domingo, 23 de febrero de 2014

Adam Sandler: detrás y al frente del humor amplificado




¿Cómo se pasa del adolescente ridículo que a fuerza de chistes agresivos intenta hacer reír a los demás, al maduro que ha resuelto hacer de su vida una cómica transgresión de sucesivos actos? Para esta interrogante existe una respuesta: Adam Sandler (Brooklyn, 1966) comediante, actor, guionista, músico y productor cinematográfico. Un multifacético actor (sobre todo) que resolvió aplicar la fórmula del humor trivial que habita en escuelas, colegios, universidades, amigos y familia, en la construcción de sus personajes. Depurando un estilo, que lo ha llevado a estar detrás (director y guionista) y al frente (actor) de películas inolvidables.

Universo Sandler
Todos tenemos un hermano, primo, amigo, vecino, compañero de clase, cuñado… que resultó ser el gracioso, el comediante, el bromista pesado pero entretenido, el ingenioso y muchas veces arrogante, que en medio de todo irritable comportamiento, divierte.
Sandler se ha puesto en los zapatos de todos ellos, entendió y aprovechó el abundante material que estaba ahí y lo explotó, desde el inicio, desde el insoportable Billy Madison (1995) sacando de quicio a un padre, a un empleado en busca de poder, y a una profesora sexy, como lo serían las coprotagonistas en lo posterior. Desde este Billy idiota (aunque previo se lo reconoció en Cabezas huecas, 1994, en su papel de Pip) holgazán, alcohólico, que finalmente termina encontrándole un sentido medio provechoso a su vida (yendo a la universidad, legando la dirección de su emporio empresarial al mejor empleado de su padre y besando a la profesora) hasta arribar a otros papeles de perdedores medio estables como en Happy Gilmore (1996) o en El aguador (1998) Sandler ha hecho lo más significativo de su carrera: entretener, y con ganas, con aquella emoción perdurable que compone su obra.

Humor que identifica
Si hay que reconocer en Sandler la fidelidad en su obra, en su arte cómico, en el absurdo que convive en cada uno de sus filmes, este recae en películas insignes en su filmografía como en El hijo del diablo (2000) donde del patético personaje diabólico termina siendo un héroe menos invisible. O en aquella alucinante y entretenida Click: perdiendo el control (2006) donde la moraleja del tiempo malgastado es una broma eterna. Pasando por aquella desesperante Yo los declaro marido y…Larry (2007) donde el tema de la homosexualidad, desde todos sus clichés, divierte. Lo mismo que ocurre en No te metas con Zhoan (2008) donde el matón que huye de la India para radicarse en Estados Unidos busca en el ser estilista la pasividad ante la violencia que lo acosa. Mientras que en Son como niños (2010) se destacada un tema persistente: la inmadurez, la misma que recae en un grupo de amigos reencontrados. Finalmente en Jack y Jill (2011) ocurre algo interesante: Sandler se desdobla en las caracterizaciones, así el estar desde ambas perspectivas, sea como Jack (desde el drama) o como Jill (desde el humor de siempre) no hace más que ahondar en su esencia de humorista, uno que ha sabido relacionar, sin complicación, géneros tan disímiles como el drama y la comedia a favor de su estética.

El drama aferrado al humor
Los personajes de Sandler no encajan del todo en la sociedad, muchos de ellos son inestables emocionalmente, perdedores certificados o en camino de serlo, pero en el fondo buscan una integración y resolver los problemas de su vida y con ello el de los demás, así se aprecia en Un papá genial (1999) donde el protagonista adopta un niño y descubre a su personaje en toda su emotividad paternal.   
Algo parecido ocurre en Siempre hay tiempo para reír (2009) donde su personaje, tras recuperarse de aquella enfermedad que lo aqueja, de reconocerse como un idiota en grado maduro y reencontrar el amor, entiende muchas cosas en provecho de su vida y de los que lo rodean, como su pupilo-asistente-amigo.   







Dinero, fama y mujeres
Las películas de Sandler giran en torno a tres objetivos: 1) dinero, 2) la búsqueda de reconocimiento y 3) alcance de mujeres hermosas. Desde luego que no siempre estas tres búsquedas se encuentran en la misma historia, existen múltiples variaciones: desde el conserje de hotel que al final logra el éxito añorado (Cuentos que no son cuentos, 2008) hasta estatus más evidentes como en Ejecutivo agresivo (2003) y Espanglish (2004) donde los personajes se desenvuelven en un contexto de clase media y alta. O historias más directas como en La herencia del señor Deeds (2002) donde el protagonista hereda 40 mil millones de dólares.  
Por otro lado en El juego final (2005) se da un ejemplo de reconocimiento, el personaje lo hace desde la prisión y desde el empoderamiento del grupo de fútbol americano. 

El amor aferrado al humor
Las comedias románticas han sido el género en el que mejor ha explotado su talento actoral Adam Sandler: cómico, caótico y conmovedor. Sin duda el mejor antecedente recae en La mejor de mis bodas (1998) allí Robbie tras haber sido abandonado por su novia en el altar, tras desmoronarse en su “oficio” de cantante de bodas, perder el objetivo de vida, minimizarse y finalmente retomar su consigna de hallar el amor, el personaje lega una lección invaluable: persistir a pesar de las barreras. El mismo mensaje se retomaría en Como si fuera la primera vez (2004) donde el protagonista -un Don Juan- tras enterarse que la chica que le mueve el piso ha sufrido un accidente que le afecta la memoria inmediata, logra una consigna que va contra toda esperanza: hacer que el amor sea aquel efecto constantemente renovado.     
Con una fórmula distinta aparece Una esposa de mentira (2010) donde un engaño -para conquistar a una joven hermosa- logra mostrarle al protagonista que el amor, encarnado en su asistente, ha estado ahí, junto a él, esperando a que mirara más allá de esa búsqueda implacable.

El fin: millonario, enamorado y feliz
Sea como cantante de bodas, baterista en banda mediocre de heavy metal, dentista, veterinario, bombero, peluquero, productor publicitario, conserje, dueño de restaurante, “poeta”… Sandler, en su conjunción guionista-actor ha sabido darle cuerpo y voz a sus personajes, resaltarlos con ese toque individualista que compone su universo actoral, y se ha impuesto, con saña, esmero y compromiso, dentro de una industria y un género difíciles y competitivos.
(Publicado originalmente en el número 8 de la revista iberoamericana de cine FOTOGRAMA: noviembre de 2013)

domingo, 16 de febrero de 2014

El amor que suena




I
A mí el amor me suena desde la disolución, desde la pérdida, desde el abandono radical, doloroso y abrupto, desde toda una masa pegajosa que segundos antes tuvo forma agradable. Así me suena, desde un reproductor de música enfurecido.
Pero no es así, la realidad, mi situación, las horas que paso junto a otro cuerpo, ese cuerpo con nombre y múltiples versiones de felicidad. En la verdad, que puede también ser mi mentira cómoda, soy un objeto de abrazos y besos, un objeto que ha pasado la raya de lo imposible y se ha estancado en una línea donde la soledad ronda y no puede alcanzarla.
El amor en estéreo, el amor desde una balada que electrifica, que se mete por los millones de poros y va asomándome como versión única, para este momento irrepetible.

II   
Cuando decida dejarme cogeré la Primer que no uso, regresaré al pasado de arpegios desesperados, volcaré todos mis textos a letras abrumadoras, a letras que el espacio romántico detestará, letras que darán cuenta de la historia de un hombre y una mujer que han decidido suicidarse en medio de una discoteca, porque su amor y hasta su no amor debía ser reconocido y un espectáculo morboso.
La Primer de la que no he podido tocar más allá de los mismos temas que fui creando en pesadillas palpables, canciones sin nombres, canciones del desastre, canciones que chillan en mi garganta y revientan en paredes manchadas.

III
El amor no ha sido amor siempre. El amor me huele a caca de gato acumulada. El amor se volvió algo baboso debajo de las sábanas. El amor ríe mientras me dice adiós, que ya no va más, que eso fue todo. El amor piensa en sacar las cuerdas de mi Primer y estrangularme. Y lo espero, cada cercanía mortal, cada enredo de esa ausencia desbordada.

IV
Soy Paul Stanley y en el escenario no hago más que tomar mi Primer y cantarle I still love you. Le digo que no se vaya, que el pasado y presente ha sido hermoso, con sus altas y bajas, con sus cosquillas y caras serias, con aquella irreconocible manera de decirnos amor. Stanley en mí, Stanley con sus agudos, Stanley con sus muecas y su cabello despeinado, Stanley diciéndole que aún la amo, que todo mi mundo ha sido ella (aunque esto signifique salirme de la canción y entrometerme con Sangre Azul). Stanley cambiando el futuro.

V
Siempre buscando el amor total en mí, uno que como aura me irradiara, que además de decirle a ella le comunicara al resto que un ejemplo de amor era yo. Uno que no compraba chocolates, que evitaba serenatas, que se negaba a escribir cartas, que jamás vestía de rojo, que no dibujaba corazones sobre la arena, que no se tomaba fotos para expresar sus sentimientos. Sí, un ejemplo de amor negándose al amor tradicional, porque mientras otros cargaban con peluches, tarjetas, flores y quizás aún con el dolor del tatuaje en el brazo anunciando la pertenencia de alguien, este amor, uno negado al amor meloso iba rayando paredes a su paso, escribiendo de la vida, de aquella real, conflictiva y querible. Del amor, materia explosiva de la que uno, masoquistamente, se pierde por partes.   

VI
A mí el amor me suena a todo volumen, retumbando, sacándome sangre de los oídos, diciéndome en frases subliminales que siga en su cautiverio. Así me suena, desde un reproductor de música enfurecido. Y de a poco me voy volviendo una masa pegajosa que segundos antes tuvo forma agradable.

martes, 4 de febrero de 2014

Anarquismo sobre ruedas y un prólogo para la iniciación primordial del camino ausente




Por Freddy Ayala Plazarte


1.      Más acá de Oriente y más allá de Occidente

El libro del escritor peruano Enrique Verástegui (Cañete, 1950), Más allá de la vida y de la muerte Teoría y práctica del anarquismo en Perú, Oriente y Occidente, convoca a interpelar; ¿La repercusión social, política, económica, ideológica, cultural, que ha tenido el desarrollo de la tecnificación en el mundo Oriental y Occidental? ¿Es posible situar al anarquismo en el sentido armónico para hallar prácticas identitarias y de socialización? ¿Se presenta la filosofía griega, el taoísmo oriental, como alternativas de mirarnos humanamente ante la falta de conciencia, de sensibilidad o de cosmovisión? 
Acaso será que al mundo contemporáneo lo entendemos como una representación, y que todo el tiempo nos basamos en las representaciones para situar un modo de pensar y actuar en las relaciones sociales. Es posible decir, entonces, que al mundo (contemporáneamente) lo vemos como un marco virtual, y es la tecnología el dispositivo que ha jugado un papel preponderante en esta construcción identitaria de la sociedad. 
Aquí me pregunto sobre la poca importancia que radica en situar el pensamiento en la meditación, o como una cosmovisión que supone una posición del cuerpo y el universo como cuerpos complementarios. En el hecho de dar cabida a otros sentidos, meditar debería ser una tarea necesaria en el entendimiento del mundo. Si bien es cierto el ocio (otium) griego era pensar, o el meditar oriental anular pensamientos para regenerar el mismo pensamiento, y  por tanto, el ocio del pensar  lo hemos canjeado por entretenimiento y olvido, de otras cualidades, que existen en nuestro mismo cuerpo.
Por su parte, Verástegui, dice que “El hombre es la conciencia del universo, pero el universo es la materia del hombre”, así, en este libro, entiende el mundo desde la tecnificación (más allá del marco capitalista) y por su misticismo (dimensión espiritual); la relación que existe entre el cosmos y el ser.
            Así, Más allá de la vida y de la muerte Teoría y práctica del anarquismo en Perú, Oriente y Occidente es un libro constituido por un valor metapoético. En el cual, Verástegui plantea su tesis anarquista (armonía) del mundo a partir de una relectura de la filosofía presocrática de Zenón de Elea, la matemática pitagórica, el taoísmo iniciado por Lao Tse, el marxismo, el misticismo, el gnosticismo. Por ello, estos postulados representan una densidad de pensamiento, complejidad del sentido, búsquedas de un camino primordial para asistir, como lectores, a la genealogía de una identidad colectiva y, sobre todo, del mundo de Oriente y del mundo de Occidente. Así, el texto contiene amplios debates entre la espiritualización y la racionalización, la tecnificación y la cosmovisión, la política y la cultura de masas.
De manera que Verástegui, además, pone a dialogar  a Oriente y Occidente como dos macrorelatos donde se han inscrito discursos en torno al mundo antiguo y al mundo contemporáneo. Y ahí la poesía, la filosofía de este libro, pues logra problematizar la tecnificación del mundo y la espiritualización del ser, como dos vertientes inseparables de la condición humana. 
La intención del autor, está en el hecho de acercarnos a las filosofías orientalistas, ya que gran parte del texto aborda las paradojas del taoísmo (iniciado por Lao Tse). A la vez, armoniza y complejiza el pensamiento humano: armonía porque en el Tao hay sonoridad más que racionalidad, y complejidad porque, ciertamente, el pensamiento occidental en el ámbito de la modernidad ha estado  determinado por la razón. Modernidad que, por cierto, ha legitimado el ideal ‘civilizatorio’ de clasificar y diferenciar a su contrario: la ‘barbarie’, considerado como lo no-civilizado.  
En este sentido, habría que considerar al anarquismo, en este libro, no como un tema de corte político, pero si desde una perspectiva que muestra antecedentes propios en la sociedad industrialista. En el cual, además, el autor pretende relacionar un concepto político como el anarquista con una filosofía de la armonía como el taoísmo. Asumo que resulta inquietante pensar en el taoísmo como una forma de anarquismo, si se justifica como armonía. Pero, sin embargo, aunque sean posturas de contextos diferentes, Verástegui las reinterpreta, como una alternativa más de mirar el mundo, una posibilidad de renovar los viejos conceptos y codificarlos con otra perspectiva.
Por tal motivo, Verástegui propone que la filosofía orientalista, desde tiempos remotos, contiene matices del anarquismo (la armonía de las cosas y el mundo), y hace hincapié en que Oriente no sea visto como el otro, sino como esa parte carente de la mentalidad occidental. Oriente debería estar más acá de nuestro entendimiento o exotización, pues quizás habita en nuestro mismo interior, y no como lo señala la orientación de un mapamundi. La lectura de este libro nos hace sentir, por un instante, más allá de la mentalidad occidental, para replantear lo que es Occidente. Finalmente, sabemos que entre Oriente y Occidente existe una riqueza cultural que configura un mundo heterogéneo, sin embargo, invito a que leamos el Tao y observemos que no existe diferenciación ni genérica ni étnica, como sí lo ha hecho el regimen colonialista de Occidente.








1.      La era New Age y una revolución armónica del intelecto

Retomar escritos sociales, políticos, gnósticos, filosofías presocráticas y orientalistas, y a la vez, cosmovisiones andinas, africanas, centroamericanas, hindúes, nibelungas, celtas, germanas y nórdicas, parece ser un síntoma de los exegetas o estudiosos de lo contemporáneo. Si el futuro está en el pasado, es un debate que se opone al desarraigo que genera el ‘presentismo’ en el cual habitamos. Al tomar en cuenta que toda representación escrita, visual, sonora, política, artística, estética, cultural, folclórica, es motivo de estudio en relación al pasado.
De una u otra manera, indagar en la genealogía de un grupo social nos conduce a buscar  la identidad a partir del tiempo cíclico, que a menudo retorna con rasgos del pasado. Es decir, a la larga somos herederos de un nombre o un apellido fundado por la paternidad o de otras prácticas sociales que validan la cultura, pero finalmente forman parte de la herencia social. De ahí que se explique, en la perspectiva de Jung, el inconsciente colectivo de la sociedad, como un arquetipo, y que, por supuesto, se ponga en diálogo con el mito, la filosofía, la religión. Podría decirse que necesitamos explicarnos desde distintas ópticas, pues el pensamiento humano en Occidente como en Oriente es inagotable, o de lo contrario no habría epistemologías para estudiar el conocimiento.   
En esta misma línea, Verástegui sitúa su pensamiento y cuestionamiento del mundo contemporáneo, al fundamentar que el pensamiento humano no solo parte de cualidades corporales y estéticas sino que se adhiere a prácticas místicas y gnósticas. Por lo cual puedo decir que en Más allá de la vida y de la muerte Teoría y práctica del anarquismo en Perú, Oriente y Occidente el autor convoca a una revolución armónica con el lenguaje. Es el equilibrio y la unificación, ante todo, del intelecto, en detrimento a la lucha de contrarios dado en las relaciones de poder inscritas entre dominante-dominado.
Un cuestionamiento sobre el mundo contemporáneo que al autor le ha conducido a explorar en filosofías y escritos gnósticos y que, de cierta manera, tienen adhesión con lo que propuso el movimiento New Age[1]. Él se ha interesado, por tanto, en un saber que se construye como totalidad y unificación del ser, porque reconoce la naturaleza, las deidades, la técnica, el logos griego, el mundo andino.  
Entonces, el texto se presenta en el marco de una Nueva Era (New Age) del ‘pensar’ porque toma filosofías del mundo griego (occidentales) y del mundo oriental (Tao) para contrastar con modelos economicistas del mundo capitalista. De modo que el libro está dividido en apartados como “La técnica anarquista”, “Zenón de Elea: La revolución de las paradojas”, “El arte de gobernar”, “La contradicción saber/dinero y la práctica superior”, “La cuestión campesina”, “La ciudad del futuro”. En los cuales se teoriza e interpreta el industrialismo, ofrece una panorámica delcomunismo de los años 60 y 70, analiza la migración urbana en el ámbito del campesinado en Latinoamérica y, particularmente, en el Perú.
Asimismo, propone un debate entre la tecnologización occidental y la religiosidad del mundo, pues enfatiza en la contradicción “saber/dinero”, que se da en la civilización occidental y oriental. De hecho, para Verástegui la construcción histórica del pensamiento humano tiene componentes míticos y de tecnificación, lo cual, establece que la política, la economía, y la espiritualidad, son determinantes en la formación de la conciencia social.
En los pasajes del texto uno puede comprender que Verástegui pretende establecer que la anarquía es, ante todo, armonía, desafío que asume este libro ante sus lectores. Ciertamente, Más allá de la vida y de la muerte… es un título que recuerda a los escritos de la sabiduría china del Tao Te Ching, uno de los cuales, dice que el Tao nunca nació ni morirá, y es más antiguo que la humanidad. Por ello, el volumen parece remitirnos, paradójicamente, a un ‘antes’ del nacimiento y a un ‘antes’ de la muerte, como también a un ‘después’ del nacimiento y a un ‘después’ de la muerte. En un escenario donde el nacimiento y  la muerte han marcado la existencia de todas las culturas a lo largo de la historia de la humanidad. 
En este sentido, puede decirse también que lo sacro y lo profano, el nacimiento y la muerte, se presentan como dicotomías necesarias para indagar en un conocimiento espiritual. Si en torno a un ‘Anarquismo sobre ruedas y un prólogo para la iniciación primordial del camino ausente’, refiero que el anarquismo de Verástegui se presenta como fuente de conocimiento alternativo, como una motocicleta incansable que atraviesa carreteras, a la manera de un sonido New Age (sincretista), que reconfigura el sentido de la existencia.  
Tal como dice en una parte del libro, remitiéndose al Taoísmo, que los hombres desconocen la música de la Tierra y la música del Cielo, porque la búsqueda de ese tipo de lenguaje es la búsqueda de un lenguaje sensitivo, que imita el sonido de la naturaleza y dimensiona en lo cósmico. Es otra forma de filosofar, otra forma de advertir lo desconocido, lo ausente del mundo.  
De hecho, para el autor el anarquismo es, prácticamente, un modo de vida y de  reconocimiento social, la anarquía “…por la que viene luchando el hombre desde tiempos inmemoriales no implica otra cosa que ausencia de injusticia, poder, gobierno, y opresión al mismo tiempo que vive el mundo primaveral de la comunidad, el amor, el apoyo mutuo y la solidaridad entre los miembros de una población”. En este sentido, lo que se teoriza en Más allá de la vida y de la muerte Teoría y práctica del anarquismo en Perú, Oriente y Occidente, es el lugar que ocupa en el universo el hombre, no solo porque interactúa en sus relaciones sociales por la tecnificación del mundo, sino que esencialmente espiritualiza su interioridad con el cosmos. Allí la necesidad de situar la matemática, la filosofía, lo gnóstico, el materialismo, el taoísmo, como rasgos de la conciencia humana.


2.      Anarquismo una piedra de alabastro en el sur del continente

En varios pasajes del libro el autor  realiza un acercamiento a los principales teóricos y defensores del anarquismo como Godwin, Rocker, Proudhom, Bakunin, Kropotkin, Reclus, Dejacque, Malatesta, Cafiero, Nicolás Walter, algunos de los cuales propugnaron en el anarquismo la abolición de la autoridad, la guerrilla urbana, la descentralización de un poder central, a cambio de la acción social más comunitaria e igualitaria.
            Al respecto Verástegui puntualiza: “El anarquismo se presenta como la única salida lógica y coherente de un mundo que ha ingresado a un terrible proceso de desgaste espiritual. Los medios de información masiva desinforman para mantenerlo en la ilusión de una libertad que no goza. El anarquismo no es otra cosa que la conciencia de un Occidente que lo necesita con urgencia”. Ese desgaste espiritual, al que se refiere, está contaminado por el entretenimiento y el imperio de la imagen que manejan los espacios de consumo en una sociedad que se piensa virtualmente, y que, según el autor, el ‘sincretismo’ es una resistencia, y ha permitido que Occidente reconfigure paradigmas como el individualismo o el narcisismo.
            Verástegui, además, reconoce en la tecnificación un futuro esperanzador para emprender estrategias de representar y pensar el mundo, por ello el Tao, las paradojas de Zenón de Elea, las ecuaciones pitagóricas, la ‘ciudad el futuro’, son concepciones que apuntan hacia una armonía y una conciencia espiritual. En este sentido, dice que “El anarquista del futuro, el ciberpunk de la era cibernética, tiene la misión de elaborar un nuevo análisis del mundo, lo mismo que proponer nuevos tipos de acción social”.
            En términos generales, el libro de Verástegui, paradójicamente, se plantea en una relación, si se quiere, anarquismo/ armonismo, más que como una postura política o ‘cyberpunk’. De hecho habrá detractores y defensores de las tesis y relecturas que plantea a lo largo de sus páginas, pero ese es un debate obvio y necesario para este tipo de libros. Sin embargo, lo que interesa es la visión humanizante por la que opta su autor. Si ideológicamente es inevitable pensar políticamente al anarquismo, también es posible hallar un conocimiento espiritual.


3.      Reflexionar alternativamente a Verástegui como un autor latinoamericano

Varios han sido los aportes de autores de un ‘pensamiento latinoamericano’, que ha tomado fuerzas desde la época de la colonización española, con el fin de reivindicar una identidad colectiva en Latinoamérica. Así, la búsqueda de un nacionalismo (constituido por lo indígena, lo mestizo, lo afro, etc.) que se reconoce, en ocasiones, entre lo extranjero (lo mercantil) y lo local (la búsqueda de una identidad ‘propia’), han sido preocupaciones de varios pensadores contemporáneos desde disciplinas filosóficas, culturales, literarias, antropológicas, historicistas, por mencionar a Salazar Bondy, Leopoldo Zea, Arturo Andrés Roig, Miguel León Portilla, José Carlos Mariátegui, Enrique Dussel, Bolívar Echeverría, Boaventura de Sousa, Roberto Fernández Retamar, Fernando Ortiz, Antonio Cornejo Polar, entre otros.
            Pero el lector preguntará; por qué realizo este tipo de referencias, si en el libro en cuestión de Enrique Verástegui se hace una revisión de las tesis que han caracterizado al anarquismo. De hecho, es importante situar la problemática latinoamricanista, que trata en torno al indígena y la tierra (runa andino), a pesar de que el desarraigo de la tierra por el hábitat de la ciudad no ha anulado celebraciones o rituales de su entorno cultural. Ciertamente, la migración urbana del campo a la ciudad es un factor propio de la Modernidad que ha diversificado el mestizaje cultural y social, en la cual el indígena ha convivido con su cultura.
Así, el autor piensa que “El problema del indígena se basa en el problema de la tierra, en la relación campesino/ tierra, más que la relación campesino/ Estado en la cual se prioriza la relación espiritual en contraposición a la relación propietaria de la ciudad”.Y no obstante, en pleno siglo XX dice que “El indígena se convirtió en un signo manipulable, así visto como una referencia paternalista, pero no como el sujeto capaz de participar en el cambio de su sociedad, el paternalismo lo eliminaba de la práctica histórica”. Lo cual nos hace reflexionar que el indígena ha sido reducido a representación, acaso, folclórica, y más aún la relación de dependencia establecida con lo extranjero por la mercantilización de su imagen, prácticas en las cuales se situó su reconocimiento social.
No es menos cierto que su incursión social y cultural, en ocasiones, solo ha sido tomada en cuenta como producto industrial, para exotizar una mirada (externa) de su entorno geográfico y cosmogónico, visto como producto de museo, y de no ser valorado como sujeto de conocimiento, capaz de participar en los cambios sociales y políticos de un Estado-Nación. Como se ha visto, reflexionar América Latina implica la ciudad y el campo, lo urbano y lo rural, porque según el autor, la ‘migración urbana’ enriqueció la ciudad, pero es desde la cual se debería considerar las soluciones a la realidad indígena, tomando en cuenta sus conocimientos y su participación social.
Por tanto, la propuesta de Verástegui es parte de la reflexión latinoamericanista acerca del mundo Occidental, porque en su libro replantea lecturas  del anarquismo, el taoísmo, el marxismo, el capitalismo, el socialismo, lo presocrático, lo pitagórico, el industrialismo, el economicismo,  el mercantilismo, el campesinado, la globalización, la urbanización.  
Verástegui, en una entrevista con Miguel Ángel Malpartida, ha dicho: "Me he retirado de la Historia, hacia la biblioteca de donde salí para caminar por el mundo"[…] Además, se debe destacar que parte de su genealogía es orientalista, “[…] puesto que la mitad de mi familia es china, y no tengo ningún problema en comprender lo oriental, comprender lo blanco, o comprender al África, o comprender a la raza quechua, de quien me considero, y lo digo ante ti, como testigo, el primer autor que hace quince años escribió el primer libro de filosofía quechua en el Perú, que es Albus[2]. Por lo señalado, Verástegui lleva en su genealogía el costumbrismo y las prácticas cosmogónicas de la China milenaria, relatadas en el Taoísmo, aunque habría que tomar en cuenta –apropósito de lo que señala– la inserción de la cultura oriental (China) en varias ciudades latinoamericanas, ya sea desde lo mercantil dado en la materia prima de los productos.
El autor piensa a Oriente como un latinoamericano sin sentirse diferente ni ajeno a aquella cultura, eso sí sin dejar de problematizar la influencia de la tecnificación y la industrialización en el orden capitalista. Porque, además, la noción de lo latinoamericano es una cuestión que está más allá de un orden de representatividad ancestral, republicano, colonial, urbano, rural, patrimonial, folclorista, económico.  
He ahí  el motivo de tomar como un pensamiento alternativo la propuesta del presente texto, alternativo en la medida que propugna por hallar una identidad colectiva de lo latinoamericano –heterogéneo– reconociendo lo autóctono y lo extranjero, como parte de una transformación social e histórica. Un libro que hace hincapié en que Occidente ha inscrito sus políticas y estatutos por las jerarquías, pero que también existe una mirada de armonía y de relación entre el ser y la naturaleza, el cosmos y la condición humana.


4.      El horizonte que se enciende 

     Hace un par de años asistí a una feria de libro y tuve la oportunidad de conocer a
 Enrique Verástegui, y apenas me enteraba de todo el prestigio que rodeaba su nombre por las entrevistas que le habían realizado algunos periódicos locales. Debajo de sus grandes lentes había unos ojos que guardaban un amplio trayecto de conocimientos. Resalto que en sus palabras se dibujaba la armonía, por ejemplo, al decir una frase y pensar en el impacto de la frase con el universo. 
Aunque parecía esconder cosas que ignoraba, mantuvimos breves diálogos, en uno de los cuales, el maestro me entregó una versión aún no publicada del libro –del cual realizo este prólogo–: Más allá de la vida y de la muerte Teoría y práctica del anarquismo en Perú, Oriente y Occidente,  su voluntad radicaba en que se publique en algún momento en alguna editorial ecuatoriana.
No volví, ni he vuelto, desde aquella ocasión, a mirar al maestro Verástegui, pero t tenía la misión de gestionar la publicación, recuerdo el intento fallido de buscar editorial, pues en varios casos no mostraron el interés por el texto, ya sea por sus políticas institucionales o por los principios que manejan como editoriales, cuestiones económicas, etc. Sin embargo, es importante mencionar el interés que mostró la editorial K-oz, pues gracias a ellos el libro se ha publicado, como un acto de celebración a la trayectoria de su autor, reconocimiento merecido a su pensamiento.
Debo admitir que, a lo largo de este tiempo, su libro ha sido el mejor material para indagar en el esplendor del pensamiento filosófico. De hecho haberlo leído me permitió encontrar varias formas para entender la existencia, la complejidad del pensamiento humano. Asimismo, encontrar en su lenguaje el enigmático estado de la armonía, las dimensiones (meta) físicas escondidas más allá de la cosa. Armonía que el autor conecta con la condición anarquista, como una posibilidad de fundar el diálogo interno de cada uno, aún cuando vivamos en sistemas jerárquicos, capitalistas, relegados al orden del consumo y el entretenimiento.
Así, a lo largo de sus páginas, Verástegui ha permitido reconfigurar una cuestión esencial: trasformar el pensamiento, como un griego que intenta resolver las paradojas (de la psíquis) desde un axioma matemático, a espaldas de un pilar. O como un campesino del Ande que lucha por la tierra, que es hijo de la cosecha que han trazado sus manos. O también como un taoísta que olvida la forma del camino, para encontrar el camino del silencio debajo de las rocas donde no llega ni el sonido de un gallo. 
El cuerpo del cosmos en el cuerpo del espíritu, como cuerpos del mundo físico, que habitan en el cuerpo humano, y que son cuerpos del universo, resultado de la unión de los contrarios; las paradojas que yacen entre lo que sucede más allá de los ojos y lo que está más acá del pensamiento. Al mismo tiempo, habitar su pensamiento fue otra forma de habitar mis propias concepciones sobre el mundo, emplazar los sentidos por otros conocimientos, optar por otras filosofías, ya sean occidentales u orientales, como lo muestra el texto.
En mi caso, este libro representa un ‘anarquismo sobre ruedas’ o una ‘iniciación primordial del camino ausente’, o ‘una piedra de alabastro’, en sus páginas sentí que había envejecido como si hubiera conversado con un sacerdote largas horas, muy cerca de la montaña. Olvidé que alguna vez el mundo he mirado desde una ventana, en la partida del horizonte, cuando un niño estuvo mirándome atrás de un espejo. Gracias Enrique Verástegui por escribir este libro, aunque en este momento, estará “echado en tierra como sacerdote pitagórico” esperando que alguien comprenda que “Las cosas son por sí mismas y tienen posibilidades por sí mismas. No hay nada que no sea así, ni nada que no pueda llegar a ser así”.
He vivido mucho con este libro, he dormido mucho en este libro. He inquietado la mente del universo en sus densas reflexiones y planteamientos filosóficos. Ahora pienso que ha sido mejor leer este libro e irme a mirar el cielo, y apagar una duda, o a cumplir una consigna del : encender el pensamiento en la ausencia de lo que hemos creído ausente. 
He dado mi versión, ahora el lector tiene la palabra.




[1]El movimiento New Age o conocido también como búsqueda del conocimiento espiritual, emergió contracultural en la década de los años sesentas en EEUU y Europa, a partir de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI, en sus expresiones incluía conocimientos sobre la historia, la religión, la espiritualidad, la medicina, la música, el ocultismo y tomaba influencias judeo-cristinas y de Medio Oriente. Así lo New Age se ha propagado por muchos rincones del mundo como una doctrina sincrética, que trata de juntar lo tradicional con lo moderno, a fin de hallar una reinterpretación mítica, esotérica, incluyendo la física cuántica. Cabe apuntar que para muchos entendidos lo New Age profana símbolos de lo sagrado, por descontextualizar de su lugar referente. Asimismo se debe tomar en cuenta que la era tecnológica o industrial ha sido aliada de lo New age,  ya que ha refundado una iconografía de lo sagrado, al punto de que la música sacra ya no solo estaba compuesta por voces sopranos masculinas o femeninas en función de lo divino, sino empezó a relatar ambientes eróticos, leyendas heroicas etc. (N.A.P)
[2] Entrevista a Enrique Verástegui: "Me he retirado de la Historia, hacia la biblioteca de donde salí para caminar por el mundo". Realizada por Miguel Ángel Malpartida, disponible en: http://www.lasiega.org/.