sábado, 11 de agosto de 2018

El rescate de las tradiciones en la provincia de Manabí




No existen periodistas especializados, es una verdad que incomoda y molesta a los medios de comunicación del país, a los provinciales y locales; medios tradiciones y digitales (que no son lo mismo aquellos que solo suben a una página web su versión en físico).

Las facultades y/o escuelas de comunicación o periodismo no han logrado hacer que sus egresados sean especialistas en alguna área, son todólogos, unos mejores que otros. Los mejores, quizás, porque no se aferraron a su condición de estudiante receptivo de todo cuanto le podrían ofrecer sus profesores y dieron un paso más allá de lo que se esperaba de ellos.

Política, economía, finanzas, turismo, medicina, derecho, deporte, cultura… y un largo etcétera, son áreas que el periodista promedio aborda con desparpajo. Sí, los medios de comunicación suelen tener segmentos donde se investiga y publica en torno a áreas en específico, sin embargo, no siempre quienes están detrás tienen la formación adecuada para hacerlo.

La Ley Orgánica de Comunicación en su Art.- 14.- Principio de interculturalidad y plurinacionalidad. Dice lo siguiente:
  
El Estado a través de las instituciones, autoridades y funcionarios públicos competentes en materia de derechos a la comunicación promoverán medidas de política pública para garantizar la relación intercultural entre las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades; a fin de que éstas produzcan y difundan contenidos que reflejen su cosmovisión, cultura, tradiciones, conocimientos y saberes en su propia lengua, con la finalidad de establecer y profundizar progresivamente una comunicación intercultural que valore y respete la diversidad que caracteriza al Estado ecuatoriano.

En este contexto se publica El rescate de las tradiciones en la provincia de Manabí (Mawil, 2018) de los autores Dallas Hormaza y Wilfrido Palacios. Un libro cuyo propósito, tal y como lo dicen sus autores, es el de “Rescatar y valorar la tradición oral manabita”. (p.8)

Se trata en esencia de un trabajo clave para todos los periodistas encargados de los segmentos de interculturalidad que se publican en los medios de comunicación. Con un enfoque en las tradiciones manabitas, la obra acerca a varias de las voces y obras más representativas; incluye fragmentos de amorfinos, leyendas, poemas, y un breve glosario del habla manaba.

Un trabajo que va contra la aculturación, que advierte de la pérdida de tradiciones, que propone un “rescate” a través de los medios de comunicación, capaces de llegar a las masas.

Sí, puede que no haya periodistas especializados (bueno sí los hay, pero no porque esto haya dependido de una facultad o escuela de comunicación, sino por la convicción del profesional por radicarse en un área) pero esta obra da algunas pautas para todos aquellos comunicadores encargados de los segmentos de interculturalidad.  

lunes, 6 de agosto de 2018

El transitar de un desarraigado




Por Fernando Endara

Las desventuras de Polo Pin es el transitar de un desarraigado, el ir y venir de Ekuador hasta España, de Manta hasta Madrid. Porque nada puede detener un corazón errante y, el amor que encadena, provoca al final la huida del vagamundo. Polo Pin es un médico especializado en nanotecnología que retorna a su patria después de varios años en Europa, dejando atrás las caricias y los besos de Sara, su amante insaciable, su apasionado recuerdo tatuado en su piel. Regresa a “La Puerta del Pacífico” con un amigo para presentarle a su familia y conducirle por algunas de las situaciones más entrañables de la ciudad como los prostíbulos, la violencia, la impunidad y corrupción. Sus viajes, acompañados de frenéticos encuentros sexuales con Sara, de hondas caladas de marihuana, de buen vino y lujosas suites, depararon en viajes oníricos, hondos tomentos mesiánicos en donde el Santo Sudario le habla como el redentor atravesando en sueños, surcando Jerusalén, Constantinopla y conventos Templarios.

Jorge Zambrano Mendoza nos entrega una novela sencilla y potente, una fábula sobre el amor, el sexo y el desgaste, y es que estar enamorado no siempre es permanecer al lado de la persona adorada. Estar enamorado tampoco impide otros gustos, otros quereres, otros cuerpos; Polo Pin deberá decidir y estar dispuesto a pagar el precio, cuando Sara, su palpitante compañera, arribe a tierras manabas. Debatiéndose entre la pesadilla y el ensueño, el pasado y el presente, el humo de maría y los nanobots, Sara y Rebeca, el traslado y la estabilidad. “Las desventuras de Polo Pin” nos pinta la amarga contradicción de la existencia.

Reseña tomada de https://www.instagram.com/p/BmJkK4OgKUE/?hl=es-la&taken-by=fer_libros 

sábado, 4 de agosto de 2018

En ausencia del mar



A Ubaldo Gil Flores,
quien me ofreció su biblioteca
para descifrar el mundo desde miles de páginas.


Un editor y su pupilo
Lo primero que hizo fue ofrecerme su biblioteca, ese tesoro sin protección del cual me enriquecí. Libro tras libro, autor tras autor, género tras género. Los días siempre fueron cortos para todo ese consumo.
Arriesgar, esa era su palabra, una que con los años fui entendiendo y asimilando, una palabra poderosa cuando se piensa y sueña con libros, con los propios y ajenos. Un sueño que agrupa a otros sueños con los cuales dar forma a ese garabato que en algún momento delata su silueta.
De ahí vengo: un cúmulo de páginas borroneadas, tachadas, manchadas. De páginas con ideas deslumbrantes y casi siempre desesperantes, entendida la desesperación como ese punto donde el lector sabe que en medio del caos hay una luz o el silencio perpetuo, para no abandonarlas nunca. De páginas que buscaban, tal cual oruga, transformarse en libro.

El mar que reposa
Mi formación de editor viene de editorial Mar Abierto, un proyecto pensado y creado por Ubaldo Gil Flores. Ahí, junto a él, aprendí mucho de lo que sé: a leer, soñar y arriesgar. A entender a la literatura no como un mero pasatiempo, sino como un estilo de vida no apto para todos, un estilo que incluye malas noches, bloqueos, y al final, si se sobrevive, la satisfacción de haber creado algo, un algo que ante la mirada de alguien más no podría significar ni valer nada.
En ese mar que ahora reposa, pasé los mejores años de mi juventud. Fue mi escuela, feroz y desgastante, pero necesaria.        




De autores a imprentas
Las imprentas en Manabí han sido, desde hace algunas décadas, la ayuda idónea para materializar los sueños de los autores. Esa matriz que da forma y colores a palabras e imágenes. Una casa mágica donde lo pensado y escrito puede convertirse en algo tangible. Cientos de autores encontrando en ellas la solución inmediata.
Pero las imprentas no son editoriales, son apenas parte del proceso editorial, uno que incluye corrección de estilo, diagramación, diseño de portada, corrección de prueba, registros legales y finalmente la impresión.
Sí, en el pasado, y desconocido el panorama editorial, fueron necesarias, sin ellas muchas de las obras representativas de Manabí (para no salir de nuestro espacio geográfico) no hubiesen circulado ni encontrado lectores. Obras contadas, por cierto, donde el mérito dependió mucho de la capacidad del autor, más no del rol de la imprenta.
Sin embargo, aún hay autores que prefieren la inmediatez de una imprenta. Ver su nombre y el título de su texto convertido en libro. Una práctica desfavorable para el autor, porque mientras más se descartan los procesos editoriales, mayor es el riesgo de que sus textos, sin un debido tratamiento editorial, pasen desapercibidos.
Quizás por ello la provincia está plagada de pequeños best seller con obra agotada, a los cuales casi nadie, o nadie, conoce en otras ciudades. Autores aclamados por una crítica disfrazada. Autores regocijados en un amiguismo mentiroso y dañino. Autores que no se verá en feria de libros (o tal vez sí). Autores a quienes las cadenas de librerías jamás aceptarán sus libros porque adolecen de muchas cosas.  
La relación entre el autor e imprenta deba acabar. Se debe acabar ese amor enfermizo, por el bien del autor, por el bien del lector.  

Tinta ácida, un proyecto editorial
En 2015, decidimos dar el salto al vacío. Nuestra primera obra fue un poemario. Después pararíamos dos años hasta definir hacia dónde queríamos llegar, qué espacios necesitábamos llenar, qué concepto, qué títulos, qué autores…un sinfín de interrogantes que supimos aterrizar.
A un año de haber definido la línea editorial y gráfica del sello, saber qué nicho, y explorar en algo el mercado editorial de la provincia, se puede decir que el objetivo trazado no estuvo errado, que hemos acertado, que en medio de la pérdida ganamos.

Nuestro catálogo, actividades y comunicación editorial han sido los pilares para acentuar el trabajo de la Tinta Ácida, uno que desde afuera se ve sencillo, pero detrás es una constante lid por mantenerse activo, restándole tiempo a las horas familiares, sumirse ante una pantalla que exige un mayor consumo. Gastarse en la idea inagotable de ir más allá, de conectar a más lectores, de hacer que los títulos publicados y sus autores den un paso fuera del espacio conocido.      



Difundir y promocionar
Publicar no es ni será el fin para un autor y su obra, es solo el inicio de otro proceso, uno largo y tedioso, uno desesperante y que ataca desde la decepción reiteradas veces. Un proceso del que no se puede escapar, menos en estos días de exposición mediática, donde el autor, al igual que su obra, se volvió una marca.
Un nombre y figura que busca empoderarse, que intenta mantenerse siempre vivo y en funciones literarias (o académicas, dependiendo de la clase de libro que posea). Un autor marca que no puede ni debe moverse solo, que necesita el respaldo de un sello, una casa que lo represente, que le diga a los demás que alguien ampara a este autor, ese alguien que conoce el mercado, que sabe por dónde hacerlo mover.
Si algo hemos logrado en todo este tiempo de actividades, es el de hacer que nuestros autores y sus obras sean conocidos dentro del panorama nacional, que se pueda sostener un diálogo con lectores fuera de la provincia, que se generen juicios críticos reales y no por compromiso.   






Las letras vivas de Manabí
Presentar cuatro libros no solo es una estrategia para cruzar a lectores interesados en un autor, sino para enfatizar que como sello editorial existe el propósito de continuar trabajando con cada uno de ellos.
Estos cuatro libros fueron pensados, corregidos y creados para un público cuya única consigna es la lectura. Un público capaz de reconocer que la literatura manabita se encuentra en un desarrollo y posicionamiento a nivel nacional.
Así, el primero de los cuatro libros de esta noche, El amor en tacones de Natalí Romero Torres, es un retrato reconstruido con una masa llamada amor. Un conjunto de escenas del pasado que avanzan aceleradamente en un escenario infestado de espinas. La voz de estos poemas suplica un querer indestructible, un amor proveniente de cuentos de hadas. Pero esta misma voz madura en su recorrido poético, avanza hacia un presente donde no solo sueña con dedos entrelazados a otros, sino que también lo hace con la conexión de poros ajenos. De sentir una lengua que no solo sirva para las palabras, sino para otros placeres. Un amor más real al cual conectar en todas sus dimensiones.  El segundo libro, La fiesta del fracaso de Ignacio Loor Vera, agrupa nueve relatos donde las historias son un tributo al fracaso. Personajes derrotados desfilan por distintas situaciones, teniendo como fondo a un Manta que se recorre desde sus espacios turísticos hasta los marginales. Donde el fútbol, las mujeres, la violencia, el amor desfigurado y la figura de un padre que muta en varios, hacen de este libro un excelente arranque como ópera prima. 
El tercer libro, El origen del mal y otros poemas de Carlos Coello García, da cuenta de una obra donde la voz/espectador, recorre pasajes donde el dolor es el lenguaje común. Una mirada que describe el suplicio de otros, de todos aquellos a quien el miedo del castigo desconocido nunca fue un alegato para el cambio. Una poesía donde conviven seres increíbles que se satisfacen con cada una de sus acciones.
Y el cuarto libro, Las desventuras de Polo Pin de Jorge Zambrano Mendoza, es un retrato desesperante de un hombre que se aleja del amor, por temor al amor. Un amor que late, pero hiere. Un amor que exprime, pero que a final de cuentas revitaliza. Una apasionante novela breve donde el antihéroe, luego de regresar a su patria, recorre su provincia Manabí y sus increíbles escenarios, donde el sexo, la violencia y los sueños (algunos más alucinados que otros) conforman una pesadilla que intenta reivindicarse a cada momento, pero que no puede escapar ante la marca de la tragedia.
Cuatro voces, cuatro autores que escriben desde distintas perspectivas, lo único en común que tienen es que decidieron buscar un sello editorial que creyera en sus propuestas literarias, que les diera una mano y los visibilizara junto a sus obras. Y en eso andamos: arriesgando y soñando junto a ellos.

Portoviejo, 3 de agosto de 2018  



Fotos tomadas de la cuenta de facebook de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión núcleo Manabí.

martes, 31 de julio de 2018

Una obra que sacude a los lectores



Por Fernando Endara

La “Fiesta del Fracaso” es la primera publicación del escritor manabita Ignacio Loor Vera, son 9 cuentos que exploran la derrota rutinaria de la existencia, que demuestran que en medio del “éxito” se encuentran los vicios, las sombras, la ruina y depravación. Que prueban que, sobre la fría calzada, todos somos perdedores, algunos más que otros. Y es que la muerte como victoria, como sendero inevitable; convierte el nacimiento en el fracaso primero. Decepción tras decepción, subimos los peldaños de la nada, mientras ocultamos nuestra condición natural, tapando los tropiezos y el sufrimiento con maquillaje, con ropa elegante, autos lujosos, títulos rimbombantes y farsas parecidas; el éxito es una mentira, el fracaso es lo único real, lo único que existe, lo que nos hermana en este valle de lágrimas.

Y ese fracaso, que tanto escondemos hasta engañarnos a nosotros mismos y a los demás, sale a la luz en estas historias de Loor Vera, con un tinte de crudeza, de salsa picante, del humor ácido de los narradores del litoral ekuatoriano. Estas historias urbanas tienen la cualidad de ser “manabas” y universales a la vez; leerlas es transportarse a los ambientes playeros que, atravesados por seres humanos que disimulan su desengaño y sus lienzos perdidos, no aparecen en las postales turísticas. Las narraciones, en primera o tercera persona, son trepidantes, embriagan con pausa y efervescencia, como el buen licor que quieres disfrutar hasta la última gota. El lector terminará con una sonrisa sardónica, borracho de fiascos, recordando sus tropiezos y fantasmas, en espera de la invitación a la fiesta.

El libro abre con “Gol al Vacío”, una potente crónica futbolera y la ilusión de un niño, ser futbolista profesional, anotar goles en primera categoría asistido por su colega Ricardo, ante el aplauso, el llanto y la celebración de su padre. El sendero luce prometedor, se vienen los triunfos, el ascenso de categorías, el ensueño convertido en realidad; pero se atraviesa el cauce de la vida, los años y con ellos la desgracia, la tragedia, la inevitable condición humana que nos arrasa a la perdición. Sentimos los dolores muy pronto en la orfandad de Ricardo, su padre alcohólico y suicida, su madre demente y encerrada. Y por supuesto, la parca abrupta que se lleva a quién más amamos, cuando menos lo esperamos. El vacío que deja la muerte de un ser amado, el abrazo perdido, la mirada al cielo y el dolor entre pecho y espalda, son algunos de los temas preferidos de Loor Vera. Prófugos, arrinconados, los futbolistas profesionales se ven rodeados de mujeres dispuestas y serviciales, de alcohol en donde macerar sus demonios. Supongo que por cada futbolista que triunfa en primera división, hay docenas de ellos que fracasaron, colgaron los botines y recuerdan sus fabulosos “tiempos” con amarga dulzura.

Después encontramos ¿Era ese el último polvo?, un relato de amantes de oficina que rememora una de las lecciones primeras del amor: quien se enamora pierde. En “Un padre lleva a su hijo a la playa” conocemos a una familia amorosa, un tata trabajador que consciente a su pequeño; las drogas, la separación y el robo son secundarias, que importan esos pequeños fracasos sociales cuando puedes estrechar a tu retoño en los brazos. En “Cuentas pendientes” se retoma el tema de la muerte inesperada y de tantas y tantas cosas que quedan diferidas para cuando nos encontremos en la otra orilla. Un texto casi asfixiante, de angustia, de despedida y desolación. “Inconsciencia” es una sólida narración enmarcada en una de las tragedias ekuatorianas más profundas de los últimos tiempos: el congelamiento de los fondos económicos, el cierre de los bancos y la dolarización. Una viejita simboliza las esperanzas de un pueblo que lo perdió todo: el dinero, la alegría y la vida. La historia se cuenta con destreza, desde la visión de unos muchachos inconscientes que asisten a la escuela por la mañana y juegan pelota por la tarde, mientras comentan con susto, que sus padres se quedaron sin ahorros, que no hubo nada en casa para comer.

El “Insomnio” es un mal que acecha al final de la tarde, que se esconde entre las paredes para saltar sobre la cama cuando tomamos la resolución de dormir, que se acerca silencioso desde la almohada para calarse hondo hasta los huesos. Luego buscamos recovecos oscuros y secretos para dormir en el día, para recuperar un poco de cordura. El protagonista visitará a su madre encontrando un cuadro vetusto de ocaso y ancianidad, los movimientos lentos, las plantas marchitas, la soledad de la edad, la nostalgia cobrando su sentido etimológico de regreso doloroso al hogar; el descanso llegará entonces, en mitad de la saudade. “Muertes” es un texto corto que refleja la pérdida de la inocencia, la maldad albergada en el género humano. En “Un hombre pacífico” encontramos un divertidísimo caso de trastorno explosivo intermitente (TEI). El protagonista, aficionado al box, golpeará a uno y otra hasta el desquicio, no puede controlar su ira cuando le provocan.


La edición deja para el final, el cuento que da título al libro. Un escritor vencido y malogrado organiza una fiesta para él y sus amigos, una reunión para huir del fracaso. No hay forma de hacerlo, no hay salida, existir es el fracaso y Loor Vera lo sabe, lo describe, lo pinta con sencillez, concisión y belleza. Con biela en mano, se ríe del fracaso mientras destila quebranto desde su novel pluma. Tinta Ácida nos trae una excelente obra manabita, ekuatoriana, que sacude a los lectores haciéndonos recordar lo fracasados que somos, y que, a pesar de todo, nos seguiremos levantando, sufriendo y peleando hasta el triunfo final, cuando nos dirijamos al reino de Hades. Y ustedes, ¿están invitados a la fiesta? La fiesta del fracaso.
(Texto tomado de https://www.goodreads.com/book/show/40956468-la-fiesta-del-fracaso) 


lunes, 30 de julio de 2018

Un libro que nos estaba haciendo falta

El Dr. Holguín Rangel leyendo su análisis.



Por: Dr. Galo Holguín Rangel
Escritor y docente universitario  

Siempre me preocupé por los títulos de las obras literarias. Pienso que una acertada denominación del título ayuda al éxito de la misma. Me impactó el relato de nuestro escritor manabita Luis Félix López, quien  llamó a su última obra “Tarda en morir el tiempo” o la del amigo Víctor Arias Aroca cuando titula “La cruel Condena de llamarse Kike Vega”, extraordinario. El título Las desventuras de Polo Pin tiene novedad. Siguiendo la línea de Piedad Villavicencio que escribe para El Universo, ¿un hipocorístico es un apodo? No, no lo es. Es un apelativo, consecuentemente Polo es un hipocorístico de Leopoldo, entonces puedo deducir con seguridad que la narratología de Las desventuras de Polo Pin versará sobre una desgracia encarnada en Polo Pin.

Esa (desgracia) sería el hilo conductor de la novela. La palabra desventura significa desgracia. Esta palabra se compone de un prefijo (morfema trabado) des y ventura que significa felicidad, pero que podría caer en un riesgo o peligro.

La novela y la vamos a llamar novela corta, por su estructura, por el manejo de sus personajes, por el manejo del tiempo, por la trama que presenta. En cuanto a su línea espacial, Zambrano Mendoza nos traslada a escenarios europeos, como Madrid y Turín. Y en Ecuador, a Manta, al pueblo de San Eloy y la ciudad de Chone, en Manabí. La historia la construye en trece capítulos, la va tejiendo con fuerte corriente romántica y autobiográfica, que la robustece con la presencia del personaje Sara, a quien a lo largo de los capítulos la describe como ninfómana, este concepto bien lo podemos entender como hipersexualidad. En cuanto a técnica de saltos espaciales o cinematográficos, Zambrano Mendoza hace uso de un recurso de traslación como el “flashbacks” para trasladarnos un poco al pasado, aquí nos hace pensar en Juan Rulfo, ese escritor misterioso mejicano que en Pedro Páramo dijo, “Yo vine a Komala, porque aquí me dijeron que aquí vivía un tal Pedro Páramo”. Zambrano Mendoza, expresa: “No era la ciudad que me confundía, o la separación con Sara, tampoco el que consumiera marihuana, menos la embriaguez, pero sí los sueños constantes, como el ocurrido en el hotel Chambery”.



El autor, el presentador y amigos amantes de la cultura en Manta.



La novela tiene además, características míticas cuando el narrador sueña con el Santo Sudario, o la sábana santa de Turín que lo motiva a conocer nuevos escenarios.

En cuanto al manejo narrativo, como ya quedó establecido, es una novela romántica-autobiográfica;  el diálogo es ágil, usa la expresión breve; incursiona con un código lingüístico a veces con dificultades, pero que sale bien librado, como por ejemplo cuando plantea una acción simultánea que dice: “el manto me persigue en ese sueño extraño, por lugares donde voy andando”, en la expresión voy andando, el gerundio andando está correctamente aplicado y que algunos escritores prefieren ignorarlo.

La descripción es otro recurso estilístico que lo alcanza aceptablemente. Aquí, Zambrano Mendoza prueba que ha leído relatos de la literatura del 30 ecuatoriana, el maestro Demetrio Aguilera Malta  se lució con este recurso. Zambrano dice:

“El sol como un códax se reflejaba sobre la faz de la comarca, la carretera se hacía interminable, además se veía solitaria, a los alrededores sobresalían los ceibos, con sus formas extrañas, parecían resecos, pero estaban llenos de vida. Ellos dominaban el paisaje, semejaban formas humanas; otros parecían inmensos  tumores sobresalientes, con caras de gigantes, levantando sus ramas hacia el cielo, como reclamando misericordia por tantos crímenes en el puerto de Manta”.

En cuanto a la trama, Jorge nos hace conocer la separación de Polo Pin con su novia Sara. Esta evasión se manifiesta en Madrid después que retorna de Turín, tras unas vacaciones, la separación es evidente, Polo Pin decide abandonarla porque Sara sufría de ninfomanía. Además, Zambrano indaga a través del personaje protagonista sobre la existencia del mito del manto de Jesús, al recrear a través de los sueños constantes ocurridos en un pueblo de Chamberí (Francia),  estos sueños se convierten en pesadillas por efecto quizá del consumo de marihuana, queda en tela de juicio la paranoia recurrente en el personaje.



Portada de la novela corta.


Por otra parte, el protagonista (salto espacial) el Dr. Polo Pin, tenía un proyecto de crear una clínica en Barbasquillo, en Manta. Al regresar a Ecuador cumple con ese objetivo, gracias a la ayuda de su padre Plutarco Pin, para que su hijo construyera una clínica especializada en nanotecnología, felizmente estos sueños se concretan.

A medida que se desarrolla la novela, el protagonista se sumerge en un torbellino de recuerdos, anhelos desesperados de ese viejo amor de Sara y no la puede olvidar, esto se da con mucha frecuencia.

También en varios capítulos de la novela, se recrean varios escenarios: como por ejemplo el prostíbulo El Puente de la ciudad de Manta, donde los personajes convergen en los comportamientos que causan liviandad en los seres humanos (lujuria) se describe también San Eloy y Chone (Estos escenarios complementan la historia).

El  desenlace de la novela culmina con el retorno de Sara a Manta, donde se entera que su amado Polo Pin tiene otra mujer a quien ha depositado su confianza (ella es Rebeca).

Puedo decir a manera de reflexión que escribir un libro no es una tarea fácil.  Escribirlo es hacer una realidad, un sueño. Y más todavía cuando se reflexiona en que vivimos en un mundo casi dominado por las tecnologías de la información y comunicación, donde el teléfono celular ocupa un espacio muy fuerte en los oídos de los jóvenes. Frente a estas amenazas Jorge Zambrano Mendoza se atreve a escribir esta novela.

Este libro nos estaba haciendo falta, y nos viene fresco con el aleteo del alba, nos hace falta porque ya era hora que un escritor joven se someta a la crítica y a ser ejemplo para robustecer la escritura literaria. Con frecuencia nos quejamos que se lee poco en Ecuador, pero hay que preguntarnos “¿Por qué se lee poco?...algo falla”, expresa Eliécer Cárdenas, novelista que plasmó la historia del bandolero Naún Briones en su obra Polvo y Ceniza.

Finalmente, este libro “Las desventuras de Polo Pin” que viene a fortalecer la  literatura manabita, sin duda enriquece su acervo cultural y por esto también hay que saludarlo con alegría, este libro engrandece el espíritu y estoy seguro que soportará los aguijones del tiempo, porque los libros que se hacen con responsabilidad y amor tienen lectores y permanecen abiertos en las librerías y bibliotecas, pero sobre todo en el alma de los jóvenes.
(Texto leído el viernes 20 de julio de 2018, a propósito de la presentación de la novela corta Las desventuras de Polo Pin, desarrollado en La Caverna)