miércoles, 31 de octubre de 2012

domingo, 28 de octubre de 2012

The irish people o desesperados (capítulo 3, parte 1)


No duermas demasiado.

Tu palo de cavar cayó al agua y tu cesta también.

¡Despierta!

Es casi la bajamar.

Llegarás tarde a la playa.

Poema Kwakiutl, de Columbia Británica





CUANDO REGRESO A CASA



Cuando regreso a mi hogar:

Veo casas destartaladas

Gatos en las esquinas

Basura en las calles

Hombres ahorcados en sus propias corbatas

Perros volando como pájaros

Árboles filosofando con fantasmas

Muertos creyéndose arcángeles

Moscas engendrando cucarachas

Hombres sobreviviendo.

Cuando regreso a mi hogar:

La nostalgia se desvela

Los recuerdos fluyen

Y el abrazo de mi difunto padre

Que animoso me pregunta:

¿Cómo estás hijo de mi esperanza?


Augusto Rodríguez





Vamos,

Voy a irme

Te ruego

Déjame ir

volveré

No llores por mí

Mira,

Estaremos muy contentos

Al encontrarnos

Cuando yo vuelva

No llores por mí

Poema de la tribu Ojibwa




El viaje a Cuenca fue hermoso. Antes el tío tuvo que ir al sur a recoger unos colchones y unos muebles. Y pronto enrumbaron a la Atenas del Ecuador.

Los sentidos de Pulido no habían experimentado un gozo semejante desde hacía mucho tiempo. El paisaje se parecía al del camino hacia Ambato, pero el de Cuenca era más selvático, más misterioso. El tío Ray se detuvo un instante en el camino para comprar fritada. Un gigantesco chancho lucía colgado de un gancho y el nativo, con un cuchillo en la mano, lo iba cortando para servir los humeantes trozos de fritada en un plato rodeado de mote, papa cocida y salsa de cebolla. Pulido comió chancho, luego repitió, hasta hartarse y chuparse los dedos. Cuando llegaron era de noche y Pulido pudo ver de manera velada la fachada de este edificio de tres pisos, donde iba a vivir por espacio de tres meses que se convirtieron en un año.

Llegaron justo para asistir a la sesión de terapia nocturna y cuando Pulido tuvo la oportunidad de tomar la palabra se expresó de manera orgullosa y tonta, aunque reconoció de inmediato, ante todos, que estaba ahí porque tenía un problema con sus nervios y se quería eliminar y que su cabeza giraba en torno a esta idea de manera obsesiva.

Ni bien llegó lo subieron al segundo piso, le dijeron que se saque la camisa y que pose para retratarlo fotográficamente para capturar la imagen con que llegaba y luego de los tres meses compararla con la imagen de salida. Pulido lucía como un cerdo, todo barrigón, con un blue jean que no se ajustaba bien a su cuerpo, parecía un payaso, unos zapatos de caucho usados sin medias y que cuando Pulido se los sacaba apestaban a pezuña podrida.

Cuando Pulido aceptó la oferta de su padre de recluirse en una casa de reposo para personas con problemas de depresión, trastornos de conducta, drogas y alcohol; debió haber comprendido que tenía que volver a comenzar desde cero y olvidarse de todo lo que dejaba atrás: familia, la lucha por la supervivencia, todo. Esto fue difícil, tremendamente difícil para Pulido de aceptar, y él neciamente, seguía llamando por teléfono a un ingeniero, para ver si había alguna posibilidad de trabajo. Cuando se rindió, se dio cuenta que su vida jamás volvería a ser de la misma forma como la había estado llevando. Otra cosa que Pulido tuvo que aprender dolorosamente era que, en el clima frío de Cuenca, no podría llevar el mismo ritmo de consumo de cigarrillos y masturbación, porque de inmediato apareció la gripe y la infección en la garganta. Ahora Pulido no sólo tenía que soportar el clima templado de Cuenca sino los escalofríos internos propios de una enfermedad. El tío lo ubicó en la planta baja, en un dormitorio junto al celador de la Clínica. Y éste quería poner a trabajar a Pulido de vigilante, pero el estado mental de Pulido era inútil. El frío, la fiebre, los escalofríos, las orinadas temblorosas en las madrugadas y la cama con aquella curvatura en el centro como ataúd, todo conspiraba para que Pulido sólo quisiera dejarse estar, vivir como un vegetal, sin tener que pensar. Esta inutilidad del sobrino del jefe, le causaba verdadera furia a Iván, el celador de la Clínica, y se quejaba con Ray constantemente, pidiendo que se lo llevasen a Pulido arriba, al segundo piso, con los otros internos.

Pronto Pulido tuvo que renunciar a la televisión, los juegos electrónicos, el contacto con la gente que llegaba del exterior, para vivir una vida llena de restricciones y siempre bajo el ojo vigilante de los compañeros de cuarto.

Por las noches el frío era casi insoportable, a pesar de que la llegada de Pulido a Cuenca, coincidía con el deshielo. Y cuando el celador Iván daba la orden de apagar las luces, guardar silencio y dormir, el fallo era inapelable. Entonces Pulido recordaba un poema de Rodolfo Salazar Ledesma que decía así:



Todos deben dormir.

Yo

Con el sudor en mi frente

En un final de siglo empobrecido

Con seres indiferentes

Y el cuestionamiento de la iglesia

Bajo la sombra del norte

En un mundo de guerras

Siento

Que el sueño se va

En un círculo de miseria en forma de

Planeta dando vueltas,

El amor también y unidos a él,

El odio

Y sus defensores,

Sin embargo, ahora

Y a la falta absoluta de sueño,

Despierto

Todos deben dormir

martes, 16 de octubre de 2012

Premonición a las puertas en la FIL'G 2012


Portada de la muestra poética Premonición a las puertas, donde constan poetas ecuatorianos nacidos a partir de 1979.


En el marco de la Feria Internacional del Libro, Guayaquil, 2012

Debate: “La poesía Latinoamericana actual”
Participan: Freddy Ayala, Javier Lara, Miguel Huezo (El Salvador)
Jueves 18 de octubre
Hora: 17 H OO
Sala: Galo Galecio


Presentación del libro: “Premonición a las puertas” Reciente poesía ecuatoriana
Jueves 18 de octubre
Hora: 18 H OO
Sala Galo Galecio

The piano man y una familia venida a menos (capítulo 2, parte 10)


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Todos los días Pulido tenía que embarcarse en la 54 bajarse en el monumento a Eloy Alfaro y coger la ALBORUTA para de nuevo coger la camioneta de MERCOMETRO y manejarla para ir al HOTEL HILTON o hasta la compañía EXPALSA. Cuando Pulido entraba al HILTON era testigo de un nivel de vida elevadísimo, gente linda y exclusiva que se alimentaba con frugalidad, pero rodeados de un lujo exquisito, como los protagonistas retratados en las novelas de Edith Warthon o Francis Scott Fitzgerald.

Cuando tenía que viajar a EXPALSA, para Pulido el recorrido era una distracción ya que se regocijaba con la belleza de los paisajes, la luz solar que se reflejaba en el desierto, el olor a preservante que le ponían a los camarones era insufrible, pero la vista del mar lo transportaba a su pasado ya remoto cuando sólo vivía para deslizarse sobre las olas y viajar hasta Canoa, Montañita, LA FAE o quedarse varado durante tres meses hasta ponerse cucú en San Mateo.

Al llegar a EXPALSA, Pulido se parqueaba, se fumaba un cigarrillo delante de todo el mundo, dejando a todos boquiabieros y locos, y esperaba a la secretaria a que ingrese a las oficinas, cobre los cheques y regrese y volver a pasar por todo el recorrido. Algunas veces la chica le decía a Pulido:



- ¿Qué es lo que huele?, ¡huele como leña quemada!


Y Pulido, impasible, le respondía:

 
- A de ser que le falta aceite a la camioneta, cuando le falta aceite comienza a salir humo del tubo de escape.

Otras veces Pulido se encontraba de frente con la buena suerte y cuando iba al HILTON COLON, se encontraba con algún ex compañero de la facultad de Filosofía, que ahora se había convertido en un prominente asesor de empresas, y éste lo invitaba a cenar, a desayunar o lo que era más normal: un almuerzo. Entonces Pulido se daba cuenta de cuánto había perdido al no sacar el título profesional. Sus amigos siempre le repetían la dolorosa pregunta:

- ¿Pero qué te pasó?, ¿por qué dejaste de estudiar?, ¿a qué te dedicas ahora?

Pulido a veces se tenía que tragar las lágrimas de desesperación y vergüenza pues no sabía qué contestar. Afuera el clima se asemejaba al diluvio universal. El invierno había llegado y del cielo se desprendía el llanto de Dios por toda la desgracia que tenían que pasar los desamparados de la Tierra.

Entonces empezaron los problemas para Pulido. Un día que viajaba a EXPALSA se encontró con que delante de él había que vadear un gigantesco charco y lo hizo lo más lentamente que pudo, pero de todas formas no pudo evitar que la base del carro chocara con una enorme piedra y que se perforara el tanque del aceite. Cuando regresó de EXPALSA se metió en la gasolinera de siempre para que le llenen el tanque y llenar un cupón con pequeños stickers para ver si salía sorteado a un viaje a Hawai. En aquellos días finales de los años 90’s, ya se empezaba a sentir la fiebre por huir del Ecuador. La pobreza lo rodeaba a Pulido por todas partes, y pronto se le metió en la cabeza a Pulido la idea depresiva del suicidio. Todo le deprimía: la mendicidad de la gente en las calles, los niños mocosos, sin zapatos que andaban por ahí mendigando un pedazo de pan. Cada vez más, Pulido tenía que sacar fuerzas de donde no había para continuar en ese trabajo.

El ingeniero Weber, al enterarse del daño ocasionado por Pulido al tanque de aceite de la camioneta, se molestó mucho con él y dejó de pagarle su sueldo. Desde ese momento Pulido empezó a trabajar gratis para una compañía que cada vez más se hundía en la quiebra y la liquidación.

Cansado el ingeniero Weber de no saber dónde colocar al inútil de Pulido, lo puso como repartidor de correo a pie, y el remedio fue peor que la enfermedad, porque Pulido de tanto caminar se escaldaba feamente entre las piernas y cuando llegaba de noche a su casa tenía que curarse dolorosamente las llagas con alcohol, y le era dificilísimo encontrar las direcciones o las personas que tenían que firmar el recibido. Así trabajó durante un tiempo hasta que le pidió al ingeniero Weber que lo volviera a colocar como chofer, porque su físico no le daba para seguir caminando. Entonces el ingeniero Weber lo puso como chofer de su esposa, que estaba embarazada, y Pulido tenía que llevarla de la casa a la Clínica, y quedarse ahí sentado, leyendo periódicos, esperando hasta que la señora termine de ser revisada por el médico. Muchas veces Pulido pensaba en quitarse la vida, pero cómo lo podría hacer. Era demasiado cobarde para cortarse las venas o tomarse un veneno. La manera ideal era pegándose un tiro en la cabeza para que no haya vuelta atrás, pero de dónde sacaría el arma. Esta frenética manera de pensar se volvió una obsesión triste y oscura cada vez que Pulido presenciaba el penoso espectáculo de un mendigo casi niño, cuya piel, de color amarilla, se dejaba reposar sentado sobre unas hojas de papel periódico.

Así continuó Pulido trabajando hasta cuando la compañía le adeudó un millón de sucres por concepto de mensualidades. Desde que comenzaron a rondarle por la cabeza a Pulido las ideas de auto eliminarse, le habló a su padre de aquel preocupante asunto, y el padre de Pulido le dijo que se fuera a una casa de reposo en Cuenca, que era administrada por un familiar. Un día ya totalmente decidido a internarse se fue con su tío Ray a Cuenca. Atrás tuvieron que quedarse su santa madre, su esposa, sus dos hijos y su padre.





domingo, 14 de octubre de 2012

Xavier Oquendo Troncoso presenta dos libros en México y participa en tres encuentros internacionales



El poeta y editor Xavier Oquendo Troncoso presentará dos libros de su autoría dentro del marco de la XII Feria Internacional del libro en el Zócalo, en la ciudad de México DF.

Los libros Alforja de caza (La Cabra Editores, México, 2012) y Poetas del Ecuador, 20 del XX (Ediciones La Otra, Universidad de Nuevo León, 2012) son los títulos a presentarse. El primer libro, editado en la colección Azor, es una recopilación de tres libros de Oquendo, a la manera de una saga poética sobre la poética del viaje y las visiones nuevas que trae la errancia por el mundo. Alforja de caza está prologado por la poeta boliviana Vilma Tapia. El segundo libro es una antología selecta de los 20 poetas ecuatorianos más importantes y completos del siglo XX. El recorrido empieza por Jorge Carrera Andrade y termina cronológicamente en la poeta Sara Vanegas, nacida en 1950. La apretada antología de solo 20 nombres de gran importancia es parte de la colección 20 del XX, en donde saldrán las antologías de todos los países de América y España.






Alforja de caza será presentado en el marco de la Feria del Libro en el Zócalo, el día lunes 22 de octubre, a las 17h00. La presentación estará a cargo de los poetas mexicanos Eduardo Langagne y Víctor Cabrera. El martes 23 a las 17h00 el poeta mexicano (y editor del libro) José Ángel Leyva, la poeta Julia Erazo Delgado y el autor, presentarán la antología y leerán poemas de los más importantes poetas ecuatorianos del siglo XX. La antología también será presentada en la ciudad de Monterrey y en Ciudad Obregón (Sonora).

Xavier Oquendo ha sido, además, invitado a participar en tres encuentros internacionales en México: del 18 al 20 de octubre, en el XVVII Encuentro Internacional de Escritores en el marco de la XXII Feria Internacional del Libro, Monterrey 2012 donde compartirá lectura con poetas de la talla de Gioconda Belli, Jota Mario Arbeláez, Efraín Bartolomé, José Ángel Leyva, entre muchos otros.

Del 21 al 27 de octubre está invitado a participar en el Primer Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de México, dentro del marco de la Feria del Zócalo, donde compartirá lecturas con poetas como Omar Lara, Blanca Luz Pulido, Iván Cruz Osorio, entre muchos más.

Del 25 al 27 de octubre, Oquendo viajará a Sonora a participar en el X Encuentro Internacional de Escritores Bajo el asedio de los signos, a celebrarse en Ciudad Obregón. El Encuentro homenajeará al gran poeta mexicano Juan Bañuelos.

jueves, 11 de octubre de 2012

Pavo muerto para el amor


Lugar: auditorio Leonardo Favio
Día: viernes 12 de octubre de 2012
Hora: 19h00
Buenos Aires, Argentina

martes, 9 de octubre de 2012

Matasueños, un medio para la imaginación



Cada nueva revista literaria da la posibilidad de conocer voces nacientes, desconocidas dentro de un panorama (contrariamente) globalizado, donde seguirles la pista y no dejarse deslumbrar a primera vista (un mal que ocurre con reiteración en nuestro país) por todo lo que publiquen, será el objetivo a respetar. Entonces se ha de reconocer a autores afianzados en un trabajo literario y no en un mero pasatiempo de escritura (o lo que sería lo mismo: en una constante, aburrida y detestable figuración mediática desde las redes sociales).


Matasueños (revista para la imaginación) es una joven propuesta que aparece con su primer número en agosto de 2011 y continúa en su segunda publicación en enero del 2012. Revista cuyas 30 páginas las dedica a poemas, ensayos y relatos que no poseen una afinidad temática, lo que posibilita la reunión de voces heterogéneas.

Revista que no destaca en su diseño, porque no se privilegia la imagen si no la palabra. Y en este privilegio se ahonda en las miradas particulares de sus invitados.


Hay necesidad de decir, de decir mediante la poesía y narrativa, de explayar o contrariamente de dar pequeñas bocanadas de literatura que a la final (quien podría negar este propósito en toda publicación periódica) pueda catapultar s sus colaboradores a otros espacios más convencionales o de mayor reconocimiento. Todo es posible en este enmarañado y desesperante ambiente de la literatura. Bien por sus editores, y que la imaginación no sea truncada.



Todos los interesados en conocer a Matasueños, pueden encontrarla en la web, así que léanla, coméntenla, contacten con sus editores y colaboren.

domingo, 7 de octubre de 2012

Estrategias para descarriar a una mujer


Lugar: Café libro
Fecha: martes 9 de octubre de 2012
Hora: 20h00
Quito

jueves, 4 de octubre de 2012

The piano man y una familia venida a menos (capítulo 2, parte 9)



Los rumores – seguramente iniciados por P2 Inteligencia Naval-, de que algo andaba mal con el chofer de ECUAREDES pronto llegó a los oídos del ingeniero Faike y éste por sí mismo decidió comprobar de qué se trataba todo el asunto, así que se embarcó en un viaje que Pulido tenía que hacer desde la compañía hasta el Campus de la Politécnica en LOS CEIBOS. El viaje fue espectacular. Pulido manejaba como si en el pasado hubiera sido el alumno predilecto de Steve Mac Queen.

¡Y en realidad lo había sido!

Cuando Pulido viajó a California de vacaciones, hubo un tiempo que trabajó de EXTRA en un estudio y conoció a Steve Mac Queen y éste le enseñó a manejar un vehículo en plena persecución y de retro a toda velocidad para evitar un secuestro.

El ingeniero Faike viajaba completamente asombrado al escuchar esta historia y con los pelos de punta y le causaba verdadero asombro tanto la cantidad, la profundidad como la velocidad de las cosas que hablaba Pulido en el camino. Historia, filosofía, psicología, literatura, noticias internacionales, vivencias personales, bromas con doble sentido. Esto animó al ingeniero Faike a soltar la lengua y le contaba un montón de vivencias a Pulido, como cuando el ingeniero Faike fue a un centro de masaje y fue atendido por una menor de edad completamente desnuda, y ambos se desternillaban de la risa en el camino, y los ingenieros y técnicos se miraban entre ellos y se quedaban completamente confundidos. Al final de cuentas, así era la vida para Pulido: una total risotada, pero también una desgracia tras otra. Pero la mala suerte no cejaba de apretarle las pelotas y con la misma persistencia del mal carácter de su mujer lo volvía a coger. Ahora se trataba del bloqueo económico. La compañía comenzó a quedarse sin negocios y esto causaba una tremenda presión en las cobranzas del ingeniero Faike. Volvieron los malos tratos y la violencia que era doble porque en la casa Pulido tenía que soportar el mal carácter de Penélope, su fanatismo y su intolerancia. Pulido llegó a comprender que se había casado con una psicópata. Para afuera, Penélope se mostraba con una dulzura, una comprensión y una amabilidad que dejaba boquiabiertas a las personas y sus amigos, pero dentro de la casa era una fiera indomable, de una estupidez y de una ignorancia poco más que vergonzosa e inaguantable. Desplegaba su carácter infernal como la bandera tricolor de un enemigo, pero cuando necesitaba un favor se mostraba débil y solícita. ¡Pobre Pulido! Con qué clase de mala gente se había unido y procreado dos hijos hasta el final. Estaba casado con una bestia inaguantable.

Pulido se consolaba disfrutando de la experiencia de ser padre y todas las mañanas que tenía que llevar de la mano al pequeño Danni Pulido recordaba un poema de la profesora Violeta Abad de Gallegos que decía así.



LA MAÑANA EN GUAYAQUIL


¡Qué linda está la mañana!,

fresquita con el rocío,

el cielo bien despejado,

el sol mirando de lado.

Con olor a pan caliente,

De alguna panadería.

La leche, ya está hervida

Y las galletas crujientes.

Los niños van a la escuela,

Los mayores al trabajo,

Hay movimientos alegres

Y tráfico comercial.

Los canillitas ofrecen,

Los diarios de la ciudad,

Se oye por todas partes:

¡El Universo y el Extraaa!



Tantos malos tratos lo llevaron a Pulido como perro apaleado a hacerse cliente asiduo de un bar, y todas las noches trataba de ahogar con whisky la amargura que le ocasionaba el ser tratado como un subnormal tanto en la compañía como en su casa. Luego llegaba en las madrugadas y en silencio se encerraba en el cuarto de baño para vomitar. Así transcurrieron los meses hasta que un día, ya harto de los malos tratos y de tener que caminar, porque el Susuki huevito se lo habían dado a un chofer evangelista, simplemente Pulido decidió que se iba. Escribió una hermosa carta de renuncia y se fue.

Otra vez Pulido se hallaba en la calle solo,desamparado, y todo parecía indicar que todas las puertas de las distribuidoras de computadores se le estaban cerrando. Pulido trató de volver a trabajar con el ingeniero Broizat, pero éste conservaba en lo más vivo de la memoria el hecho de que Pulido lo había abandonado. Para colmo el reemplazo que Pulido le había dejado había resultado de una inutilidad peligrosa porque el tipo había chocado un vehículo y se había largado dejando botado todo el problema.

Todas las noches Pulido se rompía el coco tratando de encontrar una solución a su situación y pensaba y repensaba a ver si se le había escapado alguna compañía donde no hubiera entregado su currículum vitae.

Luego se acordó de MERCOMETRO, se terminó su taza de café, se fumó su último cigarrillo y se fue más tranquilo a su cuarto a dormir.

Aquella mañana de 1988 lucía radiante y conmovedora, miles de pajaritos cantaban por todos lados anunciando la aurora. El sol todavía no hacía acto de presencia, pero el calor se hacía sentir por todos lados. Más que el calor era la humedad que de manera insoportable se metía por todos lados. La piel se ponía pegajosa. Entonces era cuando a Pulido se le venían ideas raras y ansiaba convertirse en Dios para que toda la Tierra se mantuviera a una temperatura templada y con música de fondo como cuando Pulido de niño era llevado por sus padres al restaurant del HOTEL PALACE a comer su especialidad, que consistía en una suculenta crema de espárragos.

Pulido se bañó, se vistió su miserable ropa compuesta por un blue jean, zapatos sin medias, y se fue a entrevistarse con el ingeniero Weber y tuvo que rogarle y rogarle a la secretaria para que le dé una cita. Cuando finalmente pudo hablar con el ingeniero Weber, éste lo contrató de mala gana y le advirtió que la empresa estaba pasando por un mal momento. La quiebra la tenía cogida a la compañía MERCOMETRO, como un cáncer a los intestinos lo tiene cogido a un anciano.

¡Bueno!, ¡por fin había conseguido un nuevo trabajo!

Cuando Pulido llegó a la villa romana de su barrio con la noticia del nuevo empleo, Penélope y Danni saltaban sobre la cama de la alegría. Ahora, nuevamente, había la posibilidad de comprar televisión pagada, ir los fines de semana a comer Sushi de pulpo al TOPI SUSHI o ir al cine MAYA, comprar ropa nueva, hamburguesas en la noche y los domingos viajar a Montañita.

Pulido entró a esta compañía de Courier a trabajar como digitador. Para Pulido que había empezado su vida laboral como un emprendedor hombre de negocios, que había degenerado en chofer y mensajero, y que era esencialmente un hombre de acción, le parecía insufrible el tener que trabajar más de ocho horas sentado como inválido delante de un computador cargándolo de información para formar una base de datos. Había pasado el tiempo y ahora el cerebro de Pulido podía retener en la memoria la forma como se ingresaba a un sistema sin el temor paralizante de dañar el sistema. Primero lo copiaba en una hoja de papel y luego se lo memorizaba a medias. ¡Y ojo!, nunca botaba el papel por si se presentaba un fallo en la memoria y tenía que recurrir a él. Así se pasaban los días de Pulido, concentrado delante de una pantalla, digita que digita, nombres, direcciones, códigos y luego los ingresaba a la base de datos. ¡Por Dios!, ¡qué existencia tan antiintelectual llevaba Pulido! Cuando el ingeniero Weber entró en el sistema de la compañía y revisó el trabajo de Pulido en los dos meses que llevaba laborando se quedó de una sola pieza horrorizado por la cantidad de fallas que había en aquella base de datos. La decisión que tuvo que tomar fue la de hacerlo trabajar como chofer. Ahora Pulido respiraba con alivio porque no lo iban a despedir, pero ya no se sentía tan seguro como chofer después de tantos percances. Así que manejaba con extrema precaución una camioneta Pick Up que tenía que llevar junto con un montón de gente en el balde para realizar la rutina del correo o la entrega de sobres, publicidad y avisos de fiestas por todos lados. Pulido a veces tenía que entrar a las discotecas de modas en los 90’s y le asombraba la cantidad de esculturas romanas con que decoraban las pistas de baile y los diminutos compartimentos donde las nuevas generaciones de farreros se encerraban a conversar, a divertirse y a alcoholizarse.

¡Las fiestas y las farras!

A Pulido le parecía algo lejano e increíble que todavía existieran ese tipo de actividades. A él ya no le quedaba físico para aguantar una farra hasta la madrugada como en su juventud. Su juventud comprendida entre los catorce años y los veinte y tres se le había escurrido por entre los dedos como la arena y el agua del mar.

lunes, 1 de octubre de 2012

Tertulia literaria vespertina





Agustín Guambo
Jetzy Reyes
Andrés Villalba Becdach
Diego Yépez
Roberto Almendariz
Fernando Escobar Páez

Fecha: miércoles 3 de octubre
Hora: desde las 17h30
Lugar: CACAO Y CACAO (Veintimilla entre Reina Victoria y Juan León Mera)
Quito


The piano man y una familia venida a menos (capítulo 2, parte 8)



Al final otro miembro del staff de managers que gerenciaban la compañía le dijo que había que reducir personal y que él quedaba fuera. Antes de irse, Pulido tenía que hacer unas últimas diligencias, y se tomó su tiempo para almorzar en Pizza Hut. La pizza estaba deliciosa, pero con cuanta amargura se la comía Pulido, con cuanta desesperación saboreaba aquel pedazo de masa con los sorbos de Coca cola. ¡Despedido!

¡Todo el tiempo despedido!

De pronto se puso a recordar todas las vivencias que pasó en la compañía del ingeniero Coutard, y las travesuras también, como cuando empapelaba el baño con posters pornográficos sacados del diario EXTRA. Labor inútil, porque cada cierto tiempo, alguien entraba a cagar o mear y los sacaba todos. O aquella vez en que estaba manejando el Susuki huevito y tenía que llevar a una vendedora a visitar un cliente y todo el camino no paró de hablarle de filosofía, de historia, de religión, y de toda clase de locuras más, hasta provocarle a la vendedora una sensación muy sartriana de náusea intelectual. Mientras todo esto sucedía la compañera de trabajo hablaba por celular con otra amiga de la compañía que le preguntaba cómo era viajar con el loco de Pulido y ésta respondía:

- ¡UYYYY!, ¡ahora te cuento!

O estaba aquella vez en que se fue con un técnico flaco, desgarbado y adicto al cigarrillo, a instalar una computadora ultramoderna a la casa de un cliente que vivía en unos condominios, y tampoco paró de hablar, simplemente era como si los nervios le hubieran provocado una diarrea en la lengua, y había puesto nervioso al dueño de la casa y el técnico no sabía lo que le pasaba al chofer, y se puso a comer mierda porque Pulido trataba con demasiada familiaridad al dueño de la casa, y se ponía a preguntarle cosas filosóficas. Y cuando finalmente armaron la computadora y salieron de la casa, el técnico, completamente furibundo, le dijo a Joey que lo iba a reportar porque hablaba demasiado y estaba loco de remate. O estaba esa vez que manejaba la camioneta por los arrabales de Salinas y se fue en sentido contrario hasta casi atropellar a una viejita que se salvó por los pelos. O esa otra vez cuando después de hacer una diligencia embarcó a una profesora de secundaria en el carro y la llevó hasta su casa en Santa Elena y el carro regresó a la compañía completamente envuelto en lodo. Y el ingeniero Coutard le decía:

- ¡Qué!, ¡vienes ruleteando!

Cuando Pulido salió de la compañía a realizar un mandado y vio al ingeniero Coutard lavando con asco e incredulidad todo el lodo de la camioneta, a Pulido se le soltó una carcajada demencial y se reía y se reía sin parar, de tal suerte que al verlo el ingeniero Coutard, también se le contagió la risa y terminó de lavar la camioneta agarrándose a un poste para poder reírse mejor y seguir lavando la camioneta.

También estaba esa vez en que trepó al Susuki huevito a una madre de familia del colegio Rubira y se la llevó a Punta Carnero y la convenció de que le practicara sexo oral mientras admiraban el hermoso paisaje de la puesta del sol. También estaba la vez que embarcó a una mujer y se la llevó a Montañita y tuvieron sexo desenfrenado en medio de la playa.

Y Joey, en medio de su desesperación, no podía dejar de reír mientras saboreaba las lágrimas de dolor y ansiedad. Y de esa manera se terminó de comer su porción de pizza en el Hut. Pasaría mucho tiempo después para que volviera a entrar a aquel restaurant ítaloamericano, y con el objetivo de comprar una pizza gigante para celebrar el cumpleaños de su hijo Danni junto con sus compañeritos del colegio. Pero eso era otra historia.

Pulido llegó a su hogar totalmente desecho. Dejó de saltar cuerda en las mañanas y se dedicó a acostarse en una hamaca que estaba colgada en el patio. Estaba harto de tanta inestabilidad laboral y sus desastrosas repercusiones económicas. De todas formas volvió a la carga y esta vez consiguió trabajo en Dent Wizard como conserje. El dueño, el ingeniero Broizat, era un hombre extremadamente meticuloso con el protocolo y lo trató de maravilla a Pulido. Lo mandaba a realizar depósitos bancarios al mismo centro comercial donde antes Joey había trabajado en Casa Maspons y eso era todo lo que hacía. Pulido se pasaba el tiempo escribiendo en la computadora sus análisis políticos y era el hombre más feliz del mundo aunque el sueldo no era gran cosa.

Un día le llegó la sorpresa de que tenía que salir al centro a repartir hojas volantes. La misión consistía en pararse en una esquina super atiborrada de gente en Salinas, y repartir las hojas volantes, cuando los carros se detenían por el semáforo. De entrada la idea le causó vergüenza a Pulido ya que Salinas no era una civilización tan democrática e igualitaria donde se pudiera ver bien ese tipo de actividades.

Pero no movió ningún músculo de la cara e hizo lo que le mandaron a hacer sin chistar. Una ocasión en que se encontraba en una gasolinera repartiendo hojas volantes a los conductores que llegaban a llenar el depósito de su vehículo, Pulido recibió la visita de su viejo amigo Jeffrey y éste le dijo:

- ¡Oye men, deja toda esa huevada, y vámonos a San Mateo con unas peladas que ahorita me están esperando!

Pulido se sentía morir. Con cuántas ganas hubiera dejado todas esas volantes y se hubiera ido a la alucinante playa de San Mateo, pero su responsabilidad como padre no le permitían declararse loco con ese trabajo, quedar mal, y largarse con rumbo a la diversión. Después de ese incidente y cuando ya Pulido iba con rumbo a la oficina celebró aquella muestra de lealtad y responsabilidad fumándose otro cigarrillo detrás de un viejo carro volkswagen convertido en chatarra.

De pronto tanta tranquilidad lo empezó a inquietar a Pulido. Él extrañaba la vida agitada que llevaba en las compañías anteriores, donde manejaba su Susuki huevito, cobraba facturas, transportaba dólares, y donde posiblemente tuviera tiempo para estudiar electrónica. Así que recordó, que antes de entrar a conversar con el ingeniero Broizat, había hablado de un posible trabajo con el ingeniero Faike, que era el jefe de cobranzas y contratación de otra distribuidora de computadores y asimismo vendedora de software.

Cuando el ingeniero Faike le dijo que venga a trabajar, Pulido torpemente no lo pensó con más calma y lo dejó al ingeniero Broizat, que le pedía: que por lo menos le dejase a un buen reemplazo. Pulido le dejó como reemplazo, al ingeniero Broizat, un hermano de la recepcionista de la compañía del ingeniero Faike, y se fue a trabajar otra vez como chofer cobrador para ECUAREDES. Aquí también le dieron un Susuki huevito para que lo maneje y Pulido de inmediato se matriculó en una escuela de formación práctica para que lo entrenen y especialicen en armar, darles mantenimiento y desarmar computadores.

El problema de Pulido era que se conocía demasiado bien el manejo de esos Susuki huevito y los manejaba a demasiada velocidad. Pulido se confiaba demasiado de su destreza y siempre los rozaba o los magullaba en alguna parte.

En esta nueva compañía tenían por costumbre estacionar el Susuki en un edificio céntrico especializado en parqueos de vehículos y siempre le propinaba una sesión de terror al ingeniero Faike, cada vez que lo llevaba adelante mientras subían por los corredores de aquel edificio. Pulido manejaba tan rápido y subía por la pendiente en espiral con tanta destreza, que el ingeniero temía, que en cualquier momento, se fueran a dar duro contra la pared o uno de los postes. Sólo entonces, cuando Pulido advertía el miedo de su copiloto, bajaba la velocidad. A veces Pulido tenía que transportar a unos técnicos al Ingenio Azucarero Valdez, y llevarlos para que den mantenimiento y asesoramiento de software. Pulido verdaderamente VOLABA en esa carretera de Salinas a Milagro y esos técnicos iban muditos de terror por la velocidad vertiginosa con que eran transportados. Esos técnicos fueron sus verdaderas víctimas, porque a Pulido también le tocaba transportarlos a ELECTROQUIL, y le daba por pisar fuerte el acelerador y alcanzar velocidades de hasta 180 kilómetros por hora, lo que para ese Susuki huevito era una velocidad bestial. También los torturaba a los técnicos cuando tenía que llevarlos a una compañía que quedaba por el quinto Guayas porque Pulido pisaba el acelerador sin piedad hasta alcanzar los 200 kilómetros por hora y hacerlos llegar en un instante. Pulido se sentía Han Solo viajando en el Halcón Milenario a la velocidad de la luz.

Y nunca dejaba de hablar. ¡Y cómo hablaba!

Sus palabras y razonamientos mareaban a los pobres técnicos, cuyas luces intelectuales, podían ser suficientes y extensas en asuntos de hardware y software, pero que en cuestiones de filosofía, economía y política, eran poco menos que nulas. Al final de cuentas, todos en la compañía llegaron a la conclusión, que trabajar con Pulido era una experiencia mentalmente agotadora y extenuante. Al hablar, Pulido no sólo descargaba su profundo intelecto sino que también botaba su estrés, pero lo descargaba en unas personas que no debían experimentar ningún tipo de perturbaciones para el correcto desenvolvimiento de sus funciones. Este insistente choque o entrechoque de entelequias afectaba a los técnicos, pero también los divertía, y una ingenierita en especial, se reía a carcajadas, al escuchar todas las ocurrencias y disquisiciones filosóficas de Pulido sobre William James.

Pulido una vez fuera de ECUAREDES no la volvería a ver hasta cuando trabajó como guardia de seguridad en el Puerto.

En una ocasión le dio por empezar a pasarse todas las rojas y las amarillas y un vigilante de tránsito lo detuvo y le quitó la licencia, porque un maldito soplón, que tenía una radio conectada en la misma frecuencia que el vigilante, le dijo que Pulido se había pasado la roja.

Todas las tardes, a la hora del almuerzo, Pulido se iba a almorzar a un restaurant donde ECUAREDES tenía un crédito en el menú para sus trabajadores. Pulido comía como cerdo aquellas viandas de pescado con arroz y papas, aquellos batidos y jugos de fruta, aquellas entradas compuestas por sopas de verduras, acompañadas de sus gelatinas frías y sus cremosos flanes.

Pulido empezó a engordar y por las mañanas al verse en el espejo para rasurarse, se percataba de su aspecto rechoncho como el de un cerdito, y se sentía el hombre más miserable de la tierra. Nada resultaba como él quería. ¿Por qué Dios le había dado tanta inteligencia y profundidad intelectual sin los medios para utilizarlos para ganarse la vida?

En el curso en que se había matriculado para aprender a armar, dar mantenimiento y desarmar computadores, tampoco le iba mejor. El instructor, en un principio, dejó bien claro, que se trataría de un curso PRACTICO, y a la hora de la hora, le daban una teoría tan especializada en lo más recóndito de la lógica digital con sus cuestiones exadecimales, que Pulido tuvo que rendirse y abandonarlo todo, perdiendo así el dinero que ya había pagado.

En una ocasión fue testigo de una fiesta entre los alumnos y le maravilló, y asombró al mismo tiempo, cómo había evolucionado tanto el ritmo en el baile entre la juventud. Ya los bailes no eran en parejas abrazadas, en un dulce claroscuro, boleros que se bailaban apretaditos y de manera romántica. Ahora todo consistía en realizar unos movimientos convulsos donde parecía que los ejecutantes se iban a descaderar. También asistió a un partido de fútbol y disfrutó de momentos relajantes al aire libre y se entretuvo con el espectáculo deportivo. Pero todo en su interior estaba lleno de ansiedad. Bullía dentro de él el inconformismo y la rebeldía. ¿Qué era lo que quería? Quería que Dios se le presentara y le dijera que Él existía en verdad, que la vida no era una broma cruel, que todos al morir no terminarían en un agujero para podrirse, quería en definitiva un imposible, algo tan espectacular como imposible.