lunes, 20 de octubre de 2008

Poesía manaba, parte I






Abro las piernas para obtener amor,
cierro las piernas para exigir respeto.

Yuliana Marcillo

Si hace cinco años me hubiesen dicho que escribiese sobre la joven poesía manabita, lo primero que hubiera objetado es ¿cuál poesía joven manabita?. No puedo desconocer la obra de autores insignes en Manta como la de Pedro Gil, a quien valoro su poesía -a pesar de su Sano Juicio-, tal vez hasta reconocer a uno que otro de sus primeros talleristas como Yuri Cadena que demostró trabajo en aquel colectivo publicado hace algunos años llamado Rompepalabras, pero de ahí a que intentara analizar poesía que para ese entonces no tenía mayor trascendencia, era una pérdida de tiempo.

Muchos poetas y poca poesía, esa es la realidad que se ha vivido en Manabí. Todo un atentado ecológico y desperdicio de papel, dirían algunos, por los libros flojos, trillados y rimados, mal encasillados como poemarios.

Cinco años pueden cambiar muchas cosas, y eso es lo que está ocurriendo actualmente, no solo a nivel nacional, sino también acá en Manabí. Poetas jóvenes no mayores de veinticinco años, algunos, y otros ya bordeando o pasando los treinta -pero todos con una visión clara de lo que es la poesía, no exasperándose por la mera figuración, sino más bien trabajando las palabras- representan la actual y joven poesía manaba.

Es en esta nueva camada de poetas que aparece el nombre de Yuliana Marcillo (Chone, 1987), una joven que hasta inicios de año era una desconocida en el panorama literario manabita, y sobre todo de Manta. Sus primeros poemas los ha publicado en la prensa local; reportera de La Marea (diario local), estudiante de periodismo y pupila de Pedro Gil, forma parte de sus talleristas.

Colérica, antipoeta, dándole la espalda a lo que se espera escriba una mujer, pero muy en el fondo denotando una sensibilidad absorbente. Su poesía es una carcajada burlesca hacia el amor, esa navaja filosa que ha hecho heridas en la autora. Su cuerpo la materia impura pero resguardada que se fragmenta en versos para liberarse. Y es que se trata de una joven irreverente que ha logrado en poco tiempo destacar con su poesía. Pero menos análisis y más versos.

Los tres poemas de este post han sido extraídos del libro Soledumbre (colectivo poético y narrativo de los tallerista de Pedro Gil) de próxima publicación.

SI LAS VULVAS HABLARAN
Desperté
me descubrí en unos brazos ajenos.
Sus labios cansados de recorrer reposaban en mis senos.

Tendida.
Contemplé florecer de un ángel al demonio.

La bachata en la radio, en la mesa nuestros disfraces.
En la almohada se mezclaba con el dolor pausado.
Nunca nadie lo supo
mi vientre respira otro nombre.

Nubes cruzadas.
Palabras mudas con sed de odio.
Al balcón le confesé que no me agradaban los de chaqueta.
Le mostré las cicatrices de mis años verdes
aún bailan mis niñas entre rosas muertas.

Me llaman arrastrada, zorra, ciega.
Se olvidan que cuando en las mujeres se enciende la hornilla
da lo mismo llorar por las noches que reír por el día.
Mi llanto choca entre paredes sin oído,
ahí donde puse mis manos para sentir el latido de la noche.
Esfuerzos vagos; rebotan intactas.

La cruz me pesa.
Pecados, dolores, lágrimas hechas piedra,
Todo guinda desde el cielo y se lastima al tocar la tierra.
Oh maldita palabra, como quisiera que las vulvas hablaran.


BAJO TUS AFECTOS
Los borrachos somos felices.
Siento el orgasmo en los pies.
Siento la sangre correr.
Y hacemos el amor en cinco minutos, sí,
pero lo hacemos como la primera vez.

Más que el licor,
tu espuma me marea, me desnuda,
me alborota.
Ese aliento de ceviche y cebolla.

Mi oído izquierdo escucha ruidos,
como gritos, como suplicios.
Estás agonizando.
No te ayudaré, no sin un trago.

Descalza voy por la carretera.
Llena de odio, oliendo a pescado y sin destino.
Trato de pensar cuál es mi camino.
Es imposible.
Sólo escucho silbidos.

Cómeme.
Eso.
Sácame la carne de la piel.
Arranca mis huesos y tendones.
Mancha con mi sangre tu boca,
ésta, la sangre podrida de una tonta.
Embriágame de la muerte.
Emplútame de tu ser.

Me despierto.
Estoy en una cama.
El toldo se mueve, parece que baila salsa.

La habitación está vacía.
Los ladrones trabajaron hoy.
Ya no tengo nada.

Comienza mi calvario, el chuchaqui.
Sin vacilar se sirve un café.
¿Más calentura para este cuerpo?.
No puede ser!

No tengo memoria.
En mis senos hay una marca.


FLACA LLORONA

Sin tetas ni caderas,
conquisto a mi modo.

Abro las piernas para obtener amor,
cierro las piernas para exigir respeto.
Lloro porque estoy sola.
Lloro porque las palabras, no me caben en el cuaderno.

Cuántos cuerpos sudorosos,
habrán estado en tu cama.
La colcha huele a leche.

Sabía que el dos por uno existía.
Lo que no sabía, era que a mí me tocaba lo segundo,
Las sobras, la mierda.

Me cago en tu nombre.
Soy flaca, soy débil.
Soy gorda, soy débil.
La amplitud no importa
al momento de aguantar.

Flaca llorona, siempre regalando pena en Navidad
Tus lágrimas perdieron valor
desde que regalaste una sonrisa.

Una explosión de sublime,
se esconde en tu vagina.
¿A dónde irá a parar todo eso?
Lo expulsaré, porque se me acabó la vitamina.

Hoy al amanecer salí de tu cuarto,
de tu vida.
Caminé por las calles frías de la mañana
Tan flaca de amor, tan llena de pesadillas.

3 comentarios:

Ernesto Intriago dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
lázaro dijo...

poema violento,malditismo sin orgasmo;vehículo discursivo poco estético y se pronto"palabras mudas con sed de odio".Buen comienzo,ya es hora de que ardan las nuevas hogueras!!!!!

Dina Bellrham dijo...

Interesante leer poesía manabita, más poesía manabita más bien, Yuli lo hace bien, ´mezcla cínica, y cotidianidad..

D