago ahí atrás escondido, masturbándome. No sabes de lo que te pierdes, Nicolás, no sabes lo que te pierdes me dice mientras vuelve a eyacular exhalando un jadeo bajito y quejumbroso, ese olor a lejía de nuevo, como a pedo, a grajo, confundiéndose todo en una sola tóxica neblina.

¿Qué clase de monstruos eran estos tipos? Luego del festín llevaron a comer a los infantes a una fuente de soda que se mantenía todavía esa hora abierta. COKY en neón neón. No comieron tanto como me imaginaba –yo no probé bocado-, pero se llevaron varias fundas llenas de comida. Todo eso me parecía aberrante. Hubiera preferido que los bajen a patadas del auto, desnudos, sangrantes el uno, meado el otro, pero eso de darles de comer y regalarles un par de dólares después de lo ocurrido, así como si nada, me parecía más espantoso en sí que el hecho de recorrer la calle por las noches buscando indigentes para violarlos. Bueno, no tanto, pero igual. Safari Club.

Vamos para dejarte.

No dije nada de regreso a casa. Reconocí que me asqueaba más mi falta de contrición que lo que pudiera pasar o dejar de pasar al par de infantes. El camino hacia abajo es largo y yo lo recorría ávido, deseoso, raquítico y débil mi espíritu, más famélico que las exiguas carnes de esos dos miserables. De haber sabido hubiera llevado una cámara, pensé.


*Marco Martínez (vocalista de la banda Abismo Eterno y ex-vocalista de Misterio, ambas de Guayaquil) hace su incursión en la narrativa y sale totalmente librado. El relato que aparece en este número pertenece a su libro inédito Patéticas formas de evasión. Es un orgullo el contar con la participación de este joven escritor que muy pronto -de eso estamos seguros- dará mucho de qué hablar en el ámbito literario, sobre todo por todos aquellos que han experimentado y vivido los rincones más oscuros y siniestros de la subterráneidad.
Narrativa provocadora y extremadamente cruda, que no pasará desapercibida en el entorno ecuatoriano de las letras y la música.

(Este relato aparece también en la edición número ocho de la revista Marfuz)

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Causa de adicción



El supermercado era un lugar que sólo el diablo había podido inventar.
Isaac Singer

Quién ha dicho que ir de compras al supermercado es cosa de mandarinas, nada, allá los acomplejados, porque cuando espera una revista para engordar las pupilas (si es que se puede decir tal cosa, claro), perforar los poros y alterar a todos los espermatozoides disponibles, toda clasificación y cliché están demás. Unas piernas, nalgas, senos y pezones apuntándonos directamente a los labios (ese es el punto preciso, ¿o no?), arrancándonos toda posibilidad de resistencia, extrayendo cientos de gotas de sudor, jamás de los jamases, podrán hacernos retractar.
Y en esas andaba, junto a Noemí, en una de esas sofocantes tardes soleadas de ciudad costeña, haciendo las compritas del mes. Mi objetivo: SOHO; mi estrategia: disimular y darle poca importancia a las modelos incluidas en la edición; mi compañía: colérica, a punto de estrellarme la revista en la cara; el ambiente: caliente, muy caliente (aunque el acondicionador de aire lo mantuviera a uno fresquito por fuera).
A la primera página (y con esa cara de ingenuo que ni yo mismo me creo) me he hallado con un cuerpo “prohibido” (solo para mí, aclaro), de nalgas, ojos, senos, pezones, labios, imposibles de describir sin atentar el honor de alguien (ya saben, así que no se hagan lo locos). Entre temblores he pasado la página, me he distraído en los títulos de los artículos, y luego procedido a soltar varias carcajadas (eso nunca falla). Y como el ambiente ha continuado caliente, muy caliente, he cerrado la revista y puesto en el carrito de compras antes de que de inicio la lid.
De la manito, como todo un mandarina hecho y derecho (solo de apariencia, así que no se lo crean) hemos recorrido los pasillos del supermercado. Noemí y su lista, la lista y Noemí, Noemí la lista, la lista de Noemí (que tonteras que se piensa para no dejarse atrapar por un trasero que se mueve junto a nosotros, que convive junto a las verduras, el yogurt, la mantequilla, jamón, leche. Y no me digan que todo eso no es sugestivo).
Hemos parado. Aguardo pacientemente en la fila de la caja, ella me abandona en busca de algo olvidado de la lista. Bajo la mirada, extiendo las manos, abro las páginas centrales de la revista (es ahora o aguardar hasta llegar a casa), el espectáculo me pertenece, me lloran los ojos, se altera el pulso, el sudor vuelve a aparecer, avanzo un puesto más cercano a la caja, la cajera me ve de reojo, la vecina de fila me sonríe y gira ofreciéndome una panorámica privilegiada, Noemí se acerca, cambio la página, intento serenarme, me estanco en cualquier cosa y empiezo a leer. Entonces me abordan escenas de pezones lamidos, sexos húmedos, nalgas enloquecedoras: Martha, en el hostal miserable junto a la terminal, sus piernas en mis hombros, sus senos en mi boca, el amor en espera. Claudia, en la playa, mi lengua en círculos sobre sus botones de carne oscura, su sexo mojando su interior, mis dedos secándola, mi olfato consumiéndola. Tamara, en mi habitación, atragantándose de mí, poseyéndome lentamente con su boca. Roxana, en el baño de la oficina de su trabajo, negándose al uso del condón, volteándose, abriéndose, extasiándome. Alexandra, solos en el departamento de su hermana, tocándome, besándola, creyendo tener el control al estar sobre mí. Isabel...
-estás bien, flaco -me dice Noemí.
Sí, respondo inmediatamente, antes de que el sudor y la mirada perdida me delaten. He cerrado la revista y puesto junto al resto de compras. La vecina de fila me vuelve a sonreír. Noemí en guardia. Empiezo a volver de a poco del trance.
Y en esas andaba, como en el principio dije si mal no recuerdo (¡es que una revista de esas puede alterar a cualquiera!), comprando material inspirativo, historias ligeras, cuerpos imponentes, rasgos arremetedores, y un largo etcétera, que el repetirlo puede ser causa de alarmante adicción.
(este relato es parte del libro de crónicas Desde un rincón olvidado de ciudad que en el 2007 se publicará)

FACCO EN CORTO, un acertado y necesario espacio



Estaba a la expectativa de la realización del primer concurso de cortometrajes, FACCO EN CORTO, que organizaba la Facultad Ciencias de la Comunicación, era necesario conocer la principiante producción de los estudiantes –compañeros- y sus propuestas audiovisuales. Así que el día programado (jueves 2 de diciembre del 2004) me dirigí a su auditorio para apreciar los trabajos, que previamente tenía conocimiento no presentaban mayor cosa. Además algo más emocionante me empujó a asistir, la proyección de los trabajos de los quiteños Sapo Inc. como mayores representantes en cuanto a cortometrajes se refiere, por sus temas y propuestas controversiales.
Con un auditorio –tal vez el hecho del compañerismo y morbo ayudó un poco- repleto iniciaron las proyecciones. La primera y sin participar, ‘Primer día de trabajo’ fue un mal comienzo, especie de vaticinio de lo que vendría. Un cortometraje un tanto exagerado en el tema tratado y con repetidas sobreactuaciones de sus personajes. Finalizado éste empezaron los cortos concursantes:
El primer cortometraje ‘Los visitantes de Patricia’ (Director Miguel Chávez) en un fallido intento de una obra de terror, no impresionó. Una trama carente de indicios, con personajes fantasmagóricos, pero al extremo de la comicidad. Con varias sobreactuaciones. Un corto con características más de video musical que otra cosa. La banda sonora estuvo presente en casi todo el trabajo, donde los escasos diálogos poco aportaron para rescatar esta obrilla.
El segundo cortometraje ‘El final del camino’ (Director Robespiere Vélez) no impresionó casi en nada, con una trama típica entorno a una estudiante y sus fracasos académicos y como remate víctima de un atropellamiento, con una historia muy predecible. Lo más detestable fue el guión ausente de propuestas e ideas. Un trabajo simple, con escenas increíbles de tolerar, como el atropellamiento del personaje protagonista.
El tercer trabajo ‘Frustración’ (Director Raúl Cedeño) estuvo mejor logrado, la trama entre humorística y conflictiva de su personaje protagonista es quien salvó el cortometraje; una historia con escenas un tanto atrevidas, pero bien logradas; lesbianismo, sexo y total provocación fueron algunas de las propuestas. Las tomas también sobresalieron en cada escena. Aunque el mayor error fue infiltrarse en temas donde sus realizadores no tienen conocimiento alguno: el rock. Escenas indignantes que empañan más la imagen de los rockeros. Lo de cruces invertidas y drogadicción excesiva muestra la ignorancia y falta de investigación ante temas no tan fácil de tratar.
La cuarta obra ‘No mercy’ (Director Gerardo Delgado) recrea una leyenda urbana: la del camionero que recoge a una tipilla y le presta su chompa y cuando intenta recuperarla se entera de que la susodicha estaba muerta hace tiempo. Un trabajo en una onda a lo ‘De la Vida Real’, con muchos recursos parecidos. Lo más sobresaliente es la fotografía en algunas escenas, bien tétrica. El personaje protagonista también le pone lo suyo, el manejo de la jerga ecuatoriana –sobre todo costeña- encaja a la perfección. Las tomas demuestran bastante profesionalismo. Aunque el ritmo lento restó mayor emoción a la historia.
Y el último y quinto trabajo ‘Las manos del mundo’ (Director Gerardo Delgado) no encajó en los cortometrajes, puesto que fue el relleno de una canción con escenas alusivas a los usos de las manos.
Se incluyeron al final dos trabajos fuera de concurso, el primero un documental y el segundo y mejor trabajo un cortometraje de terror, con muchas analogías a Góthika, El aro, y todos los elementos de un film oriental en materia terrorífica (cuidado con ese ego). Una trama interesante, con buenos efectos; la locación rural logró la recreación del ambiente sobrecogedor y arcano. Excelente trabajo.
El veredicto de los jueces (Mauro Andino, José Guadamud, Franklin Briones, y Jorge Bello), fue para ‘El final del camino’ en tercer lugar, ‘No mercy’ en segundo y ‘Frustración’ en primero. Aunque para la “cantidad” de trabajos presentados más bien parecería una designación casi obligatoria de los jueces al premiar al corto con menos fallas, ¿o me equivoco?.
Y aunque pueda parecer muy negativa esta crónica –con reducidos esbozos de crítica-, no todo fue así. La acertada realización de la especialidad de Publicidad de la FACCO abrió un espacio para el mejoramiento de la materia audiovisual. Es claro que muchos estudiantes tienen proyecciones de hacer cine, algo bien recibido, pero se necesita además de buenas intenciones mayor y especializada formación, sobre todo en una provincia sin cultura cinéfila. Lo más probable es que para los próximos años –si es que se continúa con este concurso- el mejoramiento de los trabajos alcanzarán un mejor nivel. Todo dependerá –desde mi perspectiva- del compromiso que tengan sus realizadores con este arte y de la formación que brinde tanto el taller de cine de la ULEAM como la FACCO.
Lo que si no habría que ignorar sería la proyección de los cortometrajes de los Sapo Inc. (Mapa para historia, Gallito y Cristo viene), trabajos y realizadores que pasaron casi desapercibidos entre la mayoría de la concurrencia. Una falta de respeto de parte de la organización del evento al no hacer una presentación –por lo menos semi formal- de los cineastas. Para quienes pudimos observar sus trabajos y conversar con ellos, logramos comprobar porqué son unos de los mejores en este campo. Quizás para la próxima vez mayor seriedad ante productores de alta calidad artística.
Es satisfactorio saber que justamente después de dos años de realizado el primer FACCO EN CORTO nuevamente se abre este espacio alternativo, ahora es el cuarto año de la especialidad de periodismo quien ha tomado la iniciativa; las exposiciones de los cortometrajes se harán en enero del 2007 y veremos como han evolucionado las perspectivas de cada director con anteriores experiencias y conoceremos de los nuevos enfrentados a este campo.





martes, 12 de diciembre de 2006

IV Encuentro Internacional de Poesía en Manta



Poéticos y bien despeinados, para variar, nos acercamos (con toda la curiosidad del caso y el inagotable asombro que cada año nos acompaña) a la Sala de Conciertos del Conservatorio de la ULEAM, para asistir al día de inauguración del IV Encuentro Internacional de Poetas (agosto del 2006) que año a año el Departamento de Promoción y Desarrollo Cultural de la Universidad Laica Eloy Alfaro viene realizando.
Noemí, infaltable a esta clase de eventos, toda la tarde molestando en que nos acercáramos allá, pero solo lo hicimos hasta que mi teléfono me mostró las seis de la tarde. El local casi lleno de docentes, escritores, periodistas y estudiantes universitarios y colegiales, que mostraron interés por el ya tradicional encuentro poético.
Con una breve introducción del artífice del encuentro, el escritor Horacio Hidrovo Peñaherrera, en torno al valor que representaba cada uno de los invitados, dio inicio el festival y las lecturas.
Noemí, tan poética la muchacha, como había oído que entre los invitados estaría Antonio Preciado, dale y dale con molestar que dónde estaba el poeta, que dónde se había escondido el cantor de la cultura afroecuatoriana, que dónde para por lo menos hacerle firmar unos de sus poemarios que había llevado consigo y me continuaba enseñando. Pero de Preciado solo quedaba el nombre en la lista negra de los poetas de peso nacional que en estos cuatro años de encuentros internacionales faltaban a la invitación, ¿por qué? eso no lo sabía Noemí y yo menos.
Los invitados provenientes de países como Perú, Chile, México y Argentina, además de los ecuatorianos y locales, no presentaron un buen nivel poético: redundancia en los argumentos y metáforas, con introducciones vanas y fuera de lugar, y propuestas que, con la excusa de la originalidad, no lograron el objetivo propuesto de llegar al oyente. Sin embargo destacó el mantense Víctor Arias (y para que esto hubiese ocurrido, ya debe imaginarse el lector perspicaz y amante de la buena poesía, como estaba el ambiente y resto de poetas, bueno por lo menos el lector manabita conocedor de la obra de Arias), que con su característica poesía cargada de humor y sarcasmo supo llevarse al público. Se extrañaron, asimismo, poetas locales de calidad (que no se nombran porque Noemí aún no quiere un novio lanza flores) que no asomaron para la lectura de sus obras.
En lo complementario el joven cantante Benjamín Banegas le puso todo el ritmo a la noche y al lugar poético. También el concertista Hugo Oquendo, guitarrista de técnica y sentimiento, en el complicado arte de interpretar el flamenco y música clásica, le dio todo el realce al encuentro.
Estaría demás hablar de cada uno de los invitados internacionales y nacionales, del nivel poético que alcanzaron unos y otros no. De lo cansado que se les apreciaba algunos al momento de leer sus poemas, etc.
Consuela saber, y eso es suficiente, que este encuentro con invitados internacionales, tal vez no tan poetas como se cree, continúe teniendo el apoyo necesario de la Universidad Eloy Alfaro, puesto que eso da la esperanza de organizar en algún momento un encuentro nacional de poetas menores de treinta, donde se pueda tener una perspectiva de la creación lírica de las distintas ciudades del país, sobre todo para dar a conocer al público joven los nuevos talentos que continúan en la clandestinidad.


Los animales salvajes de Rodríguez



Los poetas maduran, se encuentran en una constante transformación y búsqueda de su voz poética, es el caso del guayaquileño Augusto Rodríguez que con este tercer poemario parece al fin encontrar una línea poética sólida a seguir. Animales Salvajes (Paradiso Editores, 2005) es su nueva producción poética, libro que además de poemas libres agrupa prosas poéticas, donde, para esta ocasión, logra desarrollarse de mejor manera en su labor de escritor.
Animales salvajes (con quien su autor ganó el premio nacional de poesía David Ledesma) nos enfrenta a múltiples realidades donde el autor, como canal de expresión, se muestra parte de esa multiplicidad; Rodríguez nos conduce por callejones sombríos y desencantados en cada una de las historias que presenta. Sus poemas no han perdido esa característica forma de decir las cosas sin rodeos, pero además de esto se incorpora un ritmo más atrayente a su escritura, sobre todo en las prosas poéticas que demuestran mayor trabajo.
El poeta nos presenta hasta cierto punto el hastío del mundo sofocador y egoísta (un lugar común desgastado por todos: poetas o no poetas), cuando trata lo social. La idea transita y recorre varios de los trabajos poéticos, escritos desencantadamente, donde profundiza hasta presentarnos desfigurados ante nosotros mismos y el colectivo. Pero además de mostrarnos esa siempre recurrida tendencia por lo social, nos acerca a otra más perversa y agradable temática como la muerte y sus distintas partidas: el horror de la vida muriendo, de la nada siendo parte del todo individual, de cada fantasma que transita en sus distintos escenarios lúgubres.
El poeta lo escribe sin censura, observa y transcribe, aborta y desentierra las tramas cotidianas para ofrecerlas al lector en sus poemas. Se burla de las distintas condiciones humanas, de las tragedias comunes que en el fondo tratamos de evitar para no ser parte de ellas. Explota el tema rudo de la realidad deprimente, de esos lugares subterráneos donde los cuerpos que habitan no hacen más que enfrentarse día a día contra sí mismos o contra todo su caótico e insolucionable entorno.
Rodríguez nos presenta prosas poéticas de arrolladores contenidos como “Al poeta lo aclama la multitud” o “En el cuarto de hotel donde nos escondemos” que nos acercan a esas figuras desilusionadas que el autor proyecta y trasmite una y otra vez sin piedad. Y es que poemas como “Al poeta lo aclama la multitud” no hacen más que reflejar el panorámico entorno literario de nuestro país (y hasta de otros contextos). El artista es solo “artista” en su nicho, fuera de él el mundo lo ignora: el vacío sofocando hasta los instantes medio mágicos que él cree existentes. Por ello es que el autor recurre a decir –escribir- como último reducto de autodesconsuelo: “creo que la poesía / me ha borrado de su esfera / no me necesita” (palabras para Pablo Palacio, pág. 33).
Cuando escribe del tema sentimental (con toda la carga colérica de por medio ante los típicos conflictos de toda relación) Rodríguez no duda en revelar: “Estoy tan cansado de ti y de mí / que dormido te sueño matándote y matándome” (Confesión, pág. 16), o en esa misma línea al tratar de encontrar sentido a sus sentimientos y ahonda en su condición de amante: “tú y yo seremos dos segundos / que desaparecerán de todas las memorias” (Dos segundos, pág. 10); pero si de figuras impactantes, y de mayor trabajo metafórico se refiere, estos tres versos lo demuestran: “ella me tragó / luego me vomitó con furia / yo era carne, saliva y nada” (Animales salvajes, 8 pág.).
Sin duda Animales Salvajes es la obra de mejor trabajo poético hasta ahora publicado por Rodríguez, cuya composición no solo destaca en fondo -por las temáticas a las que recurre y con quienes trabaja el poeta- sino por la estructura, de aparente ligereza, pero con detallado trabajo, como solo quienes se encuentran en esa búsqueda de madurez y responsabilidad literaria con su obra saben hacerlo.

"La poesía es para mí el prinicipio de todo"


Entrevista a Augusto Rodríguez

Guayaquil es un infierno divertido, le recuerdo a Augusto, mientras la mesera deja la Pílsener sobre la mesa y se aleja coqueteándonos. Alguien le ha soplado que somos poetas y billeteados (dos combinaciones increíbles), y su ojito derecho ha confirmado la certeza en la patraña.
Calor y poesía, viejas excusas para bajar unas cuantas bielas. Le he soltado todo el rollo que pretendo y él gustoso me ha dicho que fresco, que para eso son los panas. La grabadora nos ha aguardado tranquilísima (inerte) y ya medio entonados para hablar de poesía o del fin del mundo, arrancamos.

P: Augusto, he leído tus poemarios Mientras ella mata mosquitos, Animales Salvajes y La bestia que me habita, y todos abarcan la idea de un mundo sin salida. Con argumentos enfocados al lado cruel de la naturaleza humana ¿por qué optar por esta línea poética?
R: Todos mis libros están unidos por el tema de los insectos o por los animales. Es una trilogía de fieras o una especie de bestiario que empieza con Animales salvajes, La bestia que me habita y termina con Cantos contra un dinosaurio ebrio. Intento con estos tres libros dejar un legado o una gran reflexión en varios niveles, pero sin duda el más importante: la metáfora efímera y violenta del ser humano. Intento a su vez que los lectores de hoy y del futuro, tengan en estos tres libros visiones del mundo que nos tocó vivir (a mí y a mi generación) y que seguramente les tocará vivir a ellos en peores condiciones humanas y sociales.
P: La muerte como elemento salvador, pero de qué ¿de la sofocación de este entorno?
R: Siempre he pensado que la muerte nace con nosotros desde el útero. Solo que cuando sale al mundo a vivir su propia vida, nosotros dejamos de existir. Sí, la muerte es una vía de escape a mundos mejores. Una salida de todo este entorno que nos agobia día a día y es una forma democrática de existir. La muerte es una parte fundamental de la vida que está presente a cada minuto. Y a su vez con este tema intento entender y explorar a la muerte, en mi literatura, desde todas las formas posibles como una forma de conocerme y conocernos quienes realmente somos.
P: A diferencia de muchos otros poetas nacionales tu poesía es directa y sin tanto retoricismo ¿cuál es tu pretensión con esto?
R: Creo que la poesía debe ser lo más directa posible en cuanto a estructura y temática para poder llegar con su lenguaje y comunicación a toda la sociedad sin prejuicio alguno. La poesía debe golpear y conmover sino no sirve de nada. La poesía es un lenguaje que debe trasmitir y aclarar el mundo que nos rodea y no todo lo contrario.
P: ¿Dónde ha quedado, según tu apreciación, la poesía romanticona (a la que acuden muchos de los autollamados “poetas”) preferiblemente más vendible en nuestro contexto nacional de versitos rosas y que la nueva camada de poetas evade?
R: La poesía rosa o light siempre existirá, por desgracia. Por eso creo que actualmente las nuevas generaciones intentan desmitificar que eso sea la poesía que impere; y a su vez están trabajando en contra de ese paradigma para liberar trabas mentales al lector de hoy y sobre todo para trasmitir los tiempos violentos que vivimos o en que padecemos día a día.
P: La poesía al no ser un género literario de fácil construcción, parece ser –contradictoriamente- el más practicado por la nueva generación de escritores nacionales, ¿a qué atribuyes este fenómeno?
R: Creo que los jóvenes poetas piensan todo lo contrario: que la poesía es fácil. Escriben dos o tres líneas y ya creen que tienen un poema. Todos se creen poetas, así escriban o no. La poesía es sufrimiento, es padecer, es crear desde los márgenes, es una transmisión de sangre, es un látigo, es una gran úlcera que no nos deja vivir y no lo que la gran mayoría de “supuestos poetas” piensan que es. Por eso siempre al final de cada generación quedan muy pocos autores con vida.
P: Desde tu lectura de organizador y concurrente ¿qué es lo provechoso de los festivales poéticos?
R: Lo más provechoso es sin duda los panoramas poéticos que se ofrecen. Siempre habrá desniveles, eso es obvio. Pero celebro que existan más festivales y antologías porque son radiografías de lo que se está escribiendo en el país. Eso es impagable. Y también son provechosos los encuentros porque cimientan con bases más sólidas a las nuevas y futuras generaciones que se están formando.
P: Es conocidísimo que en nuestro país lo que más abundan son poetas, pero no así poesía. Como colectivo literario ¿qué proponen para ayudar a superar en algo esta problemática?
R: Talleres literarios. Los integrantes del grupo cultural Buseta de papel trabajan de manera individual sus respectivos trabajos. Posteriormente se establecen talleres internos para pulir todos los ripios y errores para así ir mejorando de a poco. Pero a su vez se realizan constantemente talleres literarios que tienen como destinatarios a estudiantes de colegios, universidades o de alguna institución cultural, para poder así ayudar en los procesos de escritura a los nuevos valores literarios de la ciudad.
P: Literatura y blogs ¿se ha pensado poner a disposición de los cyber navegadores libros en su totalidad (con posibilidad de ser bajados), para acercarlos más a la poesía ecuatoriana como objetivo principal?
R: Sí. Creo que es una forma de llegar a más lectores en todo el mundo. Los blogs son una gran herramienta para difundir la obra de un autor o escritor. Por ejemplo los integrantes del grupo cultural Buseta de papel, hemos puesto en un blog especial, toda la antología del I Festival de Poesía Joven “Hugo Mayo” para que los lectores de cualquier rincón del mundo puedan leer con calma y de una forma completa, todo el contenido de esta valiosa e importante antología de 40 autores jóvenes poetas del Ecuador actual.
P: Quienes intentamos hacer poesía algún rato de nuestra vida nos preguntamos desencantadamente ¿para qué nos sirve? ¿para qué y cómo te sirve a ti?
R: El poeta argentino Juan Gelman dijo una vez que la poesía es un oficio ardiente en el cual uno trabaja mientras espera que se produzca el milagro del maridaje feliz de la vivencia, la imaginación y la palabra. En mi caso, con mi poesía intento ampliar las posibilidades expresivas del español, descomponerlo y recomponerlo, un poco con sentido lúdico para volverla más dúctil, más rico al verbo poético; actualizarlo para que pueda comunicar cualquier vivencia, desde la más trivial hasta lo más profundo. A su vez me sirve para dialogar con mis propios delirios y fantasmas, para conocerme y conocer el mundo que me rodea. La poesía es para mí, el principio de todo.



Una corta tempora en el infierno


Entrevista a Ángeles Martínez

Ángeles Martínez (Cuenca, 1980) es una de las poetas jóvenes de Ecuador que ha logrado sobresalir por su poesía fresca, sin vergüenza y totalmente provocadora. Ha publicado hasta ahora los poemarios Un lapso de impiedad y Subcielo, además de participar en antologías y revistas de importancia en el ámbito literario nacional. Tiene estudios en historia y está relacionada con el medio cultural de su ciudad Cuenca.
Tomamos contacto, a la distancia, para conocer más de ella y de su ácida obra, compuesta de poemas que son verdaderas muestras de sarcasmo y cólera ante hechos cotidianos en el campo sentimental y algunos otros atentados –a lectores conservadores- a excusa de otras temáticas.

P: Ángeles ¿desde cuándo empezaste a sentir que necesitabas expresarte mediante la poesía?
R: Desde muy temprana edad, pero cuando uno tiene esa sensibilidad extrema, a los trece años, no es nada raro, todo adolescente es poeta en su manera de captar el mundo -bueno la mayoría-…se agrava cuando pasan los años y no se te quita…
P: ¿Qué autores han marcado tu visión poética?
R: Tengo una mezcla de autores que poco a poco se irá organizando, un interés por lo cínico, oscuro, trágico, cruel, pero también por lo clásico y algún desfasado…Bataille, Bukowski, Celan, Homero, Yuko Mishima, Faulkner, Cioran, Camus, Gide, Girondo, Poe, Baudelaire, Pessoa…etc. ¡Demasiadas marcas…!
P: ¿Has sentido también a la “musa” influenciar en tu poesía o más bien consideras a ésta como una simple metáfora de un verdadero arte de oficio al que hay que trabajarlo y no esperar meros chispazos de momentos libres?
R: El creer que la poesía es un tecnicismo matemático es un anacronismo racionalista, yo a la musa le llamo sensibilidad, que hay que trabajar por supuesto, que hay que leer lógico... Pero pensar que todo el mundo con la práctica obsesiva en busca de la perfección logra ser artista ¡absurdo!. Por eso hay tanta literatura indigerible, aunque también por los otros, esos de viva la espontaneidad sin filtro…
P: Al ser parte de una generación (1965 – 1980) importante de la joven poesía ecuatoriana, ¿consideras que has tenido la valoración y el reconocimiento justo de tu obra?
R: No me animaría a dar nombre de Generación a algo que va a darse, pero todavía está en proceso, yo no podría darte los nombres de esa generación, sin equivocarme. Van a quedar muy pocos nombres de los que se barajan, porque la calidad así lo exige.
La valoración y el reconocimiento sí en cierto sentido, pero falta trabajo en cuanto al conocimiento de la literatura ecuatoriana en general, tanto en una crítica más preocupada como en un marketing limpio, que haga que los buenos libros no se queden en trescientos ejemplares, no es posible que el escritor tenga que encargarse de todo.
P: He tenido la grata –en algunos casos- y en otros no tan grata facilidad de leer la obra de muchos poetas de tu mismo año a nivel nacional, pero ¿a qué atribuyes que exclusivamente la tuya sobresalga del resto –al menos para la crítica del país y para mí-?
R: Sería muy antipática en contestar eso. Pero gracias…
P: El desamor como constante argumento en tu obra, pero sin esa recurrencia llorona a la que muchos están mal acostumbrados, sino con un toque irónico, colérico y burlesco, ¿qué me dices a todo esto?
R: Bueno crear es proponer… cambié la fórmula de SI TE VAS ME MUERO, por MUÉRETE SI ME VOY, y dio resultado. Mi idea del ser humano, aceptar que eres capaz de odiar, que no eres blanco, ni negro sino gris, en el sentido de que no puedes ser perfecto, ni santo, y es mejor reconocerlo.
P: Sabes te imagino desplumando un ave en vez de los típicos pétalos; ir de bar en bar por los callejones arcanos de tu ciudad; estar en el centro de un desquiciante mosh promovido por un buen death metal y desde ese espacio susurrándote palabras, no pregonando la querencia de un “amor” incorrespondido, sino disfrutando de poseer cada vez más material con el que continuar tu obra... ¿o tal vez simplemente deliro desde este puerto?
R: Amo los cafés y las farras de trago y conversas inteligentes, bailar cuando me agarra el cuarto de hora…ir a todo acto cultural que se merezca, un buen polvo, un buen tabaco... Pero no soy tan social, tengo largas temporadas en el infierno…a veces estoy al borde del psiquiatra…de todas formas me gusta la vida cómoda, la vida…
No estás tan lejos, pero tampoco tan cerca, ni yo.
P: Cuándo podremos leer tu último trabajo poético
R: Estoy dedicada un poco a la prosa, soy editora de una revista, y estoy por cerrar una investigación para mi carrera, y graduarme como historiadora. No he dejado la poesía a lado, pero el embarazo me tiene retenidas algunas letras, no quiero ser tan dura con el milagrito. En todo caso he charlado con Editorial Ziete, que está por sacar su Línea Negra de poesía, si las cosas marchan como parecen tal vez dentro de unos seis meses, nuevo libro, ojalá. La idea de sacar algo en Quito me rondaba desde hace tiempo, pero nada concreto aún.
P: ¿No crees que tu poesía a veces se aferra –o por lo menos esa es la visión que me proyecta- a un feminismo extremo?
R: Todo lo contrario, hay palabras y sentires que son femeninos, porque soy mujer, a un hombre no se le dice eres un machista, o un misógino porque dice eyacular, no se tiene esa intención. Creo en la igualdad a tal punto que me molesta que alguien vaya al congreso con un letrero de soy mujer, indio, negro o lo que sea, se es capaz y punto. Llamémosle post feminismo, o algo así, ha sido justo pelear por los derechos, pero hay que seguir, caminar, más allá.
No tengo esa intención hay mujeres imbéciles, hay hombres imbéciles, no voy a defenderlos por un par de tetas o… en fin.
P: Oye y esa carga de humor negro, ante lo social y lo vivencial que está implícito en tu obra ¿no desplaza la temática colérica del desamor o más bien brinda nuevas opciones para no agotar un tema?
R: No me parece, también tenemos otras preocupaciones a veces.
P: Cuáles han sido los logros al ser tomada en cuenta en antologías nacionales de importancia como Ciudad en verso de Xavier Oquendo o medios especializados en literatura como la revista Eskeletra de circulación nacional?
R: Es bueno, que la gente aprecie tu trabajo, que generes expectativas, discusiones, espacios…todavía les hace falta a muchos dejar de hablar sólo de ellos, mejor si hablan de mí, pero bien, ja ja ja. En verdad siempre hay personas que te animan, que son culpables del seguir. Todos tenemos ese don del apoyo, no sacas nada enterrándote en silencio, hay que ser justos, y ya. Me gusta creer como Dylan que los tiempos están cambiando…esas son buenas muestras.
P: ¿Has incursionado en otros géneros literarios a los que la poesía no puede servir como canal de expresión, o no?
R: Sí, tengo unos cuantos borradores de narraciones cortas, esa idea me seduce, para separarme de mí sin hacerlo, sabes, el poder escribir con mis sensaciones pero liberada en otro personaje principal o secundario, porque por ahora mi situación es algo incómoda. Los artículos de temas culturales, editoriales etc. son parte de mi vida desde hace un buen tiempo.
P: Bueno Ángeles para finalizar ¿te imaginas en un mundo lleno de poetas, dónde quedarías, a qué recurrirías para desprenderte del común de ese todo?
R: A buena hora eso no va a pasar…




El teatro: arte para consumir, entender y valorar



Crónica del XIX Festival Internacional de Teatro de Manta

Introducción

Manta es sinónimo de las artes escénicas, puesto que la realización del Festival Internacional de Teatro, que hace diecinueve años el grupo La Trinchera (ahora Fundación cultural) viene realizando, ha logrado que el nombre de la ciudad pueda ser conocido más allá de sus alcances económicos de puerto y punto turístico.
Tal como ocurrió en el 2005 la inauguración del festival fue en las calles del puerto, allí una comparsa de jóvenes talleristas teatrales recorrió la parte céntrica de la ciudad, dándole todo el jolgorio a la fiesta que empezaría del 15 al 23 de septiembre.
Estos comentarios se publicaron originalmente, y por separado, en el diario La Hora. Nuevamente salen a la luz (ahora agrupados y con fragmentos inéditos) para que mediante este medio puedan llegar a otros y nuevos lectores que encuentran en el teatro un arte necesario de consumir, entender y valorar.

La Trinchera: del amor y sus tragedias
Malanoche escrita por Arístides Vargas y Dirigida por Charo Francés, no solo que reafirma el trabajo en las artes escénicas de La Trinchera, sino que demuestra el talento desarrollado en todos estos años en pro del teatro. La obra, más allá de presentarnos la historia de dos “amigos” enfrentados por el recuerdo de una mujer amada primero y luego asesinada, nos detalla todos esos elementos provocadores por el ambiente nocturno, donde el alcohol, los recuerdos y el tormento se entrelazan. Por ello una mesa de billar (signo de encuentro y desencuentro del amor y la muerte), imágenes de “santos” (esa cercanía constante a la purificación de los pecados) y un fantasma, nos vuelven a recordar la conflictividad salvaje que aún habita en nuestros pueblos manabitas, aunque la historia encaje en cualquier otro contexto.
Chespandolfo (Freddy Reyes) el singular personaje gay, no solo sirve como canal de unión entre la historia recreada por Carlitos (Nixon García) y Mifasol (Magaregger Mendoza), sino que es clave para que los hechos logren la reconstrucción precisa. Freddy Reyes, en su interpretación, logra darle toda la fuerza expresiva a su personaje afeminado: detallado trabajo expresivo y jerga, lo que lo hace sobresalir.
Hay una constante, ese otro lado, el imaginario que arrastra a los personajes a dejar de ser ellos, a enfrentarse con el tormentoso recuerdo de Ella (Rocío Reyes): ese espectro que ronda y reclama su partida desde ese más allá inmaterializado.
La obra nos sugiere implícitamente temas que van más allá del simple descubrimiento por saber quién mató a Ella; así no extraña que la migración, la sequía y esa desesperanza abarcándolo todo, que intenta gobernar a cada uno de los personajes hasta volverlos simples sombras de la noche, ronde en cada escena.

Malayerba: escape y provocación de una época
El teatro de Malayerba es sinónimo de calidad, de transgresión en sus argumentos. La razón blindada, escrita y dirigida por Arístides Vargas, posee todo el trasfondo (muy explícito al final de la obra) de presentarnos a dos presidarios políticos, que ante la crudeza de la realidad confabulan en distintos tiempos pero con la misma posición irreverente y cuestionadora que su situación y el mundo, desde su perspectiva, promueven.
El texto dramático de la obra no solo que gira en torno a un sitio específico como una cárcel de Argentina, sino que por la singularidad de los elementos y argumentos encaja perfectamente en nuestro contexto de conflictividad política y social. La acción de sus personajes recrean la absurda situación impuesta por el presidio, esa descomposición de la razón o lo que es peor, o quizás mejor, el florecimiento de esa otra percepción más inquisidora que se desarrolla ante la imposición y el silencio obligado. El ritmo en el que transcurre la obra es armonizado por sus actores Gerson Guerra y Arístides Vargas, que no fallan en sus acciones gestuales, corporales y argumentales.
La provocación como constate recae en su mayor parte en la actuación de Vargas que transgrede al sistema, a sus políticas y dictaduras, desde distintas y desenfadadas voces. Así su personaje no duda en afirmar: “No puedo evitar pensar en tristeza cuando pienso en país”.
La obra en cuanto a escenografía nos transporta a la visión desesperanzada de una época, donde el tiempo y las palabras entre los dos personajes resultan ser dos opciones salvadoras; allí habita uno de los símbolos de mayor interés dentro del texto dramático: el metal, ese material del cual no solo se teoriza sino al cual se añora por ser el medio para acceder a ese escape negado del encierro: la muerte.

Gestus: la muerte como pretexto de crítica
¿Cuánto se ha escrito, visto, escuchado y representado en torno a la muerte? Al parecer no todo, puesto que Gestus de Guayaquil, con su obra Que en paz descanse, demostró y provocó en su texto dramático, desde otra visión, donde las hipocresías terminan y surgen todos los secretos que la muerte no puede soportar callar.
La obra escrita por José Martínez Queirolo y dirigida por Bernardo Menéndez, escarba el mundo frívolo de la burguesía (como primer momento), mostrando desde una visión sarcástica y desencantada la vida, post mortem, de Simón (Virgilio Valero) y Enriqueta (Monse Serra). También pone como contrapeso esa otra parte social marginada por la primera, subestimada. El texto dramático es frontal al asumir su propuesta, ya que los argumentos bordean, internan y explotan el materialismo sobrecargado de banalidades ante ese espiritualismo deshecho de sus personajes.
El espacio fúnebre, más el apoyo audiovisual (una característica particular que hasta ahora dos grupos han mostrado) enfatizan el texto dramático logrando mayor explicitez en la trama. La obra no solo que hace de la muerte el símbolo del cual confabular sino que es el pretexto idóneo para argumentar mediante singulares ejemplos la psicología y visión de sus personajes absurdos. Esa ausencia de conciencia invadiéndolo todo que sirve como radiografía escandalosa de un estrato social, donde las apariencias y el qué dirán, aun después de ser simples cadáveres, merecen todo el espectáculo posible que la muerte y su ritual representan.
Gestus (y es allí donde recae la fuerza expresiva) logra una puesta en escena dinámica y amena, donde el nivel actoral no pierde peso y el ritmo de la obra se mantiene.

Contraluz: la fiesta idólatra
La puesta en escena del grupo Contraluz, con su obra La Fiesta, acercó al público mantense no asiduo al arte teatral. Su representación no solo puso de manifiesto los ritos religiosos de Manabí (las fiestas de San Pedro y San Pablo) sino que intentó tomar como pretexto el tema para reclamar ante el contexto político y su problemática actual. Compuesto de un joven cuerpo teatral, la obra mantuvo un nivel acorde a las condiciones del espacio (la bulla e incomprensión del público) y al ritmo de trabajo de sus responsables.

Teatro del Caballero: la locura como refugio de paz
La introspección del ser humano ante el arremetimiento sofocante de la sociedad, es el argumento de fondo que Teatro del Caballero de Cuba hilvana en su obra De parís, un caballero, escrita por José Antonio Alonso y dirigida por Irene Borges. La migración como punto central de la dramaturgia nos muestra dos perspectivas: una donde Cuba es el punto de llegada (para europeos) y otra donde es de partida (para cubanos).
La intercalación de distintas voces dentro del texto dramático no solo que ayuda a comprender más la obra sino que muestra el potencial actoral de José Antonio Alonso, como mendigo, como Caballero, como los otros. Esa cualidad de convertir una historia sencilla matizada por la esperanza, locura y paz, donde las necesidades comunes del colectivo han sido superadas y se intenta vivir de los imaginarios como fin satisfactorio, en una historia universal en torno a la búsqueda y hallazgo de la felicidad.
La representación, sino en un primer momento, enfatizó en su propuesta como signo artístico y como referente y muestra de actitud de vida. Los ritmos caribeños, con toda la carga emocional en sus letras y sonidos, lograron complementar los símbolos utilizados (zapatos, pisadas, maleta). Y aunque un par de zapatos viejos para muchos no signifiquen nada, para la puesta en escena fueron la clave para que el Caballero de París logre nuevamente transitar en la memoria de los personajes secundarios y en los rincones de la isla.
Y aunque las condiciones del espacio (Sala de Conciertos de la ULEAM) no fueron las más idóneas, por algunos problemas relacionados al sonido, la obra y su intérprete lograron salir adelante sin mayor complicación.

Mandrágora: teatro de calidad
Y no ha pasado es nada del grupo ecuatoriano Mandrágora reafirma la calidad teatral que el público ansía espectar al relacionarse con las artes escénicas. La obra es conmovedora desde toda perspectiva, allí se conjuga la sensibilidad y fuerza expresiva de sus actrices con la historia. Hay un excelente desarrollo escénico, donde no solo queda la trama como testigo silencioso de los hechos en torno a dos personajes totalmente marginales, sino que la obra es un canto al humanismo, a esa apertura de las cosas sencillas de la existencia.
Susana Nicolalde, como Cachinera, da una dimensión significativa a su papel, no solo por el excelente nivel actoral que presenta en su interpretación, sino por ese tratamiento de su personaje: ese inmiscuirse en la filosofía popular donde el sentimiento y la sobrevivencia son claves para habitar en la noche, para apropiarse de lo desechado, para valorar lo desvalorado.
Pero así como la sensibilidad de sus personajes, Cachinera y Duende (Susana Ortiz), es una de las características sobresalientes del texto dramático, también lo es el argumento de fondo contra la represión, contra ese sistema llamado de orden (y desorden). Nicolalde arremete y ejemplariza, con su personaje, acerca del tema hasta volverla una mini comedia con un trasfondo de seria advertencia. La inclusión de jerga callejera (y el escenario entonces se vuelve imprescindible) complementado con la no tan sobresaliente expresión corporal, le dan mayor fuerza a la obra tanto en el texto como en la interpretación.
Y es que Y no ha pasado es nada, resulta un título sarcástico, pues la obra demuestra que sí ha pasado (y pasará) algo y que ante ello se espera no callar jamás. Menos cuando se tiene bajo la responsabilidad el mostrar, a un público ávido de teatro, una obra de calidad.

Contradanza: el lenguaje corporal llevado al éxtasis
La danza mexicana ha sido un referente de calidad en anteriores festivales y esta vez no fue la excepción, así lo confirmó Contradanza con su obra Camas con historias, cuya dirección y coreografía estuvo a cargo de Cecilia Appleton. La obra desde principio a fin es una muestra de agilidad y expresión corporal, donde la comunicación del lenguaje de los cuerpos se vuelve un medio para recrearnos situaciones alrededor de una cama: símbolo atrayente del amor, erotismo, sexo y conflictividades de pareja.
Es a partir de este objeto (cama) que las múltiples historias en torno al amor normal y “anormal” (sobre todo en nuestro contexto, aún prejuicioso, donde el homosexualismo masculino y femenino, continúa siendo un atentado al pudor y las buenas costumbres) encuentran un sitio para nacer, desarrollarse y morir entre las sábanas.
La música no solo que juega un papel importante en la obra, sino que nos conduce a todos los estados anímicos de sus personajes, donde la sugestividad y la provocación con los cuerpos transgreden el espacio. El sueño, el insomnio y las fragancias como signos adherentes a la cama; y, como testigos subjetivos, encuentran el ambiente propicio para habitar y llevar al delirio todo ese derroche de intimidad que se muestra en escena.
Es clara la propuesta del cuerpo de baile: mostrar ese fluir descontrolado de la bisexualidad (y de la heterosexualidad) que la realidad y situaciones afectivas han desarrollado y aceptado, donde el amor y el deseo no encuentran distinción de sexo, puesto que los prejuicios han pasado a segundo plano para darle paso al placer carnal (sin obviar lo emocional): principio y final de salvación.

Conferencia de Nara Mansur
Con un masivo público la teatróloga cubana, Nara Mansur, compartió su conferencia Dramaturgia contemporánea cubana con los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la ULEAM y comunidad universitaria. Su intervención (aunque pesada, por la extensión del texto leído) nos acercó a la evolución y tendencias del teatro cubano, donde temas como la migración son la preocupación de muchos dramaturgos de la isla. Mansur fue ejemplarizando para dar una perspectiva más cercana de lo que sucede en su país en el campo teatral, así no dudó en compartir fragmentos de textos teatrales donde el humor, la ironía y la inclusión del argot cubano resultaron de interés para un público (en su mayoría estudiantes) que recién están acercándose a este arte.

Escena de Caracas: los infiernillos del recuerdo
Dirigida por Miguel Issa y basada en textos del poeta Rafael Castillo Zapata, la obra Árbol que crece torcido es una conjugación de reminiscencias personales, frustraciones por lo que pudo ser y no fue, añoranza ante los amores jamás concretados, y una nostalgia abarcando hasta la mínima palabra y expresión corporal.
El argumento resulta por momentos como si fuera remendado: partes distintas unidas para una finalidad, y puesto que los textos son poemas (cuya voz lírica habla de añoranza, amor y desprecio) cada uno escrito a partir de una sensibilidad independiente, el director de la obra halla una justificada conexión en la trama, aunque esta no logra mayor consistencia en su desarrollo.
La degradación del personaje, esa inferioridad que demuestra la sensibilidad artística ante el normal desarrollo de la trivialidad de los demás, es lo que denota mayor peso dramático en la historia con su protagonista (multiplicado en cuatro como distintos símbolos del tiempo retenido en disímiles etapas vitales). La puesta en escena resulta por momentos compleja en su comprensión, no en los argumentos que a primera, en medio de todo el desborde poético, se logra asimilar (las imágenes a las que se alude se vuelven claves para entender la psicología del personaje atormentado por el pasado y el presente aceptado como maldición salvadora); sino en el complemento corporal que recurre y reitera constantemente en sus acciones.
La música juega un papel importante para reafirmar los estados anímicos del (los) personaje (es), donde la bohemia y los demonios perseguidores del ayer logran arrebatarle el presente; ese tiempo situado en una línea romántica y existencialista por demás.

Ensamblaje: la tierra como símbolo de conflictividad
Ensamblaje de Colombia no solo ha sido una de las compañías teatrales de mayor peso en todo este festival, sino que es una clara demostración de teatro trabajado al mínimo detalle, tanto en lo escénico como en lo argumental. Su obra Esta tempestad dirigida por Mérida Urquía, fue una muestra de talento a borbotones; la puesta escénica y la historia sobre la que se trabaja y acopla la violencia en Colombia, resulta una excelente metáfora de denuncia ante el problema del desplazamiento de los campesinos de sus tierras, pero sin descuido de la parte artística.
La selva (o el campo: espacio geográfico de conflicto) como escenario donde la tierra como símbolo de separación sobre la cual se guerrea, es el entorno propicio para que la trama logre proyectarnos a esos personajes atormentados por la separación, tal como ocurre con Calibán (Harrison Arévalo) símbolo de la tierra, de ese arraigamiento capaz de invocar a la muerte con tal de salvaguardar lo que le pertenece.
Y aunque la obra no se enfoque directamente entre el sometimiento al que se ven obligados muchos campesinos por las guerrillas, sino más bien nos habla del conflicto donde la tierra es el punto sobre el cual gravitan personajes mágicos, malignos, conspiradores, y otros que hacen del amor el conducto de salvación; el drama es esa representación de la ruptura y muerte entre el campesino y la guerrilla.
Ariel (Santiago Montaña) es el personaje artífice que conduce la trama a todos los desenlaces trágicos posibles, es el imperceptible mago y heraldo que espía y entorpece el amor y la armonía posible dentro de la obra. Donde las noticias desgarradoras de esa masacre interna, como prólogo y epílogo, no hacen más que acercarnos a esa realidad que no se muestra directamente sino que se metaforiza, pero que está ahí y todos sabemos.

Lamatajau proescena: la seducción como arte
El arte del seductor de los mexicanos Lamatajau proescena, dejó mucho que decir como cierre del Festival de Teatro. La obra en un primer momento logró identificarse con el público, que se divirtió con el humor negro y esa muestra realista de los artificios en torno a la conquista seductora (la mayoría de ellos lugares comunes, aunque al parecer esa era la intención), pero la compañía teatral no supo cumplir a cabalidad con el ritmo e interés de la trama, que en la parte inicial presentaron.
Si bien el cuerpo actoral sobresalió en cuanto a la vocalización (contralto) de uno de sus actores, a esa frescura que por momentos intentaron mantener al ofrecer, en la trama, sus recetas para la seducción femenina, donde la Bruja (mujer) como símbolo del cual se habla, teoriza, recomienda, advierte y sobre todo ama, se vuelve tedioso, sobre todo porque se vuelve a reafirmar en los argumentos toda la maquinaria seductora (aunque al parecer también esa es la intención), para provecho individualista.
Si bien los cuatro personajes como representación de ese diario íntimo de aquel seductor modelo, ese Casanova al borde de la muerte por problemas, irónicamente, del corazón (no del subjetivo sino del músculo), hallan en su testimonio todo el humor, la gloria fugaz, el amor ficticio y todas aquellas decepciones que marcaron su ruta para ser lo que son. Pero a pesar todo esto la obra flaquea, tanto en su argumento como en la puesta en escena, sobre todo en el segundo acto.

A manera de conclusión
Fue notoria la ausencia de público en muchas de las obras, factor en cierto modo propiciado por ese casi complot o sabotaje que en estos dos últimos años se ha encontrado al iniciar el festival y justo aparecer algún circo seduciendo a los pocos espectadores de la ciudad. ¿Será a propósito la llegada de estos circos justo al iniciar el festival de teatro? ¿habrán leído los productores circenses aquella terrorífica novela de Ray Bradbury, La feria de las tinieblas? ¿qué alternativas tomarán los organizadores del festival para evitar este problema?
Es cierto que el público en Manta asiduo al teatro es limitado. Los estudiantes universitarios, por otro lado, que deberían acercarse a este arte no lo hacen, y eso quedó demostrado el día de la presentación en la Sala de Conciertos de la ULEAM donde los espectadores no pasaron de treinta. ¿Ausencia de interés de los estudiantes o los catedráticos al no invitarlos e invitarse ellos a la expectación? ¿Departamento de Cultura, Facultades de Comunicación y Educación, dónde sus respectivos públicos?
En cuanto al desarrollo de las obras, como ha ocurrido en anteriores festivales, no todas tuvieron la misma valoración del público, críticos, periodistas y actores, pero como la finalidad era la de apreciar y comparar el nivel actoral de los grupos y compañías invitados, eso fue lo que el selecto espectador pudo apreciar en todo el festival.














El círculo vicioso de Miguel Antonio Chávez



Cuando se creía que ya no podría haber esperanza en la nueva camada literaria ecuatoriana, resulta que somos sorprendidos hasta la alteración -recobrando nuevamente la fe perdida por los azares y malas lecturas encontradas en el camino y en los estantes de las librerías- por este Círculo vicioso para principiantes (Universidad de Cuenca, colección La (h) onda de David, 2005) de Miguel Chávez. Primero y arrollador libro de este escritor guayaquileño, que no es solo una muestra más de la creación literaria del país, sino el alarmante –pero satisfactorio- signo de que se está trabajando seriamente en la literatura, que la creación no es solo la simple excusa para sobresalir en un terreno saturado de publicidad, comerciabilidad y pose; que en verdad se está haciendo arte (aunque no del típico que degustarían quizás amas de casa adictas a libros de autosuperación), y el talento es el pilar de mayor sustento para tal aseveración en la obra de Chávez.
Su cuentística nos acerca a una fresca creación literaria, donde el humor negro, el sarcasmo, lo desconocido (sí, casi como una dimensión arcana y horrorosa) y la recurrencia por crear a partir de historias enfocadas en la cotidianidad de toda metrópolis, logran hacer de su personalizado universo creativo un pandemónium legible y divertido –pero sin el descuido de la iniciación, sino más bien con la exigente seriedad de todo literato- de consumir y espectar, puesto que la recurrente imagen en las narraciones –como solo cuentos bien logrados producen- nos acercan a ello. Tal y como si frente a una Tv. el autor nos mostrara –en cada uno de sus cuentos- la realidad puertas a dentro, la que se vive y agota diariamente en las relaciones afectivas, emotivas y laborales. Esa realidad enfermiza saturada de estrés y tedio en su mayor explosión: donde suicidas frustrados, escritores en busca del “gran arte”, reflexivos e irreverentes individuos en torno a su condición son la muestra circundante que Chávez ofrece en su todo literario.
Cuentos como: Publicitarius musa, Apología del choclo, Te extrañamos, EE, son una muestra de esa ingeniosidad, donde se notan distintas técnicas y recurrencias al momento de contar, donde la publicidad (o el escenario repetitivo en busca de historia y personajes encajables para una acción debidamente determinada), la interrogante a cuesta (y esa desencantada conexión con el alter ego inquisitivo) y el juego con las palabras (pretensión descabellada a la que recurre el autor y logra salvar los obstáculos) reafirman el valor y la creatividad de estos cuentos.
Hay estilo y desbordante originalidad, y eso, para el primer libro de un autor, dice mucho. Podemos dormir tranquilos, lectores, hay esperanza y talento en la narrativa de la nueva camada literaria ecuatoriana, aunque de vez en cuando se tropiece con malas lecturas encontradas en el camino y en los estantes de las librerías.