jueves, 26 de enero de 2012

En laTormenta la Música, presentación


Día: viernes 27 de enero de 2012
Lugar: Washinton y Páez, Centro Cultural Benjamin Carrión
Hora: 19H00
Presentan: 'Los Chiliquingas' y 'Jorge Gómez'
Quito
Entrada libre

miércoles, 25 de enero de 2012

A 100 años de la barbarie

Parte de los actores-bailarines que participan en la obra


¿Se puede ser indiferente a los 100 años de la barbarie?

El grupo de danza manabita MONTEDEARTE ha trabajado en una mirada, una propuesta, un grito: La Hoguera Bárbara, trabajo que integra música danza y teatro, inspirado en la vida, obra y pensamiento de Eloy Alfaro Delgado.

Lugar: Plaza Cívica de Manta "Eloy Alfaro"
Día: sábado 28 de enero de 2012
Hora: 19:30
Manta




Recital poético - teatral

Los poetas Freddy Ayala Plazarte y Paúl Puma, compartirán el día de mañana una lectura en la librería Rocinante, para todos los lectores interesados en conocer más de la obra de estos autores, esta es una gran oportunidad.

Lugar:
librería Rocinante (Tamayo y Baquerizo)
Día: jueves 26 de enero de 2012
Hora:
18H00
Ciudad: Quito, Ecuador.
Entrada libre

martes, 24 de enero de 2012

ARENA ROJA (SEGUNDO ACTO)



Norteamérica no adoptará nunca una actitud abierta sobre el nivel de sufrimiento, porque es una sociedad placentera, que gusta de considerarse a sí misma una sociedad de ternura. Y una sociedad tierna y liberal tiene que buscar maneras suaves de institucionalizar la dureza, y hacerla suavemente compatible con el progreso, con la pujanza, de manera que cuando la gente es implacable, cuando matan, explicamos que es porque se sienten desprivilegiados, o que están envenenados por el plomo, o que proceden de alguna parte atrasada del país, o que necesitan tratamiento psicológico.

Saul Bellow

Al día siguiente me dolía la cabeza, había terminado otra agotadora jornada de trabajo como ejecutivo de cuentas financieras de una importante trasnacional Canadiense.
Así que me disponía a tomarme un trago de cerveza helada en el Continental y a experimentar el lento proceso de relajación.
El alcohol de la cerveza invadía poco a poco mi organismo y como ante una poderosa ola el estrés sucumbía y daba paso a la tan ansiada tranquilidad.
En la radio se escuchaba una balada de Air Suplly y todo empezaba a cuadrar. Podría vivir sin tu amor y continuar adelante.
Después de un par de tragos me detuve a leer un poema titulado: ‘City Girl’.

Recuerdo cuando te conocí
De todas las bailarinas
eras la mejor
Y yo fui el que te encendió
tu primera pistola
Pero tú nunca conociste la
palabra control
Y te fuiste de largo
Te traté con amistad y amor
y cuando estabas triquiadota
te fascinaba que te penetrara
por el ano
Mas yo emprendí otra ruta
Y te dejé sola en el camino
Ese fue mi error y el nuestro
Te perdiste irremediablemente
El químico de la base te roía
los huesos, tu mente y tu sexualidad
Ya no danzabas porque
Ese trabajo era mucho esfuerzo
Ahora caminabas por las calles
vendiendo tu cuerpo
Para poder triquiarte
Y a los tiempos te vuelvo a ver
Toda seca, sin grasas, chupada,
Enferma de SIDA y desamparada
Y te recojo, te atiendo, te limpio,
Te alimento con ternura, te cubro con
Unas mantas cuando sientes frío
Y quemo esas ropas inmundas
y te vuelvo a alimentar con ternura
Sabes que no te puedo dar más
Y comprendes y duermes, descansas
Y yo me pregunto:
¿Qué voy a hacer contigo?



Al día siguiente, temprano en la mañana, el jefe nos llamó a una reunión para tratar un asunto importante.
Mientras esperábamos en la sala del Consejo Directivo donde se celebraban las reuniones de trabajo, unos ejecutivos consumían el tiempo leyendo el periódico, otros revisando sus papeles de trabajo, otros charlando con la secretaria.
Yo me encontraba junto al ventanal gigantesco y había abierto las persianas: la vista era impresionante, el horizonte de bello color argentino se componía de un mar azul, infinito, profundo, insondable, terriblemente cósmico y una hermosa playa de arenas blancas.
Cuando apareció el jefe nos dijo que la reunión iba a girar en torno a la presentación de los nuevos miembros del staff de ejecutivos y que aquí se discutiría cómo iban a ser entrenados.

Escuché la charla al tiempo que conocía a la guapísima chica que me habían asignado para que la ponga a punto de producir suficientes contratos para que gane los 70.000 sucres mensuales, que ganábamos todos en un tiempo en que el sueldo mínimo de un trabajador normal era de 20.000 sucres al mes.
El trabajo era duro, al menos, lo había sido así para mí. Recuerdo que el primer día hice mucho esfuerzo para reprimir mis lágrimas ya que no conseguí ningún contrato.
En ese momento estaba decidido a que eso no le pase a la muñequita que me habían asignado.
Era el momento de describir a mi nueva compañera de trabajo: Era preciosa, de mi estatura, y estaba vestida con un traje serio, de color gris, su pelo negro estaba peinado como el de Kiki Di, la cantante que hacía dúo con Elton John.
Según las instrucciones del jefe, tenía que empezar el entrenamiento sobre el terreno y sacarla a la calle, pero yo tenía un corazón grande y noble, y no me podía permitir sacar a la calle a esta futura reina de belleza y meterla en el ajo de una manera brutal, sometiéndola a todo el estrés que eso significa.
Lo que hice – para el desconcierto de ella-, fue llevarla a desayunar a la cafetería del DORAL. Allí sentados cómodamente, con aire acondicionado a toda potencia y mientras esperábamos un desayuno USA, número 3, empecé mi tarea de entrenamiento, presentándome y rompiendo el hielo con toda la fuerza de un rompehielos soviético.
Le hablé de mi trayectoria como vendedor de publicidad de un importante matutino y toda esta descarga la mezclaba con situaciones absurdas y cargadas de humor, que en ella tenían el efecto de relajarla y distenderla.
Me porté muy atento y despejé de la manera más natural cada una de sus inquietudes y hasta me esforcé por tratar de leer en sus gestos y posiciones de su cuerpo, cualquier interrogante o duda que tuviera y que no se atrevía a preguntarme directamente.
Incluso en un momento en que a ella le falló la coordinación en la serie de preguntas que me hacía respecto a cómo abordar un cliente y al manejo de la calculadora financiera mientras utilizaba los cubiertos, enseguida, después de detectar el problema me encargué de cortarle rápidamente su bistec en pequeños pedazos de carne, cosa que primero le causó sorpresa y luego verdadera delicia, de que un depredador de los negocios y futuro competidor dentro de la compañía, se comporte con tal esmero y delicadeza en ayudarle a resolver todas sus inquietudes.
Gradualmente me fui comportando con seriedad, determinación y energía para darle a entender que allá afuera la cosa era bien peliaguda y que si uno no ponía toda la carne en el asador terminaría despellejado.
Y esta mezcla de fuerza y delicadeza producía en ella una vulnerabilidad tan notoria que casi podía oír las palpitaciones de su corazón y oler los dulces y perfumados efluvios de su dilatada vagina.
Después de todo había una parte en mí que no se le había revelado: yo era un guepardo profesional, un consumidor de sexo, un cazador de mujeres profesional.
Todo este delicado asunto del desayuno de trabajo era la forma como le introduciría la parte teórica del trabajo.
Cuando terminamos de desayunar ya le había informado por completo de todo el ABC de la venta de dinero. Ahora vendría la práctica y entonces ella me dijo de manera deliberada y provocativa:

- ¿Siempre mezclas el negocio con el placer?

Y le respondí:

- Es la filosofía de los 70’s, ¿no?

Pregunta en la que no ahondé más y que junto con otras más del mismo estilo haría que yo adoptara la actitud de un sordo.



Como primer paso en el mundo de los negocios la llevé al campo de acción y fuimos al restorant de un chino rico, multimillonario con el que yo ya había programado una cita y que esperaba que no se fuera a pasmar ni a descomponer por la presencia no esperada de mi compañera, como elemento nuevo de la negociación.
De todas formas tenía que arriesgarme y gracias a la divina misericordia y sabiduría de Buda, el chino se quedó impresionadísimo con la bella y seductora presencia de mi compañera y toda la conversación sobre la negociación del Como introducción a la charla de negocios nos obsequió una abundante comida china y en un momento en que estuvimos solos le recordé que a pesar de la ceremonia de la comida y las amabilidades ella debía mantenerse alerta. El informe sobre el valor del crédito que le ofrecíamos al chino marchó sobre ruedas.
El hombre no dejó ningún cabo suelto y nos sometió a un detallado escrutinio que puso a prueba nuestras matemáticas financieras, pero con el otro ojo no se perdía ni un detalle de cada sonrisa y gesto que la chica realizaba.
No es fácil venderle un crédito a un chino tacaño incluso cuando lo necesita y se requiere mucha habilidad y tacto vendérselo cuando no lo necesita. Se requiere imaginación y hay que esforzarse por ser claro. El negociante y empresario del sur de la china es sumamente desconfiado, tacaño y nunca mira más allá de su confucista necesidad cotidiana. En cambio los taiwaneses son más abiertos a la presentación de proyectos y tienen una mentalidad más abierta a la influencia y a las proposiciones de los empresarios fuera de su círculo de conocidos.
Con mucho esfuerzo logré que el chino aceptara ver las conveniencias de endeudarse con nosotros, había que responder todas sus preguntas con absoluta tranquilidad y seguridad y si era posible despertar su imaginación y esto redobló la buena impresión que mi pupila ya tenía de mí.
Al final logré cerrar un buen contrato con un firme y amistoso apretón de manos y el chino obtuvo una importante cantidad de dinero barato para empezar un negocio de comidas dulces y bocaditos asiáticos en una importante calle de Urdesa.

Los días continuaron de manera rutinaria como si yo fuera un sacerdote, un contador, un gimnasta o un actor. Y no me reservaba nada para mi mismo. Todo secreto psicológico, toda técnica oculta de las matemáticas financieras se las enseñaba a Wendy.
Ella tenía que aprender a caminar, a hablar, a manejar la calculadora, a retirarse oportunamente, a contener el ímpetu y a no presionar, a utilizar los razonamientos, tenía que convertirse en una experta en las demostraciones, poses y actitudes necesarias para cerrar un buen trato.
¡Hasta le enseñé a manejar los cubiertos y los modales básicos en la mesa!, tenía la mala costumbre de comer colocando los codos sobre la mesa o a veces comía con una sola mano mientras escondía en el regazo la otra mano.

Pronto en una semana a más tardar ella estaba cerrando tratos de manera exitosa, los mismos que analizábamos en la barra del Continental con unas cervezas heladitas mientras éramos oscuros testigos de la caída del sol.

viernes, 13 de enero de 2012

Fin a lit, Taller de creación literaria



Fin a lit

Taller de creación literaria
2012

UN UNIVERSO PROPIO

Convocatoria

4 de Febrero al 24 de Noviembre


Revisando los elementos de forma y fondo y en el marco de la confrontación de textos originales, los participantes de Fin a lit descubrirán “Un universo propio”:

Mes uno
*De la letra a la palabra y a la escritura
La anécdota básica y sus recursos

Mes dos
*El verbo es una avenida de dos vías
De cómo La acción viste al personaje

Mes tres
*Lectores que escriben vs. Escritores que leen
El peso de los referentes en la creación

Mes cuatro
*Libertad de trazo sobre la cárcel de la palabra
Repasar la construcción del ambiente desde la individualidad

Mes cinco
*El efecto de la realidad real
De cuando lo real le hace daño a la ficción

Mes seis
*? Todos hablan de lo que aman?
El taller es de escritura y no una terapia

Mes siete
*El regalo precioso que nos dan los signos
El símbolo convencional y la reinvención del símbolo

Mes ocho
*El estilo: mito e imagen
En busca del universo propio

Mes nueve
*La tachadura y el barroco
De cuando la voz susurra

Mes diez
*El texto es mi rival
Triángulo entre el autor, el texto y el lenguaje.

Fin a lit se reunirá cuatro sábados por mes en el “Suzette” (Foch y reina Victoria) de 10 am a 12:30 pm. El costo mensual es de $ 60 USD.

Para mayor información contactar con el coordinador del taller:
Juan Carlos Cucalón al 098727038, 2 23 50 89, jccucalon@gmail.com

No existe verdad que descubra algo, solo la necesidad de ver al otro para entender que no seguimos soñando en nosotros mismos.

ARENA ROJA (PRIMER ACTO)



El hombre vive mientras consigue, con la respiración, equilibrar los átomos del aire con los del alma.
Luciano De Crescenzo


Aquel día de mayo era exquisitamente deslumbrante y yo me encontraba eufórico. Había logrado vender un BMW a una importante ejecutiva de una industria de telas y un terreno en la playa a un chino excéntrico y millonario comerciante de artesanías asiáticas.

En la tarde mantuve una conversación con un periodista, en un bar de streap tease: él me dijo que a los directores de periódicos les gustaba seguir la tradición- en este punto hicimos una pausa de silencio-, una hermosa pelirroja que había estado bailando desnuda, de repente se trepó en la barra donde nos apoyábamos para beber nuestros whiskies y disfrutar del show, para colocarse sobre sus talones frente a la cara de mi amigo, abrir sus rodillas y enseñarle el peludo conejito que tenía entre las piernas.

Me dijo que a los directores de periódicos les gustaba hacerse retratar sentados en grandes telas al óleo, esta era la tradición. Luego me leyó un poema que había escrito y que estaba titulado como: ‘Betty Lou’.

Hay mucha bruma aquí
Camino en medio de esta playa desértica
Y no veo un medio de
subsistencia
¡Moriré!
A lo lejos escucho una balada
rock country de los EAGLES
‘Take it to the limit’
El futuro es incierto
y tu amor también
¿Por qué no me hablas?
Tú tienes tanta ternura
Un viento terrible sopla, arrecia
en nuestros rostros
La bruma no me deja ver nada
¿Ya estaré muerto?
La vida es una pesadilla sin ti
y tú nunca me dices nada
…sólo me observas…
¿También tengo que adivinar
tu pensamiento?
Háblame, tómame de la mano
y caminemos juntos por este
sendero lleno de arena y vallas blancas
Nunca podremos conocernos si
no lo haces
¡Yo también estoy solo y quiero
tocarte, verte, escucharte!

Entonces palpé en mi bolsillo el fajo de billetes que tenía y me encaminé al departamento de un pintor amigo mío.

Muchas veces me lo había encontrado en diferentes bares para intelectuales y bohemios, y había tenido que invitarlo a comer para tener el gusto de escuchar toda la retórica rabiosa que sentía por el capitalismo, la civilización occidental y la política exterior de Estados Unidos.

Su departamento estaba ubicado en una esquina de la ciudad y del mundo, las tablas de madera en que estaba construido eran viejas y en una parte del piso de la casa no se podía andar, era una verdadera trampa mortal en esa parte, y los balcones no eran seguros y no se podía uno asomar ni apoyarse porque se corría el riesgo de venirse guardabajo desde una altura de dos pisos.

Finalmente llegué al departamento de mi querido amigo pintor y después de llamarlo a gritos me abrió la puerta y me invitó a pasar.

Toda su casa con sus paredes sucias eran una composición artística, un verdadero elogio a la anarquía. Él me invitó una cerveza caliente porque habían cortado la luz por falta de pago y después de un rato de intercambiar saludos nos pusimos a conversar sobre el proyecto que yo traía entre manos.

Le dije que quería que me hiciera un retrato sentado al óleo y que si me prometía seriedad y cumplimiento, estaba dispuesto a darle el cincuenta por ciento por adelantado de la obra.

Después de los saludos él se había puesto a trabajar en un óleo que tenía entre las manos mientras yo ojeaba un libro de Suetonio.

Cuando le mencioné de mi proyecto y del dinero que le iba a adelantar se detuvo en seco y me quedó mirando fíjamente…

Entonces se levantó y se fue a su cuarto. Yo lo seguía mientras observaba los detalles de su casa: todo era un desastre y un caos, los baños no tenían agua porque la habían cortado por falta de pago, en las paredes se podían leer breves pensamientos de Proust, Stendhal, Freud y Balzac.

¡Su cuarto!

Su cuarto estaba repleto de libros, telas, pinturas a medio terminar, colores, aceites, trementinas y libros sobre historia del arte, filosofía, arquitectura, literatura e historia. Y el colchón era una inmundicia sin sábanas que pudieran cubrir ese pedazo de materia llena de manchas de color café, moho y sudor deshidratado, donde mi amigo reposaba su humanidad todas las noches.

Una vez que logré aclimatarme en el cuarto, él sacó de un cajoncito unos cigarrillos de marijuana y prendió uno, y al rato me lo pasó, y fumamos tranquilamente hasta sentir que la tierra vibraba, que las paredes oscilaban y que todo el mundo se desbordaba de nuestro subconsciente a nuestro consciente hasta quedarnos completamente confundidos y desorientados.

Luego me dijo con una gran sonrisa en su rostro:

- ¡Acepto el trato!




Luego volvimos a la sala de su departamento donde tenía el caballete con la tela en la que estaba trabajando y después de coger los pinceles continuó con su rutina.

Yo seguí leyendo fragmentos de la obra de Suetonio, mientras mi pana el pintor seguía trabajando en su tela y a la media hora empezó a mirar insistentemente el reloj.

Mientras tanto yo había cambiado de libro y me deleitaba con una traducción, que el escritor Ezra Pound había realizado de Confucio.

Entonces escuchamos grifotes el escándalo que hacía el timbre y él y yo nos miramos y de manera incomprensible nos pegamos una tremenda carcajada.

Cuando mi amigo el pintor abrió la puerta dejó entrar a una señora obesa pero hermosa que venía con una niña de catorce años, ¿su hija?

Entonces la señora le recordó que hoy era el día en que ella y el maestro habían acordado encontrarse para que le ejecutara un desnudo, pero nunca se especificó quién era la modelo y ahora resultaba que ¡la modelo que iba a posar desnuda era la niña!

Yo estaba doblemente nervioso por lo grifote que estaba y porque pronto iba a ser testigo del modelaje desnudo de una niña de catorce años.

Mi pana el pintor me presentó a la niña y a la mujer obesa como un importante ejecutivo y mecenas de los artistas incomprendidos, desamparados y como una persona inteligente. Ante esta situación la señora obesa y la niña dijeron que no tenían ningún problema en que me quedara a presenciar el trabajo.

Mi amigo el artista le indicó a la niña que vaya a desvestirse atrás de un biombo de tela florida, mientras él se preparaba. Luego cambió la tela que estaba utilizando por una nueva, mientras la señora buscaba una silla de metal, amplia que soportase su descomunal peso.

La niña, después de pocos minutos, salió detrás del biombo, completamente desnuda, pero envuelta en una toalla. Mi pana la hizo recostar en un mullido sillón de los que usaban los psiquiatras de antaño y después de quitarle la toalla que la cubría, empezó el trabajo de dibujarla. La niña quedaría como el desnudo de Ignacio Zuloaga, titulado: ‘La Italiana’.

Yo me quedé hipnotizado con aquella desnudez infantil tan nueva para mí.

Cuando mis ojos se encontraban con los de la modelo simulé mil veces que aquellos no se deleitaban con ese cuerpo pequeño, delicado, que carecía de vello púbico y de pechos de una verdadera mujer.

Sus pechos a duras penas eran unos pezones grandes y en su cuello, Andrea llevaba una gargantilla fina y de color negro.

Mi pana, después de un tiempo considerable, terminó de bosquejar y de dibujar la tela y le dio permiso a la niña para que camine por ahí, se relaje y tome un descanso.

Entonces ocurrió algo raro, una cosa curiosa: la bebe se me acercó, desnuda, pero envuelta en una toalla y me pidió fuego para que le encendiera un cigarrillo.

Y me hablaba de mil cosas a la vez y me contó que ese cuadro estaba destinado como regalo a un importante diputado.

En sus ojos azules podía ver toda la satisfacción que sentía por haberme regalado a mis cansados y hambrientos ojos el espectáculo de su tierno cuerpo desnudo.

viernes, 6 de enero de 2012

Arena Roja (novela), prólogo


Sam Scholl, escritor ecuatoriano (procedente de la ciudad de Guayaquil) nos ha cedido el respectivo derecho para publicar (y por partes) su novela corta Arena Roja. Obra que hasta hoy se mantiene inédita, en espera de una pronta publicación en soporte impreso.
Como medio de promoción y difusión literaria, es todo un honor el contar con el aporte de este paciente narrador subterráneo. Por ahora solo queda invitar a todos los lectores de este espacio a que sigan las próximas entregas de esta novela.
(El administrador del blog)


ARENA ROJA


POR


SAM SCHOLL


Existen dos claras diferencias entre una obra de arte y un documento científico. Una es que en la obra de arte el pintor toma visiblemente el mundo en fragmentos y los reúne en el mismo lienzo. Y la otra es que se le puede ver pensativo mientras la realiza, (por ejemplo, Georges Seurat, cuando ponía un punto de color junto a otro de distinto color para lograr el efecto total de mujer joven con borla y le bec). En ambos sentidos, el papel científico es, con frecuencia, deficiente, suele ser únicamente analítico y casi siempre oculto el proceso mental en su lenguaje impersonal.
Jacob Bronowski

Oh, Dios no dejes que este océano violento me devore los sesos y me los deje sin oxígeno, me reviente las tripas y me haga polvo los huesos. Ayúdame a entrar al mar con valor y determinación hasta el final. Ayúdame Dios, a estar listo cuando venga esa ola gigante, que la sepa reconocer, remar y montarla para irme con ella. No me desampares cuando mis hombros agotados no me lleven más a ningún lado
Amén
Oración de un surfista


PROLOGO

Querida Madison:

Una luna gigantesca colgaba en medio de una noche negra como la podría imaginar un ciego de nacimiento. Era una bola brillante, gigantesca, lejana. Poseía unas manchas de un gris azulado. Aquel color me recordaba los labios azules de un surfista, traumado de miedo por el tamaño de las olas y por el agua helada.
Aquellas manchas lunares parecían continentes, separaciones, una invitación a la imaginación, un desafío a la ciencia, una provocación para los amantes, una oportunidad para sembrar.
El mar del Miramar, negro como la tinta, a esas horas, adquiría un rarísimo color plata brillante, por el efecto del satélite.
Las olas de un negro abismal sólo se podían oír. Sus impulsos naturales adquirían fuerza y al final e invariablemente se estrellaban sobre las rocas.
Las palmeras altas como todo lo que es digno, hermoso y noble, se mecían suavemente sobre la atmósfera.
Aquella mujer caminaba dominando a duras penas su prisa. Sus labios gruesos poseían una belleza africana, indómita, que hería la mente y la vista. Provocaba pasar horas y horas contemplándola, imaginándola.
Sus senos pequeños, pero bien formados parecían colgar frágilmente como a punto de caer. Reflejaban el paso de los años, pero eran abundantes, poblados de pecas y ricos en carnes blancas.
Y eso era lo que ella quería… una ninfómana sólo piensa en caer, perderse en el loco frenesí del sexo. Tener a todos los hombres humillados bajo sus pies, conocer todos los suspiros y formas de amar y ser parte de ellos, de su tiempo, de sus vidas y darles placer.
Para ella dar placer a veces era más importante que sentirlo.
Cuando hacía explotar a un hombre, ella llegaba a sentir que lo dominaba. Y aunque iba con la mente en otro asunto, ansiaba que alguien, un hombre apasionado, le hinchara los pezones con la succión de sus labios de su ávida boca.
Su cuerpo estaba diseñado para el placer que proporciona el sexo. Su vientre era una pequeña y exquisita burbuja de carne, una pequeña pipa voluptuosa, que expresaba abundancia, un refugio y una promesa de placer gigantesco e infinito.
Su boca. Hasta su boca estaba diseñada para amar, para succionar, para seducir, para asar a fuego lento y después fundir la virilidad de cualquier hombre que la penetrase.
Movía los pies con astucia y premeditación.
Sus pies poseían la delicadeza y la elegancia de una mujer, un cuerpo, un alma acostumbrada a la elegancia, la abundancia y las comodidades. Aquellos pies elegantes estaban calzados por unas zapatillas romanas, exponiéndose valerosamente al polvo, el lodo o a la arena. Sus dedos, gorditos como pequeñas salchichas, poseían una exuberancia afrodisíaca tan perfecta, que era capaz de provocar en los hombres las reacciones más disparatadas y estaban envueltos, como todo su ser, en una fragancia que causaba profundos estragos en la mente de los hombres, un efecto disociador mayor, casi lujurioso.
Sus caderas anchas, apenas eran sujetadas, como un embutido alemán, dentro de un pantalón negro, que desdibujaba con una sensualidad casi agresiva, todas sus partes, mostrándolas impúdicamente, con atrevimiento.
Caminaba con una sensualidad felina casi insolente, y su rostro poseía una belleza fina, de buena raza, algo que no era de este mundo.

Me miraba a través del lente de la cámara de circuito cerrado del tanque de seguridad con su ojo izquierdo, como sólo ella sabía hacerlo. Una mirada que reprimía un doloroso deseo. Como si le hubiera fallado en la cama por mi impotencia después de una frustrante sesión de sexo oral. Un deseo largo tiempo reprimido.

Pasó por en medio de las chicas que bailaban desnudas de una en una sobre la pista o en parejas. Totalmente desnudas al compás de la música electrónica de la playa.
Las luces de colores daban la atmósfera precisa que los clientes buscaban. Aquellos ejecutivos cansados del sol y de las presiones buscaban fundirse en la tranquilidad y el anonimato que brindaba la oscuridad y la música electrónica.
Todos querían gastar su dinero tranquilamente, sentados, escuchando música de los HALL & OATES como RICH GIRL, oliendo el perfume de aquellas figuras danzarinas, completamente desnudas, tomándose un whisky o un complicado e imaginativo cocktail.
También se podía ver en la TV por cable un partido de jockey, fútbol, el carnaval de Rio de Janeiro, una competencia de surf en Australia o un combate de boxeo tailandés.
Todos querían olvidarse de sus problemas y cualquiera que hablase de negocios en aquel sitio le sacaban la tarjeta de off side y lo tomaban como un deschavetado que estaba fuera de juego.

Las olas del mar eran un murmullo lejano, una música de fondo, que aunque imperceptible, se lo intuía y algunos surfistas hasta lo podían oler y ver.
Una gigantesca onda de agua tomó forma en el aire con ayuda del viento, osciló unos instantes, dubitativa, y luego se precipitó sobre las rocas.
En la barra se encontraba el viejo surfista Red Hughes, bebiendo, sorbo a sorbo, una cerveza helada mientras leía un reporte de la GDA sobre huesos humanos de 3.6 millones de años, hallados en Sudáfrica.
Se trataba del descubrimiento paleoantropológico de una osamenta casi completa de un homínido de unos 3.6 millones de años.
La nota iba así:


El fósil de 1.22 metros de altura, daría más pistas sobre la evolución humana, y fue hallado en Sterkfontein, en las afueras de Johannesburgo.
En ese mismo lugar se descubrió el primer cráneo de un homínido en 1924.
Un solo hueso sería emocionante, pero al parecer se trata de la osamenta completa, el secreto para saber cómo funcionaba la criatura. Eso eliminaría cualquier conjetura dijo Phillipe Tobías, jefe del equipo de investigadores de la Universidad de Witwatersrand de Sudáfrica.
Algunos hallazgos anteriores de fósiles de homínidos, entre ellos los más antiguos hallados en el este de Africa, son apenas fragmentos de cráneos o de esqueleto. El antropólogo dijo que el hallazgo del denominado Australopithecus podría ayudar a encontrar el eslabón perdido de la evolución del hombre de simio a ser humano. Este es el descubrimiento más importante en Sudáfrica desde el hallazgo del cráneo Taung en 1924. El cráneo de Taung, completo y perteneciente a un niño, mostró por primera vez la semblanza de los seres humanos más primitivos. No fue posible determinar el sexo del individuo porque los huesos de la pelvis, las vértebras y otras extremidades no pudieron ser hallados. El director de excavaciones en Sterkfontein, Ron Clarke, dijo que los restos del homínido serán desenterrados de una mina de piedra caliza a 15 metros de profundidad. El científico señaló que las pruebas preliminares demostraban que el homínido no solo caminaba erguido, sino que también trepaba a los árboles…




Red Hughes bebió otro trago, reflexionó en silencio sobre los oscuros enigmas que encerraban el origen del hombre y siguió disfrutando del show.
En la TV por cable pasaban una escena curiosa:
Un hombre y una mujer se enfrentaban en el cuadrilátero solitario de un coliseo estudiantil. Un gimnasio en semipenumbra. Ella usaba una camiseta negra, sin sostén y unos shorts, también negros. Ambos estaban descalzos y usaban tobilleras.
Aquella mujer poseía una belleza fascinante, muy romana.

Red bebía otro poco de cerveza y contemplaba su rostro, sus hombros… le gustaba esa mujer. Poseía una belleza íntima, única. Tan delicada como una romana de Pompeya y tan recia como una diosa espartana de la guerra.
De pronto una bailarina se plantó delante de sus ojos. Sus piernas fuertes, ejecutaban un paso de baile tan oscuro como seductor. Una gota de sudor de la bailarina cayó en el vaso con cerveza.
Red pensó que era cerveza croata con el sudor de una show girl y se bebió el contenido asqueado pero sin respirar.
Rod, después de trabajar muchos años en la agroindustria exportadora de corazones de palmito, se había especializado en reunir contactos por todo el mundo. Ahora su bar de streap tease poseía una oferta mundial de cervezas. El ecuatoriano medio ya no tenía que viajar por todo el mundo para tomarse una cerveza de Filipinas, Japón o de Rumania.

Red frente a la bailarina desnuda que danzaba y que no paraba de moverse, le ofreció un billete y la chica lo cogió inmediatamente como si tuviera miedo de que él después se arrepintiera y se lo fuera a quitar.

En la TV por cable seguía la escena de ¿acción?
Aquella irresistible mujer bombardeaba a golpes a su contrincante. Lo atacaba como si fuera el peor enemigo de su vida. Él bloqueaba todos los golpes, retrocedía y se movía alrededor del ring. Pero, permanecía cerca de ella, ni muy lejos ni muy cerca. Se veían a los ojos. Aquel gladiador estudiaba a su contrincante, como un animal que huele la furia de su adversario, el empeño en destruirlo, la amarga frustración, su deseo por castigarlo.
Después se cambiaron los papeles.
El luchador empezó a buscarla, a devolver los golpes, dolor con dolor. Con una seriedad mortal, bloqueaba sus golpes. Quería hacerle sentir miedo, mostrarle los destellos asfixiantes de la muerte. Los huesos chocaban sordamente contra los huesos. Eran verdaderas implosiones de calor y dolor. Gritos de dolor se ahogaban en aquel gimnasio. El hombre le bloqueaba los golpes de ella y el color rosado de la piel traumatizada e irritada, pronto daba paso al lila y a la hinchazón.

Red Hughes podía escuchar su pensamiento:
Querías conocer…beber de la fuente de la fuerza, querías ver el fuego fascinante, bello y mortal de la agonía. Asomarte al abismo de la muerte, el vértigo estremecedor y extremo del horror…yo te daré lo que quieras…
La mujer sobre el ring estaba siendo presa del agotamiento, se la veía confundida, llena de dudas sobre su capacidad y sobre la victoria, agotada, con la moral eliminada.
En un momento de vacilación el hombre la apresó con sus brazos y la proyectó violentamente y sus huesos fueron a dar a la lona para no volver a moverse.
El contrincante se sacó los guantes- la cámara se iba acercando hasta posicionarse encima de los dos-y puso su mano en el cuello de la mujer. Empezó a apretar…apretó y apretó hasta ver cómo quebraba toda su reserva de energía combativa. La decisión de ella se tornaba en llanto y pavor, sus ojos empezaban a brotárseles, su rostro se congestionaba, se asfixiaba. De pronto el victimario soltó la presión y con su boca le inyectó el oxígeno vital a la mujer de rostro desfalleciente. El oxígeno de su amor y de su pasión invadía sus pulmones, devolviéndole el impulso vital, la vida.
Red estaba con la boca abierta. ¡Qué tremendo resultaba todo aquello!
Delante de él, unas piernas le obstruyeron el show y una pequeña sombra de vello púbico se colocó muy cerca de su nariz por unos breves segundos.
Esas eran las únicas muestras de afecto que recibía en su mundo. Un mundo diseñado para no recibir dolor ni fatigarse con enredos y apasionamientos conyugales inútiles.

El luchador empezó a recorrer con su lengua todo su cuerpo amoratado. Y ella, medio desvanecida, parecía una pista de carne sudorosa. Él con su ¿amor?, sí, con su amor lamía los golpes, con el dolor de un amante arrepentido. Aquella piel sudorosa era un néctar, ambrosía de pasión y fuego. El luchador le había quitado la camiseta y le succionaba los pezones y le dijo mil veces:


- Lo siento.

Rod se encontraba cocinando y por el circuito cerrado vio el rostro de Claudia Stein. Seguramente venía a pedir un favor. Rod apretó el botón para permitir el ingreso. Estaba preparando un arroz con camarones y tiburón en salsa.
Se necesitaba freir bien en aceite los camarones, la cebolla, el ajo la pimienta, la sal, el pimiento y el tomate, luego se agregaba leche de coco y el coco rallado. Se añadía agua al arroz y se ponía a hervir. Para la cocción del tiburón era otro procedimiento:
Se sazonaba el pescado con sal, pimiento y ajo, se prepara, aparte crema de leche con cebolla, una copa de vino y una pizca de sal y pimienta.
En un molde engrasado puso los filetes de tiburón y lo cubres todo con la crema de leche para luego, hornear a temperatura media, hasta que esté listo.

Claudia Stein atravesó aquella pista de danzantes eróticas. Mujeres de una belleza singular y exótica se paseaban suavemente. Iban desnudas, algunas calzadas sólo con lujuriosos zapatos de tacos y envueltas en toda clase de esencias extranjeras, la mayoría.
Claudia llegó a la puerta de la oficina de Rod y un profesional de SAVATE le dejó pasar.
Cuando la chica llegó a la cocina del gabinete privado de Rod, olió los camarones y el tiburón con los vapores del condimento asiático.
Claudia era una vieja amiga, un recuerdo grato y parte de la existencia de Rod. Siempre estaba quebrada, a pesar de la importante pensión que le pasaban los padres con tal de mantenerla alejada del Guayas.
Entonces conversaron.
El problema de Claudia eran las deudas.
Acordaron un préstamo incobrable para que ella pueda salir de sus aprietos económicos. Y Rod le dijo:


- Hoy ví los pies más sexis de toda mi vida.

Habían terminado de comer y ahora ambos estaban desnudos sobre un taburete con cojines de cuero y diseño ergonométrico, para ajustarse al cuerpo. Una alemana, también desnuda, le pisaba a Rod los músculos de la espalda.

Claudia respondió:

- ¡Ah!, sí, ¿y qué tal?

Rod continuó:

Aquella chica metió el pie, muy suavemente en el zapato de taco alto…


- ¡Qué más, qué más!

- Fue un espectáculo solar, un portento, un acto divino. Algo así como cuando el agricultor ve descender del firmamento la lluvia prometida por Dios. Me transporté a la imagen hasta tenerla frente a frente, casi pude ver que mi cuerpo penetraba en su ano, al mismo tiempo que ella metía, suavemente, su precioso pie blanco en el zapato puntiagudo de color rosa.

La masajista alemana se bajó del camastro de masajes y se subió al otro…y empezó a pisar la espalda de Claudia, liberando los nervios oprimidos por las vértebras, el peso de la cabeza sobre la columna y la mala posición del cuerpo.
Red Hughes seguía disfrutando de las sensaciones que su cerveza croata le inyectaba en el cerebro y que lo hacía hablar y hablar.

Mary Jo, medio borracha, se sentó a su lado. Estaba contenta o fingía estarlo, o quería estarlo daba igual. Esta bella asiática tenía una historia. Red había conocido a Johnnie Pick Up. Eran sus amigos, pero en las únicas ocasiones en que los veía era en una barra. De niños y jóvenes pasaban juntos en la playa, pero ahora cada cual había elegido su camino y como alguna vez dijo Enrique Insua:

Dios nos junta y por un tiempo vamos por el mismo camino hasta que tarde o temprano cada cual sigue su propio destino.




La cerveza croata corría velozmente por el sistema cardiovascular de Red.
En medio de los chillidos de las chicas y de la música electrónica, Red se abrió paso entre las palomitas de maíz y la espuma de cerveza. Luego leyó otra noticia internacional, era un artículo de Gary S. Becker de la agencia AIPE, y se titulaba: ‘EL APORTE ECONOMICO DE LA AMA DE CASA’.

El trabajo del ama de casa es parte importante de la producción total de todas las naciones, aunque no sea reconocido en las estadísticas que componen el producto interno bruto (PIB).
Tal costumbre desestima la contribución de las mujeres, ya que ellas son responsables de la mayor parte del trabajo en el hogar, a la vez que distorsiona las estadísticas de crecimiento económico y afecta negativamente la autoestima de muchas mujeres que trabajan en su hogar.
Las familias son en realidad pequeñas factorías que aún en los países más avanzados aportan muchos bienes y servicios valiosos: crían a los niños, preparan alimentos, cuidan a los enfermos y a los ancianos, etc.
Las mujeres contribuyen con alrededor del 70% del tiempo total dedicado a este tipo de actividad, aun en naciones igualitarias como Suecia. En los países pobres, las mujeres hacen virtualmente todo el trabajo doméstico. Algunas feministas argumentan, de manera persuasiva, que incluir este tipo de trabajo en el PIB obtendría mayor respeto para las mujeres en aquellas naciones subdesarrolladas donde se las trata mal. Fijar un valor monetario al aporte de la mujer en el hogar frecuentemente significaría que ella ‘gana’ más que el hombre, pero otras feministas se oponen a este cálculo porque dificultaría alcanzar su meta de sacar a las mujeres del hogar para que trabajen fuera.
Es hora de reconocer al trabajo en el hogar entre los bienes y servicios que forman parte del PIB. Las largas jornadas de trabajo hogareño indican que la producción casera es un porcentaje importante del total. Después de todo, cuando se contrata a alguien para que cocine, cuide a los niños y limpie la casa, ese trabajo se incluye en el PIB, pero no se hace cuando es aportado por las madres…

Y la cosa iba por ahí…
Red interrumpió la lectura. Mary Jo se le había apoyado en el brazo y chachareaba con su voz aflautada, asiática, femenina como un pájaro. Otra vez estaba borracha.
Red la llevó a su departamento y el viaje se hizo lentamente, bajo la lluvia. Ella estaba casi inconsciente. Sólo se escuchaba el sordo ruido del limpiaparabrisas. Red la tuvo que entrar cargada, incluso se la echó al hombro, en su cartera encontró la llave.

Se acercaba una tempestad. Había llovido tanto y tan fuerte que el nivel del mar era alto y sus embestidas se habían llevado la arena casi hasta la calle principal del malecón.

Entrar al departamento de Mary Jo, era entrar a un sarcófago egipcio, había centenares de fotos de mediano tamaño, que recordaban los momentos más significativos de su vida junto a Johnnie Pick Up.
Fotos de cuando entrenaba boxeo patada con Tommy, fotos de Johnnie con su moto llevando de paseo a Marie la amante negra de Tommy, fotos de Mary Jo con su uniforme de peluquera, fotos de Johnnie ensangrentado y victorioso como Dominique Valera en el ring de boxeo de la penitenciaría, fotos de Johnnie cocinando hamburguesas en la madrugada.
Red la desnudó a Mary Jo y la dejó ahí, tendida, desnuda, invitadora…
Hughes con su traje, saco y corbata, arrugados, los ojos enrojecidos, observaba ese cuerpo sin ropas, perdido en el dolor y la inconsciencia, el cuarto presentaba señales de suciedad y desorden.
Observaba sentado las contorsiones inconscientes de Mary Jo. Hablaba dormida con alguien, ¿con quién?
La atmósfera de penumbra era sepulcral, Red se sentía sentado en el interior de una tumba egipcia o en algún círculo del infierno narrado por Dante y recordó un pequeño poema de aquella pieza:


¡Hijos de Eva a quién es
Soberbia cara,
La frente alzad, que si
Bajáosla al suelo,
Leeréis en él vuestra flaqueza
Rara!




¿Qué podía hacer él?
Ya hacía cuatro años que Pick Up se había estrellado y descerebrado en su moto. Dos años después Tommy Robin, también había muerto, asesinado, ametrallado, mientras dormía con la negra Marie.
Red sentía que estaba en la edad en que empezaría a ver los nombres de sus amigos en la página de defunciones. Y a rezar por ellos.
Ellos habían decidido, pero también él les había fallado.
Él se dedicó a la contabilidad y en sus ratos libres se había hecho adicto a las noticias internacionales, un día se decidió por formar una empresa de auditoría contable y con el tiempo consiguió auditar una compañía de cables noticiosos mundiales, que estaba mal administrada y se metió en el mundillo de la bolsa de noticias internacionales, primero compraba noticias y luego se hizo accionista, para, finalmente, convertirse en presidente de GLOBAL RED ENTERPRICES, una compañía que vendía despachos internacionales.

Todo era una dicha hasta el día en que fue visitado por agentes de inteligencia militar del gobierno y empezó a trabajar vendiéndoles información satelital clasificada.
Cuando las cosas empezaron a introducirse en política internacional, diplomacia y espionaje, Red sufrió un colapso nervioso, completamente paranoico y se quiso apartar de inmediato de todo aquello.
A Red le parecía que el espionaje económico y el asesinato político era un cockteil que producía náuseas y vómito de borracho y eso a él no le gustaba nadita, tampoco le gustaba que los homosexuales le besen en la boca.
De inmediato se dio cuenta de que no podría salir fácilmente, era muy inteligente, muy indispensable y sabía mucho, además estaba en la nómina de pagos de seguridad nacional. Y Red llegó a comprender que esas nóminas se daban de baja sólo con la muerte.
Red había oído rumores de cómo se manejaba la política y empezó a moverse, subió los peldaños de todas las agencias del gobierno que fueren necesarias para conseguir su retiro, se entrevistó con las personas adecuadas de la DIRECCION DE PERSONAL DE LA ARMADA y de las distintas ramas de las fuerzas armadas. Red quería salir.
Finalmente lo consiguió al lograr vender sus acciones a la esposa de un general del ejército y por intermedio de las influencias de ésta, pudo solicitar la jubilación y el retiro.
En aquel instante de alucinada borrachera había visto pasar su vida como la agonía expiatoria de un desahuciado, mientras miraba el cuerpo desnudo de la novia de su amigo difunto.
Todos iban muriendo: Christie Mac Dougal, Johnnie Pick Up, Tommy Robin.

El mar rugía violentamente y Red escuchó los rotores de un helicóptero que tronaron por espacio de unos segundos encima de aquel departamento en viaje hacia un destino clasificado.

Claudia Stein escuchaba las descargas de Rod.
Sus cuerpos estaban cubiertos por una toalla en la sala de masaje que Rod tenía atrás de su bar.
Rod le dijo efusivo a Claudia:


- Eres terriblemente mujer, para mí. Si yo pudiera sorprenderte en un momento de tristeza, de melancolía, de vulnerabilidad, un momento de hambre, flemático, de refinada tristeza y toda mujer lo tiene en algún momento.


- ¿Qué harías?- contestó Claudia, divertida-.


Descendería del cielo y suavemente, muy despacio, te ayudaría a ser feliz. Como una transfusión de sangre, te amaría.


- ¡LOCO!


- Te mordería, te dominaría. No me sentirías, pero estaría ahí, como esos viejos impotentes, encerrados en la cárcel de la disfunción fálica, en la resignación. Al socorrer con dinero a sus veleidosas y temporales amantes. Sería tu confidente, tu paño de lágrimas, tu aliado incondicional, tu chofer, tu guardaespaldas, tan dentro de ti y de tu ser como las pecas de tu espalda o de tu pecho o como tu sandalia romana favorita.


- Tienes que estar enfermo de deseo y borracho para que me hables así, ¿qué me quieres decir?


- Te conocería a fondo como un botánico que examina mil veces una planta rara y exótica, que analiza con un microscopio todos sus órganos y exploraría tus entrañas como un laboratorista, bucearía en tu mente, conocería tu psique, tu forma de discurrir, las complejidades de tu cerebro, la forma como abordas los asuntos, cuando mientes, cuando dices la verdad, me bebería cada gesto de tu cuerpo, bebería de la fuente de tus reflexiones.


- A ver, déjame ver si entiendo bien toda esta locura…


- Te llevaría a conocer otras constelaciones, divagaríamos juntos por los arcanos ocultos y censurados del conocimiento. Conocimiento profano, prohibido, nos perderíamos hasta llegar a tocar las nociones más altas e inverosímiles del absurdo, el dadaísmo, la patafísica y la locura. Y luego…


- Oye espérate un rato, dime, ¿qué clase de yerba estás fumando ahora?


- Y luego regresaríamos al contacto áspero de la realidad, un poco agotados, sedientos, pero felices, extenuados, pero más unidos, más seguros de nosotros, con ganas de volverlo hacer…


Mientras se acostaba la noche sobre el horizonte, el calor de la radiación solar daba paso al frío y al viento nocturno. Pequeñas y débiles luces se encendían en los hogares a lo largo del malecón.
El principio esencial de una mujer es su necesidad vital y primaria de amor y ternura.

jueves, 5 de enero de 2012

El náufrago y la isla, a presentarse


Compartiendo la alegría de Antonio Vidas, compañero de tierra y letras, que ya dejó en el 2010 un antecedente en su país, tras la salida de su primera obra El arpa del ceibo en llamas.

Ahora, con esta nueva publicación, sin duda (y esto tras leer el manuscrito hace un buen tiempo) continúa el mismo nivel poético que ya dejó demostrado en su ópera prima. Los mejores éxitos. Y que la poesía no pare!!!

Por ello quedan todos cordialmente invitados (sobre todo los que están en España) a la presentación de esta nueva obra.

Lugar: Biblioteca Pública de Palma "Can Sales"
Día: juves 26 de enero de 2012
Hora: 18h30
Entrada libre

miércoles, 4 de enero de 2012

Sobre cuentos de largo aliento


Toda obra colectiva de talleristas, aunque los poemas y relatos que los compongan los firmen múltiples autores, es a fin de cuentas una obra colectiva. Me explico: un taller literario consiste básicamente en corregir (sugerir, confrontar y sobre todo editar) cada uno de los textos presentados por sus integrantes. No hay trabajo, poemas o relatos, de tallerista que no se salve de contener un verso, una frase, una escena sugerida por otro de sus compañeros. Una obra colectiva.

Por eso, en nuestro contexto de talleres y orgullosos talleristas, resulta aburrido leer las biografías (a veces apabullantes y grandilocuentes) de autores que enfatizan en presentar obras individuales. Lo son en la mera firma, pero sin el reconocimiento de haberse tratado de textos trabajados junto a otros (y quien lo niegue deberá alejarse de su taller literario y entregarse a la soledad creativa, solo allí viene el verdadero reto para el autor).

Con este antecedente me encuentro con Luz lateral, cuentos de largo aliento (Jaguar editorial, 2011) obra colectiva integrada por algunos talleristas de la Casa de la Cultura. Libro que, a decir del editor, “atestigua desde lo lúdico un reencuentro con nuestras identidades ecuatoriales”.

Historias de amor (mucho amor), odio, muerte, impulsos descontrolados, conforman las temáticas de este libro. Sin embargo varios de estos trabajos sobran, debieron trabajarse hasta el agotamiento, alcanzar un mismo nivel. Por ello, rescato los relatos La Fannycita de Amira Acosta, Proyecto Efra de Jenny Cortez, En el almuerzo de Mayra Alejandra Arias, La trilogía del amor de Kenny Oñate, Casados recién de David Cedeño y San Biritute de Fausto Cristóbal Ramos.

Y hay que decirlo, se exagera cuando, el editor, afirma que “con esta obra, estos nuevos narradores, denominados la Generación Fractal, demuestran una incesante búsqueda de oficio literario, y configuran relatos iluminados de belleza conceptual, propio de los buenos escritores”.

Aún, a este conjunto de talleristas, les espera un camino largo, porque tras la independencia les tocará responsabilizarse absolutamente de su obra. Y solo allí se reconocerá a quienes lograron el compromiso total con la literatura.

martes, 3 de enero de 2012

El Diablo vengador


En la oscuridad su voz escucharé
y siento que con odio
venganza les daré.
Legión, Venganza.

Ig es el Demonio, en su más pintoresca representación, imagen fidedigna del cliché cristiano: cuernos, de piel roja, y armado de un tridente para atacar a sus enemigos: el mundo. Aunque en este caso el mundo se reduce a su vida: una que empezó a hundirse tras el asesinato de su novia Merrin.


Stephen King junto a su hijo Joe


Cuernos (2010) la segunda novela de Joe Hill, demuestra que este narrador no se ha dejado apabullar por el éxito de su primera obra (El traje del muerto, que en este 2012 aparecerá en las carteleras de cine) y contrariamente en su nueva historia retoma esos valores invertidos de los que se componen sus personajes, para demostrarnos que el amor aliado a la venganza, lo justifica todo.

Novela donde el Diablo, encarnado en el protagonista (que amanece con cuernos en su frente y tiene el “don” de hacer develar los secretos más recónditos de quien se le acerca), es la voz y figura vengativa, remediando el breve pasado; reclamando sangre y justicia por una novia violada y asesinada brutalmente en el bosque; desenmascarando a vecinos, familiares, y amigos que dudan de su inocencia entredicha; y finalmente desapareciendo en un “accidente” que lo devuelve a su felicidad: junto a Merrin, su primer y último amor.



Sin duda la mejor herencia de Stephen King para su hijo Hill ha sido aquel telón deprimente con el que se componen sus personajes, el desencanto más desgarrador, ese apego a la realidad (desde lo emotivo) que logra mantenerlos de pie aún después de la última página.