sábado, 14 de abril de 2018

Literatura erótica o el amor insatisfecho



La literatura erótica ha sido de mucho interés para las editoriales. Esto, porque las historias de este género exploran y exponen situaciones que han encontrado muchos lectores y han despertado el interés de otros. Además, que las casas editoriales han logrado hacer que muchas de estas obras encuentren un plus en sus versiones cinematográficas, lo que ha ayudado considerablemente a difundir y empoderarlas. Desde luego, nada de lo anterior fuera posible si no se contara con una industria publicitaria detrás que bombardea, desde distintos francos, al posible y casi siempre rendido público.

“Porno para mamás” dice King, y puede que no se equivoque en su prejuicio. Con historias donde casi siempre las protagonistas resultan mujeres frustradas, con problemas para expresarse corporalmente, frígidas esposas que no encontraron ni entendieron su propia sexualidad junto a su pareja, infieles que buscan en otros cuerpos el arrebatamiento del deseo apagado, víctimas apaciguadas que intentan realizarse mediante la complacencia. Mujeres que desean conocer lo que significa un orgasmo (cansadas de un sexo rutinario cargado de insatisfacción).

Pero no solo se trata de sexo, esta literatura erótica asienta sus bases en el amor, esa búsqueda desesperada por encontrar a otro que entienda, comprenda, que asimile cada cosa dicha y no dicha. Que sea el receptor adecuado/a que con afán se ha perseguido. Ese sueño platónico que se busca para autocomplaciencia y también para satisfacer a un entorno que lo impone.  






Sin embargo, mucha seuda literatura erótica abomba en las librerías. Mucha mala literatura es del interés de lectores. Mucha literatura basura es consumida con preocupante voracidad por jóvenes que ven en ella verdaderas obras maestras. Donde el amor y el sexo, como elementos base, se combinan con historias empalagosas donde la heroína busca un “príncipe azul” que cumpla todos sus deseos. Donde la dependencia hacia otro se vuelve clave en esa búsqueda exitosa.      

No es fácil escribir literatura erótica, eso deberían saberlo quienes se han atrevido, porque el simple hecho de describir un encuentro sexual, quizás hasta exponer filias relacionadas al masoquismo y sadomasoquismo (pienso en Cincuenta sombras de Grey y todos estos libros similares) demanda un tratamiento adecuado del lenguaje.

Y sí, para escribir literatura erótica hace falta experiencia y experticia en el tema (porque ocurre que muchos autores en sus textos primerizos se aventuran a escribir “literatura erótica” y la realidad es que ni siquiera han sido ni besados/as, menos conocen el placer de la carne). Pero la experiencia no es todo para escribir esta clase de literatura, porque si no cualquiera con mucha experiencia fuera escritor/a (la experiencia sirve para argumentar, pero es necesario un trabajo adecuado, para hacer de esa experiencia material idóneo para la literatura).   

(Este texto fue realizado a partir de la entrevista en que iba a participar el sábado 14 de abril en el programada radial Raíces, y del cual por compromisos familiares no logré llegar a tiempo y participar)

miércoles, 4 de abril de 2018

La fiesta convidada

Portada del libro La fiesta del fracaso. Foto de Joselo Márquez.

Un editor debe ser un radar y una esponja de su tiempo...
Jordi Nadal, Libros o velocidad

Uno
He leído manuscritos desesperantes. Bodrios que intentaron ser poesía o relatos. Novelas con introducciones explicativas de la trama (como si el lector fuera un retardado al que se debiera explicar todo). Falsos ensayos recargados de simples opiniones. Oraciones y párrafos acumulados como leña vieja. Montones de páginas que pudieron comprimirse en una sola, y aun así editarse hasta dejarlas con menos caracteres.  

Siempre que alguien, desde el otro lado del espacio virtual, me asegura que es un genio inédito, sospecho del texto que me suele adjuntar después. Textos que significan horas y horas de lectura para confirmar lo que muchas veces el sentido común me grita: que no se puede, que es imposible editar lo no editable. Que a veces es mejor ser cruel con muchos de estos autores. Que la verdad duele, la verdad de un solo individuo, que puede ser al final de cuentas, una vil mentira.    

Pero he gozado de extrema paciencia. He derrochado paciencia para el trabajo de lector. Una paciencia que a veces asombra. Una paciencia que debería premiarse. Una paciencia increíble para muchos. Una paciencia que solo flaquea en mi interior, donde la ira cobra formas repudiables.     

Ignacio Loor Vera, autor de La fiesta del fracaso. Foto de Joselo Márquez. 



Dos
Los textos que termino subrayando. Los que aparecen mientras bebo cerveza y converso con alguien de libros y futuros libros. Los que, como lector, me gustaría ver en mi biblioteca, son aquellos textos por los que termino encantándome, por los que digo sí, por los que me lanzo de cabeza y apuesto por ellos.

Todos esos textos me acompañan por algún tiempo. A ellos me entrego con paciencia y esmero. A ellos dedico las horas que debería entregar a mi familia. A ellos repaso en sueños. En ellos pienso más de lo debido.

Entonces uno, dos, y hasta tres borradores del mismo texto, absorben mi tiempo de lectura (uno que me gustaría entregar a libros por entretenimiento o la contemplación exagerada de series que no alcanzo a consumir como un verdadero fan). Y soy testigo de una transformación constante, hasta reconocer que todo cuanto se ha realizado sobre el texto significa algo, ese algo que es un todo para un individuo que sueña demás.    

Tres
Luego del primer encuentro que tuve con el borrador de La fiesta del fracaso supe que estaba ante un texto que interrumpiría mis sueños, que se entrometería en varios de mis asuntos pendientes, que sus personajes no me dejarían tranquilo por un largo tiempo.

Han pasado algunos meses desde que me reuní con su autor. Varios meses en lo que emití el primer juicio de valor respecto a las nueve historias. Semanas desde que comenté lo mucho que terminé enganchado con algunos de los personajes: recorriendo junto a ellos la ciudad, una Manta sombría, opacada por la desidia; una urbe donde se vive y se muere desde las entrañas; una ciudad que potencia el caos que late con desesperación en cada una de las voces.

Historias donde el amor, el sexo, la cotidianidad, la violencia y la desesperanza son los temas recurrentes. Donde personajes que anhelan ser escritores avanzan hacia un presente desalentador. Donde la sombra de un padre trasmuta en varias vidas, ya como drogadicto o como millonario-político indiferente.   

Hoy contemplo el libro La fiesta del fracaso y sé que cada hora invertida, cada relectura y cada conversación sobre la obra, es la confirmación de que un sí bien fundamentado puede ser una buena decisión.   

jueves, 29 de marzo de 2018

Contra el mundo caótico y repulsivo

Portada del libro publicado en 2017.


“Buscaba en la brutalidad de las imágenes deshilar el ovillo inextricable de la vida y la muerte; de ahí muchos riffs y letras de canciones” (p. 97) dice Igor Icaza en su libro Resplandor (Sensorial, 2017). Un libro donde además de reunir letras de canciones y juntar a un grupo de amigos escritores y músicos que escriben sobre su obra, denota el compromiso que como multiinstrumentista y compositor ha legado a la música ecuatoriana.


Un trabajo que no pasa desapercibido, sea por el tono de las letras que se agrupan, los análisis que acercan al lector, o las anécdotas que el autor complementa al final. Todo esto conforman un cuerpo que narra cronológicamente la trayectoria de Icaza desde sus distintas agrupaciones musicales y proyectos: Obertura, Ente, Sal y Mileto, Funda Mental…y lo hace desde lo lírico, donde ahonda en su pensamiento.

Igor Icaza leyendo parte de su obra. 

Un libro necesario para todo aquel que se respete como melómano (incluye un cd con doce canciones escritas y musicalizadas por el autor). Aquellos que van tras la trayectoria de los artistas que han sido parte primordial en su vinculación a la música (en mi caso desde el death metal de Ente). Porque bien lo dice Icaza: “Cada espíritu libre irá al encuentro de la muerte engrandecido por la locura, la irreverencia y la autoafirmación” (p. 14). Y este libro tiene elementos absorbentes, da un registro de la imparable creación de un artista libre que ha seguido un objetivo contra viento y marea.     


“Cuando dejo de soñar salgo de la alcantarilla” (p. 42) asegura Icaza, y es precisamente lo que el autor hace: mostrarnos un mundo caótico y repulsivo, al que se odia porque odia; al que se mantiene al margen porque mira y juzga desde sus rincones cargados de prejuicio; al que se contempla sospechosamente cada vez que aparece su otra cara, la descolorida y marginal.


Icaza (en medio) junto a los otros miembros de la banda Ente. 



En Resplandor hay poesía, una estruendosa, hiriente, chocante, que da cuenta de una voz urbana que contempla y explota, que no guarda ninguna pasibilidad, sino más bien se encuentra en una constante lucha interna para gritar desde una trinchera salvaje e incontenible himnos que crecen y crecen...

Fotos tomadas de la cuenta de Facebook de Igor Icaza.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Nirvana desde el recuerdo abrumador


Crecí con Nirvana. Fui uno de los miles de adolescentes que en los noventa, perdido por una decadencia interna y desesperado por la búsqueda de una luz en medio de aquella oscuridad abrumadora, dio con la banda.

Fue fácil llegar a ellos, lo difícil fue reconocer que más allá de la estridencia y el aura maldita de cada canción, existía un mundo lleno de otras bandas y mejores melodías (incluso más sombrías de las que había hecho mi bandera).  

Pero en ese momento, en esos días, cuando se era emo y sad (sin que las clasificaciones aparecieran) con fundamento, cuando parecía que el futuro consistía solo en un ahora decadente marcado por la desgracia; cuando solo era Nirvana: tres tipos desde un todo siempre eufórico, lo que gobernaba. Todo era felicidad, una macabra y complaciente.

Luego nos enteraríamos de que la cabeza de Kurt explotó, de que la banda desaparecía, de que solo su música quedaba en el espacio ahondándolo todo. Esos días también fueron tristes, llenos de música, su música, pero tristes al final.



En estos días Kika, mi amiga darks, me escribe para decirme que harán un tributo a Nirvana, la misma banda que hace más de veinte años escuchaba junto a mis panas de barrio. La banda que estremecía las paredes de mi cuarto mientras mis padres tenían su propio concierto lleno de gritos.    

Nirvana: Kurt, Krist y Dave. Nirvana desde dos parlantes. Nirvana desde el recuerdo abrumador.

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El sábado 7 de abril se hará un tributo a Nirvana a cargo de la Banda Don Juan. Retro Bar, 20h00. Entrada 10 dólares.  

martes, 20 de marzo de 2018

El fracaso con uñas y dientes

Portada de la ópera prima de Loor Vera, publicado por Tinta Ácida Ediciones.



Por: Paulina Soto

“Era el inicio de algo que me llevaría al desvelo y a la desorientación” así es como Ignacio Loor Vera nos presenta un camino sacudido por el dolor, la frustración, la ira, la muerte, en un sismo de emociones que son fácilmente nuestras hermanas. El fracaso descarnado se siente vívido en cada uno de los nueve relatos que presenciamos en esta fiesta disoluta. Ya no hay un freno para el destino, hay que enfrentarlo hasta sus últimas consecuencias, da igual si es con resignación o rebeldía. Da igual si se tiene la voluntad de la confrontación o se toma una puerta falsa. La inocencia ha muerto.

Las historias nos adentran en un entorno de ecuatorianidad: el fútbol y sus glorias, el funesto feriado bancario, la playa como un refugio disfuncional. Nos cuentan las cosas que podrían ser nuestras, o que hemos oído que les pasan a nuestros vecinos y amigos, cuando los problemas nos cercan, sin dejarnos dormir, ni escribir, ahogándonos como una tenaza lenta.

El estilo de Ignacio Loor Vera es, sobre todo, honesto. Nos lleva con facilidad de la mano a través de una visualización nítida de la ciudad de Manta. El alcohol, la sangre, el calor, aparecen para meternos dentro de cada escena y trasladarnos hacia el medio en que se desenvuelve el autor, sobre todo en “¿Era ese el último polvo?” que está contado desde una forma descriptiva, como la escena de un guión de película. El erotismo es sobrio, cálido y avasallador.

Los seres humanos somos por antonomasia, animales simples. Nos aferramos a los últimos rezagos de esperanza, vengan de donde vengan. Es así como se defienden con uñas y dientes los prosaicos personajes de cada relato para obtener un atisbo del éxito que no es de ninguna manera alcanzado, aunque lluevan los golpes, las distancias, la tragedia y la incomprensión. Un hombre, es al final, solo un hombre. ¿Cuánto desencanto puede soportar su alma?

Historias muy bien contadas, muy nuestras, de actualidad. Dramas que, con un estilo nítido, nos muestran que no nos queda más que aprender a vivir con el doloroso vacío que provoca el fracaso, a pesar de que tratemos de huir de él a toda velocidad.

domingo, 18 de febrero de 2018

Amor Escupido o el amor desde otras formas y sensibilidades

Luis Franco

Una locura. Dos palabras para describir al Amor Escupido que llegó a su sexta edición, la noche del sábado 17 de febrero. El escenario, en esta ocasión fue Retro Bar, uno de los espacios alternativos con los que cuenta Manta para el desarrollo de actividades literarias y artísticas. Ahí Luis Franco (Santa Elena), Yuliana Ortiz (Esmeraldas), Jorge Osinaga, Azael Álvarez y Juan Carlos Cucalón (Guayaquil) se ofrecieron en poesía y cuerpo ante un público, cada vez, más ávido de poesía y propuestas novedosas.



ElElla. Literatura punzante, así se denominó este año al evento, co-organizado por el colectivo literario Clandestino y Tinta Ácida Ediciones, con el apoyo y auspicio de la Casa de la Cultura de Manabí (una casa renovada, con una visión fresca de lo que significa el arte, la gestión cultural y las necesidades que la provincia tiene al respecto). 

Amor Escupido, una propuesta contraria al empalagoso, espectacular y consumista día de San Valentín. Un grito para decirle a la sociedad que el amor también se encuentra en otras formas y sensibilidades, donde el silencio es el enemigo, uno que se combate con furia y trabajo desde la palabra.     

Por acá un registro de las lecturas desarrolladas.   






jueves, 1 de febrero de 2018

Breves apuntes sobre King


Este texto apenas son fragmentos de un ensayo que me encuentro trabajando, producto de mis lecturas y relación con la obra de Stephen King, tanto desde la literatura como de las adaptaciones al cine y series.

Personajes escritores
King ha logrado legarles a sus lectores personajes atormentados, insanos en sus concepciones creativas, perdidos en sus filias y abusos, dementes y obsesivos en cuanto cierran las puertas de la realidad para sumergirse en aquel pantanoso terreno que le pertenece solo a los escritores.
Conociendo él mismo este campo de la creatividad, de lo absorbente que llega ser la creación literaria, varios de sus personajes han sido escritores. Ahí está Paul Sheldon en Mísery, siendo secuestrado por una fan, una enferma que no acepta que el escritor mate a la protagonista de sus novelas rosas. Por otro lado, Mike Noonan en Un saco de huesos, perdiendo la “inspiración” tras la muerte de su esposa, refugiándose en una casa campestre donde encontrará no solo la motivación para volver a escribir, sino el amor desde una paternidad no buscada. O aquel John Torrance desde El Resplandor, que desde un hotel pierde la cordura y con ello un sin regreso a la normalidad.

Sobre las adaptaciones
El universo de King desde el principio fue atractivo para el cine, le pasó con Carrie, su primera novela, que después de llevada al cine cobró más fuerza y logró convertirse en best seller. La película dimensionó el potencial de King, desde aquel enfermizo mundo lleno de maldad, donde el terror no eran seres fantasmagóricos escondidos en los armarios, sino personajes “normales”, cotidianos, casi reales como cualquier vecino de barrio. Allí, desde el principio, King demarcó que el terror y el horror existían desde las sombras de hogares casi perfectos, desde el turbio pensamiento martillando al sicópata que come helado en la tienda más fresa de la ciudad.
Una de las primeras películas que vi, basada en una de sus novelas fue La rebelión de las máquinas, aquel drama terrorífico de finales de los ochenta donde las máquinas cobran vida y tratan de cumplir un objetivo: asesinar a los humanos.
Pero no todas las adaptaciones han logrado captar la esencia de sus novelas o cuentos, por ejemplo, La Niebla, esta novela corta o cuento largo, que en la versión cinematográfica de 2007 respetó casi la idea original de King, mientras que en 2017 la versión producida por Nexflix fue algo diferente, extraño, tanto así que solo llegó a la primera temporada.

Y algo extraño, la serie de 2002 de La zona muerta fue mejor que la película de 1983, demostrando con ello que un buen guión y actuaciones sobresalientes mejoran una obra en nuevos formatos. 


El conflicto con el padre
En un capítulo de Los Simpson Marge le pregunta a Nelson por su padre, y este responde que una vez dijo que iba a comprar cigarrillos y nunca más regresó. Pues les tengo una noticia, esta anécdota es plagiada de King, porque él, en uno de los tantos documentales que se encuentran sobre su vida y obra, cuenta este fragmento de su vida. Aunque en realidad la que le cuenta esta versión es la madre de King, quien debió asumir la crianza del escritor y su hermano, pasando por distintas penurias que conlleva la crianza cuando se es madre soltera y sin un trabajo bien remunerado.
Por ello no es de extrañar que varias de las novelas encontremos un reiterativo conflicto padre e hijo. Siempre una lucha interminable entre ambos. 

Lo sobrenatural
Para quienes han leído Ojos de fuego saben que Once, el personaje de Stranger Things es una copia débil de Charlie, la niña capaz de incendiar cosas y seres. Y por cierto la película de 1984 guarda cierto respeto por la idea original de la novela de King, lo que no pasa con el recalentado de 2005 donde Charlie es una adolescente fogosa, pero igual de letal.
Como dije al principio, estos son algunos brevísimos apuntes de un texto en desarrollo. Solo puedo decir que he sido un lector apasionado de King, no de toda su obra, pero sí una mínima cantidad que me ha servido para engancharme a su universo.

(Texto leído en el conversatorio King y la influencia del terror contemporáneo, realizado el jueves 25 de enero en La Caverna en Manta, y organizado por el club literario Clandestino y Tinta Ácida Ediciones) 

domingo, 28 de enero de 2018

Leer es cool


¿Cuándo dejaron de ser ñoños, norios, nerds, bobos, aburridos…todos los que se refugiaban en un libro? ¿Cuándo pasaron de ser aquellos entes bajo la sombra que todos evitaban y se empoderaron como estrellas de luz intensa? 

 Sospecho, viniendo de la categoría de ratón de biblioteca, que el cambio empezó a gestarse porque se logró conectar adecuadamente las redes sociales con el gusto por la lectura; quizás porque los lectores y lectoras fueron delatándose más allá del cliché: “es feo/a, por eso lee”. Tal vez, porque estos lectores, que anuncian con reiteración sus nuevas adquisiciones, fueron comentando, argumentando, discutiendo, sobre los géneros de su predilección. Y muy seguramente, todos estos lectores, fueron conectando con gente que pensaba como ellos.


 Leer se volvió algo así como ser buena onda. Porque esta nueva clase de lectores no solo viven atrapados en cuatro paredes leyendo y comentando, no, también viven, salen a fiestas, tienen una vida social intensa. Lo que leen lo asocian con su estilo de vida; por ello sugieren qué leer. Son los cool de esta parte del siglo. 

Sí, puede que las redes sociales, además de dar a conocer a los lectores de sepa (aquellos que dieron el paso para salir de la oscuridad) reflejen un exceso de noveleros que posan cada vez que pueden junto a libros que nunca leen, que conservan como parte de trofeos o adornos en sus hogares. Pero, aunque parezca raro, está bien, siempre que un novelero diga que tal o cual libro le gustó, que haga mención a dos o tres líneas de la contraportada, que por lo menos se tome una selfie junto a la portada de la obra…con ello hace mucho, motiva a varios, pone su granito de arena en esa construcción difícil que representa la lectura.

Y tú ¿también eres cool?


Las fotos han sido tomadas al azar de varias cuentas de lectores que aparecen en la red social Instagram.

miércoles, 24 de enero de 2018

Señorita Satán


No es el título, no es la colección, no es la promoción, son las voces que habitan esta propuesta: contracorriente, perturbadora, de ritmo ágil. Voces que cuentan desde otra orilla, una que no se limita; libre en su decir. Historias diversas, pero enlazadas por una misma causa: la literatura, como medio para asentar ficciones que estremezcan.

Eso y mucho más es Señorita Satán. Nuevas narradoras ecuatorianas (El Conejo, 2017). Un libro con 17 textos, todos disímiles entre sí, denotando la variedad de miradas y construcciones de sus autoras: una camada de escritoras con recorridos distintos que saben -por lo menos así el lector asume- qué decir; que han logrado un tono personal; que no maquillan nada.

Como todo trabajo, siempre habrá textos que conecten mejor con el lector, ahí va mi breve selección de relatos favoritos y que recomiendo cuando logren acceder al libro:

·   El hombre que tenía las manos atadas de Abril Altamirano
·       La versión de Jacques de María Fernanda Ampuero
·       La gente dice de Sandra Araya
·       Volverán las palomas de Adriana Borja Enríquez
·       Galápagos de Marcela Ribadeneira
·       Un paseo de domingo de Solange Rodríguez Pappe
·       La hora de las arañas de Diana Zavala


sábado, 13 de enero de 2018

La Niebla y sus versiones alucinadas

Portada de una de las ediciones de La Niebla en su versión original: novela. 

He tratado, en mi condición de lector, de acceder a la mayor cantidad de libros de Stephen King (hasta hace poco un objetivo difícil en una ciudad que no tenía librerías). Leer, analizar, e ir señalando los temas que con frecuencia aparecen en su obra. Un trabajo conectado por el placer de las historias de terror.

Siempre encontré en varios de sus personajes fragmentos de tragedia e ideas subrayables. También ha sido casi que una obligación autoimpuesta, acceder a las adaptaciones que se han hecho de sus novelas y cuentos. Una tarea no siempre satisfactoria, pero que ha frenado el morbo.


Así llegué a La Niebla, primero en su versión original. Una historia perturbadora, cargada de todos los elementos característicos de las obras de King. Siempre me gustó el final de esta novela corta, la esperanza de saber que el protagonista junto a su hijo, aún atrapados en una niebla que nadie sabe de dónde ha venido, llena de monstruosos asesinos, se refugia en un mañana de posible salvación. Y aunque no haya una certeza de solución, persiste la necesidad de sobrevivencia de sus personajes.

Afiche de la versión fílmica estrenada en  2007. 

Después vendría la versión cinematográfica. Un film con mucha relación de su versión original, con la única diferencia de que, al contrario de la novela, donde había un final abierto, acá el espectador se chocó con un final cerrado, donde el padre sobreviviente, junto a su hijo y dos personas más, deciden salir del supermercado donde estaban atrapados y aventurarse en un auto a la huida. El desenlace es conmovedor, sin gasolina y varados en medio de la niebla, el protagonista armado con una pistola con tres balas decide eliminar a sus compañeros (incluido su hijo) para librarlos de una muerte horrible en las fauces de los monstruos. Y mientras el padre, afectado por matar a su hijo busca fuera del auto que lo asesinen, lo que encuentra es una niebla disipándose y con ello la presencia de militares quemando a las bestias. 

Afiche de la versión serie estrenada en 2017. 

El año pasado se estrenó La Niebla en su versión serie, y como seguidor de la obra de King, me conecté lo más pronto a ella. Sin embargo, muchas cosas habían cambiado: el hijo original había sido reemplazado por una hija, el supermercado dejó de ser el escenario central de la historia, y la presencia militar cobró mayor protagonismo (una de las hipótesis reiterativas de los personajes de King: los militares están detrás de muchos incidentes sangrientos y paranormales).


Diez capítulos de casi una versión libre. Con personajes por momentos haciendo ruido. Con una niebla que dejó de albergar a monstruos y que más bien atacaba desde los traumas de cada personaje. Para alegría de muchos (en el fondo me incluyo) meses después del estreno se anunció que ya no se la continuaría.   

sábado, 6 de enero de 2018

Música de fondo


Imagen tomada de https://es.123rf.com/ 


¿Cuánto influencia la música en el proceso de escritura de un poema, relato o novela? ¿La música como complemento o parte del ambiente creativo? ¿Repercute lo que se escucha en los textos que se escribe?

Todo escritor tiene su metodología de escribir. Cada uno ambienta su espacio según sus necesidades. Por lo tanto, cada autor poseerá un reducto acorde a sus necesidades: bebidas, cigarrillos, una ventana, un lugar sin luz natural, silencio (salvo el sonido de sus dedos aporreando un teclado o el de una impresora imprimiendo sus respaldos ante cualquier catástrofe) y claro, quienes se rodean de música, mucha música sirviendo como banda sonora de su ritmo.


A veces es fácil identificar la clase de ritmo y género que se habita en cada texto. Casi siempre es imperceptible. Por eso resulta casi un acontecimiento cuando un autor revela la música que está de fondo, la que lo ha acompañado mientras su poema, cuento o novela se desarrollaba.


Un develo que no siempre ocurre. Un desnudarse en público, solo para regocijo propio. Para decirle a todos que esas canciones, ese género, esas bandas o solistas, estuvieron junto a él o ella, mientras creaba.