martes, 26 de junio de 2012

El Gesto del Payaso (presentación)


Eskeletra Editorial y el Centro Cultural Benjamín Carrión
tienen el honor de invitar a Uds
a la presentación de la última novela de Ramiro Arias Barriga

El Gesto del Payaso

Participarán los escritores
Huilo Ruales, Adolfo Macías y Javier Lara


Lugar: Centro Cultural Benjamín Carrión
Dirección: Jorgen Washington y Páez esquina
Día: Juves 28 de junio de 2012
Hora: 19h00


Evento gratuito
Brindis

lunes, 25 de junio de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 11)


QUEVEDO IN THE NIGHT

En Quevedo, Pulido conoció a una hermosa mujer embarazada de seis meses y fue tan galante con ella que la acompañó a la casa y la persuadió de tener sexo en ese estado, y la cosa resultó de lo más deliciosa. Primero conversaron en la agencia y quedaron en que ella lo esperaría a la salida. Luego, cuando se encontraron, se fueron caminando juntos hasta la casa de ella, que era la humilde vivienda de una madre soltera, y almorzaron juntos. Después de la comida ella lo llevó a su cuarto y se desnudaron despacito y en silencio. Había que tener mucho cuidado de no aplastarle la panza, así que Pulido tuvo que acostarse junto a ella e introducírselo con mucho cuidado y con la mayor comodidad para ella. Maritza había resultado ser una mujer bien caliente y así, preñada y todo, pudo experimentar dos orgasmos seguidos. Cuando Pulido eyaculó se sintió perdido, vinieron los remordimientos católicos y hasta se sintió un monstruo, pero todo había sido consumado y para sacarse de encima esos remordimientos católicos recordó las palabras de Samuel Pufendorf:

Haber sido educado desde la infancia en una idea determinada constituye un influjo tan poderoso que, aunque la idea sea una falacia, al hombre casi nunca se le ocurre cuestionarla.

Y Maritza pudo adivinar algo del estado de ánimo de su nuevo amigo y amante y le preguntó:

-¿Qué le pasa? Pero si no me lo voy a comer…

Eso tranquilizó un poco la frágil conciencia de Pulido y finalmente pudo vestirse y largarse de ahí, mientras le dejaba trescientos sucres escondidos debajo del mantel de la mesa del comedor.
Joey le había mamado las tetas cargadas de leche a Maritza y en la noche, cuando llegó a Salinas, experimentó ciertas náuseas como las que se le antojan a las mujeres encintas. Pulido siempre regresaba a su casa. Siempre regresaba para oír la voz de Penélope.
En aquella época Pulido tenía que viajar de provincia en provincia en los transportes interprovinciales y la música que estaba de moda oír en esos carros eran las canciones de Juan Gabriel y Rocío Durcal. Cuando regresaba a casa era un alivio. Su dulce hogar lo estaba esperando. Acostarse en la cama y dejarse llevar por el sueño. Dormir eso es lo que necesitaba Pulido. Todos deben dormir.

domingo, 17 de junio de 2012

Distintos modos de evitar a un poeta


Dentro de las últimas publicaciones de El Quirófano ediciones, ha sido grato y provechoso leer Distintos modos de evitar a un poeta: poesía cubana del siglo XXI, compilado por Lizabel Mónica. Una muestra que agrupa a 25 autores de Cuba, todos desentrañando a su país desde distintas perspectivas, todos apostando por poéticas individuales y que en algunos casos coinciden en esa mirada decadente y quemeimportista de la “revolución”.

Así autores como Legna Rodríguez Iglesias (1984) reafirman esta lectura:

Sobre la ataúd de mi grandfather
hay flores nacionales
ese hombre luchó en una guerra
hace más de 60 años
una guerra por la libertad
liberarse de lo que lo ata
es la lucha común.

(…)
ya escribí cosas, grandfather
y esa es la mejor revolución
que haré.
(Tregua fecunda, p. 15)

O aquellos versos de imágenes fuertes que expone Leymen Pérez García (1976):

La poca luz de la lámpara de aceite y la humedad no era suficiente
Para pensar en los seres y las cosas que el país abandonó.
(En un poema de José Kozer, p. 18)

Se han acumulado demasiados silencios en la madera que rozo,
en la ropa traída de Rusia, en la memoria.
(Traída de Rusia, p. 18)

La realidad desgarrada que acompaña la poesía de Yunier Riquenes García (1982):

A 26 mil pies no se ven las llagas y las supuraciones, los locos y los mendigos que rellenan las ciudades. Desde esta altura eres una postal inmóvil, pero recuerdo la ambigüedad de las postales rusas.
(He sobrevolado a 26 mil pies, p. 20)

Cuba desde sus rincones, desde aquellas voces que nos hablan de la prostitución como herencia (La maestranza de Oscar Cruz) de la traición y sometimiento literario (El forraje y el corral de Daniel Díaz Mantilla) la violencia en su pureza extrema (Huérfanos y hambrientos: la misma especie de hace siglos de Yanier Hechavarría) y demás temas expuestos entre líneas en los poemas de los autores participantes.    

Pero más allá de la poesía que agrupa esta obra, está aquella introducción de parte de la compiladora: reveladora y cruda en su realidad: “En Cuba no existe ninguna editorial que sea accesible o tenga presencia fuera de nuestras fronteras geográficas. A esta situación se suma la contundente crisis editorial del país”. Sumado a que “Desde hace dos décadas, el libro cubano tiene un promedio de 50 páginas, tanto para los géneros de cuento, poesía e incluso el de novela”, mientras que en otros países (como en Ecuador) los libros, las páginas y el papel siguen desperdiciándose en “poetas” huecos y versos detestables.

Imposible analizar en su totalidad a cada uno de los autores de la muestra, dos o tres poemas no representan ni resumen sus obras individuales. Lo que si se reconoce es el trabajo selectivo de la compiladora, a quien, sin embargo, habría que reprocharle el haber caído en el juego reiterativo de muchos compiladores: incluirse en la muestra y justificarse dentro de ella.

sábado, 16 de junio de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 10)



El futuro se mostraba incierto para Pulido, pero la vida en medio de la desolación lo invitaba a disfrutar de la poesía del mar, la belleza de una mujer y el éxtasis del presente. Y sin embargo Pulido no encontraba la paz. No veía cómo trabajando de vendedor podría llegar a tener dinero suficiente para recobrar el estatus de clase media alta que había disfrutado cuando era pequeño.

Cuando llegó a la casa en Salinas y le comunicó a su esposa la decisión de volver a renunciar, ella lo consoló, y finalmente ambos cedieron a las lágrimas de la desesperación. Pulido lloraba desconsolado en el regazo de Penélope. Una de las características de Penélope era su fe en el futuro. Esa misma fe era la que lo había metido a Pulido en esos incomprensibles cursos de contabilidad en IDEPRO.

Con unos ahorros que habían acumulado, la familia Pulido pudo comprar un carrito para vender hamburguesas y hot dogs. Lo estacionaron a una cierta distancia de su casa en el Miramar, y todas las noches esperaban a que llegaran los turistas. Era un trabajo sacrificado el de vender comida. A veces había que quedarse hasta las cuatro de la mañana, iluminados pobremente por el foquito del carrito de hot dogs, oliendo los vapores de las salchichas hervidas, soportar los ventarrones de las madrugadas, para esperar a los clientes medio borrachos que salían de las discotecas, restorants o de la peña de Roy, y que se comían todo lo que no se había podido vender de hot dogs y hamburguesas. La carretilla se llamaba:”HAMBURGUESAS EL MARQUES DE SADE”, y la especialidad de la casa era una enorme doble hamburguesa de doscientos sucres, con doble porción de carne molida del SUPERMAXI, huevo frito, una rodaja de queso, lechuga, tomate, pepinos, y un langostino frito coronando la punta.

De vez en cuando Pulido cocinaba un arroz con foca para venderlo a los turistas. ¡Arroz con foca!, los clientes no siempre le creían a Pulido y tomaban el seco de foca como si de un arroz con chancho se tratara.

Una noche en que Pulido se hallaba cocinando ya lo último de las hamburguesas llegó el ingeniero Desbles y le urgió a que le prepare una hamburguesa. Pulido le dijo que ya no tenía langostinos ni mucha lechuga ni rodajas de tomates, pero el ingeniero le dijo que se la prepare, que se moría de hambre. Así que a Pulido se le ocurrió ponerle todas las sobras a la hamburguesa y al final completarla con unos polvos que toman con leche los levantadores de pesas para desarrollar los músculos. El resultado fue que el ingeniero estaba conversando y comiendo la hamburguesa, así que cuando le tocó la parte con los polvos, el ingeniero Desbles creyó que el pan estaba apolillado y casi se atora mientras hablaba con un amigo. Simplemente la hamburguesa no le resbalaba por el gazñete. El ingeniero hizo una mueca aparatosa y le preguntó a Pulido que qué le pasaba al pan que estaba apolillado, y Pulido le explicó el asunto sobre los polvos y ambos se mataron de la risa junto con el vecino que en la carretilla de a lado vendía arroz con menestra y chancho. Y el hombre entre carcajadas le decía:
- ¡Este Pulido sí que es ocurrido!

El trabajo empezaba a las seis de la tarde. Penélope se encargaba de preparar la fórmula de la carne para las hamburguesas y de sacarle con un cuchillo la piel de plástico a los hot dogs. Mientras Joey preparaba la carretilla para el servicio, era testigo de las magníficas puestas de sol. Un sol colosal, titánico, de color naranja y rosa, que se iba sumergiendo perezosamente en el horizonte hasta hundirse completamente en una nube de color lila, azul y negro. Pero lo más duro era empujar la carretilla, cargada con las cosas para vender, hasta el lugar donde la colocaban. El esfuerzo hizo que a Pulido se le formaran unos hombros descomunales como los del actor James Caan.







Ese trabajo no le dejaba nada de tiempo libre, era absolutamente esclavizante, así que volvió a la oficina del ingeniero Van Der Voeken a pedirle, a rogarle, que le diera otra oportunidad. El ingeniero le dijo que llegaba en un momento preciso porque se había materializado un proyecto de venta de seguros bancarios destinados a su clientela cautiva. Junto con la compañía ECUATORIANA SUIZA se iba a realizar el negocio de colocar vendedores dentro de las instalaciones de los bancos para  asegurar a todo cuenta ahorrista y cuenta correntista, que acudiera a las instalaciones para realizar sus operaciones. Antes de salir de la oficina, el ingeniero Van Der Voeken, recordó la última deserción de Pulido y le dijo para que éste oyera mientras se cerraba la puerta:

- ¡No te olvides Pulido: EL QUE SE METE A CRISTO TERMINA CRUCIFICADO!

Pero para concretar bien el asunto, tenían que encontrarse en el aeropuerto y cuando Pulido estaba parado esperando la llegada del ingeniero Van Der Voeken, presenció una ronda musical del mantra de unos devotos de Hare Krsnas. Los devotos estaban vestidos con sus túnicas de color azafrán y naranja, con sus cabezas rapadas a cero, con sus tambores, collares, inciensos, los címbalos, sus libritos de literatura védica y cantando y bailando alegremente los santos nombres de su Señor Krsna:

Hare Krsna, Hare Krsna
Krsna Krsna, Hare Hare
Hare Rama, Hare Rama
Rama Rama, Hare Hare

Hare Krsna Hare Krsna
Krsna Krsna Hare Hare
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare

Hare Krsna Hare Krsna
Krsna Krsna Hare Hare
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare

Los Krsnas lo invitaron a abandonar las luchas frenéticas en que nos envuelve el mundo material, que es todo ilusión o Maya, y que asistiera a unas charlas con banquete de comida santa, vegetariana, llamada prasada, todos los domingos a partir de las seis de la tarde.

Cuando llegó a la casa cogió un libro de la biblioteca de su padre titulado: LA CIENCIA DE LA AUTOREALIZACION, lo abrió y leyó acerca del karma que era la ley de acción y reacción que pesaban sobre los hombres por sus pecados. Aquello parecía más la venganza del destino y ese peso de los pecados lo condenaban a los hombres a volver a vivir en la Tierra a través de la reencarnación. Lógicamente una persona inteligente y amante del conocimiento espiritual no iba a vivir en la Tierra cometiendo pecados para volver a nacer y volver a sufrir otra vez todo el dolor y la miseria de este mundo material.

Después de hablar con el ingeniero Van Der Voeken, Pulido volvió a colocarse su viejo terno y trabajó incansablemente para superar sus inseguridades y miedos hasta llegar a convertirse en un as de las ventas de seguros para clientela cautiva. A veces ni bien llegaba a una agencia de banco y ya iba asegurando a un cliente. Con esa determinación viajó a Quevedo, Playas, Ambato, y recorrió todas las agencias que estaban repartidas por la península de Santa Elena. En una ocasión se presentó una emergencia en Quito porque los vendedores no cerraban negocios y Pulido se ofreció a ir a entrenar a aquellos vendedores, y lo hizo de una manera soberbia y magistral. Él lideraba la reunión de trabajo y les explicó a los demás ejecutivos, cuál era el secreto para cerrar pólizas de manera segura e impecable.

jueves, 14 de junio de 2012

Oda en plenilunio y balada de ángel (presentación)


Fecha: viernes 15 de junio de 2012
Lugar: salón-Galería Jaime Andrade Vargas (calle Roca y Piedrahita)
Hora: 19h00
Otavalo

lunes, 11 de junio de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 9)


Joey soportó las malas noches de la consola de seguridad y la presión del supervisor durante un año y ya no pudo más con la rutina de seguridad de la consola. Además el supervisor lo había sorprendido tres veces casi dormido y la tercera fue la definitiva. Joey se resignó porque durante ese tiempo había financiado el nacimiento de Danni, sus vacunas, los remedios, pagado la leche y los pañales. Penélope no tenía mucha leche en sus senos y pronto se le agotó todo. Por lo que Danni tuvo que seguir alimentándose con leche en polvo.
Una vez más, Joey se hallaba desempleado y chiro.  Y se paseaba de arriba abajo la loma de su barrio en busca de un cigarrillo para calmar los nervios. Los domingos se acostaba en su cama y leía novelas de William Faulkner, como la que escribió acostado sobre una pila de carbón, ¿cuál era esa?, ¡ah, sí, “MIENTRAS AGONIZO”! Así que volvió a trabajar de vendedor pero de bisutería, y nuevamente se volvió a poner los ternos de ejecutivo para caminar largas distancias.
Para conseguir el trabajo tuvo que entrevistarse con el ingeniero John Rheault y prometerle, poniendo la mano sobre una Biblia de los Testigos de Jehová, que no cogería las muestras de joyas, collares de fantasía y desaparecería para no dejarse ver nunca jamás.
Su target principal eran las boutiques para dejar la mercadería en consigna y pasar a cobrar después de dos semanas. La renta de este tipo de negocio era bajísima e insignificante en comparación con los gastos y con lo que ganaba en la compañía de seguros o en la consola de seguridad del banco. Cada vez las cosas se ponían peor y las discusiones en el matrimonio eran fuertes y siempre por el dinero. La gran prueba de todo matrimonio bisoño es la prueba del amor en el altar del dios dinero. La falta del billete sucre puerco y vil es capaz de destruir el amor de una pareja normal.
Joey siempre andaba temeroso de que un día, al regresar a casa, ya no la encontraría a Penélope ni a Danni. El hijo de Pulido era un rollito de carne con un mechón de pelo en la cabeza, que se despertaba a las cuatro de la madrugada llorando por su teta, y había que conseguir leche en polvo de donde no había o prestando dinero a los vecinos.
Por la necesidad que provocaban los continuos déficits en la economía de la familia Pulido, Joey renunció y empezó a vender lencería erótica o ropa íntima de mujer. O era eso o seguir aguantando los desprecios y las provocaciones de Penélope, que no daba señales de querer dar tregua.




Una vez más tuvo que entrevistarse con un ingeniero de apellido Daram y demostrarle su honestidad y experiencia en ventas para conseguir el trabajo. Pulido recuerda bien aquella mañana en que acudió a la cita. Era una mañana con el cielo nublado y hacía un frío como si la madrugada no se hubiera ido todavía. Las olas del mar se batían insistentes sobre la orilla. Los cangrejos ya no azotaban las playas con su presencia diminuta y roja.
La gente se agolpaba en el malecón caminando, desesperados, en busca del sucre. Todos reflejaban en sus rostros la premura por un asunto pendiente que liquidar y ganarse de esa manera algunos sucres. Tener dinero en el bolsillo era más importante, ¡lo único!, que la posibilidad de sufrir una enfermedad silenciosa que amenazara la vida. El dinero, la comodidad, ganarle al tiempo, pagar las deudas con la esperanza de quedar bien para volver a conseguir crédito.
Nuevamente Pulido salía de su casa lleno de esperanza, con el maletín repleto de muestras, ya no de bisutería, sino de medias de seda sexis, para mujer, sostenes eróticos, mini calzones de colores provocativos, ligas y pijamas que inducían a la pasión. Y se encontró con cierta resistencia y rubor de las dueñas de boutiques para aceptar esta nueva clase de mercadería. Una dama china dueña de un salón de masaje le decía:

- ¡Tu mercadería está muy caliente, muy caliente…!

Otras damas, dueñas de boutiques, estaban fascinadas con las muestras, pero no se atrevían a exponerlas en sus vitrinas y pensándolo mejor compraban las prendas para su uso personal, seguramente para volver a seducir a sus maridos o a sus amantes o para venderlas a una clientela más selecta y privada. De esa forma Pulido se vio en el trance de abandonar este nuevo trabajo, y la decisión la tomó una tarde en Canoa, cuando una señora se sintió ofendida cuando Joey le ofreció colocar su ropa íntima y erótica en las vitrinas de su boutique.
Esa tarde llegó desconsolado a la cabaña de Doris. A duras penas tenía para comprar pan, atún en lata, cola y mayonesa para cenar unos ricos y jugosos sánduches. Pulido y Doris hicieron el amor de manera frenética esa noche. La mala suerte de él y la pobreza de ella se fundieron en un abrazo de amor durante varias sesiones casi ininterrumpidas en la cama.
Se bañaron juntos, desenrollaron unos rollos con poemas escritos por ella, leyeron algunos poemas egipcios como este:

El amor de mi hermana está en la otra orilla;
Nos separa una cinta de agua
Y un cocodrilo vigila en el banco de arena
Pero desciendo al agua,
Camino por el río
Mi corazón es valeroso;
El agua es como tierra para mis pies
El amor de ella me vuelve tan
Fuerte
Y me da un talismán contra los cocodrilos
He aquí que la hermanita viene y mi
Corazón se alegra
Se abren mis brazos para abrazarla;
Se regocija mi corazón apoyado en
Ella
Como…eternamente
Cuando la amada llega






Luego fumaron algunos marlboros, escucharon la música del grupo Rush, y leyeron un pensamiento sobre Herbert Marcuse, publicado en el diccionario filosófico de José Ferrater Mora, que decía así:

Para Marcuse la agresividad humana es fruto de la represión de la energía sexual espontánea. Marcuse aceptaba la tesis de Hegel de que los hechos históricos son restrictivos y negadores pero afirmaba que la negación de esta negatividad también gracias a la historia, abre la posibilidad de una radical y auténtica realización de la libertad y de la felicidad de ellas y del hombre, que han sido excluidas de la sociedad burguesa por su misma estructura clasista.

Después de leer aquel texto de Marcuse, Pulido llegó a la conclusión de que se debería legalizar la prostitución ya que reprimirla engendraba no pocos fenómenos sociológicos como el fomento a la sodomía y las guerras, con el despliegue de su violencia tan exuberante, que nunca discriminaba nada ni a nadie. La guerra era una de esas pestes apocalípticas, que junto con las enfermedades incurables, amenazaban con destruir a la humanidad.  Los Testigos de Jehová son expertos analistas del Armagedón porque basan su teosofía en las bienaventuranzas que les llegarán cuando se acabe el actual orden existente y se produzca la segunda venida de Cristo.
Luego leyeron un himno órfico de saludo a la noche que decía así:

Te cantaré, ¡oh, noche!, madre de los dioses
Y de los hombres, orígen de todos los seres
Óyeme, diosa feliz, que azul cabrilleas y de
Estrellas resplandeces, que te complaces en la
Quietud y en la soledad propicia al sueño;
Alegre, golosa, amante de las vigilias, madre de
Los sueños. Olvido de las penas, tregua benéfica
De las fatigas. Tú das el sueño y eres amiga de todos.
Dividiendo con el sol el cielo que
Recorres con tus caballos, perteneces a la tierra,
Y después, de cuando en cuando, vuelves a ser
Divina. Juegas en el aire con vertiginosas
Danzas, mandas la luz al mundo subterráneo y
Luego tú misma huyes al hades, porque una
Dura necesidad gobierna todas las cosas.
Noche beata, feliz, anhelada por todos:
Escucha benévola la voz que te suplica;
Ven clemente y desbarata los temores
Que anidan en la obscuridad.

Finalmente subieron al pequeño dormitorio del segundo piso. Joey estaba acostado desnudo en el segundo piso de la cabaña con su amiga y empezó a besarle los pies, las piernas, poco a poco hasta llegar a su vagina y ahí echó el ancla. Con su lengua exploró todos los intersticios de su amiga y no paró hasta que ella terminó en un orgasmo descomunal. 
A la mañana siguiente bajaron a la playa y mientras Doris se quedaba echada en la arena, enterrando los pies y cogiendo sol, Joey, se remontaba sobre las olas en su tabla hawaiana, hasta llegar a la punta de la roca, el límite de la selva que se incrustaba en el mar.
Hacía tiempo, desde que se había graduado, que no corría una ola. Al principio llegaban unas olitas inofensivas, pero Pulido sabía que ese era el preludio de olas de mayor envergadura por lo que remó más al fondo para ir a su encuentro. ¡Y finalmente lo consiguió! Alcanzó a divisar una ola de dos metros que venía directamente hacia él. Pulido se posicionó, la remó y se fue en ella y se asombró de no haber perdido el equilibrio tan necesario para poder disfrutar completamente de este deporte. Bajó la ola hasta el fondo y doblando las rodillas como Cheyenne Horan hizo que la tabla se pegase a la pared, cosa que al resortear, pegó un salto con tabla y todo, hasta la cresta de la ola, sacar una estela de agua y volver a meter la tabla. Doris estaba viendo excitada las maniobras de su amigo. Y Pulido para impresionarla más- un deseo que Penélope ya no despertaba en él-, se tubeó en la orilla muy cerquita de donde estaba Doris. Cuando salió del agua ella lo estaba esperando sentada con unos sánduches de atún que habían sobrado de la noche anterior. Pero Joey se quedó pasmado de placer al ver que mientras Doris le servía el néctar, había dejado resbalar un poco su traje de baño hasta descubrir muy sensualmente un pequeño pezón rosa.

domingo, 10 de junio de 2012

Seis poetas, Seis poéticas, Seis voces…



El jueves 14 de junio a las 19:00 en la Capilla del Museo de la Ciudad los poetas: Juan Secaira, Aleyda Quevedo, Juan Carlos Miranda, Siomara España, Javier Cevallos y Marialuz Albuja, ofrecerán una lectura de sus poemas y compartirán con el público ejemplares de la Antología: “De la ligereza o velocidad que también es perfume”.

En la bella e íntima Capilla del Museo de la Ciudad, ubicada en el Centro Histórico de la ciudad, (García Moreno S1-47 y Rocafuerte), los seis escritores compartirán un recital de poesía con los lectores, que además, recibirán un ejemplar de la Antología: “De la ligereza o velocidad que también es perfume”, editada con el auspicio del Ministerio de Cultura, y que contiene textos de los seis poetas y sus respectivas poéticas. Luego de la participación que los seis tuvieron en la Semana de las Letras Ecuatorianas en La Habana, Cuba, ahora le toca el turno a Quito. La entrada es completamente gratuita y abierta al público.

sábado, 9 de junio de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 8)


El trabajo de vendedor de seguros no le daba mucha renta a Pulido, pero la experiencia estaba hecha y fue buena. Joven e impetuoso, Pulido ambicionaba ganar más y más, y tenía que buscar una pega mejor donde pudiera desenvolver todo su carisma y capacidad para cerrar negocios.

Durante ese tiempo, Joey descubrió lo interesante de trabajar como ejecutivo de ventas, deambulando por toda la costa, recorriéndola de arriba abajo, con el maletín en la mano y pujándolo con el terno.

Entraba a los negocios y lo importante era tener buena memoria para cazar al dueño del hotel o al principal de la compañía, y conseguir ser atendido para exponerle el asunto que tenía que tratar.

Lo único que quedó para siempre de ese trabajo fue la amistad que mantuvo con Doris, la linda chica que vivía en Canoa, y que siempre lo recibía como un rey cada vez que Joey llegaba a su cabaña para hospedarse o cerrar negocios. Doris no era muy alta, más bien era llenita y las proporciones de su cuerpo eran perfectas aunque sensuales. Se pintaba el pelo de rubio y le quedaba bien porque la forma de su rostro, de sus ojos y los labios hacían que pareciera una latina muy anglosajona.

Durante aquellas noches, en medio del silencio de Canoa, Joey le leía unos poemas a Doris y ella escuchaba atenta y se fijaba. Había uno en especial que a ella le encantaba. Se trataba de un escrito encontrado en el Ostrakon en el museo de El Cairo:

Hermano: me gusta acercarme al estanque
Para bañarme en tu presencia;
Así te muestro mi hermosura
Bajo la túnica de finísimo lino,
Cuando está bañada…
Bajo contigo al agua
Y vuelvo a ti con un pez encarnado
Que queda preso y bello entre mis dedos…
¡Ven a mirarme!






En la compañía de seguros Resegpac no querían que Joey se vaya – aunque sus compañeros de trabajo se metían en su vida privada y se reían a sus espaldas porque todos sabían que Joey era un adicto a la nicotina-.

Pulido había comprado un corcho que lo había colgado de la pared para colocar anuncios y había armado con cartón una caja a la que le había pegado con goma un letrero que decía: SUGERENCIAS. Y alguien había desbaratado el buzón de Joey. En realidad no se respiraba un ambiente muy democrático en aquella oficina que olía todo el tiempo a tinta fresca.

Las explosiones de furor del ingeniero Van Der Voeken hacían temblar a todo el equipo de trabajo. Toda la oficina olía perennemente a tinta y en los últimos días de permanencia de Pulido habían contratado como mensajero a un chico que sufría de polio en ambas piernas, y que era un verdadero maestro caricaturista con la plumilla y el rapidógrafo. Este artista, tullido como un genial Tolouse Lautrec, se especializaba en dibujar a plumilla a monumentales mujeres desnudas con un realismo sensacional e impresionista.


 El ingeniero Van Der Voeken hasta le decía, que se podía trabajar y estudiar al mismo tiempo sin ningún problema, pensando, que el motivo por el que se iba era por la proximidad de los exámenes en la universidad. Y hasta organizó una fiesta de despedida y le dio una tarjeta para que encontrara trabajo en la consola de seguridad del Banco del Pacífico.

En aquella época Joey leía continuamente una recopilación de los discursos del presidente John Fitzgerald Kennedy, que le atraía mucho. En especial el discurso del 26 de septiembre de 1963, titulado: NUESTRA INVOLUCRACION EN EL MUNDO ES IRREVERSIBLE, dado en Salt Lake Mormon Tabernáculo, y que iba dirigido a los ultraconservadores de la Sociedad John Birch, que deseaban que los Estados Unidos volviesen a la política del año 1880.

…Los norteamericanos han llegado muy lejos en aceptar en corto espacio de tiempo la necesidad de involucrarse en el mundo, pero aún prevalece la tensión de este compromiso, tensión y esfuerzo que podemos hallar en todo el país, y que encuentro yo en las cartas que llegan a mi despacho todos los días. Nos hallamos complicados en problemas al parecer sin solución y en los más extraños lugares del globo. Descubrimos que nuestro enemigo de una década es nuestro aliado en la próxima. Nos comprometemos con gobiernos cuyas acciones a menudo no podemos aprobar, y ayudamos a sociedades cuyos principios son muy diferentes a los nuestros.
Las cargas que supone mantener un inmenso aparato militar con un millón de norteamericanos sirviendo fuera de nuestras fronteras, con el peso de financiar un programa a largo plazo de ayuda para el progreso y con la carga de dirigir una diplomacia compleja y desconcertante, han tenido como resultado que, además de soportar estos grandes pesos, haya muchos que aconsejen una retirada. El mundo está lleno de contradicciones y confusión, y nuestra política parece haber perdido la facultad de distinguir entre lo blanco y lo negro, de tiempos más sencillos. Nada tiene de extraño, pues, que en esta confusión sintamos impulsos de mirar hacia atrás con cierta nostalgia. No tiene nada de extraño que en el país exista el deseo de retroceder a la política de los tiempos en los que nuestra nación vivía sola. No tiene nada de extraño que anhelemos crecientemente poner fin a las alianzas complicadas, a toda ayuda a países o Estados cuyos principios nos disgustan, a que la sede de las Naciones Unidas siga siendo los Estados Unidos, y que los Estados Unidos sigan perteneciendo a las Naciones Unidas, y asimismo que anhelamos retirarnos a nuestro propio hemisferio o incluso al interior de nuestras propias fronteras para refugiarnos tras un muro de fuerza.
Todo ello es un comprensible esfuerzo por recuperar el viejo sentimiento de simplicidad; pero en los asuntos mundiales, al igual que en todos los demás aspectos de nuestras vidas, los días del tranquilo pasado se han ido para siempre. La ciencia y la tecnología son irrevocables. No podemos volver a los días de la navegación a vela o a los viajes en carreta, aunque lo deseáramos con toda el alma. Y si esta nación ha de sobrevivir y tener éxito en el mundo de hoy, debemos someternos y reconocer las realidades de ese mundo en el que vivimos… 






Pulido necesitaba el sueldo de un millón de sucres que estaba pagando el banco y finalmente se entrevistó con el ingeniero Robert Hulster y consiguió el trabajo.

Aquella mañana de la entrevista con el ingeniero Hulster, Pulido se bañó, se rasuró, se bañó en perfume y se trajeó para causar una buena impresión.

En este tipo de trabajo de seguridad, era obligación del ingeniero Hulster visitar la casa del futuro vigilante de la consola. ¡Y vaya qué buena impresión se ha de haber dado el ingeniero!, ya que la casa de Pulido era la villa de un hombre de clase media venida a menos, sin servicio doméstico, las escaleras trapeadas una y otra vez por las lluvias del monzón y pobladas con toda clase de hongos, todo estaba descuidado, sucio, el piso lleno de hojas de almendro muertas, y cuando Pulido recibió la noticia de que le daban el trabajo simplemente no lo podía creer.

Ahora Joey trabajaba en la consola de seguridad del Banco del Pacífico y sus turnos estaban compuestos por tres días de guardia, con un horario de siete a tres de la tarde; tres días de tres de la tarde a once de la noche; y tres días de once de la noche a siete de la mañana.  Este último era el más pesado y Joey tenía que hacer verdaderos esfuerzos mentales para que el supervisor no lo encontrara borracho de sueño y poco alerta sin poner atención a las cámaras de seguridad. En aquella época Joey se hizo adicto a la cafeína para soportar las noches de eterno insomnio. El cigarrillo y el café dominaban su vida. Fumaba y tomaba café mientras leía, después de comer, y hasta cuando se ejercitaba los jueves por la noche en la sala de squash. Cuando Pulido jugaba squash demostraba toda la fuerza y vitalidad de un joven, corría de aquí para allá golpeando la bolita y respondiendo bien a los ataques de sus contrincantes. Pulido llegaba a jugar hasta tres partidos seguidos sin descanso.

En la consola de seguridad del banco, Joey trabó amistad con un genio de la computación, Hansel. Junto con Pulido compartían el gusto por el café, el cigarrillo, las ideas filosóficas y las mujeres.

Hansel era delgado, con bigotes, peinado con raya a un lado, pelo negro, sumamente serio y detallista en su trabajo, escribía en la bitácora con una letra preciosa y nunca se olvidaba de los detalles, de las fechas y de las horas, tenía aspiraciones de obtener un título universitario en ingeniería industrial, nunca abusaba del teléfono y utilizaba el zoom de las cámaras para enterarse de todos los detalles que sucedían en el banco.

En una ocasión quedaron de acuerdo en meter a la consola a una prostituta que ambos conocían, apodada “La profesora”, y lo hicieron. Mientras Joey la desnudaba en el baño de la consola, el genio de la informática vigilaba. Pero Joey tuvo problemas para que se le pare la picha por lo nervioso que estaba, y la cosa se puso más difícil porque a ‘La profesora’ le dio por reírse a carcajadas de la impotencia de Pulido. Él le decía que se calle que los iban a escuchar. Luego le decía que se dejara de tanta risa y que se llevara la picha a la boca y ella se negaba en redondo, hasta que Pulido se cansó y le cedió el turno a su compañero Hansel.






Durante ese tiempo, Penélope le veía irse todo el tiempo y nunca lo veía llegar porque cuando Pulido regresaba ella ya se había ido a trabajar. Pocas veces sus horarios coincidían como para compartir en familia. Ella trabajaba de secretaria en una compañía de seguros llamada Finvegsia, y había conocido a una esmeraldeña experta en comida vegetariana, por lo que durante el embarazo de Danni, Penélope estuvo bien alimentada con toda clase de exquisitos platos preparados a base de coco rallado y soya. En una ocasión Pulido tuvo la oportunidad de probar la sazón de la negrita y quedó fascinado con el sabor exquisito de la carne de soya. Penélope no comía sino que tragaba durante el embarazo de Danni, y luego de comer hasta hartarse, después de un rato de hacer una rápida digestión ya estaba otra vez con hambre.  Aquellas comidas de soya eran tan apetitosas como las comidas que preparaba la negra Hilda Thomas con sus entradas compuestas de ensalada de berenjena y sus platos de mariscos a base de coco rallado.

En una ocasión, una estúpida amiga del trabajo escondió una rata de foam en el archivador donde tenía que laborar Penélope y ésta pegó un grito desgarrador cuando vio aquel monigote, cuyo realismo era sorprendente por la habilidad artesanal con que había sido realizado. Incluso le habían pegado al foam, pintado de gris y con la perfecta forma de una rata, los pelos desechados de una peluquería. A Penélope casi le da un ataque de histeria y esa noche sintió contracciones peligrosas, que eran señales de que se le venía Danni de siete meses. La madre de Pulido la llevó de urgencia donde el ginecólogo que la atendía, el doctor Francisco Mena Vallejo, y éste la internó de urgencia en un hospital donde le suministraron un suero específico para detener el mortal aborto de Danni. Cuando Danni nació en la clínica Maria Auxiliadora, Joey se pasó todo el trance controlando sus nervios mientras leía una novela de Mario Vargas Llosa.

Después del parto, cuando iba a pagarle al doctor Francisco Mena Vallejo, Pulido le dijo al doctor que estaba realmente admirado por la sangre fría que mostraba ante un acontecimiento tan importante para su vida. Y el doctor le respondió que para él se trataba de un parto por cesárea como cualquier otro y que no se podía dar el lujo de dejarse afectar por emociones trascendentales. Pasaría mucho tiempo cuando Joey volvería a ver al doctor Mena Vallejo ya demacrado y con la salud consumida por el cáncer. El doctor asistía a la misma iglesia que su esposa y Pulido no se atrevió a hacerle alguna conversación larga, pero en el fondo de su corazón estaba muy agradecido por haber traído al mundo a su hijo mayor en perfectas condiciones.

Joey y Penélope habían esperado tres años para llenar la solicitud ante Dios para traer a este mundo infernal a Danni, y aquella noche estuvieron a punto de perderlo.
Pulido recordaba con qué esmero le ponía las inyecciones de BECO 5, que había recetado el doctor, en los glúteos de Penélope para que se desarrollara bien el feto.