lunes, 4 de diciembre de 2017

El ciclo de la melancolía

Foto de Jairo Mendoza.
Comentan de mí sobre enmendarme y reducirme,
mientras las rameras de mis riesgos gritan,
y yo fallo,
pero cuando puedo lo logro.
The Smashing Pumpkins - MAYONAISE 

Mañana
Nunca el cerco del colegio fue un reto para nosotros: dibujos animados de un centro público, siempre escapando de las aulas que en retroceso nos detenían en sus distintos prejuicios.
Ese colegio populoso de la ciudad, antro de aulas sucias y paredes carcomidas. Un vejestorio que después del 16A ya no existe.
Es raro recordar sus murallas, las historias de la gallada, sus minúsculos y turbulentos dramas de violencia, donde lo disfuncional era parte de su engranaje vital. Un palpitar incontenible de tragedias reducidas que llevaban a cuesta. Alegatos de la desesperanza, de un negarse al futuro, porque el presente era lo único que importaba: aquel caótico desarrollo que sofocaba la existencia.
Siempre el colegio, esa prisión de la que se escapaba con frecuencia. Esa entidad de imposiciones. Ese altar de veneraciones mediocres. Una trampa, de la que contrariamente, nos sentíamos orgullosos de pertenecer, o mejor aún, de volverla una excusa para encontrarnos y labrar un presente desalentador.
Por ello las fugas a un Murciélago de ambiente alucinado, de agua loca, tabacos e historias para desvariar sobre la vida y sus atentados. En ese torbellino, en esa ciudad lorenza de arrebatos y daño auto infringido crecí.

En un colegio donde las malas compañías fueron en realidad una escuela dentro de la escuela. Un callejón para recorrerlo aceleradamente y feliz, porque solo el ahora significaba la respuesta inmediata de defensa. 



Tarde
Pero ¿Por qué hablar en tono personal? Porque en Mientras llega la lluvia (Ediciones anónimas, 2017) de Edison Paucar, existe una historia a la que el lector más emotivo queda preso. Un drama donde es casi imposible dejar de conectarse con el pasado, con los años de juventud, con todo el tumulto inédito en ese momento. Un pasado al que siempre se regresa como triunfo personal.  
Así, los personajes de la novela tienen problemas, cada uno más intenso que el otro, todos desde sus individualismos sufren, y todos están enlazados en la misma trama. Pascal, Panchito, Roa, Roxana, Pericles, Pedro, entre otros, dan cuenta de sus anhelos y filias. De los arrepentimientos, de ideales a medio cumplir, de un odio que van alimentando con voracidad.
Una madre alcohólica, un padre que deja el hábito por el amor y el deseo, un hermano acuchillado, un hijo bastardo, un conserje desangrándose, un colegio tomado, padres de familia arrepentidos. Una amalgama de situaciones que logran en esta novela volverla un amasijo de micro historias que perturban y entretienen desde el morbo más normalizado.     
Quito, diría uno de los personajes, “culebra de dos cabezas que se alargan en cada extremo” (p. 45) es el escenario. Una urbe maldita para personajes que se borran y se escriben a cada momento. 

Por ello Mientras llega la lluvia, no solo es la historia de un grupo de estudiantes colegiales, de profesores y padres de familia, también es la historia que refleja un círculo de melancolía, donde yacen espectros con voz y acciones, avanzando hacia lo desconocido de un presente que en cada momento asfixia. 



Noche
En la oscuridad me espiaba junto a una radio desbarata de tanto uso. Junto a la voz de un locutor que extendía el rito hasta la madrugada. En ese ambiente un adolescente invocaba y expurgaba sus demonios personales. Una voz, que contrariamente, no decía palabra alguna, conversaba con cada una de las distintas, absurdas y tristes actividades del día.

Madrugada
Mamá y papá dejaron de estar juntos. El alcohol llegó para quedarse y trastornarme algunos años. Docenas de amores a medio camino. Libros viejos que testimonian mis pensamientos de aquel tiempo. Anhelos congelados en un espacio que visito frecuentemente.
Cuando llega la lluvia, en su ensordecedor ritmo, pienso en todas las horas abandonadas en un colegio, junto a otros estudiantes con quienes compartimos la fuga de un espacio y del tiempo. La lluvia para recordarme que el pasado es un demente con navaja en mano que abre surcos para dejar fluir toda la bilis del ayer.
En esa oscuridad también tracé una ruta donde el dolor fue un espectro del cual nunca exorcicé.         
(Texto leído en la presentación de la novela Mientras llega la lluvia de Edison Paucar, realizada en Manta, el 1 de diciembre de 2017, en La Caverna)   

jueves, 30 de noviembre de 2017

La maldad es una fiesta bulliciosa


Satan is real me dice Kreator desde la pantalla. Una alucinada propuesta donde el diablo existe, vigila, acecha, se entromete y hace daño. Toda una historia donde la maldad no se encuentra en seres mitológicos y fantásticos, sino en las personas, en todos aquellos que vemos, con quienes hablamos e interactuamos. La maldad en toda su esencia brutal e intimidante.
Una maldad manifiesta en un sinfín de actividades atroces: 1) Un rifle de alto alcance sobre miles de espectadores. 2) Un ojo acechante sobre niñas que juegan solas en un parque público. 3) Un taxi engullendo a una joven descuidada y vomitándola en el basurero de la ciudad. 4) Manos apretando el cuello de una esposa que ya no gritará. 5) Botas descargando la ira acumulada de años sobre alguien más. 6) Cabezas rotas en las calles por gritar libertad. 7) Un dorso exigiendo su cabeza para ser reconocido. 8) Un hombre que flota sobre un río, solitario en su descomposición. 9) Un auto embistiendo a cientos de peatones porque su conductor era alérgico a la felicidad ajena. 10) Un misil esperando su oportunidad para despegar y detonar sobre un territorio hostil.
La maldad que crece en silencio. La maldad que es una fiesta bulliciosa y descontrolada. La maldad que como imán atrae a simpatizantes. La maldad sorpresiva. Siempre la maldad entonada en un coro salvaje que danza en su fiesta macabra.

Y aunque Kreator, continuando desde su Satan is real, me muestra una estética donde satán es el culpable de todo acto malévolo de la humanidad, habita otra historia, aquella donde el hombre es enemigo del hombre. Donde la maldad es un ejercicio de poder constante y justificado. 


En este contexto aparece El origen del mal y otros poemas de Carlos Coello García. Un libro donde la maldad recorre una línea histórica desde el origen y permanencia del cristianismo. Una obra donde la rebeldía es el punto inicial de origen del mal. Aquí, en estas páginas conviven seres increíbles, torturadores y torturados, arrepentidos y castigadores que se satisfacen con cada una de sus acciones.
En estas historias, una voz/espectador, recorre pasajes donde el dolor es el lenguaje común. Una mirada que describe el suplicio de otros, de todos aquellos a quien el miedo del castigo desconocido nunca fue un alegato para el cambio.     
Pero esta obra y su fábula encierra un mensaje más interesante, el discurso y crítica a una sociedad saturada de atrocidades, donde los valores heridos y pasados de moda han dado paso a unos antivalores que dañan y reproducen los miles de situaciones embadurnadas de maldad.

Una poesía cruenta en sus figuras, que desde una alegoría bíblica invita al lector a rectificarse en su maldad explícita y cada vez más espectacular desde una pantalla. 


Kreator me sigue cantando que satán es el culpable, que satán se apodera de los cuerpos y se ejercita infringiendo sus más bajos deleites. Que la sangre es su vino. Que los cuerpos humanos son solo marionetas a las cuales se debe hacer sufrir.

Mientras sigo en estas páginas, donde el origen del mal se refleja más allá de lo sobrenatural, donde la maldad está latente en ser descubierta cada día en la información de un noticiero sin censura.   

domingo, 5 de noviembre de 2017

Macas, una ciudad de libros

Momento de la inauguración de la feria. 


La I Feria del libro Macas 2017 resultó un hito en la ciudad, primero porque se trata de la primera edición, segundo porque reunió a un contado pero selecto grupo de editores universitarios e independientes, y tercero porque acercó tanto a autores locales como a nacionales. Dos días de una intensa agenda (el 31 de octubre y 1 de noviembre) que tuvo presentaciones de libros, conversatorios, lecturas, proyección de documental y confraternización.  
Una mirada a Macas desde el hotel . 

La CCE núcleo Morona Santiago y Sur Editorial hicieron posible llevar a la ciudad libros de muchos de los autores representativos del país. Una feria que fue, por lo menos así lo pude testimoniar, seguida por estudiantes y ciudadanos de la urbe.  

Previo conversatorio en la mesa de Rock y literatura, compartida con Luis Fernando Fonseca, periodista musical y cultural del diario ecuatoriano El Telégrafo. 

Y, aunque para mí representó una odisea de muchas horas de viaje (con trasbordo y esperas) para llegar y regresar a mi ciudad, me queda la satisfacción de haber sido parte de este evento histórico para Macas y para quienes latimos al son de los libros y sus actividades.

Libros, música y obsequios traídos de Macas. 

Felicidades a los organizadores, abrazo a todos con quienes compartí horas de conversaciones sobre temas que siempre serán de interés: creación, edición, libros, ferias...  


sábado, 4 de noviembre de 2017

Otros registros del Papagayo K


Kenia Gil presentando el libro Ritual de moscas del escritor Carlos Vallejo.


Jorge Martillo Monserrate, tras la presentación de su libro Aquí yace la poesía, leyendo uno de sus poemas.  


El autor manabita Jimmy Hidalgo, leyendo uno de sus poemas. 


La banda Guerreros de cartón, aportando con su participación en las actividades del Papagayo K.  

Papagayo K, mi lado B

Dos días antes de la realización del Papagayo K, junto a Yuly y Diana, coordinando las responsabilidades.

Lo que empezó como un simple sueño de tres amigos terminó en el encuentro literario Papagayo K, en homenaje al poeta mantense Hugo Mayo y que reunió a voces de la lírica y narrativa nacional y local.

Esa noche, después de una lectura en un bar de Manta, Yuli me dijo "qué tal si hacemos todos los meses una actividad, puedo conseguir el hospedaje y la alimentación". Sí, por qué no. Poner a Manta en el circuito nacional de encuentros literarios, que los poetas, narradores y ensayistas que consideremos vengan a la ciudad, la conozcan y la honren con las actividades programadas, le dije. 

Desde el principio fue un sueño algo borroso, pero con los días y semanas cobraría cuerpo y voz, una capaz de hacerse escuchar en los rincones de la urbe y el país. Papagayo K lo llamamos, por el poema de mayo. Papagayo K, por lo raro que sonaba. Papagayo K, por el colorido implícito. Papagayo K, una marca que hasta ahora, pasadas las semanas, sigue retumbando.



Yuly entrevistando a Samy (mi hijo) quien estuvo siempre cerca de la organización. 

Nadie nos dijo que entre tres podríamos subirnos al hombro un encuentro. Nadie nos advirtió que la logística desgasta. Nadie nos gritó que estábamos locos. Nadie nos decepcionó. Nadie, nada. Por eso fuimos un equipo orquesta que hizo de todo, que le robó tiempo a sus trabajos, familia, ocio. Por eso nos pelamos la cara solicitando auspicio a todo el mundo (reconociendo que no todos los que se desagarran las vestiduras en nombre de la cultura, apuestan verdaderamente por ella).     

Joselo Márquez, terminando de diseñar la portada del cuadernillo Papagayo K, muestra poética de Hugo Mayo.

Ya Yuly y Diana (lo dije en el cierre: sin ellas no hubiese sido posible todo) desde otros espacios lo han dicho: en realidad tuvimos el apoyo de muchos amigos y amigas artistas, gente que no cobró ni un centavo, que se puso la camiseta del encuentro, que se comprometió igual que nosotros por lograr si no algo perfecto, satisfactorio, que dijese que en Manta también se pueden hacer cosas que dejen huella. 

Diana Zavala, descansando después de haber  pegado full afiches y repartido cientos de programas. 


Este conjunto de fotos es mi mirada como parte de la organización. Desde la logística (responsabilidades para cada uno) la promoción (recorriendo la ciudad pegando afiches y repartiendo la programación. Realizando los cortos) la difusión (entrevistas para medios televisivos, escritos y digitales) la construcción del cuadernillo y un largo etcétera. 

Yuliana Marcillo, dando entrevista para el noticiero provincial Manavisión.


Si algo nos queda de este 2017, dentro del contexto cultural y literario local, es la realización del Papagayo K, la idea que nació en un bar, la excusa para vivir una fiesta donde reunimos a escritores, actores, músicos, pintores. La idea que aún por estos días sigue madurando y pensando que en 2018 las cosas será mejores.

Papagayo K, porque en octubre vive Mayo.   

lunes, 16 de octubre de 2017

Que octubre sea la fiesta de Mayo

Hugo Mayo en Manta, 1984, tras ser reconocido como Doctor Honoris Causa por la ULEAM.

A Hugo Mayo lo conozco recién en mi etapa de universitario, allá en el año 2000, cuando pasaba de lecturas típicas -y creo necesarias para todo joven desorientado en lo que lee- del romanticismo y modernismo. Me lo presentaron en el taller literario al que ingresé, y luego en el proyecto editorial universitario en el que años después me integré.

Obra del artista Freddy Fiallos "Dadá".

En la oficina de la editorial pude leer las primeras ediciones de Chamarasca y El zaguán de aluminio. Una poesía distinta a lo que había leído hasta entonces. Desconectado de una ciudad plagada de poetas que le cantaban (y le cantan) al amor y cotidianidades vacías. Mayo era otra cosa.  



Y aunque me gustaría decir que en Manta, su ciudad natal mas no de residencia, no se lo ha recordado y homenajeado como se debiera, recuerdo que sí se lo ha hecho: en 1984 la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí lo reconoció como Doctor Honoris Causa. El Gad Manta adecentó un pasaje en el centro de la urbe al que llamó Pasaje hermanos Egas Miranda, donde consta una estatua de Mayo (a la cual pocos o casi nadie conoce, porque no tiene ni placa con el nombre). El grupo teatral La Trinchera puso en escena el monólogo El zaguán de aluminio en torno a la obra del poeta. Existe un barrio en la ciudad que lleva su nombre. Y más reciente el colectivo local Recuperemos Manta lo ha pintado en tres murales en distintos espacios.   


Más allá de lo anterior, la figura y presencia de Hugo Mayo es mínima. Ignorado en escuelas y colegios, no se diga en la universidad. Su obra poética a penas es conocida por un selecto y reducido grupo de lectores. No circulan sus libros (o por lo menos la acertada publicación de la CCE con su poesía reunida) y sus poemas son una rareza de encontrar.  

Con este telón de fondo, junto a un grupo de amigos locales (gestores culturales, les dicen) decidimos organizar el primer encuentro literario que fuese en su honor, que le dijese a todos los interesados y amantes de la literatura, que bajo el cobijo de Mayo se expondrían presentaciones de libros, lecturas, conversatorios, monólogos, artes plásticas y demás... que se reuniría a un grupo de autores nacionales destacados en sus áreas. Papagayo K, encuentro literario, lo llamamos.       

Han sido meses de preparación, de tocar muchas puertas para el apoyo económico y logístico. Quienes nos han dado la mano entendieron la importancia de traer de vuelta a uno de los poetas símbolos de la ciudad. Nos hemos gastado recorriendo calles, tecleando oficios, y un sinnúmero de actividades nada saludables. Pero no nos quejamos, esta primera fiesta literaria, aún sin empezar, ya late en nosotros.

Nuestro anhelo es institucionalizar el encuentro, que anualmente octubre sea la fiesta de Mayo. Aunque nuestro proyecto va más allá: incluye publicaciones, talleres de lecturas, camisetas, más murales en la ciudad. Que todos conozcan a Mayo, que sientan el vibrar de sus versos tal y como nosotros lo hemos sentido.

En eso andamos y esperamos no desmayar.  


martes, 3 de octubre de 2017

Cinco argumentos sobre edición literaria en Manabí

Imagen tomada de http://abdullahsameer.com/blog/reliance-of-hadith/

Las siguientes preguntas fueron formuladas a propósito de la investigación sobre la edición literaria en Manabí. Preguntas que han servido para dar una mirada a nivel local. Nada que no haya dicho. Nada que no sea verdad. Gracias a XimenaMurillo Zambrano por hacerme poner, una vez más, el dedo en la llaga de una herida que no quiere sanar.
Parte de estas respuestas constan en el artículo titulado “Producción editorialliteraria: descripción de la actividad en la provincia de Manabí”, que es el producto de la investigación.

Realice una descripción de la actividad en la Provincia de Manabí.
La actividad editorial en Manabí aún es incipiente e invisibilizada. Me explico: no existen proyectos editoriales que se hayan mantenido y que hayan posicionado del todo a sus autores. Si bien es cierto, la Casa de la Cultura de Manabí, en su momento publicó obras de autores que lograron el reconocimiento a nivel nacional, este proyecto editorial no prosperó. En Manta, sellos como Editorial Mar Abierto, que en su primera etapa se enfocó en temas literarios, apoyando y promocionando a escritores locales en un contexto nacional, tampoco logró desarrollarse y posicionarse completamente.
Esta falta de posicionamiento de sellos editoriales, teniendo como panorámica que los sellos editoriales en Manabí no existen como tales, solo se han creado esporádicos y coyunturales proyectos de autores-editores cuyo fin ha sido publicarse a sí mismo o a círculos de autores ligados por la amistad. Esto ha influido en que los autores manabitas no hayan logrado una mejor exposición a nivel nacional. Y quienes lo han hecho ha sido por su propia cuenta.

¿En la provincia de Manabí, hay un organismo que se preocupe por llevar un control de la producción editorial?
No existe. Salvo las universidades, mediante sus unidades o departamentos de publicaciones que se encargan de registrar sus propias publicaciones.

¿Cuáles son las características del perfil de producción editorial que se presenta a nivel  de la provincia de Manabí?
Hay dos tendencias: los autores primerizos al no tener conocimientos de procesos editoriales acuden directamente a una imprenta, desde ahí se “crea” su libro, que se reproduce en un promedio de 500 a 1000 ejemplares. Libros que muchas de las veces no poseen registro ISBN, lo que hace que a los ojos de un organismo de seguimiento como es la Cámara ecuatoriana del libro, el autor no exista.
Mientras que en el caso de los autores con algo de experiencia buscan a editores independientes o sellos independientes con quienes poder desarrollar procesos de edición, esto es: corrección de manuscrito, diagramación, diseño de portada, corrección de pruebas, registros legales e impresión. Una que se hace acorde al mercado que se pretende llegar, con tirajes que promedian de 300 a 500 ejemplares.
Por lo que he visto en mis años de experiencia las obras literarias que más se publican en Manabí, corresponden al género de la poesía. Esto porque estamos en un medio donde cualquiera que borronee versos se autocalifica de poeta, sumado a ello una ausencia de crítica literaria, lo que merma en que todos sean catalogados de genios literarios. El resultado de todo esto es una producción descontrolada de libros que pocos o nadie recuerda.

¿Cuál es el comportamiento acumulado de la producción editorial literaria  en la provincia de Manabí?
Al no existir una cultura de edición, muchos de los libros que en un contexto local han sido “best seller” (por su rápida comercialización) en un contexto nacional no existen. Esto responde a un problema muy básico: los autores han publicado libros que no existen en los registros legales.
Pero si es de enfocarnos en un ejemplo de modelo editorial hasta la fecha mejor desarrollada, aunque no continuado, este sería Editorial Mar Abierto, con un catálogo de publicaciones enfocado en la literatura en géneros como poesía, narrativa, novela y ensayo. Con más de 150 títulos en su catálogo, supo llegar incluso hasta a cadenas de librerías de alto impacto en el país.

¿Qué estrategias considera necesarias para fomentar el interés por la producción editorial en la provincia de Manabí?
Primero que se entienda que el proceso de un libro no termina con su publicación, sino que esta es solo una etapa más. Después de ello viene la difusión, distribución y socialización mediante un sin número de actividades que deben tener relación con la obra: sea desde la misma presentación oficial, la generación de juicios críticos en medios de comunicación especializados, entrevistas con el autor para conocer más de la obra, reseñas en revistas literarias tanto físicas como digitales, conversatorios y demás.
Y sobre todo, no estancarse a nivel provincial, pensar siempre en que el libro debe recorrer el contexto nacional. 

¿Cuáles son las causas  que limitan la producción editorial literaria en provincia de Manabí?
El creer que cualquiera puede ser editor. El pretender crear proyectos editoriales que no van a ningún lado, esto es porque carecen de un concepto claro, políticas editoriales, y sobre todo no hay un enfoque de a dónde se quiere llegar con las obras a publicar, y menos el nicho de lectores a cubrir.

Además que el sistema de comercialización es mínimo en la provincia, sino se cuenta con una adecuada estrategia de exhibición y venta, los proyectos editoriales no continúan. 

miércoles, 30 de agosto de 2017

Un libro para salir del área de confort


El síndrome del gato lleno (Tinta Ácida, 2017) de Alberto Vélez (Cuenca, 1962), es un libro para salir del área de confort, que analiza, describe, detalla y ofrece solución a una multiplicidad de problemas que, en el día a día, pasan desapercibidos. Problemas que han sido aceptados dentro de una sociedad machista y desbordante de sumisión.

Un libro-consejo, bifurcado en testimonios y un análisis sociológico mesurado, que pega y sacude, que entra afiladamente y va cortando cada rodaja de un excesivo conformismo acumulado.

Un libro-consejo, donde la filosofía se vuelve una herramienta para entender y valorar, a la vida en sus bifurcaciones calamitosas.   

Un libro-consejo, no apto para los amantes de gatos, sino para quienes buscan, desde la comparación felina, un choque con la realidad, una radiografía sincera y divertida de cómo nos vemos, de cómo el mundo no gira a nuestro alrededor, de cómo la vida es mucho más que un autoritarismo ciego y ególatra.

Un libro-consejo, pero recargado de luz: una cegadora fuerza comprimida en palabras, que calan desde un positivismo del que es imposible escapar.




viernes, 25 de agosto de 2017

Que nunca falte la poesía


Freddy Ayala leyendo fragmentos del poemario Con un manuscrito en el horizonte, en el evento de presentación.

Los días miércoles 23 y jueves 24 de agosto, Manta y Portoviejo desarrollaron eventos poéticos: presentación de un nuevo poemario y recitales. Esta es una mirada personal sobre la fiesta literaria que se vivió en dos espacios y ciudades.




Invitación de la presentación.


Con un manuscrito en el horizonte
Freddy Ayala Plazarte (Aláquez, 1983) a su regreso de España por motivo de sus estudios doctorales, soñaba con volver a Manta, la urbe de Hugo Mayo, la estampa de amigos, libros y muchas ideas compartidas.
Su anhelo se concretó el miércoles 23 de agosto, día en el que fue presentado su poemario Con un manuscrito en el horizonte (La caída, 2016). El Museo Centro Cultural Manta fue el espacio elegido para esta actividad. El análisis previo nos acercó al contenido de esta obra, una propuesta poética apabullante desde sus figuras. Luego lograría conectar con el público, con quienes se mantuvo un diálogo entretenido.



La poesía había cumplido su objetivo: llegar a lectores interesados. 

Afiche del evento. 

Fiesta de poetas
Terminada la presentación del poemario, tanto poeta y público se trasladaron hasta Retro Bar, un nuevo espacio en Manta cuya agenda cultural lo volvió interesante en corto tiempo.

Fiesta de poetas se denominó este evento en el que un grupo de poetas y aficionados mantenses acompañaron a Freddy en su lectura.


Yuliana Marcillo.

Freddy Ayala.

Alberto Vélez.


La parte musical estuvo a cargo de Joselo Márquez, cerebro de Stella Medusa (su banda, y de la cual interpretó tres temas en versión acústico) y guitarrista de Guerreros de cartón, otra banda que está pisando fuerte y dejando su huella.




Bajo las estrellas

El jueves 24 la Alianza Francesa de Portoviejo realizó el recital Bajo las estrellas, poesía rock city. Un evento que reunió a cuatro voces. Que reveló un espacio hermoso. Que delató a un público.     

Yo, colándome. 


Un público joven que gusta de la poesía
Tanto la Fiesta de poetas como Bajo las estrellas, denotaron la presencia de un mayoritario público joven. Uno entusiasta, atento, participativo, feliz de oír poesía, de ver a un grupo de autores leer sus construcciones literarias. De conocer que más hay detrás de cada verso.

Un interés que da esperanza para todos aquellos autores que siempre buscaron ser “rock star” cuando en realidad han sido la novia fea que espera en un rincón.

Yuliana Marcillo.


Los organizadores

Nada de lo anterior hubiese sido posible sin el apoyo y logística de Tinta Ácida Ediciones, Club de lectura El Quijote, Retro Bar, Alianza Francesa y Ernesto Intriago. Además del apoyo del Departamento de Cultura y del Departamento de Comunicación del Gad Manta; y los medios de prensa, radio, televisión de la provincia, siempre atentos a las actividades literarias.

Freddy Ayala.

viernes, 18 de agosto de 2017

La visita de un poeta sobresaliente


Freddy Ayala Plazarte no solo es un autor más ecuatoriano, se trata de un poeta, ensayista, investigador y docente universitario que ha dejado (y continúa haciéndolo) con cada nuevo libro publicado una huella honda. Lo vengo leyendo desde su primer poemario, desde los ensayos enfocados en el poeta mantense Hugo Mayo, desde cada uno de sus análisis en torno a la obra de varios de sus colegas a nivel nacional. 

Enfrentarse a su poesía no es nada sencillo, y quizás por esto es que sea un autor destacado dentro de la comunidad de poetas ecuatorianos.

Con un manuscrito en el horizonte es su poemario más reciente, un texto publicado originalmente en 2011 como resultado del segundo premio de los Juegos Flores de Ambato. El poemario, pasó casi desapercibido en ese libro colectivo (al igual que los otros libros que se encuentran en este voluminoso tomo), razón por la cual el autor tocó la puerta de la editorial La Caída para que esta segunda edición fuera distinta. Y lo ha hecho, el libro destaca tanto en el cuidado de edición, como en su contenido.

El miércoles 23 y jueves 24 de agosto estará en Manabí, donde presentará su más reciente trabajo poético y participará en dos recitales.

Si la poesía ha sido parte de sus lecturas, pues la obra de este autor (sus libros que estarán disponibles) es lo suyo. Nos vemos. 



martes, 20 de junio de 2017

La oscuridad, la sed y un libro que se derriba enterrándome viva

Junto a Cristian López Talavera, editor del sello independiente Jaguar.

Por Rocío Soria
Fotos tomadas del archivo de la Feria del Libro Puce 

Entro a tientas a “La ruina del vientre sacudido” (Jaguar, 2017) de Alexis Cuzme y golpeo las losas de cemento que me cubren a ratos y otras veces taladro para no perder el rastro de las voces, pero aquí solo hay oscuridad/oscuridad de voces implorantes.

Tan necesario es recurrir al arte para inquirir una respuesta, el arte no solamente es un lenguaje que salva, libera y expía sino que se convierte en instrumento de expresión, herramienta de aprendizaje que permite analizar la realidad, conferir una visión crítica, es un desafío a lo establecido, pero en este libro de Alexis Cuzme también es un documento que parte desde lo testimonial y lo vuelve reconstrucción, rompe el silencio, se vuelve un conjunto de voces que monologan bajo los escombros mientras van muriendo.


Así lo sostiene él mismo en la nota final del libro cuando recalca que este es su homenaje a las voces silenciadas el sábado 16 de abril de 2016, a las 18h58, cuando un terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter, sacudió a Ecuador, siendo Manabí una de las provincias más afectadas, con un saldo de 657 fallecidos. 

Junto a la presentadora, la escritora Rocío Soria, el editor de Jaguar y representante de la editorial Mar Abierto.

El ambiente de este libro es la oscuridad, hiede a muerte y tragedia, 657 fallecidos pero miles de historias por ser contadas, habría quien no despertaría nunca más o a quien le tocaría despertar desde un cuerpo perdido en su boca; como lectora me asusta la oscuridad entre las paredes de este libro que van cayendo mientras transcurre la lectura y me dejan atrapada como a cada uno de los personajes de carne y hueso que lo padecieron.

Y luego la sed, que no es solamente la sed sino el afán, el anhelo, el ansia, la sed de lengua adormecida.

Pervive una banda sonora terrible en la angustia de este libro, una banda sonora poblada de voces que susurran, que se debilitan a ratos y otras se vuelven gritos de auxilio, lamentos, golpes imperceptibles, taladros; y entonces intento también como uno de los personajes acelerar la lectura o huir, pero cómo huir de este pellejo/cajafuerte cuando la vida es una carretera para transitar a pie.

La ruina del vientre sacudido, me repito mientras me detengo en una de las voces que inhala y exhala y sigo mirando la pared que no se mueve, ¿qué es un vientre? reflexiono, es aquel lugar del cuerpo donde el feto permanece hasta el momento del alumbramiento, por extensión, el concepto permite nombrar a la madre, ¿madre-tierra-Manabí acaso? en este poema testimonio de Cuzme pero este es un vientre donde los seres anónimos permanecen hasta el momento de la muerte que es otro modo de nacer si acaso, en esta reflexión me hallo cuando me sobrecoge una voz que grita profunda mi nombre es auxilio.

Entonces emulando a uno de los incógnitos personajes de este libro intento huir golpeando, pateando la pared que se empeña en sepultarme, intento huir de este libro, pero el terremoto está dado son las 18h58, mi voz es una trampa dice un bloque que llora junto a mí; los personajes de esta historia son bloques que lloran, mis padres, dice otro personaje, ¿qué será de ellos? ¿habrán juntado sus manos o por lo menos cumplido el rito programado de verse morir frente a frente?


No, no es una pesadilla ninguna de estas imágenes por más horror que produzcan, no son ficción ni parte de un film de violencia gráfica extrema, aquí están las voces, los cuerpos, la pestilencia, los alaridos, las paredes, el techo, la oscuridad, el polvo que existen no están en mi cabeza dice otro de los personajes.
Firmando ejemplares del poemario tras finalizar la presentación.

Y es precisamente realizando este levantamiento narrativo y poético del acontecimiento; pormenorizando los hechos, los sucesos y las historias humanas que el arte se hace carne y explora y se despoja y deja abierta la pregunta ¿qué dejó el 16 de abril de 2016 a las nuevas generaciones, qué dejó a los creadores, qué dejó a la sociedad, cuántas historias esperan ser contadas, cuántos latidos exigen ser latidos interminables, como dice el personaje en el verso final “Pero hoy, fuera del vientre, no acepto el horror”.

Gracias Alexis por este libro que nos recuerda la fragilidad humana, la finitud de los seres, la delgada línea entre la vida y la muerte, la vulnerabilidad y las amenazas naturales, este libro que es también un canto a la vida, pues es necesario destacar la responsabilidad del arte en la construcción de una memoria nacional que nos invite como sociedad a ser reflexivos.
(Texto leído en la presentación del poemario La ruina del vientre sacudido, realizado el jueves 1 de junio en el marco de la Feria del Libro Puce 2017, Quito) 

miércoles, 3 de mayo de 2017

¿Cuántas posiciones ensaya la muerte?


Por Diana Zavala
Fotos cortesía de Isaac Vélez

“Los pies en la tierra”
decimos para alabar la cordura,
el sentido de la realidad.
Y de repente
el suelo se echa a andar,
no hay amparo:
todo lo que era firme se viene abajo”.
José Emilio Pacheco.

Ese venirse abajo, ese perder el piso que te sostiene, es lo que nos desquicia, lo que nos hace conscientes de que nada es seguro, ni el suelo que pisas. Y se hace la tiniebla. Es cuando la voz lírica, cito, “parte y regresa a la demencia negra”.

“Entiéndeme oscuridad,
En ti perdura un tiempo detenido.
En ti la hora se derritió
En ti yazco perdido de mí mismo”.

La oscuridad, es la tabla y el telón de fondo de cada puesta en escena del verbo de Alexis Cuzme, y lo digo con la certeza de quien ha compartido jornadas desde el pregrado, la pasantía, el trabajo editorial, y el postgrado. Aquí la oscuridad vuelve una y otra vez en sus múltiples significantes, es el ave hermosa que picotea desde las 18:58. Entumecido en ella es donde el personaje que ha descendido saborea la vida, es donde se vuelve un latido furioso, donde inventa realidades, diciéndose que cambiará, queriendo mutar en gusano fosforescente. Es allí donde florece la ruina del vientre sacudido.


En los versos de Alexis Cuzme reconozco fragmentos de historias que leí en los periódicos, que vi en la televisión, que recogí en mi trabajo como cronista freelance. La voz lírica las hace suyas, no es el espectador, no es el lector, es su pellejo bajo la losa, es su lengua la que siente, cito: “toda la sed retenida de mis años”, es quien bebe su propia descomposición.


Un ser insoportablemente despierto, en un sepulcro de cemento, nos habla. Allí su identidad se pierde, lo que hay es lo que él llama un revoltijo de nombres. Su nombre es Auxilio ¿Cuántos auxilios gritaron en la noche aquella? Logra transmitir su angustia en ese grito que muere falto de aire, de fuerzas. El ritmo del poema es el ritmo de la desesperación. Es descarga y es pausa.

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“No hinques mis ojos, niño de sangre y lodo
Entrégate a un rincón y juega con tus delirios”
Me detengo en este verso y siento la aproximación de esos dedos, mi cuerpo y mi alma estremecidos imaginan que, en la negrura, lo último que viste niño fueron los ojos de un superhéroe, quizá los luminosos del murciélago, alguien que te cubrió con la capa de la fantasía y con el que hiciste el gran escape. Perdón, ¡cuán insoportable es la realidad! Grondin dice que “en toda interpretación es la concepción de nosotros mismos lo que se encuentra enriquecido”. Y cuando Alexis Cuzme declara que este trabajo es una purga interna y personal, que le sirvió para purgar todo el horror consumido, pues no queda más que reconocer que en la lectura, relectura y en la presentación que hago en este momento, está mi purga. Y no solo del terremoto de 7.8 grados, sino de cada catástrofe que me ha sobrevenido, y que el sismo del 16 de abril no ha hecho más que mostrar la fragilidad, las falsas bases, los pilares debilitados.

“Soy
                  el
                   escombro
                                      que
                                              no
                                                   quiere
                                                      reconocerse
el pedazo que no volverá
                                                   a amarse”

Las isotopías de este poema son la oscuridad, la muerte y la desolación. Hay imágenes que no me puedo sacar de la mente. Escucho ese timbre que sigue oprimido por un dedo sin dueño. Preguntas que se clavan ¿Cuántas posiciones ensaya la muerte?, la muerte que huele a diluyente, la que pasó de largo ante un hombre que tres décadas después recordó una técnica de yoga.





En la ruina del vientre sacudido asisto a la contemplación (cito) “de los bloques lloriqueantes: lágrimas de cemento y hierro”. Solo en la poesía se es capaz de un encuentro con la sustancia. En una entrevista, Lezama Lima declaró “Yo creo que la maravilla del poema es que llega a crear un cuerpo, una sustancia resistente enclavada entre una metáfora, que avanza creando infinitas conexiones, y una imagen final que asegura la pervivencia de esa sustancia, de esa poiesis”.

La literatura sobre catástrofes es necesaria, y así ha sido desde siempre (una gran muestra está en las tragedias naturales bíblicas). Autores como Ovidio, Voltaire, Gaspar de Villarroel, William James, Goethe y tantos otros plasmaron en sus obras sobre la devastación que provocan los terremotos. El poeta y ensayista japonés Kamo no Chomei escribió sobre el potente sismo de 1185: “Si los hombres hubieran sido dragones se habrían subido a las nubes, pero no habrían tenido las alas para encumbrarse a los cielos. Fue entonces cuando tuve conciencia de que los terremotos son la más terrible de las cosas terribles”.

Cuando se cumplieron 31 años del sismo de 8.1 grados que devastó la ciudad de México (del 19 de septiembre de 1985), se publicó en el diario Excelsior un artículo de Virginia Bautista, en el que se analiza que la Literatura tiene una deuda pendiente con ese suceso en la vida del país. La memoria existente está en abundancia en el periodismo, en la fotografía, y fue radical para la transformación de las artes visuales.

Paz, Pacheco y Monsiváis hicieron literatura sobre el terremoto. “Sólo contamos con un par de poemas, un ensayo y media docena de cuentos, básicamente, sobre esta tragedia natural. “El terremoto es la terrible presencia de la ausencia en nuestras letras”, sentencia Ignacio Padilla.

Que eso no nos pase en Ecuador, que eso no nos pase en Manabí. Gracias Alexis Cuzme por este aporte a la memoria.

(Texto leído el jueves 27 de abril, a propósito de la presentación del libro La ruina del vientre sacudido, realizada en el Museo Etnográfico Cancebí en Manta)