sábado, 13 de enero de 2018

La Niebla y sus versiones alucinadas

Portada de una de las ediciones de La Niebla en su versión original: novela. 

He tratado, en mi condición de lector, de acceder a la mayor cantidad de libros de Stephen King (hasta hace poco un objetivo difícil en una ciudad que no tenía librerías). Leer, analizar, e ir señalando los temas que con frecuencia aparecen en su obra. Un trabajo conectado por el placer de las historias de terror.

Siempre encontré en varios de sus personajes fragmentos de tragedia e ideas subrayables. También ha sido casi que una obligación autoimpuesta, acceder a las adaptaciones que se han hecho de sus novelas y cuentos. Una tarea no siempre satisfactoria, pero que ha frenado el morbo.


Así llegué a La Niebla, primero en su versión original. Una historia perturbadora, cargada de todos los elementos característicos de las obras de King. Siempre me gustó el final de esta novela corta, la esperanza de saber que el protagonista junto a su hijo, aún atrapados en una niebla que nadie sabe de dónde ha venido, llena de monstruosos asesinos, se refugia en un mañana de posible salvación. Y aunque no haya una certeza de solución, persiste la necesidad de sobrevivencia de sus personajes.

Afiche de la versión fílmica estrenada en  2007. 

Después vendría la versión cinematográfica. Un film con mucha relación de su versión original, con la única diferencia de que, al contrario de la novela, donde había un final abierto, acá el espectador se chocó con un final cerrado, donde el padre sobreviviente, junto a su hijo y dos personas más, deciden salir del supermercado donde estaban atrapados y aventurarse en un auto a la huida. El desenlace es conmovedor, sin gasolina y varados en medio de la niebla, el protagonista armado con una pistola con tres balas decide eliminar a sus compañeros (incluido su hijo) para librarlos de una muerte horrible en las fauces de los monstruos. Y mientras el padre, afectado por matar a su hijo busca fuera del auto que lo asesinen, lo que encuentra es una niebla disipándose y con ello la presencia de militares quemando a las bestias. 

Afiche de la versión serie estrenada en 2017. 

El año pasado se estrenó La Niebla en su versión serie, y como seguidor de la obra de King, me conecté lo más pronto a ella. Sin embargo, muchas cosas habían cambiado: el hijo original había sido reemplazado por una hija, el supermercado dejó de ser el escenario central de la historia, y la presencia militar cobró mayor protagonismo (una de las hipótesis reiterativas de los personajes de King: los militares están detrás de muchos incidentes sangrientos y paranormales).


Diez capítulos de casi una versión libre. Con personajes por momentos haciendo ruido. Con una niebla que dejó de albergar a monstruos y que más bien atacaba desde los traumas de cada personaje. Para alegría de muchos (en el fondo me incluyo) meses después del estreno se anunció que ya no se la continuaría.   

sábado, 6 de enero de 2018

Música de fondo


Imagen tomada de https://es.123rf.com/ 


¿Cuánto influencia la música en el proceso de escritura de un poema, relato o novela? ¿La música como complemento o parte del ambiente creativo? ¿Repercute lo que se escucha en los textos que se escribe?

Todo escritor tiene su metodología de escribir. Cada uno ambienta su espacio según sus necesidades. Por lo tanto, cada autor poseerá un reducto acorde a sus necesidades: bebidas, cigarrillos, una ventana, un lugar sin luz natural, silencio (salvo el sonido de sus dedos aporreando un teclado o el de una impresora imprimiendo sus respaldos ante cualquier catástrofe) y claro, quienes se rodean de música, mucha música sirviendo como banda sonora de su ritmo.


A veces es fácil identificar la clase de ritmo y género que se habita en cada texto. Casi siempre es imperceptible. Por eso resulta casi un acontecimiento cuando un autor revela la música que está de fondo, la que lo ha acompañado mientras su poema, cuento o novela se desarrollaba.


Un develo que no siempre ocurre. Un desnudarse en público, solo para regocijo propio. Para decirle a todos que esas canciones, ese género, esas bandas o solistas, estuvieron junto a él o ella, mientras creaba.      

sábado, 30 de diciembre de 2017

Culoflaco

Tres manuscritos de la novela.

Si algo le quita el sueño a un editor es la espera de ver materializado un libro por el que ha apostado. Ese texto que ha leído varias veces desde su estado embrionario. El que ha visto crecer y también reducirse en páginas. Esa historia con la que ha soñado y recuerda cada vez en cualquier reunión. Ese sueño que no llega y que lo desvela.

Culoflaco se titula el motivo de mis noches de párpados sin cerrar. Una novela que desde el primer borrador me dijo mucho de una ciudad, de sus personajes, de la historia desenfrenada que se vive. Todo en ella, a través de su ritmo acelerado, me impactó desde la primera lectura.

Han pasado casi cinco años desde que me llegó la primera versión (a inicios de este año me llegó la tercera) y desde entonces he intentado publicarla, primero con un sello universitario, luego sirviendo de “agente literario” buscando que otro sello ecuatoriano quisiera apostar por ella. Todos mis esfuerzos fueron en vano.

Pero el que no se haya publicado “formalmente” no ha evitado que su autor, Marco Martínez Zúñiga (Guayaquil, 1979), la haya hecho circular a nivel nacional y a ciertos autores. Motivado porque su primera obra, El enemigo necesario, encontró lectores y lo puso en el mapa de los narradores nacionales (aunque ha preferido moverse en el under, sobre todo con el proyecto comic editorial La Matemango).


En 2018, espero retomar el sueño y la tranquilidad de saber que aquel manuscrito que se ha leído más de tres veces, que se ha comentado a muchos allegados, que se ha prestado al círculo de amigos…vea la luz, y con ello se cumpla un anhelo.   

jueves, 28 de diciembre de 2017

Espectador de un recorrido funesto

Imagen tomada de https://twitter.com/manzanabomb 


¿Cómo abordar el asesinato de un padre? ¿Cómo superar el trauma de una muerte violenta? ¿Cómo recuperar la memoria de ese padre? ¿Cómo recuperarse a sí mismo en un ejercicio difícil de asimilar? ¿Cómo estar más allá de la ira y la impotencia ante el arrebatamiento de alguien amado?

En Revoluciones cubanas en Marte (UArtes ediciones, 2017) de Ernesto Carrión (Guayaquil, 1977) habita una poesía que es en primer momento un acercamiento biográfico a un hecho lamentable: el asesinato de alguien, un alguien que fuepadre. Un alguien que vivió una vida intensa y llena de excesos. Un alguien que, para otros, representó una simple víctima.

Se trata de un poemario difícil (visto desde a fuera) de concebir: luchar contra un hecho violento; reconstruirlo en el imaginario de un escenario que embiste por todos lados; ir al mismo ritmo de días acelerados y autodestructivos; volverse espectador de un recorrido funesto.   

Pero más allá de la muerte de un padre, está la relación que esa muerte ha provocado con la voz poética, una que contextualiza a ese padre, que lo ubica ideológicamente, que lo aterriza en un país y continente lleno de desapariciones, cargado de choque, infestado de una violencia atroz.

Una obra que no solo mira/habla/odia/estremece desde la calle, sino desde la familia.

Bien están los muertos y los vivos.
Los asesinos y sus víctimas aquí en la Tierra.
Todos entrelazados por el pecado y el brazo descuartizado
del amor brillando bajo el rabo de una luna hecha un canguro. (p. 25)

El efecto de una lengua incendiada como una lámpara definitiva saboreando ese puñado de alcohol y de ceniza que fue la única verdad que conociste. (p. 53)

Padre disfrazado de realidad, pero profundamente libre.
Padre disfrazado de la libertad, pero peladamente solo
y maniatado. (p. 54)

Disolviéndote de círculo en círculo
                                                         de vaso en vaso (p. 56)

Padre irreal: dime qué cosa fue la felicidad dentro de tu casa, deshabitada por ti mismo. (p. 62)      

Y ahora combustión planeada: escribir tu muerte al lado de mi vida. O reescribir tu vida al lado de mi muerte. (p. 83)


Morir es aparecer. Dejar de una buena vez lo que desaparece. (p. 91)

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Escritores de dramas reales


Un día sin escribir es difícil, pero llegar a varios años, puede resultar algo traumático para cualquiera que haya decidido (aunque todo esté en contra) dedicarse a la escritura como una forma de ganarse la vida. Sí, este anhelo en nuestro contexto resulta una utopía: nadie, hasta donde conozco, vive de lo que escribe y le publican.

Con dos artículos en revistas, un derecho de autor paupérrimo por constar en alguna antología, y quizás (y esto si es que se ha tenido excelente relaciones públicas y nexos apropiados, y por supuesto, talento) un contrato para un libro donde haya regalías… el escenario será desalentador para cualquiera que busque vivir de la escritura literaria.

Por eso cuando supe de Mike Noonan, del lujo que se da al no poder escribir nada nuevo durante cuatro años, luchando contra ese bloqueo que no buscó. Cuando pienso en él, me divierte hacer una comparación con nuestro contexto: lo que es ser un escritor bloqueado en un país desarrollado (y sí, no importa que se trate de un personaje) y uno de un país como el nuestro, donde solo los novelistas y cuentistas son tomados en serio, un país de poetas y cientos de seudos poetas pululando en cada ciudad.

Noonan tuvo un plan b, previniendo si algún día se quedaba seco de historias (cuatro novelas debidamente escritas, resguardadas e inéditas) mientras que en nuestro caso ¿cómo se sobrellevaría esta sequedad? ¿cuándo se lograría tener una producción inédita aguardando salvar el pellejo? ¿en qué momento, mientras se asume los oficios de la sobrevivencia, se escribirían todos estos refuerzos?

Muchos escriben. Escriben y reescriben. Reescriben, borran y vuelven a escribir. Pero también, estos mismos escritores lidian con trabajos y familia, luchan por tener un trabajo que les dé estabilidad económica, o que por lo menos les permita tener algo de tiempo para continuar escribiendo.

Escritores de dramas reales, cuyos fantasmas que los asechan son el hambre y la decepción: entes aterradores para cualquiera que pretenda vivir de lo que escribe y alcanza a publicar. 

martes, 26 de diciembre de 2017

Viñetas de un recuento ególatra



I
Mi hija me ha preguntado por quinta vez que por qué le he traído más libros y no un nuevo regalo. Me lo ha dicho porque he venido con un cartón lleno de libros, los que ella (y sospecho que también mi esposa e hijo) quisiera verlos convertidos en algo más interesante.

II
Cuando mi hija me pregunta por qué la casa parece biblioteca y no una casa "normal", le digo que todo esto (señalando los alrededores llenos de papel) le pertenece, que son el mejor regalo que un padre chiro puede ofrecer: un hogar sitiado por autores que me han marcado y que espero algún día le agraden.  

III
"La ruina del vientre sacudido fue el poemario que publicó en homenaje a los caídos en el 16A", le dice mi esposa a una de sus amigas que ha cogido un ejemplar de una repisa. Un libro con mucho dolor, me dijo ella, después de leerlo. "Chichí" (así llama a los payasos), repite mi hija al ver la portada donde aparece un cuadro de Seraquive. 

IV
"Por qué no te pagan con dinero y no con libros", es el reclamo de mi esposa. Uno que ha venido repitiéndose con frecuencia. 



V
Un poemario. Un ensayo en un libro argentino. Algunos poemas en muestras/antologías/panorámicas de España y Ecuador. Entrevistas. Co-autor de un libro académico. Poemas en revistas. Tres prólogos. Co-organizador de un encuentro de literatura. Editor de un nuevo sello editorial. Participación en cuatro ferias de libros. Lecturas. Corrector y editor de cuarenta libros académicos. Libros. 

VI
Alguien debe limpiar el polvo de tantos libros. Hace poco decidí que cada fin de semana le dedicaría a librar del polvo a todos mis tesoros. Han pasado algunos meses desde que vi una fina capa de suciedad que ha cogido cuerpo y estorba la pulcritud del entorno.

VII
Antes me desesperaba cuando tras publicar un nuevo libro veía muchos ejemplares amontonados en la casa. Hoy, Manta ha empezado a constar en el mapa de actividades literarias del país, y los autores (docenas de ellos) han empezado a llegar. En su regreso los acompaña mi obra. 

VIII
Libros en la sala. En el cuarto. Debajo de la cama. Junto a juguetes. Simulando adornos. A lado del maquillaje. Estorbando cerca del espejo. Libros erigiéndose en torres cada vez más grandes. Libros apretujados en repisas. Libros.   

lunes, 25 de diciembre de 2017

Los editores independientes de Ecuador

Imagen tomada de https://www.shutterstock.com/


Para quienes estamos de una u otra forma relacionados con la edición de libros en Ecuador, ha sido satisfactorio saber que el sector de los editores independientes se encuentra organizado, con una presencia cada vez mayor en ferias de libros, tanto nacionales como internacionales.

Con catálogos cada vez más interesantes y sumando a autores que han despuntado dentro y fuera del país y apoyando a otro grupo que empieza a sonar con fuerza.

La creación de la Asociación de Editoresindependientes de Ecuador, ha sido, también, un paso importante para una mejor organización de quienes se encontraban desarrollando sus actividades aisladamente, sobre todo en lo que respecta a la presencia en feria de libros.

Editores y proyectos editoriales a los cuales no hay que perderles el rastro. Sobre todo, porque en el 2017 han dejado títulos que dan cuenta de su labor editorial. Por aquí una lista (incompleta) de varios de los sellos que empiezan a posicionarse en el país.     

Cactus Pink (Quito)
Doble Rostro (Quito)
El Fakir (Quito)
Mecánica Giratoria (Quito)
Ruido Blanco (Quito)
Turbina (Quito)
Deidayvuelta (Quito)
Comoyoko ediciones (Quito)
Editorial Blanca (Quito)
Jaguar (Quito)
El ángel editor (Quito)
La Caracola (Quito)
La Caída (Cuenca)
Cadáver Exquisito (Guayaquil)
Fondo de animal (Guayaquil)
Tinta Ácida (Manta)
Viz-k-cha (Loja)

Dragón Luz (Loja)