lunes, 17 de abril de 2017

Freddy Ayala Plazarte: “La migración te enseña las limitaciones como sujeto frente al mundo”

Freddy en Hungría, en el 2015.


Una noche, en un bar céntrico de Quito, mientras celebrábamos por adelantado su cumpleaños, Freddy Ayala Plazarte me dijo: “cuando tenía 17 años me intentaron matar”. Su historia, desde entonces, cargada de sangre, miedo y una persecución que parecía interminable, me siguió retumbando por mucho tiempo.
Han pasado algunos años de aquel diálogo, años en los que hemos afianzado una amistad surgida hace casi una década. Tiempo en el que como escritor ha logrado desarrollar una obrapoética y ensayística cada vez más interesante: Zaratana (2007) Kamastro de matuta (2009) Mi padre en las rieles de Sumpa (2011) Nomenclatura del internado (2013) Rebeliones al filo de una sinfonía (2014) en poesía. La metálica luminosa (2010) y Vientos paralelos, acotaciones y reflexiones sobre cultura y literatura (2015) en ensayo, sin olvidar sus múltiples colaboraciones en revistas, blogs y páginas web especializadas.
Pero ha sido a propósito de la segunda edición de Con un manuscrito en el horizonte publicado en 2016 por editorial La Caída, y con el cual logró en el 2011 el segundo Premio en la Bienal Nacional de Poesía “Juegos Florales”, que he contactado con él, para no solo dialogar en torno a esta obra que en su primera edición pasó casi desapercibida, sino para conocer también de su trabajo como investigador.
Actualmente Freddy cursa estudios de doctorado en Europa, hasta donde he contactado para mantener un diálogo extenso pero aprovechable en su totalidad.

Saludos Freddy, ¿cómo te va con tus estudios e investigación en España?

Bueno. Al dejar por un tiempo el país, indudablemente, los sistemas de vida cambian, y las percepciones sobre el mundo se reconfiguran, el hecho de estudiar en España me ha dado la posibilidad de acceder a conocimientos que antes estaban fuera de mi alcance. Por ejemplo, durante un tiempo asistí a cursos sobre Etnomusicología en la Universidad Autónoma de Madrid, he tenido que asimilar teorías musicales con la finalidad de enriquecer panorámicas para mi investigación doctoral sobre el metal extremo. En Ecuador debemos realizar mayores exploraciones sobre la música popular (refiero a las producciones en las culturas urbanas), no quiero decir, con esto, que no haya estudios. La música popular en el imaginario social, indudablemente, está más ligada a la tradición, al folclor, la identidad y, por tanto, el nacionalismo que habla de un pueblo. No obstante, también hay que tener en cuenta que, en un mundo globalizado, existen otro tipo de músicas populares que se han propagado rápidamente y han sido asimiladas por las nuevas generaciones, insertándose en las localidades, lo cual ha generado tensiones sociales y culturales. Esto, de alguna manera, ha sucedido con la mirada que se ha tenido en el underground del metal extremo, por tratarse de una música popular extranjera, en muchos casos, rayando en el estereotipo. Da la sensación de que todavía no ha sido asimilada y existe un desconocimiento sobre sus nexos con elementos artísticos, culturales, sociales, y políticos. Me he interesado por estudiar -tomando casos de estudio- el metal extremo y las conexiones con lo primitivo, lo nativo, lo étnico, sea en estilos como el black metal, folk metal, gothic metal, en muchos casos, realizando un abordaje que va desde la demonología hasta las concepciones ancestrales. En el verano del año anterior empecé realizando un trabajo de campo en dos festivales de metal extremo en el norte de Alemania, y en la región de la Bohemia en República Checa, luego continuaré en la ciudad de Quito. También estaré viajando a realizar registros en Noruega: Oslo y Bergen, dos ciudades sumamente influyentes para el metal extremo a nivel mundial. 

Freddy en Quito, Ecuador.

Más allá del desarrollo de tu tema de tesis, ¿cómo es la vida de un estudiante/escritor ecuatoriano en Europa?
Europa es un continente poblado de una frenética historia, tan solo saltar de una ciudad a otra, o de un pequeño país a otro, te lo permite dimensionar. La migración, inevitablemente, es un desarraigo que tiene muchas implicancias, y solo quienes han estado fuera de sus lugares de origen pueden relatar tantas historias. Esto tiene algunas paradojas cuando te dedicas a la escritura y a los estudios. En mi caso, debo dedicarle mucho tiempo a la investigación, y eso no te permite dar el tiempo que merece escribirse una obra. La vida acá es más costosa, y se vive por lo general compartiendo pisos entre varias personas. Al inicio empiezas a vivir una especie de anonimato, por el hecho de que nadie te conoce, y si a eso le sacas provecho, es muy interesante, y si no es así, por el contrario, empiezas a nostalgizar más a tu lugar de origen. Otro punto importante es que la sociedad europea se actualiza y reactualiza constantemente, y tienes la sensación de que varias de tus creencias y discursos se derrocan, y surgen otros, la migración te enseña las limitaciones como sujeto frente al mundo.
Como todo en la vida, vivir acá tiene las dos caras de la moneda, un día, por ejemplo, recordaba Quito una sala llena de gente, o un teatro con muchos asistentes a la presentación de un libro, o también a los estudiantes de la Universidad, impartiendo una clase sobre arte, y me decía qué lejos estoy de aquellos instantes, dónde quedaron todos esos álbumes de la memoria, luego, saliendo de esa imagen, en realidad, me hallaba solo en un parque del centro de Madrid observando cómo la gente disfrutaba de la primavera en grandes grupos. Y claro ahí te das cuenta lo que es ser un ciudadano del mundo, escritor, o estudiante, ese momento que se convocan dos o más mundos. Ahora, además, escribo un libro que reflexiona la importancia de los lugares en los que estado, aquellos que ya no se pueden despegar de mi mente: Viena, Madrid, Budapest, Hamburgo, Wacken (Schleswig-Holstein-Alemania), Cluj Napoca, Finisel (Rumania), París, Breuillet, Praga, Jaromer (República Checa) Roma, Barcelona. 

¿Cómo les van a tus actividades literarias en este continente que te acoge?
En realidad, cuando llegué no tenía una planificación de actividades literarias, ni mucho menos me lo había planteado. En una ciudad como Madrid, con una constante oferta cultural, no es tan sencillo mostrarte con la obra, pasas más de anónimo. Mucho tiempo pasó hasta que, por un amigo, fui invitado a un recital en la localidad de Getafe, el único recital que realicé el año pasado. Luego, tras asistir a un recital de poesía conocí a jóvenes escritores de Perú, México, Argentina, que erradican algo más de 10 años en Madrid, con quienes, este año, ya hemos intervenido en lecturas, como hace poco fuimos invitados a leer en Zaragoza, y vamos a organizar otras actividades. Asimismo, he mantenido correspondencia con escritores de otros lugares de España, a quienes les he enviado libros.

El año pasado editorial La Caída publicó una segunda edición de tu libro Con un manuscrito en el horizonte ¿cómo se dio esta edición?
Un día le propuse al editor si estaba interesado en publicarlo, él conocía mi trayectoria, revisó el libro, y estuvo dispuesto a editarlo. Estoy agradecido con el trabajo de difusión que realiza editorial La Caída.

La primera edición de Con un manuscrito en el horizonte se publicó en el 2010 como resultado del segundo premio de los Juegos Florales Bienal Nacional de poesía ¿por qué una segunda edición? ¿cuánto eco tuvo la primera edición?

Por una parte, la segunda edición tiene que ver con la secuencia y el proceso que he venido realizando con la escritura, a pesar de que ya pasaron algo más de cinco años, tenía la necesidad de recuperar al poemario, que estuvo más en el silencio. Por otra, la primera edición, diría que casi ni existe, apenas 20 ejemplares entregados a cada autor –y esto, si viajabas a traerlos por tu cuenta– donde constan desde el primer premio hasta la tercera mención de honor. Nunca vi que haya circulado, ni se lo haya presentado, fue casi una publicación fantasma. 

Freddy en Rumania, 2015.

Los medios ecuatorianos, y esto a propósito de las presentaciones que hiciste en el país hace algunos meses, hablaban de la experiencia cercana a la muerte que determinó la escritura de este trabajo ¿se puede superar una historia de sangre, desesperación e impotencia mediante la poesía? ¿Con un manuscrito en el horizonte como cicatriz?
Mi madre me decía un día que ya no recuerde la fecha de mi accidente en la montaña, sin embargo, para mí, es al contrario, ese fatídico acto transformó toda mi conciencia y actitud ante la vida. De alguna manera, puedo decirte, casi todos mis libros llevan algo pólvora, que todavía sigue confundida entre los lunares de mi cuello, está en alguna página, verso, o palabra. Atentaron contra mi vida, y eso no debía quedar en el silencio, aunque por muchos años fue así. Contrario a la destrucción, pienso que la creatividad te permite no necesariamente ubicarlo como un trauma, dolor, o laceración (eso en mi caso ya pasó, y no tengo por qué pisotear esa amargura), la escritura está más allá de una patología o somatización; el manuscrito surgió de esa profunda conexión entre el horizonte y esas montañas que caían en cada atardecer, a las cuales durante muchos años no podía volverlas a ver, me atemorizaban, luego de unos años tomé una bicicleta y fui a limpiar ese temor. Las montañas no tenían la culpa, me habían protegido, y cada vez que puedo voy a reverenciarlas. Nadie sale ileso de la infancia, decía alguien por ahí, y esa historia de sangre fue una infancia más para mí, ahora lo veo así. La poesía es un ejercicio de comunión con la memoria y el lenguaje que ni siquiera en ocasiones distingue dolor o impotencia, algunos toman esto como fuente de explotación, pues, en aquel tiempo, recuerdo que no provoqué el accidente, ni sabía que a futuro iba a escribir, me encontré con esos mundos en el camino.

¿Cómo le ha ido hasta ahora al poemario? ¿En qué otro espacio se presentará, en este 2017?
Fue un momento especial, luego de casi un año que volví de España, me encontré gratificado de que varios amigos hayan ido a la presentación en Quito. En enero fue presentado en Cuenca junto con el libro Revólver Escorpión de Juan Romero Vinueza. Para este año, será presentado en la librería Juan Rulfo de la ciudad de Madrid, en el mes de mayo. 

Antes de Con un manuscrito en el horizonte y de que salieras de Ecuador por tu tema de estudios, se publicó el libro de ensayos Vientos paralelos ¿cómo le ha ido a esta obra? ¿qué otras reflexiones sobre cultura y literatura quedaron al margen de este libro?

Cuando cursaba de maestrante pasé redactando algunos ensayos que decidí recuperarlos, volverlos a corregir, y proponerlos para su publicación. No siento que haya tenido mayor circulación el libro, excepto los días que fue presentado y que los escritores Juan Pablo Castro Rodas y Diego Cazar Baquero comentaron la obra, y un par de notas de prensa en diario La Hora. Por lo demás, en la editorial no me volvieron a llamar para hacer una charla en algún colegio, o Universidad, o en el marco de algún evento cultural; el libro se ha quedado en el stand. Evidentemente, las reflexiones deben seguir mejorándose, es un compendio de ensayos, que solo representan un momento de mi escritura, un posible homenaje a escritores y temas que involucran el pensamiento latinoamericanista. Siempre quedan más cosas por decir, sobre todo, hablar de las literaturas emergentes, de las editoriales independientes, de nuestras producciones culturales. O también de, no solo hablar (o potenciar) sobre cómo vemos a autores de afuera en nuestro localismo, sino también poner en cuestión: ¿qué tanto saben afuera de nosotros? ¿Hay retos, desafíos, proyectos?


Portada del libro Con un manuscrito en el horizonte publicado por la editorial argentina La Caída.


Volviendo a tus estudios actuales en España ¿qué experiencia has logrado a partir de tu participación en festivales de metal representativos a nivel mundial? ¿qué diferencias encuentras entre la comunidad de metaleros europeos con la ecuatoriana?
Indudablemente, Wacken Open Air y Brutal Assault, son festivales de metal extremo que me han permitido tomar contacto directo con lo musical y lo cultural (como sujeto pasivo y activo). Lo que más me ha llamado la atención es la importancia que se otorga a simbologías medievales, paganas, vikingas, demoníacas, a través de la teatralidad escenográfica, el merchandising, y la infraestructura iconográfica, logran un efecto primitivo en el espectador. Gran parte de las bandas de metal que pude escuchar y fotografiar las escuchaba cuando tenía 17 años. Asistir a estos festivales asemeja una peregrinación a escala mundial entre públicos. Como investigador me ha dado la oportunidad de empoderarme más del tema, conocer nuevas bandas, y ver shows en vivo, algo que no alcanzas a describirlo en su totalidad, ahí es donde recurro a la Antropología y la Etnografía.
Es algo complicado comparar en estas líneas los dos escenarios musicales, entre un festival del país y un festival europeo, o entre los metaleros. Ahora, hablaré un poco del europeo: macroestructuras musicales, bandas de corte internacional, escenarios a campo abierto con asistencia completa, sea de 90.000 o 15.000 personas. Los metaleros europeos son diversos, he visto mucha gente de más de 50 años caminando con su cerveza, incluso, hasta te encuentras con familias, que asisten a los campus a socializar, como si se tratase de un día que salen al parque o de camping. No existe la figura del metalero maldito, es un carnaval, hay disfrazados, no solo visten de negro, bailan, se bañan en el lodo, muchas risas, y una descarga de ferocidad al momento del show, eso sí mucha ebriedad, que no altera el orden, ni molesta al público. De alguna manera, ellos se sienten identificados con tradiciones del pasado medieval, refiero las iconografías paganas que portan en sus cuerpos. A la larga creo que los dos mundos viven la euforia del metal desde sus particulares realidades.

A partir de tus observaciones y análisis, respecto a la cultura metalera ¿qué trabajos académicos estás produciendo y cómo los estás visibilizando?
El metal ha estado infundado mayoritariamente por la mirada periodística. Profesionalizar académicamente un tema que tiene sus complejidades exige rigor y mucha investigación. Me he dedicado a investigar escenas musicales en Bali, Finlandia, África, Leeds, Cuba, Perú, Noruega, etc., con el fin de enriquecer las visiones de mi trabajo. Algunos puntos que he tratado hasta ahora tienen que ver con la corporalidad en dimensiones artísticas, culturales y sociales. El doctorado dura cuatro años, así que aún no me he dedicado a difundir el trabajo, realmente estoy dedicado a la investigación, aunque para el mes de mayo estaré en la Universidad de Zaragoza dando una charla sobre los avances de la tesis, seguramente cuando regrese a Ecuador, si hay interesados, estaré presentando parte de este material. 

Con un manuscrito en el horizonte, también tiene un nexo de tu relación con el metal en la adolescencia, aunque no haya registro en la obra, sin embargo, desde el año pasado vives a intensidad el metal desde tus estudios ¿qué enfoque tienes a partir de este reencuentro musical?
Es cierto, tal como lo mencionas, no hay registro en la obra, ni tampoco creo que lo haga, y como te mencionaba en otra pregunta mis libros mantienen correspondencia con el pasado, indudablemente. Encarné y milité la imagen del metalero adolescente, adopté todas las formas, agujereaba los pantalones, ubicaba logotipos hechos a mano en mi habitación, pasaba tardes enteras intentando grabar casetes y fotocopiando portadas, etc. A raíz de mi accidente todo este panorama cambió, abandoné la militancia y la ideología de pertenecer en carne y vida al metal, y empecé a escuchar todo tipo de música, ya que considero haber vivido el fascismo de algunos con la música, considerando novelero al otro, o impropio por escuchar otro tipo de música. John Blacking decía que “toda música es étnica”, y creo que eso es lo que me interesa ahora, tanto en la música como en la poesía. El metal debería apostar por otros temas, lejos de los estatutos en los cuales a menudo se ha quedado estancado.  
Aunque, eso no significa que haya dejado de escuchar metal, de hecho, lo sigo escuchando, pero con perspectivas diferentes, con otros criterios, menos inconscientes, sin adherirme a grupos, ahora tengo la oportunidad de estudiarlo. Tampoco me considero un escritor metalero, aunque alguna vez, por ejemplo, estuve caminando por los bosques de los Cárpatos en Transilvania (no me interesa el tema de los vampiros), ni tampoco el gore, mis temas no exploran esos continentes. Respeto a quienes lo hacen, la escritura se trata de escribir sobre muchos temas, y no restringirse hacerlo.
Es curioso pensar ahora que la obra pudiera tener nexo con el metal, ya que, si, el tiempo del accidente estaba militando el metal, y luego de casi una década apareció el libro Con un manuscrito en el horizonte, que no necesariamente elogia esa intensidad musical, sino más bien es una reinvención metafísica de aquel tiempo: me parece algo accidental esta relación entre el libro y el metal. Sin duda el oído musical lo voy desarrollando en la poesía y en la música, escucho música popular celta, oriental, andina, folk, africana, los 80´s pero, sobre todo, me interesa hablar y escribir musicalmente de mi tierra y de otros paisajes que he captado por el mundo, de la religiosidad del lenguaje; sospechar esos momentos de la historia que ya no están ante nuestros ojos, vivir como un mito la escritura.  


lunes, 20 de marzo de 2017

Sueños maravillosos


Por Xavier Cuzme*
Ilustraciones de Santiago Caruso** (tomadas de su web)

No dejaba de hablar respecto a los “Jivis”, cada vez que contaba su último sueño ponía una cara de seriedad que evitaba que cualquier adulto osara contradecir su narración. Francisco no recordaba desde cuando había empezado a soñar con aquellos tiernos personajes, le parecía que desde siempre, desde toda su corta vida. Se caracterizaban las dulces criaturas por su timidez extrema y su ambigua sonrisa, -¡Como la mona lisa! decía eufórico, cuando trataba de describir con detalle cómo eran aquellas criaturas de sus sueños.
Mientras le contaba a su hermano mayor respecto a su última aventura en la aldea de los Jivis, Francisco tomaba pequeños trozos de pan del desayuno y sin ser visto los guardaba en el bolsillo. Esperar la merienda para hurtar comida no hubiera servido pues el pan solo se servía en las mañanas. En su dulce sueño anterior Iakk, su mejor amigo Jivi, le había comentado la etapa de hambruna por la que pronto la aldea debía pasar si no encontraban nuevas fuentes de alimentación, Iakk, al igual que el resto de sus compañeros, no le miraba a los ojos cuando le hablaba y si sonreía era apenas con un leve movimiento de los labios. Iakk se había convertido en el vocero general de la aldea de los sueños. Los sueños tenían coherencia unos con otros, como adentrarse en un cuento con capítulos, pero nadie parecía notar esta característica, ningún miembro de la familia de Francisco escuchaba realmente lo que él contaba.

El día de un niño se movía de forma perezosa, era un animal rastrero, obeso y lento rodando sobre su vientre. La lenta tarde solo lograba traer a la mente del pequeño su tarea como representante en el mundo real de los Jivis. Iakk, a pesar de su timidez había dado la mano a Francisco un par de veces, realmente había sido un toque de la mano de la criatura y el dedo meñique de él, eso era lo más parecido que podían hacer tomando en cuenta la diferencia de tamaño. Iakk, era de un color verde pálido, sus dulces mejillas eran de un leve color morado y las palmas de sus manos tan pálidas que parecían blancas. Cuando hablaban de comida una pequeña lengua de color amarilla se asomaba apenas y se relamía los finos labios. Francisco nunca los había visto comer, pero imaginaba que el pan sería de su agrado.



Cuando la noche llegó por fin, se acostó lo más pronto posible para poder invocar con presura al dios del sueño y su maravillosa promesa, en su mano apretaba con fuerza las migajas de pan que había guardado desde el desayuno. Él sabía que así las llevaría a través de su sueño. Iakk le había asegurado que lo podría hacer.

Al abrir los ojos el hermoso paisaje de la aldea lo llenó todo, las amplias laderas color rosa, la vegetación azul y violeta. Las rústicas cabañas de los Jivis. Rápidamente dos pequeñas criaturas se le acercaron sin decir palabras y sin mirarle. Francisco sabía lo que buscaban, abrió la palma de su mano y distribuyó a ambos dos migajas que en sus diminutas manos equivaldrían a sendas hogazas. Los pequeños corrieron felices hasta el interior de una de las cabañas. Iakk apareció a su derecha, le mostró una de sus tímidas sonrisas y le agradeció con un gesto de todo su cuerpo la presencia en su mundo de sueños.

…Un mundo de felicidad que le hubiera gustado durase toda una eternidad…
En cama, Francisco, esbozaba una tierna sonrisa, el espejo de un sueño maravilloso.
Al despertar miró rápidamente su mano, las migajas ya no estaban. Los Jivis habían sido alimentados una noche más. Sin embargo, un recuerdo le llegó con rapidez, ¡las palabras de Iakk, su rostro suplicante! -¡nos morimos de hambre Francisco, debes ayudarnos!-. Entonces inesperadamente el sueño se había cortado.

En el desayuno Francisco contó más sobre sus amigos de sueños, una ligera raya de preocupación surcaba su frente. Nadie lo notó. Esta vez, en un momento de distracción general, Francisco guardó una pieza de pan entera en su pijama, se levantó de la mesa con educación y caminó con una fingida tranquilidad hasta su habitación. Guardó la pieza de pan bajo el colchón. Esa noche los Jivis tendrían un gran banquete.



Las extensas colinas del pueblo de los Jivis parecían no tener un final, se veían llegar hasta más allá del mundo de los sueños. Una fresca brisa acariciaba el rostro de Francisco y le inundaba con un delicioso olor a frutas frescas, a lluvia, a paz. Una suave luz lo iluminaba todo, no había sol, era una luz que parecía irradiar de cada uno de los objetos de aquel mundo, una cálida luz. Francisco siempre se mantenía en la zona especial, un lugar libre de casas y objetos que él pudiera dañar con su enorme tamaño. Iakk se acercaba presuroso desde una de las lejanas casas, su tierno rostro esta vez mostraba una clara preocupación. Francisco bajó la mano, Iakk subió.
-Ayúdanos Francisco! -Rogó Iakk- mi pueblo ha crecido y necesitamos más alimentos, mas lugares donde vivir. Ayúdanos a buscar esos nuevos lugares.
-¡No! No quiero que me dejen- Francisco no podía contener más las lágrimas, si sus amigos se iban no se repetirían más sus agradables sueños.
-No, nos iremos Francisco, no todos, solo algunos. Viajarán a nuevos mundos. Crecerán. Harán felices a otras personas. Ayúdanos.
- Pero no sé cómo ayudarlos
- Te lo diré
- ¿Tú te irás?
- Nunca te abandonaré, yo soy parte de ti, tengo mucho de ti Francisco.
La lengua de Iakk se mostraba ahora, ya no fue un breve movimiento, ahora recorría con malévola suavidad el contorno de la pequeña boca, saboreaba algo, como si pensar en el niño le suscitara recuerdos sabrosos.
Sin saber por qué a Francisco le dio un ligero calosfrío.
- ¿Cómo los puedo ayudar?
- Esta noche tienes que dormir junto a alguien. ¿Me has entendido? ¡Bien, ahora vamos a jugar!
La diversión borró todo lo malo, la diversión sedujo a Francisco. Al final recordó la pieza de pan y la sacó de su bolsillo. Los Jivis sonrieron y se acercaron presurosos a devorarla.

Al despertar, una cálida alegría llenaba su pecho, esa noche ayudaría a sus amigos, pediría a mamá dormir con ella. Recordó, miró su mano. El pan ya no estaba.
La noche caía con lentitud, el niño esperaba expectante.


No sabía por qué razón, pero la belleza del pueblo de los Jivis era mucho más impactante esa noche. Iaak apareció rápidamente. –¿Lo has hecho?- preguntó. –Sí- fue lo único que respondió, de repente un leve temor se estaba apoderando de su ser. Iakk bajó rápidamente la mirada, se giró y dio un fuerte aullido. Los Jivis fueron saliendo de sus casas, lentamente, parecían arrastrarse. Eran muchos, Francisco nunca los había visto a todos juntos, cientos de Jivis, cientos de pequeñas criaturas hambrientas. Él se preguntaba cómo pudieron haber sobrevivido solo con migajas de pan. Recordó el pan que guardaba, abrió la mano y lo brindó. Algunos Jivis empezaron a cambiar su trayectoria, se dirigieron al pan y comenzaron a comer con presura. Iaak había desaparecido, seguramente se había mesclado con la multitud. Todos parecían ir al lugar más allá de las colinas, donde el sueño terminaba. El pan era devorado, desaparecía rápidamente. De repente no hubo pan. Los Jivis cerca de su mano le miraron fijamente, sus rostros eran hostiles, unas finas hileras de dientes brotaban de sus bocas. Empezaron a morder la mano de Francisco, este gritó. 


Francisco despertó, sollozaba aún, esa pesadilla había sido muy vívida. La oscuridad de la noche lo envolvía todo. Su mano le ardía. Con su otra mano tocó donde sabía debía estar el interruptor de la lámpara de noche, la encendió y miró su mano. Unos diez puntos rojos sangraban levemente, la mano comenzaba a hincharse. Una idea pasó por su cabeza, ¿y si mirase…?
Miró.
Un sinnúmero de pequeños gusanos se arrastraban en las sabanas desde el lugar en el que había estado su mano. Las migas de pan se mesclaban con las pequeñas gotas de sangre. Los gusanos se dirigían hacia su madre, ingresaban por su nariz, por su boca, algunos entraban por el pantalón del pijama. Ella no se movía.
El asco se apoderó de Francisco, los gusanos se movían con mucha rapidez y ya casi habían desaparecido dentro del cuerpo de su madre. Sintió un nudo en la garganta, algo atascado. Escupió. Un último gusano calló en las sábanas, a la leve luz de la lámpara brillaba, se arrastraba rápidamente dejando tras de sí una huella húmeda de saliva y algo más repugnante. En ese momento no pudo reprimir un fuerte grito de horror.
Mientras el último gusano entraba por su nariz, la madre de Francisco sonreía. Tenía un sueño maravilloso.

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* (Ecuador, 1982) Músico. Ex tallerista de Jorge Velasco Mackenzie. Varios de sus relatos se han incluido en fanzines.
**(Argentina, 1982) Pintor y dibujante. Su obra se encuentra publicada en varios libros.



sábado, 18 de marzo de 2017

Grito Insurgente



Los proyectos editoriales alternos continuando siendo la mejor opción para que los autores emergentes difundan su trabajo. Viz-k-cha editorial independiente de la ciudad de Loja, es uno de estos proyectos con algunos títulos en su catálogo, un sello que se mueve en su ciudad y alrededores.

Uno de sus títulos es Grito Insurgente (2016) obra que agrupa a once poetas procedentes de ciudades como Cuenca, Pasaje, Loja, Macará y Cariamanga. Un libro de distintos registros y percepciones del mundo, o de cada espacio particular. Sin embargo, algunos de estos poetas comparten una misma mirada hacia ellos mismos, hacia su labor de escritores de poesía.

Así, Alexander Ávila (Cuenca, 1986), se plantea una interrogante, desde su experiencia en la poesía y los escenarios que esta frecuenta:

¿Para qué sirven los recitales de poesía
si al final, lo que allí se dice, no se entiende? (Ya no pienso en nada, p. 12)

O desde un borde más intrínseco, cuando sostiene que:

La poesía es un puerto
para alas sangrantes. (De todos los loros, p. 13)

Andrea Rojas (Loja, 1993) desde una mirada cruda, escribe sobre toda aquella generación de poetas imitadores, de toda esa legión de iniciados que ven en sus similares de mayor recorrido, a ídolos. Su voz, dice mucho, y con ello pega:

Eras un niño
y te volviste un pendejo imitando a los viejos
Si un escrito fumaba, tú fumabas
Si un escritor bebía, tú bebías. (4. All toys-, p. 21)

Paul Chimbo (Loja, 1985) con su discurso introspectivo, escribe que “El mundo había acabado // Pero yo seguía escribiendo poesía” (El que no lloro no mama, p. 27).

Por su parte Diego Rojas (Pasaje, 1986) con su voz poética siempre luchando a la contra, arremete cuando sostiene que “He leído mucho / y vivido poco”, o que “Los poemas son cementerios de papel // y yo lo peor que le ha pasado a la poesía (Tetosteronitis hemorrágica aguda, p. 45)

Finalmente, Patricio Vega (Cariamanga, 1987) escribe: “Y mis ojos ya no hablan desde que leo poesía” (Realidad, p. 62).

La condición de poetas analizada desde la poesía. Explorando en un recorrido interno hacia aquel exterior de ruido, de pastiches, donde siempre más allá está un territorio del cual escribir.

Los otros poetas que también conforman esta obra colectiva son Tania Salinas (Loja, 1990), Víctor Hugo Quezada (Loja, 1991), Brenda Torres (Cariamanga, 1996), Edwin Paredes (Loja, 1988), Dennys Villalta (1989) y Leonardo Jaramillo (Quilanga, 1990).   


En hora buena que proyectos editoriales como Viz-k-cha expongan y hagan circular la obra de estos poetas. A penas, un puñado de voces ante una legión anónima.  

viernes, 17 de marzo de 2017

Paulina Soto: “Escribir es un arte muy difícil”



Paulina Soto no solo es poeta, narradora y ensayista, también fue letrista de la banda gótica Lago Gris, con temas como Invierno, Amor de serpiente, Soledad. Creadora y editora de Dragón Luz, un sello que tiene publicado dos libros en su catálogo.

Contactamos con ella desde su natal Loja, para dialogar en torno a su trabajo literario, el que abarca varios géneros y una producción que con los años va sumando títulos a los ya publicados: ¡Alas!, Caricias y puñaladas, Samay Pushac, Ciudad de vírgenes, entre otros. 


Saludos Paulina, el metal y la poesía han estado más vinculados de lo que se creía, ¿cómo le va a tu obra en este sentido?
El rock me ha gustado desde siempre y al ser escritora, necesariamente ambos intereses se condensan. Mi poesía tiende más a ser combativa, con acepciones del diablo y de la muerte, algo cruel, aunque no me olvido del amor y el desamor. No solo se relaciona con el rock sino también con experiencias pasadas, deseos y frustraciones.

Tu producción literaria abarca obras de poesía, narrativa y ensayo ¿en qué género te sientes más cómoda?
En todos. Por necesidad también experimento en pequeños guiones de teatro propios, y adaptaciones para sainetes. No es comodidad la palabra, sino más bien satisfacción, al menos cuando se completa la obra. No me siento cómoda, escribir es un arte muy difícil, y yo más bien lo concibo como una enfermedad genética y adictiva.

¿Cómo les ha ido a tus libros? ¿Qué clase de comentarios han generado?

Me ha resultado muy difícil llegar al público por varias razones: el Ecuador no se distingue por ser un país de lectores, las editoriales son precarias, los canales de distribución inexistentes. Cuando finalmente mi obra ha llegado al lector, sí he tenido muy buenos comentarios, principalmente porque mi estilo tiene mucho de fantasía, que es algo novedoso, al menos para el medio. También hay que distinguir entre la crítica general y la del lector especializado. Cuando se trata de críticos literarios es bastante duro recibir una crítica, pero es una buena forma de mejorar tu estilo y descubrir algo nuevo.


Para tener una producción considerable, eres parte de ese grupo de autores aún underground de Ecuador ¿has intentado salir de este margen?
No me considero underground, es decir, no como si fuera una postura. Siempre me ha atraído lo extraño, lo exótico, aquello que rompe las normas sociales, la ciencia ficción y el misticismo. Sucede más bien que mi estilo fue el que encajó con el mundo del metal. Es igual que en el caso de los escritos de Edgar Allan Poe que calzan perfectamente con el estilo gótico. Poe no era rockero, en el siglo XIX no existía el rock. A veces la gente ve lo que quiere ver; me recuerda a un espectador que juraba que vio la sombra de un demonio en el fondo del escenario mientras yo leía poesía.

En el pasado colaboraste con la banda gótica Lago Gris ¿ha ayudado esta colaboración a la difusión de tus textos?
En realidad, sí. “Lago Gris” fue para mí una experiencia muy interesante, fue muy placentero ver como se fundía la poesía y el rock; y el leer poesía delante de un público tan temible como el rockero fue aterrador. Al principio no pensé que resultaría y pensé que me iban a insultar o algo así, pero la gente lo aceptó muy bien. Recuerdo que luego puse a vender mis libros en un bar rockero y la mitad se vendieron, la mitad se los robaron, lo cual significa que pegaron. También me ayudó a fortalecer mi estilo acerca del tipo de escritora que soy, porque al ser mujer, muchas veces se nos encasilla en la imagen romántica y llorona.

¿Ha llegado tu obra a lectores rockeros y metaleros? ¿Crees que tiene, tu obra, elementos de interés para ellos?

Mi obra no ha llegado en gran medida al público en general por las razones que ya expuse. Sí creo que mi obra tiene elementos de interés específicos al metal, la novela “Samay Pushac” por ejemplo, tiene un personaje que tiene una banda de rock y se describe cómo participa en un concierto. Sin embargo, es más bien algo de lo que el público debe apropiarse bajo su propia perspectiva.



¿Reconoces que existe una “comunidad” de autores vinculados al metal en Ecuador? ¿Te sientes parte de esa “comunidad” dispersa?
Sí hay una comunidad de escritores góticos, metaleros, gore, etc., cada quien, con su subgénero, y trato siempre de colaborar con ellos; lamentablemente, parece que el movimiento ha decaído muchísimo, sobre todo en Loja. Apenas se oyen conciertos y los rockeros ni suenan ni truenan. Por ahora no hay quien tome la batuta.

¿En qué proyectos literarios te encuentras ahora?
He tomado la estrategia de participar en concursos de poesía y narrativa. Sé que es muy difícil atinarle al gusto de los jueces y por lo tanto ganar, pero es bueno porque te mantiene activo, te obliga a escribir con una fecha límite y aunque no ganes, te queda la obra, la cual después puedes publicar, mejorar o lo que prefieras. El proceso es frustrante pero productivo. Fue así como escribí “Ciudad de Vírgenes”, la novela de ciencia ficción que publiqué hace unos meses. También acabo de escribir un nuevo libro de poesía: “Prótesis”; y me gustaría embarcarme en un libro de cuentos. Otra táctica es la de procurar participar en simposios literarios, así he escrito algunas ponencias y ensayos. Funciono mejor bajo presión porque últimamente la autodisciplina me falla bastante.

Finalmente, hay algo que el lector siempre pregunta ¿se es escritor metalero o metalero escritor?

No puedo hablar por las demás personas, pero en mi caso soy escritora en primer lugar. En mi opinión un escritor debe ser primero un observador de su entorno y un investigador objetivo de la ciencia y la historia. Debe ser honesto consigo mismo, incluso si sus apetitos chocan con los supuestos valores de la sociedad. La vida es muy corta y hay mucho que leer y escribir. Ya habrá otros que se encarguen de catalogarnos a su gusto.


miércoles, 15 de marzo de 2017

Diego Rojas Arias: “No soy escritor por encargo”

Foto de Rodolfo Párraga "Palermo".


Diego Rojas Arias es un poeta ecuatoriano cuya obra y actividad literaria a través de las redes sociales, en especial facebook, lo han evidenciado y puesto junto a otros jóvenes autores. Lapoesía con sangre entra (Marfuz, 2015) se tituló su primer poemario, un libro que lo visibilizó más en el panorama poético nacional. Sus poemas no solo aparecen en este libro, sino también en muestras que lo han acogido.
Su segundo poemario Con todos los diablos encima (Andesgraund/Charli Boliviani, 2017) fue presentado en el marco del segundo encuentro internacional de poesía Lectura de un kaníbal urbano, realizado en Quito del 22 al 24 de febrero. Con la excusa de este nuevo trabajo poético, contactamos con él para dialogar en torno a su poesía y sus publicaciones. 



Saludos Diego, luego de tu debut con La poesía con sangre (2015) entra ¿en qué otros proyectos poéticos has estado involucrado?
Saludos y gracias por la oportunidad, luego de la publicación de ese libro la verdad lo que se ha venido dando en lo personal son invitaciones a recitales de poesía en diferentes ciudades y nada más he sido invitado a formar parte de una publicación independiente en la cuidad de Loja con el Colectivo insurgente Letra Fuego, una antología llamada GRITO INSURGENTE en la que participan algunos poetas jóvenes del país, sobre todo de Loja, las nuevas voces, supongo que todavía falta mucho por recorrer y más gente que conocer.

¿Qué ciudades, dentro del país, has logrado conocer gracias a tu poesía?
Pues te comento que he estado por Cuenca, Ambato, Loja, Portoviejo, Manta, Esmeraldas, Zaruma, Cariamanga, Riobamba, Quito, Guayaquil, Ponce Enríquez, Naranjal, Durán y Santo Domingo, por ahí un par de invitaciones a dos ciudades del Perú que por falta de presupuesto y tiempo no se pudieron concretar, y eso que apenas he hecho muy poco (por no decir que nada) en lo que a buenas publicaciones se refiere, el camino apenas empieza y siempre me estoy sacando la puta para dar lo mejor, que la poesía salga de las tripas como recomienda Bukowski para que realmente valga la pena.

¿Cómo le ha ido a tu primer libro?

Pues no me quejo, a pesar que por descuido personal, lo reconozco, la obra se publicó con algunas erratas que a futuro espero poder corregir y re editar el libro mejor dicho, pues corregidas quedaron desde que tuve acceso al libro y las encontré y de que fue de un tiraje muy corto fue muy bien recibida por algunos lectores de mi ciudad y de otras partes, tanto gente conocida como gente que luego me escribía diciendo que les habían hecho leer el librito y hallaron cosas interesantes, a modo de anécdota te cuento que una vez llegando a la biblioteca de la Casa de la cultura de Machala la bibliotecaria me preguntó si todavía tenía copias de ese libro puesto que un par de adolescentes habían pasado por ahí preguntando por el mismo y bueno pues, algo mismo ha valido la pena la tinta y el papel usados en esa obra, a paso lento pero voy ganando lectores, pocos, pero los mejores como dicen en mi barrio.
Portada del primer poemario.



Para muchos metaleros la poesía sigue siendo un género hermético al cual no llegan del todo ¿qué propuesta posee la tuya para este sector?

Créeme que jamás se me ha pasado por la cabeza eso de llegar a la gente de la escena metal nacional con lo que escribo, para mí el metal es un asunto aparte y la literatura otra igual de apartado, o al menos hasta ahora no lo he intentado, obvio que si cito nombres de bandas y frases de canciones en algunos textos que tengo pero no creo que eso logre esto que me cuestionas la verdad, lo que si te digo es que, en lo personal, bandas como The Doors, cuyo vocalista era un poeta muy aficionado a Rimbaud, y al enterarme de esto yo también lo conocí gracias a Morrison, Pink Floyd, Anathema, las hermosas letras de las canciones de Bob Dylan  o ese espectacular álbum llamado ANTOLOGÍA PERDIDA de los mexicanos Luzbel contienen mucha poesía hecha música a la cual los rockeros pueden acceder y degustar sin ningún enredo, para mí primero fue el rock, la literatura llegó mucho después.

El metal y la poesía, han estado muy vinculados en este tiempo, con músicos que escriben y escritores que hacen música ¿has logrado colaborar con alguna banda ecuatoriana o del extranjero?
Tengo conocimiento de bandas que son integradas por gente que hace literatura como el caso de  Mayarí Granda y su banda Decapitados o en su tiempo Marco Martínez Zúñiga y los Abismo Eterno o El delicado sonido del trueno, pero lo que es yo te comento que hubo una banda del Perú llamada Llakiq (que ignoro si seguirán existiendo como agrupación)  me anduvo pidiendo les colabore haciendo letras para unos temas que debían titularse Nostalgias de noviembre y Amanecer incierto entre las que recuerdo, pero desgraciadamente, aunque al principio les dije que lo haría gustoso, cuando lo intente me di cuenta que no soy escritor por encargo. 



Segundo poemario publicado en febrero en Chile.


En febrero se publicó tu segundo poemario ¿cómo se logró y cuánto ha demorado concretar esta obra?
Eso fue algo tan fortuito que ni yo me lo creo que haya llegado a concretarse, esa obra se armó en un momento en que andaba más preocupado en conseguir un empleo y leyendo cosas cuando tenía tiempo libre que en escribir un nuevo libro, un día por junio de 2016, si la memoria no me falla, me escribe el poeta Calih Rodríguez, diciéndome que si estaba interesado en formar parte de un proyecto editorial llamado TODOS TUS CRÍMENES QUEDARÁN IMPUNES que lo llevaban adelante gente del colectivo Murcielagario y el editor limeño Charlie Boliviano que estaría conformado por publicaciones de poetas jóvenes, cuatro mujeres y cuatro hombres, de Chile, Ecuador, Venezuela y Perú y que si me interesaba tenía un mes para enviar un libro, así que lo que hice, aunque suene ridículo, en una de mis borracheras una madrugada agarré algunos textos que tenía listos y que han sido bien aceptados y aplaudidos en recitales y los lancé al aire y conforme los iba agarrando iba ordenando la obra, al puro estilo Nostradamus, no se me ocurrió otra cosa, no tengo ni mugre idea de lo que es un proceso editorial y eso siempre ha sido así, aunque al principio anuncié que el libro se haría en Lima se terminó publicando en Santiago de Chile por razones varias, respecto al proyecto mencionado pues las publicaciones de los libros, ya cuatro han visto las luz, los de las poetas Yuliana Ortíz, Pamela Rahn, María Paz Valdebenito y Lisset Orihuela que son trabajos de una presentación excelente y un contenido muy interesante.

Al publicarse en Chile tu segundo libro es un claro signo de que tu trabajo está logrando el reconocimiento fuera del país ¿aplica aquello de que nadie es “profeta” en su tierra?
Supongo que sí,  creo algo mismo han servido los montones de horas de ejercicio de escritura y  de lectura y la búsqueda constante de experiencias extremas para que lo que hago esté atravesando fronteras de a poco, como están las cosas en la actualidad en el ámbito editorial y literario en el Ecuador no creo habría podido publicar nada a menos que yo mismo pague para que se dé en mucho tiempo.

Finalmente ¿cuáles son los objetivos literarios para el 2017?

Pues proyectos lo que se llaman proyectos ninguno la verdad, no tengo nada en mente luego de este libro, estoy escribiendo cosas, corrigiendo otras, intentando hacer cuentos, unas ideas para una futura novela que no se si logre escribirla, haciendo apuntes y leyendo lo más que pueda, pero solo eso o por lo menos hasta ahora no he mentalizado nada de pronto un tiempo después algo se me ocurra, pero por lo pronto nada, haré un pequeño pare para organizarme y luego ya veremos que ocurre. 

domingo, 5 de marzo de 2017

La ciudad en su farsa laberíntica



1
En el año 2226 no existe más civilización que un pequeño reducto llamado Ciudad de vírgenes, una especie de monasterio donde sus habitantes tienen funciones específicas, donde la realidad es todo cuanto le aseguran los ancianos del lugar (los líderes) donde la monotonía es parte del rito cotidiano y la alimentación se la gana con el desarrollo y cumplimiento de las acciones encomendadas.
Este futuro distópico es el que narra Deneb, una joven observadora (en su presente cada individuo tiene funciones y una clasificación) que además de velar por ella debe hacerlo por su hermano y una amiga.
Pero Deneb no es especial, es solo un clon más de los que habitan Ciudad de vírgenes. Una ciudad que con los días empieza a delatarle secretos perturbadores. Así los cuestionamientos, respecto a la importancia de su rol como clon, empiezan a surgirle una cadena de interrogantes que finaliza fuera de la ciudad, donde la verdad resulta increíble.

2
Al igual que en Fahrenheit 451 a los personajes de esta ciudad no les es permitido leer literatura, “se decía que podría deformar su concepción del mundo y llevarla a tomar decisiones pasionales antes que racionales.” (p. 31)
Mas, las decisiones de Deneb no las determinan los libros, sino la verdad respecto a su condición de clon, y de la mentira que ha vivido y descubre: “Los que sobrevivimos habitamos en las ruinas de las antiguas ciudades, devorándonos los unos a los otros, de la inmundicia y de lo que hallamos, como cucarachas. Muchos mutaron horriblemente debido a la radiación de la gran grieta.” (p. 71)
Los secretos fuera y dentro de Ciudad de vírgenes son alarmantes para ella: “Siempre había pensado que la carne era cultivada en laboratorios inmaculados en algún lugar de los campos productores. No sabía que salía del cuerpo amorfo y enorme de una mutante en el fondo de un sótano en ruinas”. (p. 91)
“Hoy desperté siendo yo misma”, escribe Deneb en su diario, para recordarse eventos, ante las lagunas mentales que va teniendo más seguido. Palabras que le ayudan a estar cuerda entre tanto asombro, en aquella realidad donde se es alguien reemplazable y reutilizado (porque nada se desecha todo se aprovecha, sentencia un personaje).
Y es que “La tecnología del siglo XXI fue el pináculo de la civilización humana. Después todo empezó a decaer, la naturaleza empezó a cobrar el precio justo…” (p. 113) le comenta su amigo Chaca, un mutante (mitad humano y felino) que le enseña los oscuros secretos de su ciudad.
Una ciudad, habitantes e historia que no son lo que aparenta. Toda una farsa laberíntica en un cierre abierto que desconcierta.
   
3
Paulina Soto (Loja, 1973), con esta novela, no solo plantea una obra desde el psicoanálisis, sino que desde un retorcido desdoble de personajes presenta una trama alucinada, oscura y sangrienta, con varios elementos que otorgan a Ciudad de vírgenes (CCE, Núcleo Loja, 2016) toda una cosmovisión que perturba.
Una obra distópica, en la mejor escuela de los grandes de la ciencia ficción. De ritmo ágil e historia envolvente. Un trabajo que debería ser parte de los clubes de lectura de los colegios del país.  

Sin embargo, más allá de ser una novela interesante, tanto por su trama y personajes alucinados, el trabajo de edición le ha jugado en contra, desde una portada que no logra conectar con la historia, hasta elementos más básicos en la composición general.