miércoles, 30 de julio de 2014

Réquiem al ladrido ausente


Ya no lo veré moviéndome la cola al regreso a casa, escuchar sus ladridos en la noche, espantando gatos o tal vez delincuentes. Ya no correré a su lado, como lo hacía cada vez que lo sacaba por el barrio.

Ya no escucharé que sigue enfermo, que no ha comido, que continúa vomitando, que los medicamentos ya no lo alivian, que su posición sigue siendo la misma desde la última semana: acostado sobre su cama, mirando, solo mirando, sin pretender levantarse o vivir.

Ya no lo veré, y sin embargo sus fotos me (nos) persiguen, cientos de ellas en momentos felices, cientos de ellas para recordarnos su paso en nuestras vidas.

Hoy ha muerto Joshy, un miembro más de nuestra familia, y lo primero que he recordado, mientras me alejaba para no verlo “dormir” ante la inyección del veterinario, ha sido a los otros miembros, a los que pululan en mi interior: Capitán, Pepe, Morrison, Buba, Gringa, Sury…todos ellos anclados en momentos de nuestra historia. Todos ellos apareciendo en poemas y relatos, en mis reconstrucciones.


Y la lección de la vida sigue siendo la misma: vive y deja morir.

jueves, 24 de julio de 2014

Un pasado de colores intensos.




En su novela estoy yo, pero con ácido, mucho ácido en el cuerpo, en los recuerdos, en las palabras que solía decirle. En su novela una sombra que lleva otro nombre recorre una historia de miedo y frustración, de egolatría y pesadillas, de sangre y obsesión por lo grotesco. En su novela soy una víctima del odio, y veo en cada párrafo un pasado de colores intensos.

Quisieras juntar tu biblioteca con la mía hasta que las polillas nos separen. Ella dijo que sí, y que el alcanfor no nos dejaría caer en desgracia. Eso hicimos, desde que empezamos a compartirnos libros, desde que nuestras salidas fueron complementadas con historias de autores preferidos, desde que nos besamos y amanecimos junto a un libro de Bradbury.

Lo primero que hicimos tras reunir a las obras de nuestros autores, fue crear un ambiente de trabajo, donde los besos y el sexo aguardarían, donde la cotidianidad del amor esperaría su turno. Una mesa, dos sillas, dos portátiles y nosotros frente a frente, amándonos desde nuestro plan y también invisibilizándonos, porque sabíamos lo que queríamos, nuestros objetivos estaban trazados desde antes, y ninguno de los dos arruinaría nada.

Fueron cientos de horas de trabajo, horas inagotables de amor, horas desesperantes de corrección, horas chocando en nuestras cabezas para recordarnos que éramos felices, que nuestro mundo era el ideal. 

Y hoy su novela, la tercera en su obra, y la inédita para mí, me devuelve a dos años atrás, me arrastra a escenas que solo veía en sueños raramente, me va convulsionando los sentimientos, haciéndome sentir basura. Nunca antes sus palabras fueron tan fuertes, jamás la leí tan cruel. Oración-puño, oración-cachetada, oración-daga, oración-bala. Y las páginas continuadas son una prolongación de miseria. Sin duda será un éxito de ventas.

domingo, 20 de julio de 2014

Docentes escritores




¿Qué vuelve a un docente un escritor al que tomar en cuenta?, ¿Mientras más se escribe y publique se deja claro que existe un conocimiento y discurso de por medio?

El publicar no vuelve escritor
Existe un error que no se ha logrado corregir aún, creer que con el simple hecho de publicar un texto (llámese artículo de opinión, ensayo, informe o libro) se es escritor automáticamente. Nada más engañoso. Publicar lo hace cualquiera con capital suficiente para pagarse los costos de una imprenta, pero muy contrario es la labor del escritor constante que ha presentado un discurso y se sostiene con un estilo.
Entonces la pregunta fundamental sería ¿Cuántos ensayos, en su vida académica, es capaz de desarrollar un docente?, ¿Cuántos de estos ensayos pensados, analizados y escritos merecen ser publicados? y ¿Cuántos de estos ensayos han sido publicados en revistas significativas?
El problema más común en el que muchos docentes caen, es escribir e intentar publicar trabajos que no responden al área de conocimiento en el cual se han especializado. Así no es raro encontrar a docentes que publican poesía y narrativa (sin pretender ser poetas o narradores) o en casos más desesperados libros de autoayuda o compilados de frases célebres. Libros que no representan el mínimo aporte para su currículo académico.
Lo ideal sería que un docente (pongamos un ejemplo), especializado en Comunicación Social y catedrático en esta asignatura, escriba trabajos en torno a esta área. No artículos de opinión, sino ensayos que fundamenten una tesis donde exponga un criterio sustentado con adecuada bibliografía y sobre todo que aporte al contexto al que se dirige.

Las revistas académicas
Las revistas científicas y académicas se volvieron casi que exclusivas en el panorama universitario local y global. Por eso las universidades del país continúan creando nuevas publicaciones periódicas que puedan acoger los trabajos de sus docentes y de invitados. Revistas capaces de destacar la labor académica de cada institución, donde los trabajos y la firma de sus autores puedan dar a conocer el nivel de profesionales con el que se cuenta.
Pero la creación de publicaciones periódicas no es un tema que se elabora de la noche a la mañana, este necesita de un proyecto que configure tanto objetivos como propósito del medio, asimismo necesita fondos, personal y autores dispuestos a continuarlo. Contar con un adecuado y comprometido consejo editorial interno y externo que avale oportunamente cada texto publicado.  
Y en este escenario de constantes filtros, cuyo fin es el de publicar trabajos de calidad, la publicación periódica puede continuar o contrariamente estancarse.

Sin excusas para escribir y publicar 
No es necesario esperar a que una revista académica apruebe la publicación de un texto, recordemos que “pensamiento o ciencia no publicada no existe”, y desde esta perspectiva no se justifica la excusa de que un docente deje de escribir y publicar sus trabajos. Las opciones son sencillas, una de estas es la apertura de un blog donde se pueda exponer las ideas, tesis y argumentos desde el área de conocimiento que se proceda.
Un blog, además, es una plataforma digital que no solo llega al contexto local sino global. Un medio capaz de catapultar y reconocer el trabajo del docente escritor (si es que existe el trabajo de por medio). Así desde este constante ejercicio de escritura con fundamento se puede llegar a plataformas de mayor difusión (llámese revistas especializadas en soporte digital o medios en soporte impreso de otras geografías). Las posibilidades son múltiples. 

Docentes no escritores
Escribir, un docente debe escribir y en lo posible publicar, para ello debe acudir a los filtros correspondientes: una editorial, lectores pares, un tutor. Especialistas que logren guiarlo adecuadamente al desarrollo y terminación de un texto.
El docente debe difundir lo que crea, lo que ha puesto en práctica desde su aula, lo que ha investigado y aplicado. Un docente debe dejar un legado y ese legado se trata de sus trabajos: artículos, ensayos, libros.
Porque el docente silencioso, que no escribe ni publica solo le aguarda un futuro: la invisibilidad. Y ya hay demasiados docentes fantasmas rondando las universidades del país.

sábado, 12 de julio de 2014

La vida como aventura



¿Por qué el convertirse en centenario debe ser el anuncio del acabose de una vida?, ¿Será que la sociedad nos ha acostumbrado a ver solo la vejez como esa etapa de cierre existencial, sin aventura, sin sorpresa, sin nada que esperar salvo la muerte?, ¿Qué ocurre cuando 100 años no es el final que se espera y aún laten y persisten las historias?
Sospecho que todas estas interrogantes se las hizo el sueco Jonas Jonasson, cuando pensó y luego escribió su ópera prima El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Salamandra, 2012. Octava edición). Novela que nos habla de la vejez, de la importancia de la vejez, de aquel oscuro “movimiento” social que acompaña a las familias, que se erige pacientemente desde los asilos, de vidas conteniendo historias a montón, algunas menos creíbles que otras, pero historias al fin, capaces de alimentar la imaginación.   
Allan Karlsson es el protagonista de esta cómica, sangrienta, política a todas luces, y crítica novela. Un centenario que decide abandonar el asilo, donde el estado lo ha recluido, el día de celebración de su cumpleaños. Con este sencillo acto desata una cadena de acontecimientos que involucran a la policía local, delincuentes organizados y un conjunto de personas que en un momento determinado se reconocerán como “amigos”.
A partir de este hecho la vida de Allan se vuelve una revelación por momentos increíble: dinamitero de profesión, amigo coyuntural de presidentes de estados comunistas, socialistas y capitalistas. Salvador de dictadores. Corre caminos, siendo parte de los hechos más trascendentales de la historia política entre Occidente y Oriente: desde su intervención en la creación de la bomba atómica hasta la caída del imperio ruso.

 



En esta novela, desde la postura apolítica de su protagonista, la política es aquella maquinaria involucrada en todos los acontecimientos más importantes en la historia de la humanidad del siglo XX: Segunda Guerra Mundial, la creación de la bomba atómica, la devastación de Hiroshima y Nagasaki, el franquismo, el comunismo, capitalismo, la carrera espacial entre EE.UU. y Rusia…Y en donde desfilan personajes protagonistas de todas estas décadas, desde Franco, Lennin, Mao Tse Tung, Einstein hasta Roosevelt, Nixon…
Y es que Allan, desde las aventuras en las que se involucra (casi siempre desconociendo el tedioso contexto político), no repara en las consecuencias posteriores. Por eso su sinceridad, en volverse una voz descomprometida con causa alguna, puesto que para él la única causa es vivir como si se tratase del último día, y en esa filosofía existencial acepta las situaciones en las que irremediablemente queda atrapado: secuestrado para que comparta a los rusos la fórmula para la bomba atómica, prisionero por cinco años, espía de los Estados Unidos…
Novela de discurso ácido y crítico a la política, al fundamentalismo más atroz, al fanatismo ciego y destructivo. A toda esa masa que baila al vaivén de sus “líderes”, que acepta sin razonar las causas ajenas, de espaldas a la realidad.
Pero también Allan es el modelo anti vejez, que sale en defensa de aquella población de tercera edad “inútil” para muchos (incluso para políticas estatales). Una población, que mediante la ficción de esta novela, demuestra ser tan útil y “productiva” como cualquier otra, incluso ante aquella acelerada y estrellada juventud que desfila en la trama.
El abuelo que saltó por la ventana y se largó es la demostración de que los ancianos aún en su fragilidad son capaces de patalear y con creces, hálitos de vida superiores a todos aquellos que andan muertos rebotando en el laberinto de la urbe.