miércoles, 29 de octubre de 2008

El satanismo colombiano en Editorial Paranoia






La estupidez y la ignorancia es el único pecado
Inquisition

Fue recién a inicios de este octubre que un amigo me entregó las revistas enviadas de Editorial Paranoia, un sello ocultista y satanista por demás, procedente de Colombia. No ha sido una sorpresa relacionarme con el tema del satanismo al que he analizado su trasfondo, tergiversaciones y problemática comercial a la que muchos lo han llevado (el próximo año saldrá mi libro Satanismo: filosofía individualista, donde desarrollo todas estas ideas) pero sí ha resultado toda una revelación esta editorial y su producción.

De los pocos seudos satanistas con los que me he relacionado, todos concuerdan en algo: pura imagen y nada de ideología; inmadurez, alucinaciones por desarrollar teoría absurdas y sobre todo estancados en la ensoñación de crear un entorno satanista y de caos inagotable. Es verdad que a los pocos a los que consideraría centrados en su filosofía de vida personal no me han defraudado; son maduros en sus planteamientos vistos desde el satanismo, entienden que cambiar a un mundo invadido por dogmas religiosos es casi imposible, es más no les interesa porque al fin y al cabo el satanismo se basa en el desarrollo individualista, cuya función será el progreso intelectual del satánico.

Zepillín, editor y responsable de Editorial Paranoia, no solo ha creado medios que son actualmente de culto (Paranoia zine y Filosofía kluzt), sino que los ha sabido mantener en estos veinte años de lucha contra el sistema ideológico, sobre todo del cristiano -colombiano- que directamente se ha opuesto a la circulación de estas publicaciones.

Lo más sobresaliente de Editorial Paranoia es que sus productos se distribuyen gratuitamente, tanto en Colombia como países vecinos (aunque el tiraje sea un limitante) a personas relacionadas con el tema. Cuanta con varios colaboradores, escritores, que han encontrado en la línea ocultista su tema idóneo para narrar ficciones o testimonios, todos partiendo y llegando al mismo punto: el satanismo. No puedo asegurar que todos estos colaboradores sean escritores de oficio, abundan los lugares comunes que logran desechables muchos trabajos, pero en lo que sí aciertan este grupo de colaboradores es en el afrontar sus temas con convicción, lo que los rescata de la mediocridad.

Personalmente encuentro argumentos necesarios de difundir, los mismos que escribe Zepillín en sus editoriales, que hacen que estos medios merezcan una mayor difusión. A continuación comparto algunos de estos:

“Recuerda joven, adulto, hombre, mujer, que en vez de quererse ver como “chicos malos” con sus camisetas de bandas o faranduleando o tal vez buscando el mechudo o la puta metalera, busquemos explorar el cerebro. Las verdaderas bandas de metal buscan que conozcan de sus letras, de sus inicios; los verdaderos ocultistas buscan la sabiduría y el conocimiento”.

“(…) me he encontrado solo con desadaptados, drogadictos, que buscan refugio en el satanismo, simplemente por ser diferentes a los demás o por llamar la atención a la sociedad. Me he encontrado con sujetos que creen que vestir de negro, llevar la camiseta de la banda más brutal, tener el cabello largo y colocarse manillas de cuero en sus brazos es ser satanista. Solo les digo a todos estos engañados que un verdadero satanista permanece oculto, se es un caballero y todo un señor. No importa si la camiseta es negra o rosada o de cualquier otro color, porque un satanista es sangre y allí está nuestra verdadera esencia”.

“Muchas bandas black metal no saben ni lo que escriben, sus letras delatan una insuficiencia en los temas de su interés, solo piensan en sus apariencias y en gritar ¡Satán!”

Satanismo, un tema muy alejado de los estereotipos a los que la sociedad está acostumbrada a consumir.

lunes, 27 de octubre de 2008

La antipoesía de Rafael Méndez




Gracias al internet
cualquiera puede publicar sus poemas
recibir un par de millones de visitas
y centenares de bagreras que nos dicen
que escribimos bonito.
Abusando de la impunidad
nunca falta el papanatas
que termina publicando sus adefesios.

Rafael Méndez


Que el humor en la poesía ha sido algo escaso en Ecuador, nadie lo niega. El formalismo y la solemnidad de los discursos, por una parte, y la rabia, subjetividad y experimentación por otra, han sido signos que han servido y sirven para identificar gran parte de la producción de la joven poesía ecuatoriana. Rafael Méndez Meneses (Guayaquil, 1976) es uno de esos casos raros de poesía humorística, sarcástica, burlesca, negra de fondo, que no tiene reparos en escupir a diestra y siniestra todas las verdades que se hayan, como vómito ignorado, arrinconadas dentro del entorno literario, no solo de nuestro país, sino de distintas geografías.

Su tercer poemario (Que mi alma se la lleve el diablo, 2008) es una clara muestra de lo que se sustenta (que tuvo su inicio con su antecesor Nadie es poeta en su tierra, 2006, y casi nada con su ópera prima Principio de caos jamás acontecido, 2004). Poesía estremecedora, apabullante en los mensajes explícitos y descarados que el autor suelta como granadas contra un hipócrita auditorio que ha preferido -por el bien de todos y todas- el silencio.

“En el Congreso abundan / los cantantes, bailarinas / víctimas de la moda y de la injusticia. // Si no está plagado de poetas / es porque aún no hemos tocado fondo”, nos dice Méndez, poniendo en evidencia aquella absurda y a la vez deprimente realidad a la que constantemente los ciudadanos (y escritores, en menor proporción) nos enfrentamos.

Certero en sus figuras; desligado de cualquier compromiso literario de por medio, el autor arremete: “De sentimental a tansemental / de poeta malito a poeta maldito / de loca adefesiosa a mujer fatal / acá siempre se las ingenian / para mejorar el currículum”. Y no conforme, remata: “El hábito no hace al monje / los lentes no hacen / al intelectual / el libro publicado no hace / al poeta”.

La poesía de Méndez gira en torno a verdades soterradas, a aquellos lugares comunes dentro del frívolo y a veces desesperanzador panorama literario (y sobretodo poético: “Llamado de la naturaleza: / el poeta dejó de mirarse el ombligo al escribir / también los líos existenciales / los suicidios / y demás temas góticos que tanto venden últimamente. // Se puso a escribir sobre / el congreso los ladrones el imperio / y hasta sobre lo que pasa en Palestina. // Crucificado será por escribir poesía retro”) que en distintos espacios de nuestra patria se vive. Hay originalidad en los temas, y valentía al hacer frente a la problemática existente (Tracalada de borrachos / nerds, vagos, megalómanos / snobs, maricas, fatuos / intelectualoides de tercer mundo / los poetas siguen siendo incomprendidos”).

Para pocos será indiferente recordar, mediante la poesía de Méndez, que: “Lo bueno de las ferias / es que algún despistado se entera / de que tu libro existe / lo malo es que no lo compra / lo feo es que sí compra / el libro de cocina, los puemitas, la autobiografía / de la escritora improvisada de enfrente”. Pero más allá de toda la desesperación que la voz poética manifiesta -acerca de su entorno de poesía y espectáculo-, también está el tema social (tema clave y de constante reflexión en Rafael), pero desde la cómica-patética visión de su autor: “Sudacas: Nada bueno hacen por allá / salvo morir trágicamente / andar en pandillas / conciertos de tecnocumbia / puterías / y ya que estamos hablando del asunto / aportar con el nosecuánto por ciento del PIB”.

Que mi alma se la lleve el diablo, un libro prohibido para literatos y lectores cara de tucos. Rafael Méndez reafirma con este nuevo trabajo su labor personalizada de poeta-cómico-burlesco de nuestra sociedad disparatada y en constante renovación. Hay que leerlo para saber que no todo está bien a nuestro alrededor.


jueves, 23 de octubre de 2008

El poeta: voz y profesión




Soy el verbo en celo
y en celo está mi verso
Dina Bellrham


El poeta debe escribir en torno a lo que sabe y vive, esa es, por lo general, la regla a la que se refugian los poetas identificados como sinceros consigo mismo y con su obra. No podemos concebir a un Ernesto Cardenal hablándonos del amor sin inmiscuir el tema social de por medio, a un Euler Granda denunciando los absurdos de nuestra patria; desde luego podemos encontrar a un José Emilio Pacheco dejándonos ver su apreciación pasada y presente de la humanidad mediante su obra individualista. Pero todos, sin excepción, escribiendo desde sus experiencias, mostrándose y mostrándonos el mundo desde su apreciación.

Con plexo de culpa (Allpamanda, 2008) de la guayaquileña Dina Bellrham (1984) es un poemario escrito desde la sinceridad y sobre todo de la realidad de su autora, que no escatima inmiscuir insistentemente un lenguaje médico (o por lo menos una recurrente terminología en esta rama) resultado, sin duda, de su cercanía con esta ciencia que estudia. El mismo se descubre en los versos que Bellrham ha creado para delatar sus interioridades. Pero esto solo de forma, porque la poesía de esta joven autora es una revelación insana, que se apropia del lector hasta devastarlo en el aparente desentendimiento de su poética: “He decidido dejar demencias / en mis plumas de cóndor níveo”.

“Necia la médula / que fermenta mis pestañas / de buscarte a hurtadillas / cuando la noche muere / y tu voz disipa febrículas” dice la voz poética. Y es que esta obra se aferra al juego de palabras, metaforizando, encubriendo temas como el amor, la tristeza, aquel existencialismo perdurable; que a pesar de ser temas eternos, intentan darle toda la individualización posible para personalizar este su primer trabajo. La autora lo logra, su poesía es una amalgama de formas y desformas, de esencias absorbentes y casi siempre desconcertantes: “La tristeza es mi duende encantado / que me abriga la incoherencia caducada” o “El suicidio es mi orgasmo de té”; aunque términos (muchos de ellos acertadamente compuestos, otros no) como: disnea, necrosándote, alopécicos, afásica, cefalea, entre otros, resulten a veces trabas al entendimiento del lector.

Poesía dura de digerir, complicándonos la existencia, tanto o más como la poeta lo ha hecho con la suya; por ello la depuración, el autosacrificio reflejado en cada verso.

lunes, 20 de octubre de 2008

La gala del rock en Manta






Fuimos pocos rockeros en medio de aquella sorprendente multitud de adolescentes que a lo mejor lograban su primer encuentro con el rock; pero sin prejuicios, por favor, muchos empezamos así: entregándonos al mosh sin saber qué mismo era, coreando canciones por primera vez escuchadas, moviendo la cabeza a un ritmo descontrolado solo para saber -en el fondo- que no entendíamos nada de todo esto. Cosa de pelados y de inmadurez.

Llegué a la hora exacta: ocho de la noche, del día 17, del mes de octubre. Pocas cosas suelo recordar tan precisamente, y esta era una de aquellas. La Plaza Cívica estaba full, los panas dispersos. Pedrulo, el organizador, había cumplido su objetivo: congregar a la mayor cantidad de asistentes en un solo escenario.

Los encargados de abrir el concierto fueron los portovejenses La Rola, una banda que se ha dado a conocer en la provincia mediante Capital televisión, específicamente en el programa Manaba no pares, donde componen temas que rescatan y fomentan la identidad del manabita. Clasicones por demás, lograron una presentación respetable, compuesta de temas inéditos como de covers. Excelente el desenvolvimiento escénico de su vocalista así como de cada uno de los tres músicos atrincherados en sus instrumentos.

Guerreros de cartón, de Guayaquil, continuarían en participar en esta Gala del rock (como sarcásticamente se tituló este concierto que probablemente se realice anualmente). Su música, aunque encaminada a un rock experimental y casi toda original, no logró mayor apreciación en los espectadores: aún no hay mucho público preparado para bandas de esta clase. Sin embargo denotaron profesionalismo musical más que escénico, lo que ya es mucho que decir.

Una de las bandas esperadas de este cartel fue Garkus de Guayaquil, quienes con su potente heavy metal lograron sacudir al concurrido público (sobre todo a los más jóvenes). Covers de bandas insignes en el metal, así como dos temas propios, resumen su show.

Finalmente Willy wong and The brothers, también de Guayaquil, ofrecieron temas que reafirmaron su labor musical. Covers de rock clásico que denotaron trabajo en cada uno de los instrumentos, y es que este trío guayaco logró desenfrenar a la mayor parte de los asistentes que no pararon de corear sus temas. Pasada la media noche se desconectaron y agradecieron a los mantenses por el apoyo, concluyendo esta primera -pero no la última, como aseguró su organizador- Gala del rock.

Poesía manaba, parte I






Abro las piernas para obtener amor,
cierro las piernas para exigir respeto.

Yuliana Marcillo

Si hace cinco años me hubiesen dicho que escribiese sobre la joven poesía manabita, lo primero que hubiera objetado es ¿cuál poesía joven manabita?. No puedo desconocer la obra de autores insignes en Manta como la de Pedro Gil, a quien valoro su poesía -a pesar de su Sano Juicio-, tal vez hasta reconocer a uno que otro de sus primeros talleristas como Yuri Cadena que demostró trabajo en aquel colectivo publicado hace algunos años llamado Rompepalabras, pero de ahí a que intentara analizar poesía que para ese entonces no tenía mayor trascendencia, era una pérdida de tiempo.

Muchos poetas y poca poesía, esa es la realidad que se ha vivido en Manabí. Todo un atentado ecológico y desperdicio de papel, dirían algunos, por los libros flojos, trillados y rimados, mal encasillados como poemarios.

Cinco años pueden cambiar muchas cosas, y eso es lo que está ocurriendo actualmente, no solo a nivel nacional, sino también acá en Manabí. Poetas jóvenes no mayores de veinticinco años, algunos, y otros ya bordeando o pasando los treinta -pero todos con una visión clara de lo que es la poesía, no exasperándose por la mera figuración, sino más bien trabajando las palabras- representan la actual y joven poesía manaba.

Es en esta nueva camada de poetas que aparece el nombre de Yuliana Marcillo (Chone, 1987), una joven que hasta inicios de año era una desconocida en el panorama literario manabita, y sobre todo de Manta. Sus primeros poemas los ha publicado en la prensa local; reportera de La Marea (diario local), estudiante de periodismo y pupila de Pedro Gil, forma parte de sus talleristas.

Colérica, antipoeta, dándole la espalda a lo que se espera escriba una mujer, pero muy en el fondo denotando una sensibilidad absorbente. Su poesía es una carcajada burlesca hacia el amor, esa navaja filosa que ha hecho heridas en la autora. Su cuerpo la materia impura pero resguardada que se fragmenta en versos para liberarse. Y es que se trata de una joven irreverente que ha logrado en poco tiempo destacar con su poesía. Pero menos análisis y más versos.

Los tres poemas de este post han sido extraídos del libro Soledumbre (colectivo poético y narrativo de los tallerista de Pedro Gil) de próxima publicación.

SI LAS VULVAS HABLARAN
Desperté
me descubrí en unos brazos ajenos.
Sus labios cansados de recorrer reposaban en mis senos.

Tendida.
Contemplé florecer de un ángel al demonio.

La bachata en la radio, en la mesa nuestros disfraces.
En la almohada se mezclaba con el dolor pausado.
Nunca nadie lo supo
mi vientre respira otro nombre.

Nubes cruzadas.
Palabras mudas con sed de odio.
Al balcón le confesé que no me agradaban los de chaqueta.
Le mostré las cicatrices de mis años verdes
aún bailan mis niñas entre rosas muertas.

Me llaman arrastrada, zorra, ciega.
Se olvidan que cuando en las mujeres se enciende la hornilla
da lo mismo llorar por las noches que reír por el día.
Mi llanto choca entre paredes sin oído,
ahí donde puse mis manos para sentir el latido de la noche.
Esfuerzos vagos; rebotan intactas.

La cruz me pesa.
Pecados, dolores, lágrimas hechas piedra,
Todo guinda desde el cielo y se lastima al tocar la tierra.
Oh maldita palabra, como quisiera que las vulvas hablaran.


BAJO TUS AFECTOS
Los borrachos somos felices.
Siento el orgasmo en los pies.
Siento la sangre correr.
Y hacemos el amor en cinco minutos, sí,
pero lo hacemos como la primera vez.

Más que el licor,
tu espuma me marea, me desnuda,
me alborota.
Ese aliento de ceviche y cebolla.

Mi oído izquierdo escucha ruidos,
como gritos, como suplicios.
Estás agonizando.
No te ayudaré, no sin un trago.

Descalza voy por la carretera.
Llena de odio, oliendo a pescado y sin destino.
Trato de pensar cuál es mi camino.
Es imposible.
Sólo escucho silbidos.

Cómeme.
Eso.
Sácame la carne de la piel.
Arranca mis huesos y tendones.
Mancha con mi sangre tu boca,
ésta, la sangre podrida de una tonta.
Embriágame de la muerte.
Emplútame de tu ser.

Me despierto.
Estoy en una cama.
El toldo se mueve, parece que baila salsa.

La habitación está vacía.
Los ladrones trabajaron hoy.
Ya no tengo nada.

Comienza mi calvario, el chuchaqui.
Sin vacilar se sirve un café.
¿Más calentura para este cuerpo?.
No puede ser!

No tengo memoria.
En mis senos hay una marca.


FLACA LLORONA

Sin tetas ni caderas,
conquisto a mi modo.

Abro las piernas para obtener amor,
cierro las piernas para exigir respeto.
Lloro porque estoy sola.
Lloro porque las palabras, no me caben en el cuaderno.

Cuántos cuerpos sudorosos,
habrán estado en tu cama.
La colcha huele a leche.

Sabía que el dos por uno existía.
Lo que no sabía, era que a mí me tocaba lo segundo,
Las sobras, la mierda.

Me cago en tu nombre.
Soy flaca, soy débil.
Soy gorda, soy débil.
La amplitud no importa
al momento de aguantar.

Flaca llorona, siempre regalando pena en Navidad
Tus lágrimas perdieron valor
desde que regalaste una sonrisa.

Una explosión de sublime,
se esconde en tu vagina.
¿A dónde irá a parar todo eso?
Lo expulsaré, porque se me acabó la vitamina.

Hoy al amanecer salí de tu cuarto,
de tu vida.
Caminé por las calles frías de la mañana
Tan flaca de amor, tan llena de pesadillas.

lunes, 13 de octubre de 2008

Atrapado en Portoviejo




A Guillermo Salas, por las historias

Estaba colérica, emputada, a segundos de gritarle a quien organizaba la tocada, que por qué mismo no empezaba. Eran la siete de la noche y el afiche anunciaba todo a las tres. Cosas de logística, le dije, intentando calmarla, de que la mirada enferma de Ton Araya la cambiase por una coqueta a lo Cristina Escabia. Nada, el rostro de Glen Benton la acompañó aún después de iniciar todo y de la tercera banda en escenario.

Portoviejo no es la ciudad manabita que nos encante, pero ahí estábamos, siendo parte del público que había acudido al Porto X tremo, concierto que tenía como cabeza de cartel a los mexicanos Mortuoria. Más allá de la participación de las primeras bandas, nos impresionó la cantidad de adolescentes oyentes de punk y hard core, muchachos y muchachas no mayores de 18 que aparentemente gustaban del rock, sobre todo del que se apreció el pasado sábado 11.

No me dejó sólo, lo que dificultó la chupa, joda y vómito de palabras. Pero esto me sirvió para ponerme a trabajar (si es que el editar una revista de bajo presupuesto y que casi nunca se vende se lo puede llamar trabajo, me recordó Noemí, siempre tan oportuna y alentadora). Ser periodista rockero puede ser un problema cuando no se escucha atentamente a cada banda, los análisis no aparecen mágicamente en la pantalla de la compu (pensé y repensé, y aborté la idea de soltárselo a mi compañera).

Agrupaciones como Mancha negra, Notoken (guayaquileños) emocionaron a una considerable cantidad de jóvenes que moshearon con cada uno de los temas de estas bandas punk. Por su parte Argoth y Blizzard (aunque solo el vocalista perteneciese a ella) ofrecieron impecables covers heavy a los alocados asistentes.

Mortuoria, potente banda death metal mexicana, justificó su gira por Ecuador y su paso en Portoviejo. Excelentes, envolventes, agresivos y también melódicos temas que se valoraron de principio a fin. Tienen personalidad y eso es suficiente para que destaquen. Luego de ellos subiría Barbarie, joven banda thrash que a pesar de solo tocar covers evidenciaron una vez más (para quienes les estamos siguiendo la pista) el talento de sus también jóvenes integrantes: feeling, agresividad y talento conjugados. Posteriormente Aneurisma afirmaría la sentencia de que el esfuerzo y la constancia son las herramientas justas para cada artista, esto se evidenció en su participación, donde todos los temas thrash inéditos (parte de su primer, y actualmente promocionado, demo) denotaron mayor trabajo, tanto vocal como instrumental.

Continuarían Agonía con su característico brutal death (ya preparan la reedición de su demo Ritual Sadismo); Incarnatus (guayaquileños) machacando cabezas con su black metal; Noctum y su rústico pagan black metal en constante depuración; y finalmente Ancient death (guayaquileños) devastando el alba -ya eran las dos de la mañana cuando empezó su participación- con su aniquilador black metal.

Noche larga, viaje pesado, esposa colérica: malas combinaciones. Igual sobrevivimos a la fría madrugada de la terminal de allá (la parte siempre triste de visitar la capital manabita), solo para convencerla de que cada concierto es igual: camisetas negras hiendo y viniendo, humo, cerveza, risas, camaradería, confraternidad, horas y horas de conversar, entrevistar, fotografiar, tomar apuntes. Nada recomendable para una chica de su alcurnia.

Ahora, mientras termino velozmente esta crónica, espero que no se le ocurra acompañarme el próximo viernes 17 en la noche; Pedrulo, pana rockero, organiza La gala del rock. Será en Manta (mi ciudad y la de otros metaleros) y tocarán Willy wong and The brothers, La Rola, Guerreros de cartón y Garkus. Será a las ocho, y eso me alivia, ella deja su trabajo a las nueve. Esta vez no podrá acolitarme, seré libre, ¡libre!.

Metal: pasado y presente




Todo empezó en el colegio (a mediados de los años noventa) donde me dieron chance para ser parte de la banda. Rechacé el rock latino y sentimentaloide que intentaron imponernos, solo para hacer algo “original”. No éramos músicos, sino pelados tras cuatro instrumentos intentando sacar algo bueno de tanta bulla. Jamás lo conseguimos. Nuestras dos participaciones consecutivas en los famosos colegiales musicales fracasaron. Fuimos el mayor asco que el colegio jamás imaginó.

Fue después de esta experiencia -y gracias a mi calidad de integrante de la banda colegial y privilegiado en el uso de sus instrumentos- que me decidí junto a dos compañeros de colegio, y un pana de barrio, crear una verdadera banda. Averno fue el primer borrador, nuestros mayores logros: haber tocado en la semana cultural de la institución sin ser linchados y en el cumpleaños de un amigo. Nadie entendió el seudo death metal que tocamos.

Luego vendría Marbas, con quienes nos depuraríamos hacia terrenos más cercanos al grind, aunque en la recta final nuestras inclinaciones nos hayan conducido al doom death. La banda como todo proyecto creado sin la madurez debida, no soportó las presiones y responsabilidades de cuatro adolescentes sin un claro objetivo de vida.

No hay legado (la grabación casera se perdió) solo recuerdos de un tiempo intenso, cuando la música pudo ser un camino aliviador donde descargar odios e ideas, pero todos le dimos la espalda, sobre todo yo que preferí los libros y el periodismo.

Casi diez años han pasado de todo esto. Marbas empezó al igual que Misery, pero casi nadie la recuerda, mejor así. Sus ex-integrantes: Pacho Villamar (guitarrista) emigró a España y ahora está tras Ethreum (black death metal); Gustavo Chávez (bajista) integró Beleth (black metal) y luego abandonó la banda; Danny Soledispa (baterista) se cansó de hacer música; y Alexis Cuzme (vocalista y guitarrista en corto) mandó todo al diablo, se volvió periodista y dizque poeta.

El barrio fue nuestra sala de ensayos, allí las calles y vecinos nuestro público odiante. Después de Marbas se pensó que nadie más alteraría la tranquilidad, pero se equivocaron.

Hace dos meses supe de la existencia de Gorthaur (black metal) jóvenes amigos del mismo barrio hasta donde inicios de año viví, después de veinte dos años. Son una generación más preparada, lo sé porque con ellos está Miguel Velásquez (bajista, y ex bajista de Bael, la banda fugaz del ex-guitarrista de Marbas) un músico que se ha formado en base a la constancia, junto a él, Javier Tello, Alex Cedeño (guitarristas), Rezo Macías (baterista) y Ronald Villavicencio (vocalista) han conformado una reciente pero prometedora banda. Recién empiezan y el camino es largo y muchas veces decepcionante en esta cruzada artística. El metal no es para rock star y el saberlo puede ayudar mucho en el desarrollo ideológico y musical de toda agrupación.

Y reafirmo que son una generación más preparada porque en nuestros días cualquiera con un poco de ahorros puede equiparse debidamente en instrumentos (lo que con Marbas siempre fue un problema), ellos lo están, ahora solo falta esperar un excelente trabajo proveniente de un fiel compromiso, lealtad y sobre todo franqueza al crear música, ya hay demasiados “malditos” (¿o serán simples “malitos”?) en el entorno y lo que se necesita no son rebeldes de forma, sino de fondo: originales, adsorbentes, irreverentes. La música es la esencia.

El compromiso del editor rockero




¿Cuál es la misión de cada editor de medio de comunicación? ¿acaso la de difundir tal y cual le llega la información sin atreverse a meter mano para depurarla? ¿dónde queda el trabajo de EDITAR, cuando evidentemente es necesario hacerlo?

Acabo de leer la nueva edición de La Gazeta del rock (ahora sí magazine, por su formato A4), revista cuencana que ha sabido ganarse un merecido lugar como medio difusor de la materia rockera ecuatoriana, latinoamericana y mundial. Su diseño cada vez más superior, el apoyo constante y más comprometido por la difusión de jóvenes agrupaciones y también de las ya posicionadas en el país, que no se estanca en elitismos absurdos y logra una precisa conjugación de múltiples géneros, la ha caracterizado.

Para esta edición se incluyen interesantes entrevistas (algunas no tanto) a bandas como Aztra, Resistencia, Sad, Nosferatu, Pithon, Lvl projec, Castrofate, entre otras; galería de fotos, reseñas históricas que repasan el rock y su evolución, reseñas de trabajos musicales que en sí no son reseñas críticas sino un acercamiento desde la concepción de las bandas, el cd compilatorio de rigor, y lo más sobresaliente: la cronología del rock cuencano (reeditada de uno de sus informativos) y que a más de un investigador rockero servirá en su momento.

Se supone que cada nuevo número nos enseña a mejorar no solo la forma sino también el fondo del medio de comunicación del que somos responsables (lo digo desde la experiencia). Pero este séptimo número da tropezones con problemas repetitivos -y que evidentemente tendrán en un momento que ser corregidos de raíz- que ya no van al caso nombrarlos, sin embargo cosas más sencillas de forma como la reducida tipografía en las biografías o entrevistas se urgen mejorar.

Pero no es este problema el que me inquieta, sino la labor de su editor (Adrián Martínez, colega y amigo rockero por algunos años, con quien he mantenido una fluida correspondencia e intercambio de medios), aquel conformismo que se descubre en algunas entrevistas, donde la labor del editor resulta nula. Ya se cuenta con algunos medios rockero vacíos en Ecuador como para que esta prometedora revista pase a sus filas. Si decidimos publicar un medio de comunicación, también se pensó en su responsabilidad de formar a lectores; el entretenimiento de momento quedó en el pasado.



miércoles, 8 de octubre de 2008

Under noir




Estar fashion jamás ha sido mi onda, prefiero mi antimoda retro y sombría a la que he sido fiel. Vestir de negro no necesariamente significa ser un tipo amargado, maldiciendo cada día de pesadilla; un suicida tapiñado aguardando el momento oportuno para un final patético; un tristón escurriendo lágrimas y mocos a cada instante; o lo que podría ser peor, un emo (sí, también estoy en contra de ellos) dejando tras de sí su baba melancólica cual caracol de tierra en busca de su hueco protector.

No he sido un tipo fashion, esa es la gran verdad. Por lo tanto todo cuanto tenga relación con este tema siempre me ha resbalado, sin embargo no niego que he visto desfiles de moda, de lencería femenina -no precisamente porque quisiera usar ropa interior de mujer, sino porque un cuerpo meneándose sobre una pasarela siempre es llamativo-, revistas y catálogos con deseables modelos (lo acepto soy un mirón certificado y autocomplaciente).

Y es en esta corriente fashion -o más bien antifashion- que me encuentro una vez más (ya en el 2007 había tenido mi primer encuentro) con Bg magazine, medio fashion por demás, que a pesar de su corriente con las tendencias actuales del mercado de la moda, va contra corriente. Sí, se trata de un medio que tras su aparente serenidad esconde una propuesta transgresora y única, abordando aquellos temas arrinconados por su naturaleza sexual, religiosa y sobre todo vivencial.

Su reciente edición número 37, titulada Under Noir, es una clara muestra de lo argumentado. Su propuesta conceptual podría ser la pesadilla inimaginada de religiosos devotos y fanáticos antinatura; pero también una revelación alucinada y adsorbente para todos los orates y trastornados que ven más allá de los convencionalismos.

Si en algún momento pensaron buscar arte fuera de lo común, Bg magazine es el medio apropiado para encontrarlo. Todo es fashion, pero no para equilibrados, sino para volados, freaks, morbosos espectadores de rarezas. Este número lo consigue, lo ha hecho conmigo que continúo atrapado en el arte gráfico de Saul Zanolari (provocación, demencia y odio conjugados) y en aquella moda gótica, citadina y decadente.

En caso de que la consigan bienvenidos al club de anormales y si no lo logran, pues la falla. Mientras comparto el micro relato testimonial que me solicitaron para esta edición.

Demonio quisquilloso

Después del último grito y el gracias de rigor, lo seguí cautelosamente mientras bajaba del escenario. Su espalda era una llaga viva, podía ver las marcas de la cadena con la que minutos antes había descargado la ira del metal oscuro de su banda contra sí mismo. Era un ídolo, mi ídolo underground jamás aparecido en este panorama de grupos maricas. Satán le pertenecía, el black metal era su mejor anuncio para esto y él su mensajero. Si algún día decidía crear mi propia blasfemia musical, sería como él: un demente expurgando frente al público sus odios y maldades, sin sentirse arrepentido.
Cuando lo alcancé y se volteó, esperé la mirada más colérica del mundo desencadenándome todo el miedo posible, y no sus lamentables ojos inundados de lágrimas, pidiéndome llamar al baterista, guitarrista, bajista o a quien sea para internarlo en emergencias. El dolor fue insoportable, para ambos.

lunes, 6 de octubre de 2008

Tamara Acosta, poeta y modelo gótica




La conocí acá, en Manta, como novia de un pana de allá, Guayaquil. Además de su nombre y de unas cuantas llamadas telefónicas, la desconocía. Habría quedado confirmada mi hipótesis de que era imaginaria, la pelada imaginaria de mi pana (aunque no tenía ni un antecedente para afirmar que él fuera un mentiroso), pero no fue así. Ambos bajaron del Coactur que los traía de Nebotlandia, existía.

Habían llegado al puerto a darse unas breves vacaciones de dos días. Los aguardé en la terminal y de ahí directo al hotel a dejar el equipaje.

Han pasado casi dos años desde aquella noche en que nos amanecimos en el Malecón escénico, a punta de agua loca y una cháchara interminable en torno a varios temas. Vendrían dos encuentros más: uno en Guayaquil y otro en Naranjal. Donde la amistad siguió siendo el vínculo preciso.

Y es esta amistad la que ha logrado que ella me confíe parte de su obra inédita. Poemas y relatos que yacen entrelazados por la decadencia que como individuo vive y agoniza su autora. No puedo asegurar que se trate de una joven poeta con voz propia, pero su intensidad y trabajo cada vez más centrado -si es que no deja de proponérselo- hará depurar cado uno de sus versos.

Es gótica, física y literaria. Sus dotes de antimodelo se han logrado concretar gracias a su amigo (y amigo de muchos) José Núñez del Arco -responsable de la foto que acompaña este post-, quien de a poco la ha convertido en modelo gótica, reflejando así (en cada pose y gestualidad) lo que acumulan sus escritos: vaivenes de gritos, proclama tosca y lasciva, donde ella como materia prima se expone ante su sexualidad, temores, odios y esa búsqueda constante por lo salvador.

Tamara Acosta (Guayaquil, 1988) joven poeta a la que hay que seguirle la pista. Sus poemas han sido publicados en diarios manabitas, en zines underground, blogs (existe en la página peruana El rincón del diablo una interesante muestra poética suya). Hace poco se integró en el colectivo guayaco Buseta de papel.

Poesía: identidad secreta




Contra la noche oscura
una pantalla que arde
y una página en blanco.

José Emilio Pacheco, poesía.

Cuando el editor de Mar Abierto me encargó la tarea de seleccionar una muestra poética de jóvenes autores ecuatorianos, creí que era otra broma de semana, pero nada, esta vez SÍ iba en serio, debía ponerme a trabajar horas extras y caseras porque Cyberalfaro # 16 se metería en menos de una semana a imprenta.

Más allá de los problemas económicos de siempre, había dejado de complicarme hace rato por el trabajo extra, así que en mi biblioteca encontré lo necesario para la selección y primer borrador de lo que sin mayor espectacularidad titulé POESÍA ECUATORIANA DEL SIGLO XXI.

Diecinueve poetas conforman esta reducida selección, el propósito, como anuncio en la breve introducción, es mostrar a todos aquellos lectores que desconozcan la joven poesía que actualmente se escribe en el país, sus procedencias geográficas dentro de Ecuador y las temáticas individuales de cada autor; pero sobre todo develar al público manabita, que ignora a muchos de estos escritores contemporáneos, que la poesía es mucho más de lo aparentemente oficial.

La selección está incluida (como anuncio en el primer párrafo) en la revista libro Cyberalfaro # 16, del sello Editorial Mar Abierto, la misma empezó a circular la semana pasada. Los manabitas interesados pueden adquirir el libro en la librería universitaria (precio módico) ubicada en la entrada de la biblioteca -en Manta- y para los no manabitas se pueden contactar conmigo.

Las torturas del tiempo






No es mía la noche,
ni aún el renacer de los dementes.

Siomara España


Los poetas maduran, su obra con ellos, eso es lo que se comprueba en Alivio demente (Allpamanda, 2008) de Siomara España (1976), segundo poemario de esta autora manabita, que evidencia un mayor compromiso con su poesía, porque hay trabajo, versos contundentes y una voz más centrada que no da tregua al arrancarnos de nuestro tiempo y arrastrarnos a su demente universo, donde infancia y madurez se conjugan.

“Solo quedará / la división del tiempo, / el de las memorias delirantes de la infancia” asegura España, por un lado, descarnado e introspectivo. Porque como lo confirma: “El tiempo también era regreso, / y encarrilaba sus diminutos pasos”. Y es a esta retrospectiva individualista, que su autora ha convertido en su fuerte, desde donde ataca con aquellos fragmentos de vida autorretratados llamados versos:

Con el tiempo entre las manos
avanzaré vehemente,
apurando los placeres en rincones,
abatiendo los estambres,
tejiendo la red de desagravios
porque una voz me llama.
Entonces más de prisa
extenderé las alas
hacia el vendaval del cuerpo,
copulando con furia
para depositar en el aljibe de cenizas
la retórica voz de los crujidos,
y mientras himeneo haga su fiesta,
entraré en silencio hacia la cama,
para esperar inane
el asecho de otra fiebre.

La infancia es cuerpo y esencia, es recuerdo y reclamo, es soledad y pensamiento. España, en esta descomplicada obra, repasa sus primeros años, quizás ajenos (nadie dijo que el poeta debiera ser fiel a su pasado, menos a su presente). Es sólo ella mirando, desde la ventana de la casa forrada de versos, a otra ella atrapada en otro tiempo: “Me traiciona la conciencia, / la ignorancia que viví / cuando aún la palabra / no llegaba a mi garganta, / por eso escribo sinsentido / mientras deambulo / entre los últimos recuerdos de la infancia, / cuando otros eran mis dioses, / y otras las manos que sostenían mi espíritu”.

Pero más allá de esa ella infantil, está ella misma, frente al espejo de su poesía, siendo vista y narrada para reafirmarse en este, su único tiempo: femenino y demente, revelándose a sí misma: “Acaricio lo que nadie quiso darme, / por eso canto, / para no volver hacia su cuerpo, / porque su carne / permanece entre mi carne / -puñal atravesado entre la sombra-, / y el dolor es solo eso, / un reflejo de lujuria y muerte”.

Poemario intenso, sensible y cautivante. Siomara España es una poeta que va en serio, este libro lo asegura.