martes, 29 de octubre de 2013

A un paso del paraíso (parte 5)




Y Pulido se iba a su casa caminando, todo borracho y loco, pensando en la estupidez de Eloy Alfaro Delgado, arrastrado por las calles de Quito, torturado y quemado por serranos que resentían a muerte el que este ignorante manabita los haya vuelto a unir a los monos de mierda de la costa con ese maldito ferrocarril. Todo era tan sencillo y a la vez tan difícil de entender. Los serranos detestaban ser gobernados por estos palurdos mercachifles ignorantes, y los costeños ya habían agotado toda su paciencia y tolerancia al tener que deslomarse trabajando para pagar unos impuestos, que se convertían en suculentos sueldos que mantenían como ricos y poderosos a estos seres tan profundamente odiados.
De pronto el mundo de Pulido estaba rodeado de palabras. Palabras que iban y venían de un lado a otro del mundo. Imágenes de Sartré, cuando la señora Helen dio una conferencia en la Alianza francesa en conmemoración del aniversario de la muerte del célebre pensador ateo y comunista de Francia.
Palabras iban y venían, iban y venían... Pulido se había convertido en el secretario de una intelectual de alto vuelo que preparaba conferencias en Power Point sobre la cultura mexicana. Pulido tenía que estar en la máquina accionando un pequeño dispositivo para ir pasando las imágenes, que las personas que habían asistido al consulado mexicano, estaban ansiosas por ver.
Antes de todas estas conferencias, Pulido tenía que recoger de internet harto material fotográfico e intelectual que luego, la señora organizaba con detalle demencial en un sistema de power point, hasta quedar absolutamente segura de que todo encajaba a la perfección.
Los días transcurrían llenos de ansiedad. El temperamento de la señora se iba agriando cada día más y más. La intensidad de su mal humor se exacerbaba con las trabas que la política de inteligencia militar le colocaba a ella sin que lo supiera o sospechara. Pulido veía detrás de cada obstáculo, la mano de los hombres y mujeres de P2 Inteligencia Naval.
Una mañana el mismo Pulido se palanqueó para dar una conferencia en la Fundación Leonidas Ortega.
Allí habló de Alexander Pustchkin y su novela: LA HIJA DEL CAPITAN. Para Pulido, el romanticismo ruso era la piedra angular de la vieja narrativa rusa. Era una labor titánica, el hacerles comprender a los futuros bachilleres, la importancia de leer la literatura universal. La literatura, junto con la historia, era la memoria de la raza humana. Pero la literatura, tenía la característica de que contenía otros ingredientes como: la psicología, la antropología, la investigación científica y un sinnúmero de materias más.
Luego habló del caso de Henry Miller y lo comparó con Sade en su obsesión sexual, pero también lo disoció, lingüísticamente, con el caso del marqués de Sade. Pulido creía que hablar de aquellos autores era mejor que los chicos se encerraran en los cybers para ver pornografía.
De todas formas, Pulido no encontraba las palabras para llegar al corazón del cerebro de aquellos chicos, que sólo pensaban en el fútbol, el sexo y la vagancia. Ellos ni siquiera se imaginaban lo que les esperaba en la universidad. La cantidad de libros que tendrían que analizar y comprender.
Joey pasaba rápido de autor en autor y pronto llegó al punto álgido del asunto: la religión y su escabrosa relación con la literatura. Los chicos tenían bien metida la idea en la cabeza de que los escritores y los poetas eran unos locos perdidos sin el perdón de Dios y que los poetas siempre se morían de hambre, que con las creencias no se jugaba. Y eso no era exactamente la verdad.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


sábado, 19 de octubre de 2013

A un paso del paraíso (parte 4)




Pronto, Pulido descubrió un pequeño secretito de su querida y vieja amiga: Helen era lesbiana. En varias ocasiones cuando llegaba por las mañanas al hotel, se encontraba de frente, con una linda chica, con el tipo de esas chavalas, que aparecen en las novelas de Carson Mc Cullers. La amante se llamaba Gretita y era una rubia absolutamente deliciosa con un gran parecido a Jodie Foster.
Una ocasión en que Pulido tuvo que ir al cuarto del hotel, sin el conocimiento de la señora, se encontró a Gretita, completamente desnuda en el baño, duchándose. La señora no estaba y Pulido se pegó un susto de muerte. Pero Gretita le pidió que se calmara y luego salió del baño completamente desnuda, enseñando su cuerpo pelirrojo, lleno de pecas y con la toalla en la mano para luego decirle:
-     ¡Ya ve, que no muerdo!, sólo soy una mujer desnuda...ustedes los intelectuales conservadores hacen aspavientos y se escandalizan por cualquier cosa.
 
Después de decir esto se acostó desnuda, completamente despechada y con la toalla, apenas cubriendo su sexo pelirrojo, que ardía en llamas.
Pulido no cesaba de disculparse por la interrupción y estaba tan nervioso que no encontraba los papeles que había ido a buscar. Ella lo volvió a tranquilizar.
-         ¡Pero, cálmese, hombre que le puede dar un yeyo!, ¿acaso Helen no le había hablado de mí!
-         No-dijo Pulido-.
-         Estuve leyendo su libro: DEMOCRACIA & LIBERTAD y sus poemas eróticos me parecieron lo único rescatables de tanta ideología aburrida. ¿Qué opina de la sexualidad de las lesbianas?, ¿alguna vez se ha acostado con una de ellas?
-         Tengo entendido que son verdaderamente ardientes en la cama, tal vez porque se quieren demostrar a sí mismas o a su interlocutor sexual que son mucho mejor que las mujeres normales.
-         Eso, eso, eso es lo aburrido en su libro, ¿siempre, usted, hace gala de esa gigantesca capacidad para analizarlo todo?, ¿por qué?, ¿por qué no escribe de manera más natural?, ¿por qué no se deja llevar por la pasión literaria?
-         Yo sí me dejo llevar por la pasión de la literatura. Cuando escribo siempre lo hago bajo los acordes de TOTO o de Journey y me voy de largo.
-         Pero no me refiero a eso. Lo que quiero decirle es esto...béseme en la tetilla izquierda.
-         En realidad me gustaría divertirme un rato, pero la señora puede llegar, y estoy apurado por llevarme unos papeles...
-         ¿Entonces, me desprecia, usted?
-         No, claro que no, eso nunca, a ver ¿dónde quiere que la bese?
 
En eso sonó el teléfono interior del hotel y era la señora, furibunda, pero calmada, que le preguntaba que qué hacía en el hotel, cuando ella lo necesitaba en la Biblioteca del Club de la Unión, de inmediato.
Pulido, cerró el teléfono y cogió los papeles y hablando en susurros, le dijo a Gretita, que era la señora, que lo estaba esperando y ella le dijo, despectivamente:
-         Váyase, váyase, huya ahora, vaya con su irritable señora, pero la próxima vez no se escapará...
 
Y Pulido salió a escape y con el corazón en la boca... 
Un día que Pulido regresaba al hotel se encontró en la puerta con un oficial de P2 Inteligencia Naval, que estaba parado a un lado, sosteniendo una bitácora y con la mirada fija en ella. Para Pulido, esto sólo significaba una cosa. Que a dondequiera que vaya, el bloqueo económico de estos ignorantes lo seguiría hasta el fin del mundo.
Efectivamente, pronto empezaron los problemas.
Los auspicios económicos se empezaron a negar, la señora recibía llamadas ofensivas de otras mujeres del mundo de la cultura, que eran casi ininteligibles. Algo sobre que aquella organización no podía o no estaba autorizada a pedir auspicios. Y Pulido sufría y fumaba y fumaba en silencio.
Una mañana apareció en la revista Vistazo un artículo extremadamente ofensivo y sarcástico contra la iniciativa cultural de la señora y Pulido vio que todo el delicado proyecto cultural había recibido una patada mortal por un crítico ignorante, tal vez financiado por los militares también rematadamente ignorantes de P2 Inteligencia Naval.
Poco a poco el grupo de señoras que se habían unido de buena voluntad a las diligencias culturales de la señora se fueron excusando de seguir en la sociedad.
En una ocasión, mientras bebía un whisky en el bar de streap tease del Mediterráneo, todo borracho, le contó su problema al bar tender y éste le dijo:
 
-         ¡Chuza, brother!, tu problema sí que es serio. ¿Por qué no te atas al cuerpo unos tacos de dinamita junto con un disparador, viajas a Quito y te metes corriendo en las oficinas de la DIRECCIÓN DE INTELIGENCIA NAVAL y te explotas con todo. La DIA te persigue a muerte, brother, eso es serio. Para mí la única respuesta que puede tener el terrorismo de Estado es un terrorismo mucho más cruel, un terrorismo que mate tantos militares, que a ellos ya no les quede más ganas de seguir jodiendo. Te lo digo chico, no tienes otra salida.



Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


martes, 15 de octubre de 2013

Coge la flor del día


Y Saul Bellow me deja subrayados esta noche:

"Debo ser un auténtico imbécil, seguir aquí sentado oyendo unas historias tan absurdas. Me parece que soy una víctima de la gente que habla de las cosas más profundas de la vida..."

"Seas lo que seas, siempre resultas ser como no es debido"

"De modo innato, la hembra sabe dejar inválido a un hombre enfermándole de culpabilidad"




domingo, 13 de octubre de 2013

A un paso del paraíso (parte 3)




Después de la entrevista en el programa de la doctora Rosalía, Pulido encontró trabajo como secretario de una escritora que se desempeñaba como periodista cultural para el diario EL GLOBO.
A esta aristocrática mujer, Pulido la conocía desde sus años como estudiante. A él le daba por visitar los museos, mientras estaba escribiendo su magnífica tesis sobre las consecuencias nefastas para Latinoamérica por rebelarse contra Occidente. Una noche se encontró con esta mujer que provenía de una familia tan antigua como rica y que era de la crema de la crema de la sociedad. Ella se fijó de inmediato en su intelecto proclive a la filosofía griega y quedaron empatados. Luego Helen lo invitó a comer al Club de la Unión y su amistad quedó sellada para siempre por el amor que ambos sentían por la cultura y los libros. Pulido se sentía bastante intimidado por pertenecer a una clase media tipo sport, que nunca se hubiera imaginado tener el roce y ser espectador de las costumbres de las familias de gran alcurnia. Pulido veía asombrado y nervioso a estos hombres que manejaban con mano de conquistadores y caciques a miles de hombres y millones de dólares por año. Gente que mandaba a estudiar a sus hijos a universidades extranjeras para que regresen a administrar los negocios familiares, gente que se gastaba cinco mil dólares en una semana como si se tratara de cambiarse la ropa y ponerse la pijama para dormir. Pero la familia de Helen se vino para abajo poco a poco y primero murió la matriarca de la familia, que era una mujer poseedora de una personalidad verdaderamente avasalladora. En una ocasión mientras la familia viajaba a la sierra, hicieron un alto para comprar mote con chicharrón y la majestuosa señora se había detenido a observar a un serranito que se le había acercado para venderle una chuchería y ella le había dicho en la cara:
- ¡Pero que raza tan fea!
Al final también falleció de insuficiencia renal la hermana mayor, que era tan inteligente y que llegó a estudiar el sánscrito para poder leer a los Vedas. Todo esto fue despedazando al patriarca de la familia que contrajo un cáncer a los ganglios que lo fue disminuyendo poco a poco. Primero vendieron su lujosa mansión de madera, localizada en Chipipe, luego, fueron vendiendo las oficinas y cada vez más fueron cerrando las operaciones de la naviera que el viejo y pulcro magnate dirigía con la sincronización de un inglés. Al final, Helen se quedó sola y sin dinero, viviendo de lo que le daba la alta cultura, y durmiendo en un hotel. Helen, prácticamente, se había convertido en la guía del disfrute intelectual de alto nivel de los millonarios y de la gente bien. 

Todas las mañanas, Pulido tenía que coger el colectivo de la 54 y viajar hasta quedarse en el hotel Ruiseñor. Tomaba agua del surtidor y subía los peldaños de la escalera hasta el cuarto donde vivía la anciana escritora.
En medio de la escalera había un gran espejo y Pulido al ver el reflejo de aquel hombre, que era él mismo, no podía creer lo que sus ojos veían: era un hombre apenas excedido de peso, pero con grandes entradas en su cuero cabelludo castaño y blanco, que había acusado recibo de los impactos de la desgracia hasta marcar feamente su noble rostro, dándole el aspecto de un hombre triste y trastornado por el dolor.
La señora tenía que escribir sobre una pintora guayaquileña del siglo XIX. Y la labor de Pulido consistía en ir a revisar los periódicos viejos para buscar información sobre sus ancestros, su familia, sus exposiciones, sus viajes.
Cuando Pulido revisaba estos documentos tenía que tener mucho cuidado con no dañarlos. Al mismo tiempo era como regresar en el tiempo y viajar al pasado. Todas las modas pasaban, las compañías que publicaban su publicidad en los periódicos representaban, muchas veces, grupos familiares, y como los seres humanos, las compañías nacían, crecían y morían. Todo era tan triste. El indetenible paso del tiempo. La felicidad se había ido, pero no siempre el pasado había sido tan bueno para todas las personas. El pasado era lo que ya se había vivido y junto con la muerte era olvidado poco a poco.
Toda esa información era transmitida a la escritora y ella continuaba su labor buscando más información por internet.
Muchas veces la señora trabajaba en un Cyber público y dejaba un montón de imágenes para que Pulido venga de nuevo y las ordenara en el Power Point, pero en una ocasión alguien vino y borró toda la información y la señora montó en cólera. Pulido sabía que esas cosas sólo podían venir de los agentes de P2 Inteligencia Naval, así que se quedó callado y aguantó toda la andanada de insultos mientras comía mierda. De verdad necesitaba el trabajo y soportaría todo para seguir escribiendo y corrigiendo textos que luego se publicaban en EL GLOBO. Cuando la señora lo contrató, Pulido pensó que el trabajo sólo consistiría en hacer lo que el otro asistente hacía: encargarse de la ropa y cuidarla, pero la actividad intelectual de la señora se hacía cada vez más complicada.
Ya en las noches, Pulido tenía que revisar los textos que la escritora había empatado y su trabajo consistía en unirlos, había que rescribir y rescribir hasta que todo quedara perfectamente legible. Había que revisar todo minuciosamente. Pulido cada mañana, antes de ir a trabajar, se fumaba su último cigarrillo y cuando llegaba al departamento de la señora, se tomaba una taza de café. Cuando se quedaba solo en el departamento de la señora, utilizaba el baño para evacuar y luego –como los krsnas-, se bañaba. También aprovechaba para lavarse los dientes o lo que quedaba de su dentadura, que se había convertido por la nicotina y el alquitrán en una zona de desastre. La señora por las mañanas lavaba sus calzones, medias y algunas camisetas y luego dejaba todo en una palangana de plástico para que Pulido la cogiera y subiera a la terraza del hotel para colgar con pinchos toda esa ropa.
La señora Helen se encontraba en un proyecto cultural para promover el arte y a los artistas. Eso necesitaba de fondos económicos, contactos en el mundo del arte, escribir cartas en inglés, conseguir el apoyo de gente de la cultura en el exterior, amistades y otras relaciones que auspiciaran con dinero esos proyectos.
También era labor de Pulido el encargarse de recoger la ropa sucia de la señora y llevarla a la lavandería, pagar el servicio y estar pendiente de retirarla cuando esté lista para que la señora no se quede sin ropa que lucir.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


martes, 8 de octubre de 2013

Literatura, siempre literatura


 En librería RAYUELA, la obra VISITA ÍNTIMA de Vladimiro Rivas
Hora: 19h30
Fecha: jueves 10 de octubre de 2013
Quito


 NOVELA DE DIOS es el nuevo libro del poeta Ernesto Carrión, editado recientemente por el sello argentino La caída editorial. Su presentación se realizará en el marco del Mundial poético de Montevideo, a realizarse entre el 7 y 14 de noviembre.




En Aula Benjamín Carrión de la Casa de la Cultura, la obra EL DESORDEN QUE SOY de Luis García Montero
Hora: 19h00
Fecha: jueves 16 de octubre de 2013
Quito

lunes, 7 de octubre de 2013

A un paso del paraíso (parte 2)









Después de la entrevista con Carolina, Pulido caminaba sobre las calles de Quito, saboreando las frías lágrimas de dolor que sentía por toda la miseria que lo rodeaba.
Cuando llegó al edificio, se entrevistó con la secretaria de la doctora y con el gordo encargado de producir el programa. Luego asistió a una entrevista anterior a la suya, pero su cabeza estaba en las palabras sobre la muerte de su familia serrana.
Pulido, sentado en aquella sala de grabación, recordaba la muerte de su tío Jacinto, que en los últimos días había perdido algunas cuerdas vocales, aflautando de manera cómica su voz. Su querido tío tenía el corazón hinchado y la muerte le vino imprevista y sin salida alguna. El tío murió ahogándose de manera terrible.
Susana, que estaba a su lado, le leía pequeños párrafos de lo que EL GLOBO, había publicado sobre su libro.
Pero Pulido tenía la cabeza en la muerte de su tía Gladys, que un cáncer al páncreas le había arrebatado su figura llenita hasta convertirla en un saco de huesos. La tía Gladys siempre trabajaba temporalmente en Miami, realizando servicios domésticos, y cuando empezó a bajar de peso ya sólo regresó al Ecuador a morir porque estaba desahuciada.
El dolor, el dolor, Pulido sólo tenía cabeza para el dolor. El dolor de su familia, su propio dolor, el dolor de la humanidad entera.

Cuando Pulido estuvo frente a la doctora Arteaga, ella le preguntó que cuáles eran las ideas básicas de su libro DEMOCRACIA & LIBERTAD. Pulido empezó por agradecerle la invitación que le había caído en un momento de gran desesperación y angustia y luego pasó a realizar una breve exposición sobre el primer capítulo titulado: LA REBELIÓN CONTRA OCCIDENTE. Lo que Pulido afirmaba, como idea principal, era que de nada había servido que cayera el vergonzoso muro de Berlín porque Latinoamérica – con la ayuda de la torpe política exterior estadinense-, se había encerrado en otra clase de muro llamado nacionalismo. Y las consecuencias de tal decisión eran nefastas para el pueblo que alineado y alienado sólo le quedaba el papel de teveespectador impotente o ciudadano de segunda clase, de noticias de crónica roja, telenovelas venezolanas, fútbol, escándalos políticos y programas nacionales que daban fatiga mental, indignación y vergüenza. Al parecer los mandos de control le negaban la visa a programas culturales extranjeros que desarrollaran el pensamiento del pueblo. Y las consecuencias de tan nefastas políticas culturales se expresaban en las estadísticas que se salían del marco expresando los altos niveles de desempleo, migración, especulación del desempleo por parte de gerentes inmorales, terciarizadoras que no aseguraban ni daban estabilidad laboral a las oleadas de desempleados. En definitiva el nacionalismo de Cuba se estaba exportando para beneficio de los burócratas que apoyaban las medidas culturales cargadas de xenofobia, lentitud, sectarismo y centralismo. El problema era que lo que le había funcionado a Cuba no iba a funcionar en Ecuador y la patria serrana se estaba desintegrando poco a poco. 


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)