lunes, 4 de diciembre de 2017

El ciclo de la melancolía

Foto de Jairo Mendoza.
Comentan de mí sobre enmendarme y reducirme,
mientras las rameras de mis riesgos gritan,
y yo fallo,
pero cuando puedo lo logro.
The Smashing Pumpkins - MAYONAISE 

Mañana
Nunca el cerco del colegio fue un reto para nosotros: dibujos animados de un centro público, siempre escapando de las aulas que en retroceso nos detenían en sus distintos prejuicios.
Ese colegio populoso de la ciudad, antro de aulas sucias y paredes carcomidas. Un vejestorio que después del 16A ya no existe.
Es raro recordar sus murallas, las historias de la gallada, sus minúsculos y turbulentos dramas de violencia, donde lo disfuncional era parte de su engranaje vital. Un palpitar incontenible de tragedias reducidas que llevaban a cuesta. Alegatos de la desesperanza, de un negarse al futuro, porque el presente era lo único que importaba: aquel caótico desarrollo que sofocaba la existencia.
Siempre el colegio, esa prisión de la que se escapaba con frecuencia. Esa entidad de imposiciones. Ese altar de veneraciones mediocres. Una trampa, de la que contrariamente, nos sentíamos orgullosos de pertenecer, o mejor aún, de volverla una excusa para encontrarnos y labrar un presente desalentador.
Por ello las fugas a un Murciélago de ambiente alucinado, de agua loca, tabacos e historias para desvariar sobre la vida y sus atentados. En ese torbellino, en esa ciudad lorenza de arrebatos y daño auto infringido crecí.

En un colegio donde las malas compañías fueron en realidad una escuela dentro de la escuela. Un callejón para recorrerlo aceleradamente y feliz, porque solo el ahora significaba la respuesta inmediata de defensa. 



Tarde
Pero ¿Por qué hablar en tono personal? Porque en Mientras llega la lluvia (Ediciones anónimas, 2017) de Edison Paucar, existe una historia a la que el lector más emotivo queda preso. Un drama donde es casi imposible dejar de conectarse con el pasado, con los años de juventud, con todo el tumulto inédito en ese momento. Un pasado al que siempre se regresa como triunfo personal.  
Así, los personajes de la novela tienen problemas, cada uno más intenso que el otro, todos desde sus individualismos sufren, y todos están enlazados en la misma trama. Pascal, Panchito, Roa, Roxana, Pericles, Pedro, entre otros, dan cuenta de sus anhelos y filias. De los arrepentimientos, de ideales a medio cumplir, de un odio que van alimentando con voracidad.
Una madre alcohólica, un padre que deja el hábito por el amor y el deseo, un hermano acuchillado, un hijo bastardo, un conserje desangrándose, un colegio tomado, padres de familia arrepentidos. Una amalgama de situaciones que logran en esta novela volverla un amasijo de micro historias que perturban y entretienen desde el morbo más normalizado.     
Quito, diría uno de los personajes, “culebra de dos cabezas que se alargan en cada extremo” (p. 45) es el escenario. Una urbe maldita para personajes que se borran y se escriben a cada momento. 

Por ello Mientras llega la lluvia, no solo es la historia de un grupo de estudiantes colegiales, de profesores y padres de familia, también es la historia que refleja un círculo de melancolía, donde yacen espectros con voz y acciones, avanzando hacia lo desconocido de un presente que en cada momento asfixia. 



Noche
En la oscuridad me espiaba junto a una radio desbarata de tanto uso. Junto a la voz de un locutor que extendía el rito hasta la madrugada. En ese ambiente un adolescente invocaba y expurgaba sus demonios personales. Una voz, que contrariamente, no decía palabra alguna, conversaba con cada una de las distintas, absurdas y tristes actividades del día.

Madrugada
Mamá y papá dejaron de estar juntos. El alcohol llegó para quedarse y trastornarme algunos años. Docenas de amores a medio camino. Libros viejos que testimonian mis pensamientos de aquel tiempo. Anhelos congelados en un espacio que visito frecuentemente.
Cuando llega la lluvia, en su ensordecedor ritmo, pienso en todas las horas abandonadas en un colegio, junto a otros estudiantes con quienes compartimos la fuga de un espacio y del tiempo. La lluvia para recordarme que el pasado es un demente con navaja en mano que abre surcos para dejar fluir toda la bilis del ayer.
En esa oscuridad también tracé una ruta donde el dolor fue un espectro del cual nunca exorcicé.         
(Texto leído en la presentación de la novela Mientras llega la lluvia de Edison Paucar, realizada en Manta, el 1 de diciembre de 2017, en La Caverna)   

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