lunes, 16 de octubre de 2017

Que octubre sea la fiesta de Mayo

Hugo Mayo en Manta, 1984, tras ser reconocido como Doctor Honoris Causa por la ULEAM.

A Hugo Mayo lo conozco recién en mi etapa de universitario, allá en el año 2000, cuando pasaba de lecturas típicas -y creo necesarias para todo joven desorientado en lo que lee- del romanticismo y modernismo. Me lo presentaron en el taller literario al que ingresé, y luego en el proyecto editorial universitario en el que años después me integré.

Obra del artista Freddy Fiallos "Dadá".

En la oficina de la editorial pude leer las primeras ediciones de Chamarasca y El zaguán de aluminio. Una poesía distinta a lo que había leído hasta entonces. Desconectado de una ciudad plagada de poetas que le cantaban (y le cantan) al amor y cotidianidades vacías. Mayo era otra cosa.  



Y aunque me gustaría decir que en Manta, su ciudad natal mas no de residencia, no se lo ha recordado y homenajeado como se debiera, recuerdo que sí se lo ha hecho: en 1984 la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí lo reconoció como Doctor Honoris Causa. El Gad Manta adecentó un pasaje en el centro de la urbe al que llamó Pasaje hermanos Egas Miranda, donde consta una estatua de Mayo (a la cual pocos o casi nadie conoce, porque no tiene ni placa con el nombre). El grupo teatral La Trinchera puso en escena el monólogo El zaguán de aluminio en torno a la obra del poeta. Existe un barrio en la ciudad que lleva su nombre. Y más reciente el colectivo local Recuperemos Manta lo ha pintado en tres murales en distintos espacios.   


Más allá de lo anterior, la figura y presencia de Hugo Mayo es mínima. Ignorado en escuelas y colegios, no se diga en la universidad. Su obra poética a penas es conocida por un selecto y reducido grupo de lectores. No circulan sus libros (o por lo menos la acertada publicación de la CCE con su poesía reunida) y sus poemas son una rareza de encontrar.  

Con este telón de fondo, junto a un grupo de amigos locales (gestores culturales, les dicen) decidimos organizar el primer encuentro literario que fuese en su honor, que le dijese a todos los interesados y amantes de la literatura, que bajo el cobijo de Mayo se expondrían presentaciones de libros, lecturas, conversatorios, monólogos, artes plásticas y demás... que se reuniría a un grupo de autores nacionales destacados en sus áreas. Papagayo K, encuentro literario, lo llamamos.       

Han sido meses de preparación, de tocar muchas puertas para el apoyo económico y logístico. Quienes nos han dado la mano entendieron la importancia de traer de vuelta a uno de los poetas símbolos de la ciudad. Nos hemos gastado recorriendo calles, tecleando oficios, y un sinnúmero de actividades nada saludables. Pero no nos quejamos, esta primera fiesta literaria, aún sin empezar, ya late en nosotros.

Nuestro anhelo es institucionalizar el encuentro, que anualmente octubre sea la fiesta de Mayo. Aunque nuestro proyecto va más allá: incluye publicaciones, talleres de lecturas, camisetas, más murales en la ciudad. Que todos conozcan a Mayo, que sientan el vibrar de sus versos tal y como nosotros lo hemos sentido.

En eso andamos y esperamos no desmayar.  


martes, 3 de octubre de 2017

Cinco argumentos sobre edición literaria en Manabí

Imagen tomada de http://abdullahsameer.com/blog/reliance-of-hadith/

Las siguientes preguntas fueron formuladas a propósito de la investigación sobre la edición literaria en Manabí. Preguntas que han servido para dar una mirada a nivel local. Nada que no haya dicho. Nada que no sea verdad. Gracias a XimenaMurillo Zambrano por hacerme poner, una vez más, el dedo en la llaga de una herida que no quiere sanar.
Parte de estas respuestas constan en el artículo titulado “Producción editorialliteraria: descripción de la actividad en la provincia de Manabí”, que es el producto de la investigación.

Realice una descripción de la actividad en la Provincia de Manabí.
La actividad editorial en Manabí aún es incipiente e invisibilizada. Me explico: no existen proyectos editoriales que se hayan mantenido y que hayan posicionado del todo a sus autores. Si bien es cierto, la Casa de la Cultura de Manabí, en su momento publicó obras de autores que lograron el reconocimiento a nivel nacional, este proyecto editorial no prosperó. En Manta, sellos como Editorial Mar Abierto, que en su primera etapa se enfocó en temas literarios, apoyando y promocionando a escritores locales en un contexto nacional, tampoco logró desarrollarse y posicionarse completamente.
Esta falta de posicionamiento de sellos editoriales, teniendo como panorámica que los sellos editoriales en Manabí no existen como tales, solo se han creado esporádicos y coyunturales proyectos de autores-editores cuyo fin ha sido publicarse a sí mismo o a círculos de autores ligados por la amistad. Esto ha influido en que los autores manabitas no hayan logrado una mejor exposición a nivel nacional. Y quienes lo han hecho ha sido por su propia cuenta.

¿En la provincia de Manabí, hay un organismo que se preocupe por llevar un control de la producción editorial?
No existe. Salvo las universidades, mediante sus unidades o departamentos de publicaciones que se encargan de registrar sus propias publicaciones.

¿Cuáles son las características del perfil de producción editorial que se presenta a nivel  de la provincia de Manabí?
Hay dos tendencias: los autores primerizos al no tener conocimientos de procesos editoriales acuden directamente a una imprenta, desde ahí se “crea” su libro, que se reproduce en un promedio de 500 a 1000 ejemplares. Libros que muchas de las veces no poseen registro ISBN, lo que hace que a los ojos de un organismo de seguimiento como es la Cámara ecuatoriana del libro, el autor no exista.
Mientras que en el caso de los autores con algo de experiencia buscan a editores independientes o sellos independientes con quienes poder desarrollar procesos de edición, esto es: corrección de manuscrito, diagramación, diseño de portada, corrección de pruebas, registros legales e impresión. Una que se hace acorde al mercado que se pretende llegar, con tirajes que promedian de 300 a 500 ejemplares.
Por lo que he visto en mis años de experiencia las obras literarias que más se publican en Manabí, corresponden al género de la poesía. Esto porque estamos en un medio donde cualquiera que borronee versos se autocalifica de poeta, sumado a ello una ausencia de crítica literaria, lo que merma en que todos sean catalogados de genios literarios. El resultado de todo esto es una producción descontrolada de libros que pocos o nadie recuerda.

¿Cuál es el comportamiento acumulado de la producción editorial literaria  en la provincia de Manabí?
Al no existir una cultura de edición, muchos de los libros que en un contexto local han sido “best seller” (por su rápida comercialización) en un contexto nacional no existen. Esto responde a un problema muy básico: los autores han publicado libros que no existen en los registros legales.
Pero si es de enfocarnos en un ejemplo de modelo editorial hasta la fecha mejor desarrollada, aunque no continuado, este sería Editorial Mar Abierto, con un catálogo de publicaciones enfocado en la literatura en géneros como poesía, narrativa, novela y ensayo. Con más de 150 títulos en su catálogo, supo llegar incluso hasta a cadenas de librerías de alto impacto en el país.

¿Qué estrategias considera necesarias para fomentar el interés por la producción editorial en la provincia de Manabí?
Primero que se entienda que el proceso de un libro no termina con su publicación, sino que esta es solo una etapa más. Después de ello viene la difusión, distribución y socialización mediante un sin número de actividades que deben tener relación con la obra: sea desde la misma presentación oficial, la generación de juicios críticos en medios de comunicación especializados, entrevistas con el autor para conocer más de la obra, reseñas en revistas literarias tanto físicas como digitales, conversatorios y demás.
Y sobre todo, no estancarse a nivel provincial, pensar siempre en que el libro debe recorrer el contexto nacional. 

¿Cuáles son las causas  que limitan la producción editorial literaria en provincia de Manabí?
El creer que cualquiera puede ser editor. El pretender crear proyectos editoriales que no van a ningún lado, esto es porque carecen de un concepto claro, políticas editoriales, y sobre todo no hay un enfoque de a dónde se quiere llegar con las obras a publicar, y menos el nicho de lectores a cubrir.

Además que el sistema de comercialización es mínimo en la provincia, sino se cuenta con una adecuada estrategia de exhibición y venta, los proyectos editoriales no continúan. 

miércoles, 30 de agosto de 2017

Un libro para salir del área de confort


El síndrome del gato lleno (Tinta Ácida, 2017) de Alberto Vélez (Cuenca, 1962), es un libro para salir del área de confort, que analiza, describe, detalla y ofrece solución a una multiplicidad de problemas que, en el día a día, pasan desapercibidos. Problemas que han sido aceptados dentro de una sociedad machista y desbordante de sumisión.

Un libro-consejo, bifurcado en testimonios y un análisis sociológico mesurado, que pega y sacude, que entra afiladamente y va cortando cada rodaja de un excesivo conformismo acumulado.

Un libro-consejo, donde la filosofía se vuelve una herramienta para entender y valorar, a la vida en sus bifurcaciones calamitosas.   

Un libro-consejo, no apto para los amantes de gatos, sino para quienes buscan, desde la comparación felina, un choque con la realidad, una radiografía sincera y divertida de cómo nos vemos, de cómo el mundo no gira a nuestro alrededor, de cómo la vida es mucho más que un autoritarismo ciego y ególatra.

Un libro-consejo, pero recargado de luz: una cegadora fuerza comprimida en palabras, que calan desde un positivismo del que es imposible escapar.




viernes, 25 de agosto de 2017

Que nunca falte la poesía


Freddy Ayala leyendo fragmentos del poemario Con un manuscrito en el horizonte, en el evento de presentación.

Los días miércoles 23 y jueves 24 de agosto, Manta y Portoviejo desarrollaron eventos poéticos: presentación de un nuevo poemario y recitales. Esta es una mirada personal sobre la fiesta literaria que se vivió en dos espacios y ciudades.




Invitación de la presentación.


Con un manuscrito en el horizonte
Freddy Ayala Plazarte (Aláquez, 1983) a su regreso de España por motivo de sus estudios doctorales, soñaba con volver a Manta, la urbe de Hugo Mayo, la estampa de amigos, libros y muchas ideas compartidas.
Su anhelo se concretó el miércoles 23 de agosto, día en el que fue presentado su poemario Con un manuscrito en el horizonte (La caída, 2016). El Museo Centro Cultural Manta fue el espacio elegido para esta actividad. El análisis previo nos acercó al contenido de esta obra, una propuesta poética apabullante desde sus figuras. Luego lograría conectar con el público, con quienes se mantuvo un diálogo entretenido.



La poesía había cumplido su objetivo: llegar a lectores interesados. 

Afiche del evento. 

Fiesta de poetas
Terminada la presentación del poemario, tanto poeta y público se trasladaron hasta Retro Bar, un nuevo espacio en Manta cuya agenda cultural lo volvió interesante en corto tiempo.

Fiesta de poetas se denominó este evento en el que un grupo de poetas y aficionados mantenses acompañaron a Freddy en su lectura.


Yuliana Marcillo.

Freddy Ayala.

Alberto Vélez.


La parte musical estuvo a cargo de Joselo Márquez, cerebro de Stella Medusa (su banda, y de la cual interpretó tres temas en versión acústico) y guitarrista de Guerreros de cartón, otra banda que está pisando fuerte y dejando su huella.




Bajo las estrellas

El jueves 24 la Alianza Francesa de Portoviejo realizó el recital Bajo las estrellas, poesía rock city. Un evento que reunió a cuatro voces. Que reveló un espacio hermoso. Que delató a un público.     

Yo, colándome. 


Un público joven que gusta de la poesía
Tanto la Fiesta de poetas como Bajo las estrellas, denotaron la presencia de un mayoritario público joven. Uno entusiasta, atento, participativo, feliz de oír poesía, de ver a un grupo de autores leer sus construcciones literarias. De conocer que más hay detrás de cada verso.

Un interés que da esperanza para todos aquellos autores que siempre buscaron ser “rock star” cuando en realidad han sido la novia fea que espera en un rincón.

Yuliana Marcillo.


Los organizadores

Nada de lo anterior hubiese sido posible sin el apoyo y logística de Tinta Ácida Ediciones, Club de lectura El Quijote, Retro Bar, Alianza Francesa y Ernesto Intriago. Además del apoyo del Departamento de Cultura y del Departamento de Comunicación del Gad Manta; y los medios de prensa, radio, televisión de la provincia, siempre atentos a las actividades literarias.

Freddy Ayala.

viernes, 18 de agosto de 2017

La visita de un poeta sobresaliente


Freddy Ayala Plazarte no solo es un autor más ecuatoriano, se trata de un poeta, ensayista, investigador y docente universitario que ha dejado (y continúa haciéndolo) con cada nuevo libro publicado una huella honda. Lo vengo leyendo desde su primer poemario, desde los ensayos enfocados en el poeta mantense Hugo Mayo, desde cada uno de sus análisis en torno a la obra de varios de sus colegas a nivel nacional. 

Enfrentarse a su poesía no es nada sencillo, y quizás por esto es que sea un autor destacado dentro de la comunidad de poetas ecuatorianos.

Con un manuscrito en el horizonte es su poemario más reciente, un texto publicado originalmente en 2011 como resultado del segundo premio de los Juegos Flores de Ambato. El poemario, pasó casi desapercibido en ese libro colectivo (al igual que los otros libros que se encuentran en este voluminoso tomo), razón por la cual el autor tocó la puerta de la editorial La Caída para que esta segunda edición fuera distinta. Y lo ha hecho, el libro destaca tanto en el cuidado de edición, como en su contenido.

El miércoles 23 y jueves 24 de agosto estará en Manabí, donde presentará su más reciente trabajo poético y participará en dos recitales.

Si la poesía ha sido parte de sus lecturas, pues la obra de este autor (sus libros que estarán disponibles) es lo suyo. Nos vemos. 



martes, 20 de junio de 2017

La oscuridad, la sed y un libro que se derriba enterrándome viva

Junto a Cristian López Talavera, editor del sello independiente Jaguar.

Por Rocío Soria
Fotos tomadas del archivo de la Feria del Libro Puce 

Entro a tientas a “La ruina del vientre sacudido” (Jaguar, 2017) de Alexis Cuzme y golpeo las losas de cemento que me cubren a ratos y otras veces taladro para no perder el rastro de las voces, pero aquí solo hay oscuridad/oscuridad de voces implorantes.

Tan necesario es recurrir al arte para inquirir una respuesta, el arte no solamente es un lenguaje que salva, libera y expía sino que se convierte en instrumento de expresión, herramienta de aprendizaje que permite analizar la realidad, conferir una visión crítica, es un desafío a lo establecido, pero en este libro de Alexis Cuzme también es un documento que parte desde lo testimonial y lo vuelve reconstrucción, rompe el silencio, se vuelve un conjunto de voces que monologan bajo los escombros mientras van muriendo.


Así lo sostiene él mismo en la nota final del libro cuando recalca que este es su homenaje a las voces silenciadas el sábado 16 de abril de 2016, a las 18h58, cuando un terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter, sacudió a Ecuador, siendo Manabí una de las provincias más afectadas, con un saldo de 657 fallecidos. 

Junto a la presentadora, la escritora Rocío Soria, el editor de Jaguar y representante de la editorial Mar Abierto.

El ambiente de este libro es la oscuridad, hiede a muerte y tragedia, 657 fallecidos pero miles de historias por ser contadas, habría quien no despertaría nunca más o a quien le tocaría despertar desde un cuerpo perdido en su boca; como lectora me asusta la oscuridad entre las paredes de este libro que van cayendo mientras transcurre la lectura y me dejan atrapada como a cada uno de los personajes de carne y hueso que lo padecieron.

Y luego la sed, que no es solamente la sed sino el afán, el anhelo, el ansia, la sed de lengua adormecida.

Pervive una banda sonora terrible en la angustia de este libro, una banda sonora poblada de voces que susurran, que se debilitan a ratos y otras se vuelven gritos de auxilio, lamentos, golpes imperceptibles, taladros; y entonces intento también como uno de los personajes acelerar la lectura o huir, pero cómo huir de este pellejo/cajafuerte cuando la vida es una carretera para transitar a pie.

La ruina del vientre sacudido, me repito mientras me detengo en una de las voces que inhala y exhala y sigo mirando la pared que no se mueve, ¿qué es un vientre? reflexiono, es aquel lugar del cuerpo donde el feto permanece hasta el momento del alumbramiento, por extensión, el concepto permite nombrar a la madre, ¿madre-tierra-Manabí acaso? en este poema testimonio de Cuzme pero este es un vientre donde los seres anónimos permanecen hasta el momento de la muerte que es otro modo de nacer si acaso, en esta reflexión me hallo cuando me sobrecoge una voz que grita profunda mi nombre es auxilio.

Entonces emulando a uno de los incógnitos personajes de este libro intento huir golpeando, pateando la pared que se empeña en sepultarme, intento huir de este libro, pero el terremoto está dado son las 18h58, mi voz es una trampa dice un bloque que llora junto a mí; los personajes de esta historia son bloques que lloran, mis padres, dice otro personaje, ¿qué será de ellos? ¿habrán juntado sus manos o por lo menos cumplido el rito programado de verse morir frente a frente?


No, no es una pesadilla ninguna de estas imágenes por más horror que produzcan, no son ficción ni parte de un film de violencia gráfica extrema, aquí están las voces, los cuerpos, la pestilencia, los alaridos, las paredes, el techo, la oscuridad, el polvo que existen no están en mi cabeza dice otro de los personajes.
Firmando ejemplares del poemario tras finalizar la presentación.

Y es precisamente realizando este levantamiento narrativo y poético del acontecimiento; pormenorizando los hechos, los sucesos y las historias humanas que el arte se hace carne y explora y se despoja y deja abierta la pregunta ¿qué dejó el 16 de abril de 2016 a las nuevas generaciones, qué dejó a los creadores, qué dejó a la sociedad, cuántas historias esperan ser contadas, cuántos latidos exigen ser latidos interminables, como dice el personaje en el verso final “Pero hoy, fuera del vientre, no acepto el horror”.

Gracias Alexis por este libro que nos recuerda la fragilidad humana, la finitud de los seres, la delgada línea entre la vida y la muerte, la vulnerabilidad y las amenazas naturales, este libro que es también un canto a la vida, pues es necesario destacar la responsabilidad del arte en la construcción de una memoria nacional que nos invite como sociedad a ser reflexivos.
(Texto leído en la presentación del poemario La ruina del vientre sacudido, realizado el jueves 1 de junio en el marco de la Feria del Libro Puce 2017, Quito) 

miércoles, 3 de mayo de 2017

¿Cuántas posiciones ensaya la muerte?


Por Diana Zavala
Fotos cortesía de Isaac Vélez

“Los pies en la tierra”
decimos para alabar la cordura,
el sentido de la realidad.
Y de repente
el suelo se echa a andar,
no hay amparo:
todo lo que era firme se viene abajo”.
José Emilio Pacheco.

Ese venirse abajo, ese perder el piso que te sostiene, es lo que nos desquicia, lo que nos hace conscientes de que nada es seguro, ni el suelo que pisas. Y se hace la tiniebla. Es cuando la voz lírica, cito, “parte y regresa a la demencia negra”.

“Entiéndeme oscuridad,
En ti perdura un tiempo detenido.
En ti la hora se derritió
En ti yazco perdido de mí mismo”.

La oscuridad, es la tabla y el telón de fondo de cada puesta en escena del verbo de Alexis Cuzme, y lo digo con la certeza de quien ha compartido jornadas desde el pregrado, la pasantía, el trabajo editorial, y el postgrado. Aquí la oscuridad vuelve una y otra vez en sus múltiples significantes, es el ave hermosa que picotea desde las 18:58. Entumecido en ella es donde el personaje que ha descendido saborea la vida, es donde se vuelve un latido furioso, donde inventa realidades, diciéndose que cambiará, queriendo mutar en gusano fosforescente. Es allí donde florece la ruina del vientre sacudido.


En los versos de Alexis Cuzme reconozco fragmentos de historias que leí en los periódicos, que vi en la televisión, que recogí en mi trabajo como cronista freelance. La voz lírica las hace suyas, no es el espectador, no es el lector, es su pellejo bajo la losa, es su lengua la que siente, cito: “toda la sed retenida de mis años”, es quien bebe su propia descomposición.


Un ser insoportablemente despierto, en un sepulcro de cemento, nos habla. Allí su identidad se pierde, lo que hay es lo que él llama un revoltijo de nombres. Su nombre es Auxilio ¿Cuántos auxilios gritaron en la noche aquella? Logra transmitir su angustia en ese grito que muere falto de aire, de fuerzas. El ritmo del poema es el ritmo de la desesperación. Es descarga y es pausa.

a-u-x-i-l-i-o
a-u-x-i-l-i
a-u-x-i-l
a-u-x-i-
a-u-x
a-u
a

“No hinques mis ojos, niño de sangre y lodo
Entrégate a un rincón y juega con tus delirios”
Me detengo en este verso y siento la aproximación de esos dedos, mi cuerpo y mi alma estremecidos imaginan que, en la negrura, lo último que viste niño fueron los ojos de un superhéroe, quizá los luminosos del murciélago, alguien que te cubrió con la capa de la fantasía y con el que hiciste el gran escape. Perdón, ¡cuán insoportable es la realidad! Grondin dice que “en toda interpretación es la concepción de nosotros mismos lo que se encuentra enriquecido”. Y cuando Alexis Cuzme declara que este trabajo es una purga interna y personal, que le sirvió para purgar todo el horror consumido, pues no queda más que reconocer que en la lectura, relectura y en la presentación que hago en este momento, está mi purga. Y no solo del terremoto de 7.8 grados, sino de cada catástrofe que me ha sobrevenido, y que el sismo del 16 de abril no ha hecho más que mostrar la fragilidad, las falsas bases, los pilares debilitados.

“Soy
                  el
                   escombro
                                      que
                                              no
                                                   quiere
                                                      reconocerse
el pedazo que no volverá
                                                   a amarse”

Las isotopías de este poema son la oscuridad, la muerte y la desolación. Hay imágenes que no me puedo sacar de la mente. Escucho ese timbre que sigue oprimido por un dedo sin dueño. Preguntas que se clavan ¿Cuántas posiciones ensaya la muerte?, la muerte que huele a diluyente, la que pasó de largo ante un hombre que tres décadas después recordó una técnica de yoga.





En la ruina del vientre sacudido asisto a la contemplación (cito) “de los bloques lloriqueantes: lágrimas de cemento y hierro”. Solo en la poesía se es capaz de un encuentro con la sustancia. En una entrevista, Lezama Lima declaró “Yo creo que la maravilla del poema es que llega a crear un cuerpo, una sustancia resistente enclavada entre una metáfora, que avanza creando infinitas conexiones, y una imagen final que asegura la pervivencia de esa sustancia, de esa poiesis”.

La literatura sobre catástrofes es necesaria, y así ha sido desde siempre (una gran muestra está en las tragedias naturales bíblicas). Autores como Ovidio, Voltaire, Gaspar de Villarroel, William James, Goethe y tantos otros plasmaron en sus obras sobre la devastación que provocan los terremotos. El poeta y ensayista japonés Kamo no Chomei escribió sobre el potente sismo de 1185: “Si los hombres hubieran sido dragones se habrían subido a las nubes, pero no habrían tenido las alas para encumbrarse a los cielos. Fue entonces cuando tuve conciencia de que los terremotos son la más terrible de las cosas terribles”.

Cuando se cumplieron 31 años del sismo de 8.1 grados que devastó la ciudad de México (del 19 de septiembre de 1985), se publicó en el diario Excelsior un artículo de Virginia Bautista, en el que se analiza que la Literatura tiene una deuda pendiente con ese suceso en la vida del país. La memoria existente está en abundancia en el periodismo, en la fotografía, y fue radical para la transformación de las artes visuales.

Paz, Pacheco y Monsiváis hicieron literatura sobre el terremoto. “Sólo contamos con un par de poemas, un ensayo y media docena de cuentos, básicamente, sobre esta tragedia natural. “El terremoto es la terrible presencia de la ausencia en nuestras letras”, sentencia Ignacio Padilla.

Que eso no nos pase en Ecuador, que eso no nos pase en Manabí. Gracias Alexis Cuzme por este aporte a la memoria.

(Texto leído el jueves 27 de abril, a propósito de la presentación del libro La ruina del vientre sacudido, realizada en el Museo Etnográfico Cancebí en Manta)

lunes, 1 de mayo de 2017

Ciudad entraña

Foto cortesía de Isaac Vélez. 



Por Patricio Lovato Ribadeneira
patolov5@hotmail.com

Las palabras suenan sinuosas, como si al tocarlas. Tac. Hicieran un ruido dispuesto a quebrantar la armonía, la oficialmente aprendida para que el arco iris se despliegue, incluso para que los infiernos guarden determinada tradición estética. Esto no pasa con la poesía de Alexis Cuzme, desde hace rato, desde su primer libro. Si las vísceras han de sonar hay que montarles otra armonía, que la fluidez de los líquidos cavernosos encaucen la necesaria combinación en sus palabras, total no somos exclusivamente piel, hasta los ojos más apetecibles se guarecen en cavidades húmedas. Peor si, como en este caso, es una ciudad a la que descalabra un terremoto y queda en la superficie “el riachuelo pútrido que las horas han dejado como único manjar”. Dejar que sus olores se escuchen para el goce de orejas y narices atropelladas, allá donde la vista no llegue, porque aunque la palabra bien nunca aparece, se constata, hay sombras concertadas, entre ácidos y materias descompuestas, aprisionadas.

Aventurarse con el autor a tocar esas palabras al límite, a rescatarlas de sus abismos en crónicas personalísimas, para que una vez nombradas puedan fortalecerse no en el disfrute, más bien en la penuria de sintetizarse “mientras el horror afila sus imágenes”. Esa es la propuesta del poemario “La ruina del vientre sacudido”. Aventura de riesgo por saber lo que pasó bajo el cemento-hierro-escombro para “tocarnos las partes aplastadas…tocarnos en la sobrevivencia…tocarnos como ultimátum.”

También se siente a nivel lector la construcción de palabras a punta de silencio, sopesadas, con sus filos cortantes que ahora rebotan sobre nuestras cabezas legitimando la ruina: “Fascinado en el terror/ resguardo al silencio…Callo, aunque el aullido de las vísceras, amplíe su mancha interna: pellejo-máscara.” El tono elegíaco recurrente cuenta con picos altos para desde ahí dejarnos caer en honduras asfixiantes, realmente perturbadoras. ¿No es una de las tareas de la poesía perturbarnos? Ofrecernos la posibilidad única de florecer, para sumergirnos de inmediato dentro de las entrañas podridas de la flor, en su ruina.

Cuesta mucho salir ileso de este paraje, dispuesto de tal manera como para que las palabras tiemblen primero, se lancen aplastantes y nos aprisionen otra vez.
(Publicado originalmente en diario mantense El Mercurio, domingo 23 de abril de 2017)

lunes, 17 de abril de 2017

Freddy Ayala Plazarte: “La migración te enseña las limitaciones como sujeto frente al mundo”

Freddy en Hungría, en el 2015.


Una noche, en un bar céntrico de Quito, mientras celebrábamos por adelantado su cumpleaños, Freddy Ayala Plazarte me dijo: “cuando tenía 17 años me intentaron matar”. Su historia, desde entonces, cargada de sangre, miedo y una persecución que parecía interminable, me siguió retumbando por mucho tiempo.
Han pasado algunos años de aquel diálogo, años en los que hemos afianzado una amistad surgida hace casi una década. Tiempo en el que como escritor ha logrado desarrollar una obrapoética y ensayística cada vez más interesante: Zaratana (2007) Kamastro de matuta (2009) Mi padre en las rieles de Sumpa (2011) Nomenclatura del internado (2013) Rebeliones al filo de una sinfonía (2014) en poesía. La metálica luminosa (2010) y Vientos paralelos, acotaciones y reflexiones sobre cultura y literatura (2015) en ensayo, sin olvidar sus múltiples colaboraciones en revistas, blogs y páginas web especializadas.
Pero ha sido a propósito de la segunda edición de Con un manuscrito en el horizonte publicado en 2016 por editorial La Caída, y con el cual logró en el 2011 el segundo Premio en la Bienal Nacional de Poesía “Juegos Florales”, que he contactado con él, para no solo dialogar en torno a esta obra que en su primera edición pasó casi desapercibida, sino para conocer también de su trabajo como investigador.
Actualmente Freddy cursa estudios de doctorado en Europa, hasta donde he contactado para mantener un diálogo extenso pero aprovechable en su totalidad.

Saludos Freddy, ¿cómo te va con tus estudios e investigación en España?

Bueno. Al dejar por un tiempo el país, indudablemente, los sistemas de vida cambian, y las percepciones sobre el mundo se reconfiguran, el hecho de estudiar en España me ha dado la posibilidad de acceder a conocimientos que antes estaban fuera de mi alcance. Por ejemplo, durante un tiempo asistí a cursos sobre Etnomusicología en la Universidad Autónoma de Madrid, he tenido que asimilar teorías musicales con la finalidad de enriquecer panorámicas para mi investigación doctoral sobre el metal extremo. En Ecuador debemos realizar mayores exploraciones sobre la música popular (refiero a las producciones en las culturas urbanas), no quiero decir, con esto, que no haya estudios. La música popular en el imaginario social, indudablemente, está más ligada a la tradición, al folclor, la identidad y, por tanto, el nacionalismo que habla de un pueblo. No obstante, también hay que tener en cuenta que, en un mundo globalizado, existen otro tipo de músicas populares que se han propagado rápidamente y han sido asimiladas por las nuevas generaciones, insertándose en las localidades, lo cual ha generado tensiones sociales y culturales. Esto, de alguna manera, ha sucedido con la mirada que se ha tenido en el underground del metal extremo, por tratarse de una música popular extranjera, en muchos casos, rayando en el estereotipo. Da la sensación de que todavía no ha sido asimilada y existe un desconocimiento sobre sus nexos con elementos artísticos, culturales, sociales, y políticos. Me he interesado por estudiar -tomando casos de estudio- el metal extremo y las conexiones con lo primitivo, lo nativo, lo étnico, sea en estilos como el black metal, folk metal, gothic metal, en muchos casos, realizando un abordaje que va desde la demonología hasta las concepciones ancestrales. En el verano del año anterior empecé realizando un trabajo de campo en dos festivales de metal extremo en el norte de Alemania, y en la región de la Bohemia en República Checa, luego continuaré en la ciudad de Quito. También estaré viajando a realizar registros en Noruega: Oslo y Bergen, dos ciudades sumamente influyentes para el metal extremo a nivel mundial. 

Freddy en Quito, Ecuador.

Más allá del desarrollo de tu tema de tesis, ¿cómo es la vida de un estudiante/escritor ecuatoriano en Europa?
Europa es un continente poblado de una frenética historia, tan solo saltar de una ciudad a otra, o de un pequeño país a otro, te lo permite dimensionar. La migración, inevitablemente, es un desarraigo que tiene muchas implicancias, y solo quienes han estado fuera de sus lugares de origen pueden relatar tantas historias. Esto tiene algunas paradojas cuando te dedicas a la escritura y a los estudios. En mi caso, debo dedicarle mucho tiempo a la investigación, y eso no te permite dar el tiempo que merece escribirse una obra. La vida acá es más costosa, y se vive por lo general compartiendo pisos entre varias personas. Al inicio empiezas a vivir una especie de anonimato, por el hecho de que nadie te conoce, y si a eso le sacas provecho, es muy interesante, y si no es así, por el contrario, empiezas a nostalgizar más a tu lugar de origen. Otro punto importante es que la sociedad europea se actualiza y reactualiza constantemente, y tienes la sensación de que varias de tus creencias y discursos se derrocan, y surgen otros, la migración te enseña las limitaciones como sujeto frente al mundo.
Como todo en la vida, vivir acá tiene las dos caras de la moneda, un día, por ejemplo, recordaba Quito una sala llena de gente, o un teatro con muchos asistentes a la presentación de un libro, o también a los estudiantes de la Universidad, impartiendo una clase sobre arte, y me decía qué lejos estoy de aquellos instantes, dónde quedaron todos esos álbumes de la memoria, luego, saliendo de esa imagen, en realidad, me hallaba solo en un parque del centro de Madrid observando cómo la gente disfrutaba de la primavera en grandes grupos. Y claro ahí te das cuenta lo que es ser un ciudadano del mundo, escritor, o estudiante, ese momento que se convocan dos o más mundos. Ahora, además, escribo un libro que reflexiona la importancia de los lugares en los que estado, aquellos que ya no se pueden despegar de mi mente: Viena, Madrid, Budapest, Hamburgo, Wacken (Schleswig-Holstein-Alemania), Cluj Napoca, Finisel (Rumania), París, Breuillet, Praga, Jaromer (República Checa) Roma, Barcelona. 

¿Cómo les van a tus actividades literarias en este continente que te acoge?
En realidad, cuando llegué no tenía una planificación de actividades literarias, ni mucho menos me lo había planteado. En una ciudad como Madrid, con una constante oferta cultural, no es tan sencillo mostrarte con la obra, pasas más de anónimo. Mucho tiempo pasó hasta que, por un amigo, fui invitado a un recital en la localidad de Getafe, el único recital que realicé el año pasado. Luego, tras asistir a un recital de poesía conocí a jóvenes escritores de Perú, México, Argentina, que erradican algo más de 10 años en Madrid, con quienes, este año, ya hemos intervenido en lecturas, como hace poco fuimos invitados a leer en Zaragoza, y vamos a organizar otras actividades. Asimismo, he mantenido correspondencia con escritores de otros lugares de España, a quienes les he enviado libros.

El año pasado editorial La Caída publicó una segunda edición de tu libro Con un manuscrito en el horizonte ¿cómo se dio esta edición?
Un día le propuse al editor si estaba interesado en publicarlo, él conocía mi trayectoria, revisó el libro, y estuvo dispuesto a editarlo. Estoy agradecido con el trabajo de difusión que realiza editorial La Caída.

La primera edición de Con un manuscrito en el horizonte se publicó en el 2010 como resultado del segundo premio de los Juegos Florales Bienal Nacional de poesía ¿por qué una segunda edición? ¿cuánto eco tuvo la primera edición?

Por una parte, la segunda edición tiene que ver con la secuencia y el proceso que he venido realizando con la escritura, a pesar de que ya pasaron algo más de cinco años, tenía la necesidad de recuperar al poemario, que estuvo más en el silencio. Por otra, la primera edición, diría que casi ni existe, apenas 20 ejemplares entregados a cada autor –y esto, si viajabas a traerlos por tu cuenta– donde constan desde el primer premio hasta la tercera mención de honor. Nunca vi que haya circulado, ni se lo haya presentado, fue casi una publicación fantasma. 

Freddy en Rumania, 2015.

Los medios ecuatorianos, y esto a propósito de las presentaciones que hiciste en el país hace algunos meses, hablaban de la experiencia cercana a la muerte que determinó la escritura de este trabajo ¿se puede superar una historia de sangre, desesperación e impotencia mediante la poesía? ¿Con un manuscrito en el horizonte como cicatriz?
Mi madre me decía un día que ya no recuerde la fecha de mi accidente en la montaña, sin embargo, para mí, es al contrario, ese fatídico acto transformó toda mi conciencia y actitud ante la vida. De alguna manera, puedo decirte, casi todos mis libros llevan algo pólvora, que todavía sigue confundida entre los lunares de mi cuello, está en alguna página, verso, o palabra. Atentaron contra mi vida, y eso no debía quedar en el silencio, aunque por muchos años fue así. Contrario a la destrucción, pienso que la creatividad te permite no necesariamente ubicarlo como un trauma, dolor, o laceración (eso en mi caso ya pasó, y no tengo por qué pisotear esa amargura), la escritura está más allá de una patología o somatización; el manuscrito surgió de esa profunda conexión entre el horizonte y esas montañas que caían en cada atardecer, a las cuales durante muchos años no podía volverlas a ver, me atemorizaban, luego de unos años tomé una bicicleta y fui a limpiar ese temor. Las montañas no tenían la culpa, me habían protegido, y cada vez que puedo voy a reverenciarlas. Nadie sale ileso de la infancia, decía alguien por ahí, y esa historia de sangre fue una infancia más para mí, ahora lo veo así. La poesía es un ejercicio de comunión con la memoria y el lenguaje que ni siquiera en ocasiones distingue dolor o impotencia, algunos toman esto como fuente de explotación, pues, en aquel tiempo, recuerdo que no provoqué el accidente, ni sabía que a futuro iba a escribir, me encontré con esos mundos en el camino.

¿Cómo le ha ido hasta ahora al poemario? ¿En qué otro espacio se presentará, en este 2017?
Fue un momento especial, luego de casi un año que volví de España, me encontré gratificado de que varios amigos hayan ido a la presentación en Quito. En enero fue presentado en Cuenca junto con el libro Revólver Escorpión de Juan Romero Vinueza. Para este año, será presentado en la librería Juan Rulfo de la ciudad de Madrid, en el mes de mayo. 

Antes de Con un manuscrito en el horizonte y de que salieras de Ecuador por tu tema de estudios, se publicó el libro de ensayos Vientos paralelos ¿cómo le ha ido a esta obra? ¿qué otras reflexiones sobre cultura y literatura quedaron al margen de este libro?

Cuando cursaba de maestrante pasé redactando algunos ensayos que decidí recuperarlos, volverlos a corregir, y proponerlos para su publicación. No siento que haya tenido mayor circulación el libro, excepto los días que fue presentado y que los escritores Juan Pablo Castro Rodas y Diego Cazar Baquero comentaron la obra, y un par de notas de prensa en diario La Hora. Por lo demás, en la editorial no me volvieron a llamar para hacer una charla en algún colegio, o Universidad, o en el marco de algún evento cultural; el libro se ha quedado en el stand. Evidentemente, las reflexiones deben seguir mejorándose, es un compendio de ensayos, que solo representan un momento de mi escritura, un posible homenaje a escritores y temas que involucran el pensamiento latinoamericanista. Siempre quedan más cosas por decir, sobre todo, hablar de las literaturas emergentes, de las editoriales independientes, de nuestras producciones culturales. O también de, no solo hablar (o potenciar) sobre cómo vemos a autores de afuera en nuestro localismo, sino también poner en cuestión: ¿qué tanto saben afuera de nosotros? ¿Hay retos, desafíos, proyectos?


Portada del libro Con un manuscrito en el horizonte publicado por la editorial argentina La Caída.


Volviendo a tus estudios actuales en España ¿qué experiencia has logrado a partir de tu participación en festivales de metal representativos a nivel mundial? ¿qué diferencias encuentras entre la comunidad de metaleros europeos con la ecuatoriana?
Indudablemente, Wacken Open Air y Brutal Assault, son festivales de metal extremo que me han permitido tomar contacto directo con lo musical y lo cultural (como sujeto pasivo y activo). Lo que más me ha llamado la atención es la importancia que se otorga a simbologías medievales, paganas, vikingas, demoníacas, a través de la teatralidad escenográfica, el merchandising, y la infraestructura iconográfica, logran un efecto primitivo en el espectador. Gran parte de las bandas de metal que pude escuchar y fotografiar las escuchaba cuando tenía 17 años. Asistir a estos festivales asemeja una peregrinación a escala mundial entre públicos. Como investigador me ha dado la oportunidad de empoderarme más del tema, conocer nuevas bandas, y ver shows en vivo, algo que no alcanzas a describirlo en su totalidad, ahí es donde recurro a la Antropología y la Etnografía.
Es algo complicado comparar en estas líneas los dos escenarios musicales, entre un festival del país y un festival europeo, o entre los metaleros. Ahora, hablaré un poco del europeo: macroestructuras musicales, bandas de corte internacional, escenarios a campo abierto con asistencia completa, sea de 90.000 o 15.000 personas. Los metaleros europeos son diversos, he visto mucha gente de más de 50 años caminando con su cerveza, incluso, hasta te encuentras con familias, que asisten a los campus a socializar, como si se tratase de un día que salen al parque o de camping. No existe la figura del metalero maldito, es un carnaval, hay disfrazados, no solo visten de negro, bailan, se bañan en el lodo, muchas risas, y una descarga de ferocidad al momento del show, eso sí mucha ebriedad, que no altera el orden, ni molesta al público. De alguna manera, ellos se sienten identificados con tradiciones del pasado medieval, refiero las iconografías paganas que portan en sus cuerpos. A la larga creo que los dos mundos viven la euforia del metal desde sus particulares realidades.

A partir de tus observaciones y análisis, respecto a la cultura metalera ¿qué trabajos académicos estás produciendo y cómo los estás visibilizando?
El metal ha estado infundado mayoritariamente por la mirada periodística. Profesionalizar académicamente un tema que tiene sus complejidades exige rigor y mucha investigación. Me he dedicado a investigar escenas musicales en Bali, Finlandia, África, Leeds, Cuba, Perú, Noruega, etc., con el fin de enriquecer las visiones de mi trabajo. Algunos puntos que he tratado hasta ahora tienen que ver con la corporalidad en dimensiones artísticas, culturales y sociales. El doctorado dura cuatro años, así que aún no me he dedicado a difundir el trabajo, realmente estoy dedicado a la investigación, aunque para el mes de mayo estaré en la Universidad de Zaragoza dando una charla sobre los avances de la tesis, seguramente cuando regrese a Ecuador, si hay interesados, estaré presentando parte de este material. 

Con un manuscrito en el horizonte, también tiene un nexo de tu relación con el metal en la adolescencia, aunque no haya registro en la obra, sin embargo, desde el año pasado vives a intensidad el metal desde tus estudios ¿qué enfoque tienes a partir de este reencuentro musical?
Es cierto, tal como lo mencionas, no hay registro en la obra, ni tampoco creo que lo haga, y como te mencionaba en otra pregunta mis libros mantienen correspondencia con el pasado, indudablemente. Encarné y milité la imagen del metalero adolescente, adopté todas las formas, agujereaba los pantalones, ubicaba logotipos hechos a mano en mi habitación, pasaba tardes enteras intentando grabar casetes y fotocopiando portadas, etc. A raíz de mi accidente todo este panorama cambió, abandoné la militancia y la ideología de pertenecer en carne y vida al metal, y empecé a escuchar todo tipo de música, ya que considero haber vivido el fascismo de algunos con la música, considerando novelero al otro, o impropio por escuchar otro tipo de música. John Blacking decía que “toda música es étnica”, y creo que eso es lo que me interesa ahora, tanto en la música como en la poesía. El metal debería apostar por otros temas, lejos de los estatutos en los cuales a menudo se ha quedado estancado.  
Aunque, eso no significa que haya dejado de escuchar metal, de hecho, lo sigo escuchando, pero con perspectivas diferentes, con otros criterios, menos inconscientes, sin adherirme a grupos, ahora tengo la oportunidad de estudiarlo. Tampoco me considero un escritor metalero, aunque alguna vez, por ejemplo, estuve caminando por los bosques de los Cárpatos en Transilvania (no me interesa el tema de los vampiros), ni tampoco el gore, mis temas no exploran esos continentes. Respeto a quienes lo hacen, la escritura se trata de escribir sobre muchos temas, y no restringirse hacerlo.
Es curioso pensar ahora que la obra pudiera tener nexo con el metal, ya que, si, el tiempo del accidente estaba militando el metal, y luego de casi una década apareció el libro Con un manuscrito en el horizonte, que no necesariamente elogia esa intensidad musical, sino más bien es una reinvención metafísica de aquel tiempo: me parece algo accidental esta relación entre el libro y el metal. Sin duda el oído musical lo voy desarrollando en la poesía y en la música, escucho música popular celta, oriental, andina, folk, africana, los 80´s pero, sobre todo, me interesa hablar y escribir musicalmente de mi tierra y de otros paisajes que he captado por el mundo, de la religiosidad del lenguaje; sospechar esos momentos de la historia que ya no están ante nuestros ojos, vivir como un mito la escritura.