domingo, 28 de abril de 2013

Extremo (muestra de algunos poetas de Chile)


Extremo. Muestra de algunos poetas de Chile (El Quirófano, 2012) selección de Oscar Saavedra Villaroel, es un libro de poesía que encierra distintos niveles respecto a la obra de los seleccionados. Y sí, precisamente, esta muestra intenta ser en esencia una abertura extrema para conocer lo que están trabajando varios de estos poetas.  

La muestra me ha remitido a una de sus voces: Estela Lamat, de quien comparto este poema:

De vuelta y vuelta
Y le prestas tu culo amor
y gozas como loco
mientras yo te sueño
y caminas de ladito
contoneado como nena
apretadito
vaginal y alocado
repleto de histeria
y recuerdo el pasado amor
cuando yo me contoneaba para ti
y te escribía
para volverte loco
locas vueltas de la vida
te tienen dado vuelta
prestando tu culo amor
gozando como loco.

sábado, 27 de abril de 2013

¿La literatura como espectáculo?

Megan Boyle.



El siglo XXI ha visibilizado a escritores que no esperaron guardar mucho tiempo sus textos, que escribieron y publicaron en plataformas que no les exigieron mayor esfuerzo: hacer clic y etiquetar a sus amistades, o que abrieron una bitácora personal donde empezaron a exponer su vida: odios, temores y también aquella filiación casi desesperante con la literatura. Estos autores se volvieron un fenómeno literario, ganaron cientos y miles de lectores, encontraron sellos editoriales interesados en sus trabajos, consiguieron y consiguen que sus libros sean consumidos con avidez. Pero este éxito (parte del negocio de la literatura, porque eso es en el fondo) se volvió el malestar de todos aquellos autores que han estado desde hace mucho intentando lograr la mitad que estos jóvenes.  
¿Cómo entender a estas nuevas generaciones de escritores que han logrado una combinación precisa entre literatura y espectáculo? Comparto mi versión.

Veinteañeros y acelerados
Todas y todos estos autores tienen algo en común: la edad: son veinteañeros (o aún no han llegado a los treinta), y leer, escribir y registrar cada momento vivencial son los motivos más relevantes de su existencia. El límite, al parecer, es estar apagados, fuera de línea, sin acceso a las redes sociales, sin postear nada en sus bitácoras, sin anunciar su más reciente colaboración con revistas impresas o digitales, sin celebrar la participación en alguna antología, sin publicar qué nueva obra han leído (que parte de ese descubrimiento les ha llegado y significa para ellos), subir una foto junto al gato meloso, mostrando el nuevo tatuaje, a lado del novio fan, recordándole a esos lectores -cada vez más visibles desde la web- que el próximo libro está listo. Y que la vida sigue, que sus sueños de escribir y vivir son inagotables.

Boyle y Miguel: dos autoras de la manada
MeganBoyle (Estados Unidos) y Luna Miguel (Barcelona) son dos representantes de esta manada global. Ambas son “celebridades literarias”, masificadas gracias a la internet, representantes de una comunidad ligada a través de las redes sociales, siendo cada vez, y con más reiteración figuras a seguir (revisar sus cuentas de twitter y facebook).   

¿Qué llama la atención más allá de lo que escriben y publican? Sus vidas, ese espectáculo donde videos, fotos, enlaces, citas y declaraciones, las reconocen cercanas a la cotidianidad. Entonces un bar, un hotel, una habitación, una cocina, una calle, logran tener el mismo interés que la sala de un auditorio, que el video de la lectura de un poema o relato. 

Boyle es narradora, Miguel es poeta. Ambas resaltan en cada foto sus tatuajes. Escriben de los hechos más relevantes de sus vidas: los libros que llegan a sus manos, las relaciones infructuosas que han tenido (caso Boyle) y denotan el amor juvenil ligado por la literatura (caso Miguel).



Luna Miguel.



El lector es el que decide
Ahora la pregunta precisa para alterar a varios es ¿Cuánto puede sufrir un autor que no entiende la dinámica de este siglo respecto a la difusión y promoción de aquellos otros autores menores de treinta? Sostengo que mucho, al extremo, tanto como para desperdiciar (esta es la palabra) tiempo en discusiones que no van a ningún lado. Y no lo entienden porque miran desde una perspectiva sesgada, sumado a un tradicionalismo que busca a toda costa mantenerse. Pero ellos, el bando que critica y no hace, no son quienes determinan el éxito que los noveles fraguan, esto depende del público, de aquellos seguidores que han entendido que la solemnidad es eso que está del otro lado de algo que no les interesa.

Esto explicaría que autoras como Boyle y Miguel, más allá de sus detractores, posean un público cautivo, uno que exige sus publicaciones, verlas con mayor frecuencia en google imágenes, escucharlas en recitales, saber qué libros recomiendan, leerlas desde sus blogs y enterarse de todo cuanto les ocurra en relación a la literatura, para bien o para mal.    

Una generación inagotable
Lo que esta generación ha logrado es reconocerse vital e importante. Descubrirse desde distintos espacios, valorar cada segundo, pensar y hacerlo, convocar y ganarse a sus seguidores, los que entendieron a tiempo (y en otros lugares lo están haciendo ya) que romper los esquemas es algo necesario. Y no, no se trata de “novelería” o “muchachada”, sino de ir acorde a lo que consideramos modernidad. Una que no busca confrontar al pasado, que vive un presente interactivo, alucinado en el ahora, esa realidad donde los escritores se volvieron ídolos que motivan a leer, que fomentan desde sus eventos y propuestas una mayor vinculación a la literatura ¿Acaso no es esto lo que se busca a toda costa para con los jóvenes?.

“Leer te hace libre” dicen, y aunque esta camada de escritores no sean (porque en el fondo no buscan serlo) un Shakespeare, Hemingway, Faulkner, Onetti y demás, sus obras han logrado lo que muchos otros autores no han hecho: llegar a las masas, ser consumidos. ¿Quién dijo que la literatura debe ser ese texto aburrido donde el lector en vez de disfrutar se castiga?. Nadie, así que corre a tu computadora, busca a alguno de estos autores (están en el ciberespacio, son jóvenes, son detestados, y tienen muchos seguidores desde sus cuentas de redes sociales) da con su blog, y lee hasta que sientas la descarga. 

jueves, 18 de abril de 2013

El regreso de Pulido (parte 13)





Un día, Pulido y un grupo de guardias, se fueron a beber a un bar de streap tease y una linda chica se le pegó a Pulido. Viendo a la bailarina mover las caderas mientras se quitaba, poco a poco la ropa, recordaba a Doris y se sentía melancólico.
La chica extraña se le tomaba la cerveza, lo sacaba a bailar apretadito, mientras en la rocola se escuchaba la canción: American Woman, del grupo THE GUESS WHO y luego, cuando Pulido ya estaba bien borracho, la chica se lo llevó a un hotel y le practicó el sexo oral hasta que la picha de Pulido estuvo bien dura, le colocó el preservativo y se dejó montar a pesar de estar enferma de la regla. Cuando Pulido terminó, y se lavaba en el baño, miró el reflejo de su rostro en aquel espejo, y su rostro se parecía mucho al vocalista R. Bachman que cantaba American Woman. Su rostro entrado en carnes, su bigote austríaco y su melena peinada con raya a un lado.
Pronto hubo un cambio en la cúpula de la administración, y el nuevo comandante escuchó de inmediato el rumor de que había un guardia cojo.
Este nuevo jefe llevaba a los guardias al muelle a realizar ejercicios de tiro, les prohibía usar guantes y pasamontañas a los guardias, que por la noche y madrugadas, hacían guardia en el muelle.
Pronto, el nuevo jefe lo llamó a su oficina a Pulido y se inteligenció de toda la situación, confirmando su cojera. Desde entonces lo colocaban a Pulido en los puestos donde debía permanecer parado, y Joey sufría de intensos dolores, hasta el punto de que le dolía la cadera, por estar apoyado en un solo pie. A pesar de no faltar ni un solo día de guardia y de soportar en silencio todo el sufrimiento, una noche lo despidieron.
Nuevamente la desesperación lo envolvía asfixiante y silenciosamente a Pulido. Joey fumaba y pensaba con desesperación y amargura. No sabía qué hacer, a quién acudir. Pulido no tenía Dios ni a nadie a quién implorar. ¿Tal vez San Vicente Ferrer se apiadaría de él? ¿Tal vez aquel Santo abogaría por su alma cuando ésta se consumiera en el fuego eterno del infierno? ¿Tal vez el alma perdida de Doris se le uniría en su sufrimiento? ¿Tal vez Dios lo perdonaría y aceptaría tal como era él y viviría en el Paraíso junto a Doris? En verdad os digo, que el desempleo lo hacía pensar en cosas estúpidas y sin importancia.
Una tarde, que bajaba la loma de su barrio, se encontró con una amiga suya, que era enfermera, y que se parecía a la actriz Natalie Portman, y le dijo que sufría intensos ardores al orinar y como ella trabajaba en un hospital, le dijo que vaya a hacerse un eco en la próstata.
Ella lo llevó al baño, le desabrochó la bragueta, le cogió su penecito y le ayudó a orinar dentro de la botellita esterilizada.
Al final le dijeron que su glándula tenía el porte normal de una nuez y que no pasaba nada. Después, su amiga le dijo que le tenía una linda sorpresa, y Pulido estaba impaciente por saber de qué se trataba, pero ella le dijo que sólo se lo diría si la invitaba a cenar, después del turno. Después de la cena, Pulido la emborrachó a su amiga enfermera y se acostaron.
De entrada, Pulido le dijo que la iba a penetrar por el ano y ella se reía, nerviosa, y cuando Joey la empezó a penetrar ella le decía, despacito al oído:
- ¡Ay, Joey!, ¡ay, Joey!, ¡ay, Joey!, así no, mijo, ¡ay, Joey!…
Cuando ella experimentó el tercer y descomunal orgasmo, sacó de su carterita un cigarrillo de marihuana, se lo fumó, se tomó medio vaso de whisky y le dijo que le tenía un trabajo como guardia de seguridad, pero que ahí los turnos eran de doce horas. Pulido aceptó de inmediato, ya que su cojera había disminuido, se podía disimular y ya no lo molestaba demasiado.
De inmediato llenó todos los papeles y acudió a las charlas de inducción, que incluían una sesión de judo, con un viejo serrano que se cansó de revolcar en el tatame a Pulido, una y otra vez, y siempre se quedaba admirado de que pese al dolor, Pulido no se rendía, hasta que finalmente fue aceptado y le dieron el trabajo. Luego se probó el uniforme y pronto estaba haciendo guardia en la recepción de un hospital. Ahí se encontró con Bolaños, un viejo amigo de la preparatoria del colegio, que ahora trabajaba de visitador a médicos. Las noches eran de una tranquilidad infinita ya que Pulido no tenía nada que ver con emergencias y podía quedarse ahí tranquilo, pensando en su siguiente poema erótico o en retocar su nuevo manuscrito político: LA FILOSOFIA CAPUCCINO. Luego la compañía lo cambió a la guardia de una empacadora de camarón y aquí la novedad era que todas las mañanas Pulido recibía una tarrina de camarones hervidos, que salían del laboratorio de la planta. Su padre era el más contento con aquel trabajo de su hijo porque a él le gustaban mucho desayunar camarones. Un lujo que la familia de Pulido ya no se podía costear.
Por las noches, Pulido era testigo de la presencia de un gigantesco zorro que se introducía en la planta y de inmediato reportó aquel suceso.
En una ocasión, una obrera guapísima, que se parecía a la actriz Olivia Newton John, se hirió en un dedo de donde salía abundante sangre. Como no había en aquella planta un botiquín, Pulido se le acercó a la chica y le dijo que el mejor coagulante que existía sobre la tierra era la saliva humana, luego le cogió el dedo y se lo llevó a la boca y ahí se lo chupó con fuerza como si le estuviera chupando los pezones a la chica, y ella, asombrada sentía como una especie de excitación y anodadamiento. Un caracoleo en su vientre que cada vez aumentaba de intensidad, la obligó a decirle al guardia que pare. ¡Qué ya estaba bien!, que la herida ya no sangraba.
Después de aquel incidente, lo cambiaron a una planta de químicos que tenía unos siete borregos y, encerrada en una empalizada de madera, una venadita preñada. Todas las mañanas Pulido tenía que coger una manguera y limpiar las bolitas de mierda, que los borregos dejaban esparcidas en la entrada de la oficina. Sus compañeros de trabajo siempre lo veían sentado en medio de la madrugada leyendo una novela de Francis Scott Fiztgerald, titulada: EL PRECIO ERA MUY ALTO, y se preguntaban qué clase de guardia era este Pulido, que se pasaba casi todo el tiempo leyendo y leyendo.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


domingo, 14 de abril de 2013

Publicar, distribuir y sobrevivir




La primera vez que me lo propuse (hace más de diez años) fracasé en mi intento, y no porque el libro no se haya publicado, todo lo contrario: publiqué, distribuí y me “hice” escritor a los ojos de otros. Fracasé porque el libro (uno sencillo de forma e inmaduro en contenido) no alcanzó objetivos imprescindibles relacionados al campo de la edición. Objetivos claves para que un libro y su autor logren sus metas.

Así, y esto en base a la experiencia, reconozco que muchos autores nóveles ignoran que pocas veces un primer libro tiene éxito comercial (aunque siempre están las excepciones). La familia y los amigos no conforman un público lector mayoritario, menos cuando persiste más el “favor” de colaborar comprando un ejemplar y no las verdaderas intenciones de conocer la obra.

No arriesgues en el tiraje
El problema de muchos autores es que están convencidos (porque nadie les ha dicho lo contrario) de que a mayor tiraje de su libro, mayores serán las oportunidades de lograr un reconocimiento local y nacional. Error. Optar por un tiraje corto: 200 o 300 ejemplares, los precisos para llegar a medios, críticos y otros escritores (si es que existe interés en llegar a ellos) para generar comentarios que pongan en el mapa literario del país tu trabajo literario. También está la otra opción: comprar publicidad pomposa en los medios comerciales, pagarle a comentaristas literarios, decirle a tu compadre que escriba maravillas de tu libro, inventarte un personaje y escribir sobre tu misma obra como lo más genial de la ciudad, provincia, país, del siglo. Todo vale. Todo se ha hecho. 

Lo cierto es que conozco a muchos autores que después de haber publicado sus primeros libros, al poco tiempo decidieron comprar archivadores más espaciosos donde guardar toda aquella producción que aún espera ser descubierta.  






La alternativa de un blog
Desde el 2006 estoy vinculado a los blogs, primero al de colectivos culturales que me publicaron algunos textos, y luego con la apertura de Ciudad hecatombe, una bitácora dedicada a la literatura y que se ha mantenido todos estos años en el ciberespacio, con un promedio de tres entradas semanales. 

¿Cuánto me ha ayudado este blog? Más de lo que imaginé. ¿Cómo ayudaría a la obra de un escritor desconocido la apertura de una de estas bitácoras? Digamos que conozco a muchos autores que abrieron, postearon, y mantuvieron un discurso sin contradicciones en sus blogs que les sirvió como enganche para que sellos editoriales se interesaran en publicar sus obras. 

Es cierto que un blog, actualmente, ha pasado a segundo plano. Facebook es la nueva plataforma donde los autores desconocidos encuentran lectores, a veces más de los que habrían soñado. Se vuelven pequeños fenómenos digitales, aunque muchas veces lo que escriban no sean más que borradores a los que les falta trabajo. Sin embargo un blog sigue manteniendo esos otros recursos que lo vuelven más interactivo a los lectores (hipervínculos, audio y video) sobre todo cuando existe una obra que urge promoción, que necesita darse a conocer, ya no en un contexto local, sino global.

¿Ir o no a las librerías?
Las librerías son para autores que buscan vender sus libros con calma, sin desesperación, ni la alucinada idea de volverse un best seller. Suele ocurrirles a los autores jóvenes, y desconocidos, que sus libros pasan desapercibidos en las perchas, aunque a veces algún lector en busca de rarezas da con uno de ellos, le gusta, lo recomienda y el éxito, finalmente, tarda algunos años, pero llega.  

Pero yo no confío en las librerías, me han quedado mal. Y aunque debo reconocer que gracias a ellas he ganado en lectores, me hubiese gustado que algo de aquellas ventas generadas me haya llegado. Por eso no sé si alegrarme o entristecer cada vez que paso frente a una librería-papelería del centro de Manta y vuelvo a reconocer a uno de mis libros descolorido por el tiempo (desde el 2007) y con un pequeño y fosforescente precio que sin duda no llegaré a disfrutar tras su venta.

Pero más allá de este lamento conozco a autores que evitaron todo este trámite: guardaron varios ejemplares de sus libros en maletas o portafolios, tocaron las puertas de los colegios, luego los corazones de las colegialas y se volvieron sus propios vendedores, desde entonces reeditan cada cierto tiempo sus libros y son leídos y citados (¡éxito!).

Distribuye o archiva
Entonces para ti, autor joven y desconocido (aplica también para los no tan jóvenes y que igual son desconocidos) que llevas tu libro a cuesta, te dejo algunas de las recomendaciones que me han funcionado, en mi corta carrera, para hacer conocer mi obra y lograr que los lectores compren mis publicaciones:

·         Consigue amigos seguros que puedan comercializar tu libro en sus ciudades.
·         Crea un blog exclusivo para tu libro, donde conste: microbiografía tuya, características de la obra, fragmentos, comentarios, lugares de distribución (los amigos y sus ciudades), y el valor.
·         Canjea el libro con la obra de otros autores.
·         Envía el libro a ferias, mejor si contactas con colectivos literarios que expongan en un solo stand.
·         Envía muestras gratis a editores, blogueros y otros escritores.
·         Anuncia en las redes sociales que el libro se vende como pan caliente (aunque solo hayas vendido un ejemplar).
·         Publica en el blog el cómo escribiste tu obra. El lector siempre quiere saber ¿qué estaba pensando el autor cuando escribió aquello?.
·         Estampa la portada de tu libro en una camiseta y obséquiasela a tu novia(o) esposa(o) amiga(o).

Y si al final nada de esto te funciona, si ignoraste cada consejo exagerado de esta página, te recomiendo que busques cartones y cinta de embalaje, porque con el tiempo los libros no vendidos terminan siendo un estorbo en la casa.