jueves, 19 de marzo de 2015

Graduación y el viaje a San Mateo (parte VII)

Imagen tomada dehttp://www.taringa.net/posts/hazlo-tu-mismo/6514901/Cosas-Que-Pueden-Hacer-En-Vacaciones-de-Verano.html



La fiesta duró hasta las tres de la mañana y Danni recorrió aquellos pasillos llenos de arena, que reflejaban toda la opulencia y el boato de una familia en vías de extinción, una familia económicamente venida a menos, era una mansión que había conocido otros días de esplendor y gloria. Mientras lo hacía citó en su mente a Saul Bellow: Pues, ¿cuándo vamos a ser verdaderamente serios los seres civilizados?, preguntaba Kierkegard. Sólo cuando hayamos conocido a fondo el infierno.

En sus paredes colgaban viejos retratos al óleo de grandes matriarcas, de grandes patriarcas, todos aquellos perdidos en la memoria del tiempo, que, ahora, eran mudos testigos de una fiesta rechiflada de adolescentes que gritaban, adornaban las paredes con barritas de incienso, para alejar los malos espíritus, bailaban tumultuosamente, chifleaban y brindaban con alegría africana el milagro de la vida.
Aquel ambiente para una persona prudente y sensata le daría la impresión de poseer la atmósfera de un manicomio donde los enfermos tienen el control donde se escuchaba la música de Michael Jackson con su Don’t stop, la MAGIC de los CARS, Jack and Jill cantada por Raydio y la música de THE POLICE.

Cuando todo había terminado, Pava Loca estaba un poco borracho y pasado de tila, y Claudia estaba cansada y empapada de sudor por bailar con Gino, Clavo y Chicle de uno en uno como si no hubiera en toda la fiesta más chicas con las que bailar. Lo que pasaba era que ninguna de aquellas aniñadas era una chica pesada como Claudia.
Pronto se pusieron de acuerdo en ir a tirar carpa a Paco Illescas. Finalmente se despidieron de Chicle, Clavo y Gino, que en coro les gritaban:
-      No se vayan que ustedes son chéveres.
Mañana temprano correrían olas tubulares en EL MIRAMAR junto con Isósceles, el nuevo novato estrella de la temporada.



Así que de inmediato se fueron a Paco Illescas y armaron las carpas, y encendieron una fogata mínima con los desperdicios combustibles, y basura inflamable de la playa. Luego sacaron sus sacos de dormir y se metieron dentro, pero Claudia estaba maravillada con el brillo fosforescente de la espuma marina, que se estrellaba en la orilla del mar.

-      ¿Qué es lo que le pasa?, ¿no tiene sueño la bebe?-dijo Danni-.
-      No pasa nada es que estoy grifota, nada más y estoy alucinando la playa negra como el vello púbico de mi sapo.
-      ¡Estás rematadamente loca!-dijo Pava Loca- y se viró del otro lado para disponerse a dormir la borrachera.
-      ¡Por eso me traen y me llevan con ustedes todo el tiempo de arriba a abajo, ¿no es así?, porque soy como ustedes y no como esas aniñadas melenudas, que se hacen las estiradas hasta para dejarse dar un beso.

A lo lejos se escuchaba la canción EVERYBODY de los Backstreet boys.
- ¿Parece que está llegando la hora de yajajá-dijo Pava Loca-.
- Olvídense de ese asunto, que tenemos que conservar el físico para las olas, después los hombros y las piernas se nos ponen como mantequilla-dijo Danni-.
- Sí, fumémonos otro bate y tratemos de dormir en esta noche fría y arenosa.
De pronto todos se callaron porque fueron testigos de una tremenda alucinación.
Un poco más allá, en toda la punta, llegaban en un LAND ROVER, dos surfistas mucho más pesados que ellos, se trataba de Rickie Plaza, Miliki, Pinina, el TURCO, Jeffrey y su mascota: Galleta.
Bajaron sus tablas y se metieron a correr olas en medio de la noche, pero con las olas gigantescas de dos metros iluminadas por los faros del LAND ROVER.  



Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
 
(Fragmento de la novela Arena Amarilla que será publicada -como tres anteriores obras- por entregas semanales)


domingo, 15 de marzo de 2015

Fausto Morocho o la danza ritual de vida

Lenin Vimos, integrante del colectivo Tras la sombra del arte, y Fausto Morocho, artista plástico.



¿Cuánto simbolismo habita en los cuerpos en movimiento? ¿Cuánta de esta representatividad movible retrata la condición humana? ¿Cómo el mito y el rito logran una fusión capaz de proyectar los elementos corporales desde la danza?
Todas estas conjeturas me las he planteado a partir de la serie titulada Danzantes, obra del artista Fausto Morocho, que esta noche nos reúne. Un trabajo en el que la ritualidad desde el movimiento corporal ahonda en elementos cargados de una mitología andina.
Así la danza es retratada desde el rito popular, donde los colores intensos, las máscaras y los movimientos, dotan a la muestra de una fuerza visual electrificante.

El cuerpo desde el rito
Estas acuarelas representan a un conjunto de entes caracterizados por un colorido carnavalesco, donde se danza como ofrenda. Donde el cuerpo sirve como medio para agradecer por la continuidad de los elementos naturales. El cuerpo como medio para proyectar la vida en su apogeo.
Se danza a la fertilidad, a la vida humana y animal -que prolonga la humana-. Se danza porque la humanidad encontró en el movimiento corporal el lenguaje idóneo para manifestar su añoranza y también su complacencia.  

Lo onírico
La parte onírica es otro de los elementos que habita en esta serie. En ella los cuerpos danzantes se desplazan en un terreno donde flotan, caen o se sostienen en un imaginario arraigado en sus mismos cuerpos en movimiento.
Un mundo donde el individualismo se defiende y disfruta, donde el yoísmo se enaltece y vanagloria desde cada movimiento de los personajes.
Un territorio donde la fauna, estampada desde la vestimenta de los danzantes, se vuelve un símbolo que habla de la prosperidad y respeto a ese todo natural al que se pertenece.
 

Uno de los cuadros que conforman la serie Danzantes.



Máscaras y vestuario en lo litúrgico   
Pero existe también, en la obra de Morocho, un acertado juego entre el recurso de las máscaras y la vestimenta de los personajes, que nos acerca a un plano donde lo litúrgico es parte de la ritualidad asumida.
Por ello las máscaras, tanto las de diablo como los encapuchados. Matizando que se danza por temor, y porque es parte del mito asumido y la ritualidad lo exige.
Así los elementos naturales, sean de la flora y o la fauna, de un territorio en el que habitan los personajes de Danzantes, son la parte más significativa de esta serie. Una obra que desde la particularidad de cada escena busca enfatizar el aprecio a la vida. Una que, desde esta serie, está cargada de misterio y solemnidad.

Cierre sin ritualidad
¿Cuánto simbolismo habita en los cuerpos en movimiento? ¿Cuánta de esta representatividad movible retrata la condición humana? ¿Cómo el mito y el rito logran una fusión capaz de proyectar los elementos corporales desde la danza?
La obra Danzantes de Fausto Morocho, el artista que conozco desde las calles de su natal Riobamba, entre callejones y calles adoquinadas, en ambientes lúgubres, entre neblina noctámbula, en su palabra siempre adherida al arte, no solo posee elementos donde la vida vibra desde su pincel, y sobre todo desde su mirada a la danza ritual, sino que habita en cada uno de los cuadros de la serie, un retrato de la identidad andina, a la que demuestra conocer.

Manta, viernes 13 de marzo de 2015.

(Texto leído en la inauguración de la muestra Danzantes del artista riobambeño Fausto Morocho, realizada el día viernes 13 de marzo en el Museo Municipal Etnográfico Cancebí, en Manta. La muestra sigue abierta hasta el 3 de abril)