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sábado, 29 de agosto de 2026

Carlos Coello García: “Prefiero escribir algo que incomode”



CarlosCoello García empezó a darse a conocer a nivel local a inicios del nuevo siglo, su primer poemario tuvo una recepción discreta, pero ayudó a ponerlo en el mapa literario de su ciudad, Manta. Luego vendrían dos poemarios con los que dio el salto a nivel nacional. No contento con el género que, hasta entonces, estaba desarrollando se internó en la novela, publicando obras como: Leyendas de un Fauno (2018), Oculto (2022) y El reflejo insano (2026).

Son dos novelas más recientes han logrado lo que quizás es la búsqueda anhelada de todo escritor: marcar el rumbo de su propia obra; una que se alimenta del terror, del thriller, del suspenso y que utiliza a la Biblia cristiana como un elemento en el que sus personajes intentan encontrar luz y, sobre todo, justificación a sus actos.

Hace unos días, nos sentamos a dialogar ampliamente sobre sus dos novelas. Una plática donde el autor desglosa su propia obra y motivaciones.

  

Carlos, la violencia en todas sus manifestaciones nos atosiga, en este escenario ¿cómo funcionan las historias donde la maldad y crueldad se imponen en sus acciones? 

Para mí la violencia en la ficción no puede ser gratuita, tiene que ser un espejo. Cuando el lector entiende que ese mal tiene un origen humano, no aparece de la nada. En mi obra suelo trabajar personajes que caen en la obsesión, en la traición, en la violencia, y trato de mostrar el proceso, no solo el resultado: qué hirió a esa persona antes, qué la fue empujando hasta ese punto.

 

Las historias realistas, como mucha de tu obra narrativa, siempre cargan con detalles violentos ¿por qué? 

Porque la violencia, cuando la escribo, nunca es el objetivo, es el síntoma. Vengo de un lugar donde crecí viendo de cerca la crudeza real de la vida: el vicio, la traición, la desesperación de la gente; y, eso se me metió en la forma de contar historias. No sé escribir un conflicto suavizado porque la vida que observé no fue suave. Cuando meto un detalle violento en una escena, lo hago porque necesito que el lector sienta el peso completo de lo que ese personaje está viviendo o provocando; no una versión cómoda. Si suavizo el golpe, suavizo también la consecuencia, y para mí ahí está lo importante: que el lector entienda que cada acto tiene una factura, que nada queda gratis. Además, escribo pensando en imágenes, casi como si viera una película en la cabeza.





En Oculto, tu penúltima novela, la locura es la excusa para no asumir las responsabilidades de actos sanguinarios ¿a qué se debe esto?

Mi protagonista no está loco por accidente: elige que lo crean loco. Se sienta frente a una psiquiatra, cita a Eclesiastés, razona con una lucidez perfecta, y al mismo tiempo construye, ladrillo por ladrillo, la coartada perfecta para que nadie le pida cuentas por lo que hizo. La ironía final del libro es que quien parece más cuerdo en el papel es quien menos remordimiento siente por la sangre derramada. Yo no le creo a mi propio narrador, y no quiero que el lector le crea tampoco quiero que dude de él desde la primera página hasta la última carta. Ese es el acertijo que planteo: ¿quién decide cuándo alguien está realmente perturbado, y quién se aprovecha de esa etiqueta para no responder por lo que hizo con plena conciencia? A veces el diagnóstico no libera al culpable lo esconde. Y el que mejor sabe esconderse no es el que grita que está loco, es el que convence a todos de que no lo está.

 

A diferencia de otras obras tuyas esta vez la geografía donde habitan los personajes es nacional y local ¿Qué acentúas con ello?

Transmito la verdad a través de la ficción; fue la clave perfecta para crear personajes orgánicos según las imágenes llegaban a mi cabeza. La mente era un cine, mi tarea solo es escribir lo que observo. Esta vez debe ser local… Una voz susurró en mis oídos. Eso hizo que se originara Oculto.

 

Continuando con Oculto ¿Qué significa para ti un manicomio? ¿cuándo surgió la idea de utilizarlo como escenario para tu historia?

Para mí un manicomio, o un instituto de neurociencias como el que aparece en Oculto, no es solo un lugar físico es una metáfora perfecta de la mente misma: un espacio donde la verdad y la mentira comparten la misma habitación, donde nadie de afuera puede estar completamente seguro de qué hay del otro lado de la puerta. Es el escenario ideal para una historia donde el lector nunca sabe si debe confiar en quien le está hablando. La idea de usarlo como escenario surgió porque necesitaba un lugar donde la palabra de mi protagonista valiera menos por definición donde, dijera lo que dijera, siempre hubiera una sombra de duda sobre si es verdad o es la enfermedad hablando. Ese desequilibrio de poder entre quien narra y quien lo escucha es lo que sostiene toda la tensión de la novela. El manicomio no es solo dónde pasa la historia, es el filtro a través del cual el lector tiene que decidir, sin ayuda de nadie, si le cree al hombre que tiene enfrente.

Además, me interesaba esa frontera incómoda entre la cordura y la locura, porque creo que es más delgada de lo que la sociedad quiere admitir. Todos, en algún momento, tenemos una habitación cerrada por dentro. Yo solo elegí escribir sobre alguien que decidió abrir esa puerta y no volver a cerrarla.

 

¿A eso entonces responde que Oculto sea una historia sanguinaria donde el juego de las máscaras destaca?

En Oculto nadie es exactamente quien parece ser, y esa es la columna vertebral de toda la novela. Mi protagonista se presenta como paciente, como víctima, como el chico ingenuo que cayó por amor cuando en realidad es alguien completamente distinto por dentro. Pero no es el único: casi todos los personajes que lo rodean también sostienen su propia versión pulida de sí mismos frente al mundo.

Me interesaba mostrar que la máscara no es solo un recurso del villano es algo mucho más humano y más incómodo. Todos, en distintos grados, editamos lo que mostramos según quién nos está mirando. Lo que hago en la novela es llevar esa costumbre cotidiana hasta su extremo más oscuro: ¿qué pasa cuando alguien construye una máscara tan perfecta que ni la ciencia, ni la justicia, ni las personas más cercanas logran ver lo que hay detrás?

La sangre en la historia no es el centro, es la consecuencia. El centro es la pregunta de cuánto podemos confiar en la cara que alguien nos muestra, sabiendo que quizás la verdadera cara nunca la vamos a ver. Por eso el lector tiene que desconfiar de cada palabra que sale de la boca de mi narrador porque él mismo es, ante todo, un maestro del disfraz.

 

Oculto es un thriller, y en esta amoralidad de su protagonista el lector termina detestándolo ¿esa fue tu intención?

Sí, totalmente. Si al terminar el libro el lector no siente rechazo por mi protagonista, entonces fallé como escritor. No quería crear un antihéroe carismático de esos que uno termina admirando a pesar de sus crímenes, quería algo más incómodo: que el lector lo acompañe capítulo tras capítulo, entienda su lógica interna, casi empiece a justificarlo por momentos, y después se sienta sucio por haberlo hecho.

Esa incomodidad era el objetivo. No escribí a un monstruo de caricatura fácil de odiar desde la primera página, porque eso libera al lector demasiado rápido, le permite decir "yo nunca pensaría así" y cerrar el libro tranquilo. Preferí construir a alguien inteligente, articulado, hasta con momentos de razonamiento que suenan lúcidos, para que el rechazo llegue más tarde y con más fuerza, cuando el lector ya invirtió empatía en él y descubre que esa empatía estaba mal puesta.

Detestarlo al final es, para mí, la señal de que la novela hizo su trabajo. El thriller que de verdad incómoda no es el que presenta la maldad como espectáculo lejano, es el que te hace sentir, aunque sea por un instante, que entendiste al monstruo y esa comprensión es la que después te persigue.

 

¿Crees que Oculto puede convertirse en una obra polémica?

Creo que sí tiene ese potencial, y no lo digo con miedo, lo digo con tranquilidad. Toca temas que incomodan de verdad el abuso, la violencia sexual, la manipulación del sistema de salud mental, un narrador que confiesa crímenes atroces sin una pizca de arrepentimiento genuino. Ese tipo de material siempre genera dos reacciones: quien entiende que estoy explorando la oscuridad humana para exponerla, no para celebrarla, y quien prefiere que la ficción no se acerque tanto a esos límites.

Yo prefiero escribir algo que incomode a que escribir algo que no le diga nada a nadie. Si un lector cierra el libro perturbado, o si alguien cuestiona por qué elegí ciertas escenas tan crudas, en el fondo eso significa que la historia cumplió su función: hacer sentir el peso real de lo que describe, no suavizarlo para quedar bien con todo el mundo.

Lo que sí tengo claro es la diferencia entre polémico y gratuito. No escribo violencia para provocar sin sentido, cada escena fuerte de Oculto está ahí porque el personaje o la trama la necesitan, no porque busque el escándalo por el escándalo. Si eso genera debate, bienvenido sea. Prefiero una obra que incomode y haga pensar, a una que pase sin dejar ninguna marca.



https://autorcoello.blogspot.com/



Ahora tu reciente novela, El reflejo insano, también retrata a un personaje obsesionado ¿estos perfiles son más fáciles de construir?

No diría que son más fáciles, diría que ya sé por dónde entrar en ellos, que es distinto. Después de construir al protagonista de Oculto, aprendí que la obsesión funciona mejor en primera persona, dejando que el lector viva el descenso desde adentro, sin la distancia de un narrador externo que juzgue. Diego, en El reflejo insano, nació con ese aprendizaje ya incorporado.

Pero cada obsesión tiene su propia textura, y eso sí exige trabajo nuevo cada vez. La del hombre gris en Oculto es fría, calculadora, casi quirúrgica, él controla su propio descenso. La de Diego es distinta: es un monstruo que él mismo nombra, que siente crecer sin poder frenarlo, hasta que ese monstruo termina escribiendo el final de su propia historia. Uno se esconde detrás de la lucidez; el otro se ahoga en la falta de ella.

Lo que sí es más natural para mí, después de dos libros trabajando este tipo de personaje, es no tenerle miedo a quedarme mucho tiempo dentro de una mente que se está pudriendo. Ya no dudo si es "demasiado oscuro" confío en que ese es justamente el lugar donde quiero que el lector se quede incómodo el tiempo suficiente para sentirlo de verdad. Eso no lo hace más fácil de escribir, pero sí más fácil de decidir escribirlo.

 

Tanto en Oculto como El reflejo insano, los personajes se aferran a la bíblica como salvavidas ¿quizás porque los actos humanos más brutales se pueden justificar en lo sobrenatural?

Es una observación interesante, pero yo lo vería casi al revés: en mis libros la Biblia no funciona como excusa para lo brutal, funciona como el espejo que no deja escapar al personaje de su propia culpa. El hombre gris en Oculto cita a Eclesiastés con una lucidez perfecta mientras confiesa crímenes atroces no usa el versículo para justificarse, lo usa para sonar racional, para que el lector dude si de verdad está loco o solo es alguien inteligente que hizo algo terrible. Ahí la palabra bíblica no lo salva, lo delata: muestra que sabía exactamente el peso moral de lo que hacía.

Lo sobrenatural, en mi forma de escribir, nunca es la puerta de salida fácil para el personaje, es la vara con la que se mide lo que hizo. Si algo terrible se comete a pesar de conocer la ley, la fe, el bien y el mal con total claridad, esa persona no tiene la excusa de la ignorancia. Al contrario, es más culpable, no menos.

Creo que me aferro a ese lenguaje bíblico como salvavidas narrativo por otra razón: es el idioma en el que mejor puedo hablar de juicio, de consecuencia, de que ningún acto queda sin su peso, aunque el personaje intente convencerse a sí mismo o al lector de lo contrario. No es sobrenatural como escape es sobrenatural como sentencia.

 

En El reflejo insano una voz, al igual que Oculto, asedia al protagonista ¿se pretende acentuar que los problemas mentales es algo más común y preocupante de lo que creemos?  

Sí, y creo que es justo el corazón de por qué elegí esa voz interna como recurso en las dos novelas. No quería que "el monstruo" o la voz que asedia fuera algo lejano, reservado para un villano de ficción exagerado quería que se sintiera cercano, casi reconocible, porque de eso se trata: los problemas mentales no golpean solo a personajes extremos de una novela, están mucho más presentes en la vida cotidiana de lo que la gente quiere admitir en voz alta.

Diego, en El reflejo insano, no empieza siendo un monstruo, empieza siendo alguien enamorado, común, que cualquiera podría reconocer en un vecino, un compañero de trabajo, hasta en uno mismo. La voz que lo asedia crece despacio, casi sin que él se dé cuenta, y creo que eso es lo verdaderamente inquietante: no la locura como algo ajeno y lejano, sino como algo que se filtra en una mente aparentemente normal hasta tomarla por completo.

Sí me preocupa, y sí quiero que se note en la ficción, esa idea de que el sufrimiento mental no siempre grita muchas veces susurra durante años antes de estallar, y la sociedad suele mirar para otro lado hasta que ya es demasiado tarde. Si mis novelas logran que un lector se detenga a pensar en eso, aunque sea un segundo, en vez de solo disfrutar el thriller y cerrarlo, entonces cumplieron algo más que entretener.





Manta es parte del paisaje de ambas novelas ¿quizás porque se ajusta a la violencia que impera en esta urbe?

Manta es mi casa, es donde nací y donde sigo viviendo, así que escribir sobre otro lugar sería como pedirles a mis personajes que hablen con una voz que no es la mía. No la elijo porque piense que es más violenta que cualquier otra ciudad, la elijo porque es la que conozco de memoria, la que puedo describir con el olor, la luz, el ritmo exacto de sus calles sin tener que inventar nada.

Lo que sí es cierto es que ninguna ciudad está libre de su propia oscuridad, y Manta tiene la suya como cualquier otro lugar del mundo. Cuando escribo, no busco retratar a mi ciudad como un escenario de crimen constante, busco algo distinto: mostrar que el horror que exploro en mis novelas no necesita un escenario exótico o lejano para existir. Puede pasar acá mismo, entre calles que cualquier lector manabita reconoce, en una casa que podría ser la del vecino. Eso, para mí, es más inquietante que ambientar la historia en un lugar distante y fácil de distanciar mentalmente.

No es que Manta se ajuste a la violencia de mis historias es que yo elijo mostrar que la violencia y la oscuridad humana no necesitan pedir permiso ni escenario especial. Pueden estar en cualquier ciudad del mundo, incluida la que yo más conozco.

 

Y finalmente ¿en qué otros proyectos literarios te encuentras?

Ahora mismo estoy metido de lleno en una novela mucho más extensa que todo lo que he publicado hasta hoy, se llama El Abismo Púrpura. Es un salto distinto para mí: si Oculto y El reflejo insano eran descensos íntimos, contenidos, esta es una obra coral, un viaje al juicio de un alma después de la muerte, donde el protagonista recorre no solo su propia historia sino la de otras almas que se cruzaron con la suya, cada una cargando su propio pecado, su propio castigo.

Es una novela de guerra espiritual, con demonios y ángeles como personajes reales dentro de la trama, pero sin perder lo que ya es mi sello: la obsesión, la culpa, la pregunta de si hay salida para alguien que ya cayó. Es el libro más ambicioso que he escrito, en escala y en riesgo, y llevo meses trabajándolo sin soltarlo.

Cuando esté terminado y editado, la idea es que dé el salto que Oculto y El reflejo insano todavía no dieron: llegar más allá de Ecuador. Es un proyecto que me tiene completamente entregado, y espero que cuando lo lean entiendan por qué valió la pena tomarme el tiempo que me está tomando.


sábado, 15 de agosto de 2026

Francine Capella: “Lo que busco al escribir es plantear preguntas”



El dos mil veinticinco me dio una sorpresa que no esperaba: la novela de una autora que, para mí, no constaba en el radar local. Ese año no leí el manuscrito de lo que prometía ser, según su representante, una historia alucinante y temeraria, con una protagonista que dejaría su huella en el lector. Algo pasó y no logré, en todo el año, concretar una lectura que desplegara mi juicio crítico.

Pero las obras, cuando tienen algo que decir, llegan a los lectores adecuados. Eso me dije a principios de este año, después de internarme en la trama y de ir reconociendo los entretelones de la historia.

Francine Capella (Portoviejo, 2006) no aparecía por ningún lado. Se había pasado los últimos veinte años pensando, imaginando, escribiendo, reescribiendo y corrigiéndose para hacer que sus historias dijeran algo, mucho.

Al final de este mes se realizará la presentación de su primera novela, que, a la vez, es su ópera prima como escritora. El evento tendrá lugar en su ciudad, Portoviejo. Pero mientras se acerca el día, me surgen algunas interrogantes: ¿Dónde estaba esta autora? ¿Qué formación y qué lecturas están detrás de ella? ¿Tiene más textos inéditos?


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Francine, se dice que los jóvenes leen poco o ya no leen, en tu caso ¿qué autores han marcado tu ruta como lectora?

Durante mucho tiempo me interesó más crear historias que acercarme a los escritores que las creaban. Con los años empecé a interesarme por la filosofía y por autores como Kafka, Albert Camus y Dostoyevski. Encontré en Camus una forma de pensamiento que se acercaba a algo que yo ya sentía. Su visión del absurdo no me parece triste, sino profundamente humana y libre. No creo que necesitemos encontrar un sentido universal para que nuestra existencia tenga valor. Dostoyevski, en cambio, me atrae mucho por su manera de narrar y explorar la mente humana, mientras que Kafka me acercó a esa forma de convertir situaciones cotidianas en algo extraño y significativo.

 

¿En qué momento te reconociste como escritora?

No hubo un momento exacto en el que decidiera considerarme escritora. Yo ya escribía desde antes, aunque lo veía como una forma de entretenerme, igual que dibujar historietas o crear historias para internet. Fue alrededor de los 15 años, cuando comencé a escribir Madison, que algo cambió.

Desde entonces empecé a escribir en todas partes. Llevaba un cuaderno al colegio, anotaba ideas y les contaba a mis amigas. No pensaba en publicar, solo deseaba seguir escribiendo. Con el tiempo entendí que eso ya no era simplemente un pasatiempo: era una nueva forma de expresar lo que imaginaba y de hacer que algo que solamente existía en mi mente pudiera existir también fuera de ella. Creo que fue ahí cuando realmente comencé a sentirme escritora.

 

¿Cuándo nace la idea de tu novela MADZp53?

La idea nació cuando tenía 15 años, en una etapa en la que comenzaba a interesarme profundamente por la genética y la inmortalidad. Había dejado de lado otra historia porque sentía que quería escribir algo que realmente me moviera, aunque todavía no sabía exactamente qué sería.

Aquella tarde no comencé pensando lo que haría. Me senté frente a mi computadora y empecé a escribir lo que pensaba y sentía en ese momento: mis ideas sobre la verdad, la vida, el conocimiento y la posibilidad de vivir para siempre. Así nació el prólogo.

A partir de ese pensamiento comenzó a aparecer todo lo demás. Madison nació después, pero la primera semilla siempre fue aquella reflexión que escribí.

 

¿Cuánto cambió desde el primer borrador hasta la versión final tu proyecto de novela?

Cambió muchísimo. Madzp53 pasó por varios procesos de corrección durante los años, y la versión que hoy tengo entre mis manos es muy diferente de aquel primer borrador. Curiosamente, la parte que menos cambió fue el prólogo. En cambio, el inicio de la historia sí cambió por completo. Originalmente comenzaba de una manera mucho más cotidiana. Fue durante la edición cuando sentí que podía comenzar en el punto donde realmente empezaba la historia.

También cambió mucho el ritmo. Algunos personajes y acontecimientos también desaparecieron. El final fue lo que más trabajo me dio. El camino hasta ese momento cambió muchas veces, pero el destino siempre estuvo ahí.





¿Cuánto ha influenciado tu carrera de biotecnología en la construcción de tu novela?

Mi carrera de Ingeniería en Biotecnología ha influido bastante en mi novela, aunque de una manera curiosa, porque la novela nació antes que mi carrera. Cuando tenía 14 y 15 años empecé a interesarme profundamente por los temas que aborda la historia. Cuando comencé a escribir, sabía que Madison estaba relacionada con la ciencia y la tecnología, pero ni siquiera había decidido qué estudiaba. Tuve que preguntarme qué carrera cursaba y, al investigar, descubrí la Ingeniería en Biotecnología. Me pareció que encajaba perfectamente con ella y la incluí en la historia, sin imaginar que años después yo misma terminaría estudiando esa carrera.

Cuando entré a estudiar, yo había olvidado que se lo había asignado a Madison. Con el tiempo, cursar la carrera sí me ayudó mucho durante la corrección de la novela. Es curioso pensar que primero creé a una protagonista que estudiaba Ingeniería en Biotecnología sin saber realmente qué era, y años después terminé recorriendo yo misma ese camino.

 

¿Podría Madison, la protagonista, representar la heroína que toda persona ansía convertirse?

Personalmente, no veo a Madison como una heroína, y tampoco creo que exista un héroe completamente definido como ejemplo perfecto a seguir. Madison está rota desde el comienzo: puede ser egoísta, terca, impulsiva y tomar decisiones cuestionables. Lo que me parece admirable de ella es que después de experimentar en carne propia lo que significa perder el control sobre su propia vida, siempre intentó evitar que otras personas sufrieran el mismo destino. Incluso cuando tuvo razones y herramientas para convertirse en alguien cruel, decidió no hacerlo. Al final logra aceptar que ya no es como los demás, sin dejar de reconocerse como humana. Por eso creo que cada lector puede decidir si quiere llamarla heroína, pero yo prefiero verla como una persona imperfecta que, aunque su mente la atormentaba y la volvía violenta, luchó por no convertirse en aquello que la había herido. Quizás eso sea lo más humano y admirable de ella.

 

Persecuciones, espionaje, luchas, experimentos científicos… ¿qué otros temas incluyen la novela y por qué los consideras importante en la historia?

Uno de los temas centrales de la novela es la mente humana frente a aquello que no está preparada para soportar. Desde el inicio me interesaba preguntarme qué ocurriría con la conciencia de una persona si su cuerpo dejara de morir, pero su mente continuara siendo humana. Por eso el dolor, la identidad, la libertad, la ética científica y la inmortalidad tienen tanto peso en la historia. Incluso el propio nombre de Madzp53 nace de Madison: ella misma, al analizar su sangre modificada, decide nombrar la sustancia que ha transformado su cuerpo. Para mí, esto refleja también la manera en que termina aceptando, aunque sea con ironía, que ella misma se ha convertido en aquello que intentaron crear. Aunque no lo haya deseado. La novela no trata solamente de alguien que no puede morir, sino de cuánto puede soportar una mente humana cuando tiene que vivir con algo para lo que nunca fue creada.

 

Por otro lado, amor y paternidad son dos carencias de Madison ¿por qué?

Sí, el amor y la paternidad son dos carencias importantes en Madison, aunque no son las únicas. Su relación con su padre es especialmente importante porque durante su infancia fueron muy cercanos y compartían incluso un mismo sueño. Después del divorcio, cuando Madison tenía doce años, ella vivió su separación como un abandono y terminó interpretando que, de alguna manera, había sido responsable de que sus padres dejaran de estar juntos. Esa experiencia terminó influyendo en su manera de relacionarse. Madison siente profundamente, pero tiene miedo de ser vulnerable, de ser abandonada o ver que no es suficiente. Madison no carece de amor porque no sepa sentirlo; al contrario, siente demasiado y teme las consecuencias de necesitar a alguien.

 

Finalmente ¿En qué otros proyectos literarios te encuentras trabajando?

Actualmente continúo trabajando en distintos proyectos literarios. Mi siguiente proyecto principal es El ángel que mintió, una historia de drama psicológico, fantasía oscura y urbana, en la que he podido explorar mucho más la mente de los personajes y los conflictos internos que me interesan como escritora. También continúo desarrollando historias de ciencia ficción y misterio. En el futuro me gustaría volver a experimentar con el terror psicológico y quizá explorar el romance, aunque probablemente desde un enfoque más oscuro. La ciencia ficción y las preguntas sobre la mente humana siguen siendo temas a los que siempre regreso. Creo que, independientemente del género, lo que realmente busco al escribir es plantear preguntas, intentando descubrir hasta dónde puede llevarme la mente de un personaje.



 

miércoles, 5 de marzo de 2025

Eduardo Guevara Valencia: “Conocí al personaje principal en la realidad”

Eduardo Guevara Valencia, firmando un ejemplar de su novela.



Eduardo Guevara Valencia es un escritor que se mueve bajo perfil, que prefiere que su obra habla por él. Lo suyo ha sido y es la publicidad y el marketing, profesión que lo ha llevado a tener experiencias fuera de Ecuador, como vivir en Omán, país asiático donde trabajó y conoció al que sería el protagonista de su ópera prima: un Sultán cuya vida le resultó novelesca.

Residente en la parroquia Mindo, vislumbró la posibilidad de juntar dos mundos disímiles: Omán y Mindo, y creó un puente femenino: Melina, la aventurera protagonista de El Sultanato de Mindo, su primera novela que nace con paso firme.

Lo contacté a la distancia y mantuve un breve diálogo para conocer más de su obra y las motivaciones de fondo.

 

Eduardo ¿cuándo y por qué surge tu interés de escribir una novela?

Conocí al personaje principal en la realidad. En cuanto lo vi supe que era una persona muy especial y a medida que más conocía sobre él y la historia de su país, supe que era un personaje de novela. Años después lo junté a experiencias más actuales y de pronto la historia estaba clara en mi cabeza. Después sólo fue trabajar con las palabras.

 

¿Cuánto en la novela ha surgido desde la vivencia del autor?

Bastante. Lo que faltaba fue fácil imaginarlo.

 

Mindo, España, Omán son geografías disímiles entre sí, solo emparentadas por el recorrido de Melina ¿por qué?

Porque la condición humana es la misma. Las diferentes culturas y la geografía solo cambian la forma de expresar esa esencia.



(Cuerpodevoces, 2025)



Casi siempre las historias modernas se desarrollan en grandes ciudades ¿qué determinó que tu novela transcurra una buena parte en Mindo?

Mindo es una subcultura muy particular, sus valores, intereses, formas de vida provienen de la cultura dominante, pero acá se manifiestan exacerbadas, a veces primitivas. Y se desarrollan en un entorno natural, que sirve de escenografía dramática, dándole color y fuerza a las acciones cotidianas más simples.


Omán es un país árabe que puede resultar extraño para los lectores ¿por qué trasladar tu historia hacia allá?

Porque ahí nació la novela. Y quizás sea un atractivo diferenciador para el lector curioso y para aquellos de mente abierta.


Aunque no se trate en esencia de una novela política hay toda una lección de cómo funciona el poder tras el poder ¿qué buscaste al acentuar este tema en la trama?

Esa parte es tomada de la historia del país. Yo solo añadí algunas pinceladas literarias.


Traición, usurpación, crímenes sin resolver, pactos bajo la mesa… paralelismos del poder en Omán que se parecen a cualquier país suramericano ¿esta fue la intención?

Exactamente. Los hechos narrados y que tienen relación con tu pregunta, se repiten en casi todos los países dependientes. Es la historia conocida del despojo y el dominio económico y político. Casi siempre mediante la fuerza. 


La novela transcurre en una época anterior al teléfono celular y redes sociales ¿hubiera funcionado igual la historia en este tiempo?

Creo que no. La revolución de las comunicaciones en el siglo XXI cambió la forma de interrelacionarse entre los seres humanos. Ubicarla en aquel tiempo pasado le da un halo de nostalgia a la novela, quizás también algo de misterio.


La música es también un elemento importante dentro de la historia ¿a qué se debe el interés?

El arte es uno de los temas que explora la novela, en diversas expresiones. ¿Como no incluir la música? Sí, es una pasión compartida entre el protagonista y el autor.


¿Podría caber la posibilidad de una segunda novela acompañando a Melina y sus aventuras?

Estoy bregando por encontrar una nueva historia. No creo que Melina quiera volver. Ya hizo suficiente.


jueves, 13 de febrero de 2025

Fernando Macías Pinargote: “Hay cosas sobre Manabí que parecen una novela de realismo mágico”

 

Crónica, poesía, narrativa. La obra de Fernando Macías Pinargote abarca varios géneros.


Fernando Macías Pinargote es un escritor que con cada nueva obra no pasa desapercibido en el contexto literario manabita. Periodista de amplia trayectoria, cronista a tiempo completo, poeta reconocido desde la década del setenta y ahora incursionando en el género del cuento.

Las publicaciones de sus libros suscitan el interés masivo de lectores: una legión de seguidores que con los años va creciendo, tal vez por los temas diversos y costumbristas que dan cuenta de un Manabí que intenta sobrevivir más allá de la violencia e inseguridad que mancha.

A propósito de su más reciente obra titulada “Porsiacaso Meolvide”, lo visité en su casa —en su natal Portoviejo, aquella ciudad protagonista de varios de sus libros— para dialogar en torno a su nuevo libro, los temas que aborda y las motivaciones de fondo.



Portoviejo es un escenario recurrente en la obra de Macías Pinargote.


Fernando ¿en su rol de escritor le ha sido fácil moverse en distintos géneros literarios?

No fácil, porque nada es fácil. Sin embargo, me ayudó mucho el hecho de que desde muy joven practiqué todas las áreas del periodismo, entre ellas la de las crónicas. Comenté sucesos, describí escenas y escribí poemas, eso fue fundamental para tener abierta las puertas a las diferentes opciones de la literatura.

 

¿Entonces ahí surge el germen de incursionar en el relato?

Desde que escribí crónicas. Describir hechos de una provincia tan apasionante como Manabí, fue fundamental. Hay cosas sobre Manabí que parecen ser parte de una novela de realismo mágico, pero que sencillamente son realidades.

 

Por eso es por lo que “Porsiacaso Meolvide” es un título bastante sobresaliente para una colección de historias ¿solo posible desde Manabí?

En el título del libro encontramos dos opciones. O el lector presupone que se trata de un personaje que representa una costumbre extraña de algún sector de la provincia de bautizar a sus hijos con nombres extravagantes, o se trata de una forma de recordarnos que esta región es rica en temas y que es necesario contarlos antes de que el olvido llegue. Ambas opciones son válidas, pero más la segunda, porque en esta región, según expresaba un recordado amigo, a donde usted mira hay un tema para contar, y porque la primera ya no existe, por una disposición del registro civil de no aceptar que los hijos se inscriban con nombres raros.



El autor, su obra y de fondo un espacio de su ciudad.


Así ¿Podría decirse que el libro “Porsiacaso Meolvide” (por el paisaje y algunos de los personajes) es un homenaje a Manabí?

Correcto, en el trasfondo de algunas historias aparece Manabí en primer plano, lo cual nos recuerda que podemos describir lo local dándole universalidad.

 

Se dice que el narrador es por antonomasia un fabulador a tiempo completo ¿es lo que se puede encontrar en sus historias?

Creo que mis relatos cuentan realidades y trazan escenarios fantásticos, es decir son duales. Dicen que la fantasía y la realidad se funden en algún momento de la narración. A veces corresponde al lector determinarlo.

 

Y en este contexto ¿Cómo se siente más cómodo, escribiendo historias de corte realista o fantástico?

En ambas, porque tanto lo real como lo imaginario forman parte de la naturaleza humana.

 

Por otro lado, el pasado, la niñez y juventud, son recurrentes en sus historias ¿por qué?

Porque son etapas de la vida que marcan a cualquiera. Y porque en las narraciones suelen recrearse y volver. La literatura nos permite eso: apelar a la memoria para convertir lo lineal en circular.




Porsiacaso Meolvide (cuentos, 2025)


¿Qué historias considera debió escribir e incorporar en el conjunto?

Quise que en este libro se liberarán solo algunas historias (13) para permitir más facilidad de lectura. A veces los libros gordos asustan de inicio, a veces se los toma y se los deja. Digo, eso pienso. Pero concretando la respuesta: estoy mejorando y corrigiendo varios cuentos que no aparecieron en "Porsiacaso...".

 

Y, aunque “Porsiacaso Meolvide” recién ha empezado su recorrido entre los lectores ¿qué otros proyectos literarios vienen después?

En general, creo que muchos autores que intentamos crear en serio, tenemos textos rezagados. Y, aun así, este año posiblemente aparezca un libro con crónicas, otro libro de relatos y un compendio de textos de opinión.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Francisco Bedoya: “Mi obra se mueve en mostrar como el amor se oculta en algo más”


Francisco Bedoya es actor, director y dramaturgo ecuatoriano. Director del colectivo “Susurros Teatro”. Su trabajo se ha desarrollado en pedagogía, dirección, actuación y literatura además de mantener varias obras en escena. Ha publicado en narrativa Recolección de vivencias para sostener una guerrilla urbana (Cactus Pink, 2021), Susurros de la calle (CCE, 2019), Los que vendrán 18-19, Antología del novisísimo cuento ecuatoriano (Cactus Pink, 2018). Autor del texto Yo soy José María Espinoza para el Proyecto “Bicentenario 2022, 12 Obras”.

A propósito de su reciente libro titulado ¿Amor? O ¡Amor! O Amor (2024) que reúne varios de sus textos teatrales y que tendrá una primera presentación el sábado 28 de septiembre, lo contactamos para dialogar de lo que significa escribir y publicar teatro. Un género siempre escaso de leer por estos lares.

 

Francisco ¿cómo te sientes más cómodo, actuando o dirigiendo?

Me gustan las dos por igual, actuar o dirigir conlleva responsabilidades distintas y complejas que, según el tiempo en el que he estado en el arte escénico, si te encuentras cómodo en cualquiera de las dos, o según mi parecer, en cualquier cosa que hagas, ya lo lograste, ya te moriste, es como que ya llegaste a una paz a un equilibrio y en esa comodidad, paz, equilibrio te estancas. Para mí el estar siempre fuera de mi zona de comodidad me ha ayudado mucho a crecer. Pero en el fondo más me gusta escribir y enseñar teatro, creo que debe ser porque ya he dirigido algunas obras y no he actuado en muchas.

 

¿Cuán complejo es pensar y escribir una obra de teatro?

Depende de la obra, me gusta trabajar haciendo obras bajo pedido, recibo ciertas características y en base a eso realizo la obra, muchas veces a ese tipo de trabajo es un reto muy divertido.

Escribir obras a las que puedo llamar propias se me hace más complejo la mayoría de las veces, en ocasiones entro en no poder definir cual queda del universo de ideas en las que caigo al crear, y otras ingreso en un vacío tan profundo que me provoca realizar otras actividades antes de escribir una letra.


¿Has interpretado tus mismas obras?

¡Claro! Fui “Persona” en una obra llamada “La secretaria de suicidios” también muevo Lecturas interpretativas en las que leo mis cuentos interpretándolos de manera performativa o sensorial con Maritza Marmol, esposa mía y actriz productora de Susurros Teatro.

 

Escribir y publicar teatro ¿por qué?

Porque es la única forma literaria que invita al lector a transformarse en otra cosa, yo he visto a personas que nunca han leído o han visto una obra de teatro o guion y se sorprenden mucho al leerlo y lo empiezan a interpretar por el simple hecho de leerlo. La dramaturgia nos libera de lo que somos, nos guste o no ser lo que somos, nos da la oportunidad de ser otros y eso es muy rescatable para mí ya que es lo único seguro que tenemos como seres humanos, que siempre cambiamos.

 

El amor es una construcción dual donde siempre hay pérdida ¿por qué abordar este tema dentro de ¿Amor? O ¡Amor! O Amor?

Porque me di cuenta que mis obras de teatro hablan mucho de amor, y ahora que lo relacionas con la pérdida, me haces pensar más que todo en el equilibrio, la búsqueda de un complemento o un igual o un loquesea, que al irse asumimos como perder algo, pero que nunca nos perteneció. Para mí en el amor hay más unión que pérdida, y pensar por qué estoy unido a esta persona, sea por una decisión, o por miedo, o porque me hace reír, o por dinero o por cualquier cosa.

 

Amor sin desamor es casi imposible, pero dentro de esa dicotomía ¿qué más se puede ver-analizar desde el teatro? ¿Qué más ofrece tu obra literaria?

El teatro siempre te va a ofrecer una multiplicidad de sentidos y opciones de lo mismo, el teatro nos da la oportunidad de cambiar la realidad que estamos creando y vivir otra, poder transformaros siempre en lo que queramos, eso podemos analizar-ver desde el teatro al amor o al desamor, verlos como algo que creamos una y otra vez de múltiples formas.

Lo que ofrece mi obra. Ya he trabajado en cuento, novela y ahora dramaturgia, en mi camino para poder alcanzar el “ser escritor” algún día, creo que debo crear algo más íntimo, que me lleve a mi familia, a mis ancestros, en un futuro sacaré un libro de la vida de mi abuelo. 




 

¿Has agotado el tema del amor en tu obra teatral?

Para nada, creo que este texto es como un darse cuenta de lo que he estado haciendo para poder hacerlo de una manera más consiente en un futuro. Aunque ahora estoy explorando la sátira política.

 

¿Puede el amor ser una causa revolucionaria y contracorriente? ¿Se mueve tu obra por ese territorio?

Por su puesto que puede ser, esas causas serían dos lugares en los que el amor se ocultaría para poder ejercer su magia, como esa fuerza poderosísima de unión, con la que los humanos nos chocamos constantemente. La obra “El Grupo Artístico de Revolución Armada” es una obra en la que exploro el amor, como un pretexto para crear una revolución, pero que muy en el fondo es un amor obsesivo por un lado y desesperado por el otro.

Mi obra se mueve en mostrar, desde mi visión, como el amor se oculta en algo más, sea este algo una decisión, una revolución, un trauma, una obsesión, lo que sea, a la larga es un pretexto para unirnos a cualquier cosa, sean personas, objetos, animales, lugares, etcétera.

 

¿Qué sientes al final del día cuando repasas tus textos teatrales?

Me sorprendo mucho, cada vez que releo mi teatro lo imagino de maneras distintas, es lo genial de este arte, siempre puede ser hecho de maneras distintas, siempre debe ser nuevo, porque está vivo y como todo lo vivo puede morir, esa muerte lo hace irrepetible, y nos hace como artistas escénicos buscar la forma de hacerlo inolvidable para el público.


lunes, 23 de septiembre de 2024

Fernando Argandoña Velasco: “Mis novelas y cuentos tienen conexión entre ellos”


Fernando Argandoña Velasco es originario de Bahía de Caráquez, cantón manabita. Es Ingeniero agroindustrial y magíster en educación básica. Sus textos, cuentos y novelas cortas empezaron a publicarse en plataformas virtuales, espacio donde ha logrado darse a conocer. Pero es su novela corta Secretos de Quimera la que lo está visibilizando como narrador y ha puesto en el mapa de los jóvenes autores ecuatorianos.

Actualmente es docente en la Unidad Educativa San Isidro, donde reside en la parroquia del mismo nombre. Contactamos con él para conocer más de su ópera prima que por estos días empieza a llegar a librerías y lectores, y se prepara la presentación oficial en algunas ciudades del país.

 

Fernando ¿cuándo nace tu interés por la literatura?

Desde la escuela tuve la suerte de poder acercarme a la literatura, en esos tiempos en mi pueblo había un puesto de revistas y mi padre siempre me compraba historietas de Kaliman, Mándame y Condorito, también recuerdo que estudié en la escuela Velasco Flores y que en ella pude leer adaptaciones literarias para niños sobre Simbad el marino, Cumandá, entre otras.

Creo que todo lo mencionado anteriormente desarrolló en mí el interés por la lectura y la literatura, lo cual se acentuó más al crecer y descubrir todas las sensaciones que produce leer historias apasionantes y envolventes.

 

Se afirma que todo escritor es primero lector ¿Qué autores y obras te han marcado como lector?

En mi caso fue el poema El Cuervo de Edgar Alan Poe, luego de leer y disfrutar de aquel poema quedé fascinado con el estilo y la manera de escribir de este autor que se convirtió en uno de mis favoritos.



¿Cuándo tiene su germen Secretos en Quimera?

Como docente de la Unidad Educativa San Isidro he tenido la oportunidad de conocer y dialogar con jóvenes estudiantes, muchos de ellos apasionados por la lectura, en cierta ocasión escribí varios cuentos cortos sobre temas cotidianos y se los compartí, al ver que a los estudiantes les gustaba lo que leían y me pedían que escribiera una historia más larga de suspenso me animé a hacerlo, así surgió Secretos en Quimera, como una novela corta en la cual el suspenso te envuelve y el final es inesperado, surgió como un deseo por incentivar la lectura entre los jóvenes.

 

Viviendo en un país como Ecuador ¿es posible que las historias que se desarrollan puedan estar más allá de la violencia que rodea?

Considero que la novela Secretos en Quimera va más allá de la representación de la violencia o el crimen, es cierto que en la historia ocurre un robo y un asesinato, pero la historia profundiza más en las motivaciones personales, psicológicas y hasta colectivas qué llevan a los personajes a involucrarse en dicho robo, los personajes son variados y con personalidades distintas que permiten al lector identificarse con algunos de ellos, aborrecer o criticar el proceder de unos y admirar ciertos rasgos de otros, permitiendo que el lector se sumerja en el desarrollo de la historia y de los personajes que la conforman, creo que la novela va más allá de la mera ejecución de un plan de robo, se centra en la vida de los personajes y como estas circunstancias los cambian positiva o negativamente.



 

¿Podría Secretos en Quimera considerarse un retrato a grandes rasgos de la sociedad ecuatoriana?

Creo que los personajes tienen características bien definidas, el hombre introvertido, la mujer que es hermosa y vanidosa que usa sus atributos para ser el centro de atención, el hombre mujeriego con un don para hablar y convencer a las personas, el jefe prepotente y corrupto, la joven pasante religiosa optimista y alegre, etc. Sin embargo, no creo que estos personajes sean necesariamente una representación de la sociedad ecuatoriana, si bien es cierto que quizá ciertos rasgos de los personajes podrían hacer que un grupo de lectores se sienta identificado con alguno de los personajes, considero que la sociedad ecuatoriana es mucho más variada y compleja. Además, nunca fue mi intención retratar una realidad de nuestra cultura o sociedad a través de esta historia, sino más bien crear una historia que lleve al lector a sumergirse en el suspenso y que mientras conoce a los personajes y el desarrollo de la historia intente descubrir cuál de ellos pudo haber realizado el crimen sobre el que se centra la novela.

 

¿Qué otros textos mantienes inéditos?

Tengo dos novelas cortas: Misterio en el parque temático (terror) y El buho negro (acción); además otros trabajos como Cuentos de San Isidro (recopilación variada de cuentos) y Romances (historia de relaciones amorosas).

 

¿Qué consideras es lo más interesante de tus proyectos literarios?

Todas las novelas y cuentos que he escrito tienen conexión entre ellos, ocurren en el mismo sitio (San Isidro) y en ciertas ocasiones convergen los personajes y las historias.

Mi proyecto es crear un universo en torno a estas historias, logrando una sinergia entre las mismas y creando nuevas historias que incentiven a las personas a la lectura y a sumergirse en los mundos y situaciones que la literatura nos puede brindar.