viernes, 10 de agosto de 2012

Carcajadas y muerte desde el circo



Yo creo que nadie en el mundo comprende
a un payaso, ni siquiera otro payaso, porque
siempre entran en juego la envidia o la rivalidad.
Heinrich Böll, Opiniones de un payaso.

“Cuando todos van de prisa el payaso debe ir lento a fin de encontrar sentido en aquello que la gente olvida” (p. 13) nos dice en las páginas iniciales el payaso Pascal,  protagonista de El gesto del payaso (2012, Eskeletra) de Ramiro Arias (Quito, 1954). Novela donde el circo, como escenario, nos presenta a personajes que, sin alejarse de la tradición circense, evidencian sus intrigas, traiciones, envidias, odios y sobre todo aflora la decadencia de una profesión-negocio que busca a toda costa renovarse, aunque en está descabellada búsqueda lo que se haga ponga fin al espectáculo.   

Hay abuso del cliché en los personajes: la Mujergoma, la mujer barbuda, la Enana, el Jorobado. Firulais (dueño del circo) de bigote con puntas arqueadas, los payasos Barbita y Pascal (con sus tristezas a cuesta), los hermanos Randy (del circo de la competencia) y sobre todo la Guapísima (la domadora de fieras, el cuerpo del deseo, la excusa perfecta para aniquilar la esperanza del circo).

Pascal, el payaso de glorias pasadas está jodido, ha enviudado: la Mujergoma ha muerto de cáncer. No desea vivir, y el alcohol y la coca parecen ser su único refugio. Y todo su cuadro fatalista parece tener un correcto sin sentido hasta que el “diablo” (en su representación mitológica y rural: hombre de traje oscuro, cara chupada y pálida, sombrero hongo) se le aparece mientras va en uno de los carros del circo en busca de la muerte sobre el asfalto. Le promete una vida eterna a cambio del alma de su amada. Promesa que es sellada ante un automático SÍ de Pascal.

“El reto del payaso solo se mide en la carcajada del público que no tiene por qué saber de nuestras pasiones y venganzas” (p. 13) nos recuerda Pascal. Pero ya no es el mismo, ha rejuvenecido, y aunque su objetivo fatalista no ha desaparecido, es un payaso renovado, con una esperanza oculta que ha revelado ante todos.   

Pero mientras el drama de Pascal se teje y desarrolla, Firulais desde su lado materialista, sueña en levantar su negocio, y para esto ha fijado sus objetivos en la Guapísima, una joven en la que descubre una afinidad con las fieras, capaz de dominarlas. Sin embargo lo que ignora Firulais es que con la llegada de la joven la tragedia alcanzará su clímax en el circo.

El gesto del payaso precisamente ahonda en el lenguaje corporal, en aquel juego de máscaras donde no todo lo reflejado es real. Desde esta premisa Pascal, Firulais y Guapísima tejen sus dramas en un círculo que afecta no solo sus ya frágiles relaciones: de amoríos y abandonos, si no la del resto de personajes que en medio de esta lid fraguan sus propios desenlaces: “-Si no se larga esa mocosa, nos veremos en serios aprietos, Firulais y tú sabes de lo [que] hablo, déjamelo a mí, yo te vengaré por lo que te ha hecho. La gente se burla de ti Firulais –le dijo la Enana” (p.108).  

La tragedia no podría haber sido concebida de otra manera, todos los antecedentes recrearon el escenario final: la muerte. Y en ella se refugian sus personajes condenados: Pascal y Guapísima. Y aunque el circo pierda a sus estrellas no pierde su esencia de espectáculo (uno centrado en el morbo, pero al fin espectáculo): pronto será noticia, una final y sangrienta: animales muertos y una pasión extinta.

domingo, 5 de agosto de 2012

La importancia de una nueva muestra de poesía ecuatoriana




Se continúa sustentando que en el país no existe crítica literaria, ni una cercana disertación de todo cuanto se publica, y que contrariamente lo que predomina es un amiguismo pasivo y alabador. Sí, persisten los grupos (más allá de cualquier nombre que puedan tener como colectivo) que tras ignorar a sus contrarios (integrantes de otros grupos) han decidido evidenciar tanto en el panorama nacional como internacional a los autores que están con ellos y no contra ellos.

Así cada cierto tiempo van apareciendo nuevas muestras poéticas que (y dejémonos de hipocresías) no reflejan a todas las nuevas voces y actores poéticos del país, que responden exclusivamente a un nexo determinado más por amistad y en menor medida por reconocimiento literario.

Cada uno de los múltiples “bandos” literarios tiene como objetivo primordial reconocer en el contexto a sus cofrades, a quienes de una u otra manera comparten su visión de poesía. Amigos a quienes una crítica literaria siempre será favorable.

En este desconcierto de constantes muestras poéticas que anualmente se publican en Ecuador, me encuentro con ¡Y quién dijo silencio! (Ras, 2012) recopilado por Cristian López Talavera. Un trabajo que si bien agrupa a dos conjuntos de talleristas: El Quirófano (Guayaquil) y el taller de la CCE (Quito) que expone el trabajo inicial de autores desconocidos (en su mayoría) que presenta una multiplicidad de propuestas, y sobre todo que logra justificarse aduciendo que se trata de “(…) una muestra de escritores que han trabajado bajo tutoría de taller, por lo tanto son versos iniciales”, provoca una interrogante: ¿Cuál es el valor de una nueva muestra de poesía ecuatoriana cuando muchos de sus textos ya se han publicado en otras similares?

Se entiende que el libro en mención fue editado en Perú, y por ende tiene como destinatario primordial lectores de otro espacio geográfico, pero el trabajo de López Talavera (y ojo que se trata de un gran y estimado amigo) adolece de tres cosas imperdonables: 1. No haber actualizado las fichas biobibliográficas de varios autores (semejantes a las que aparecen en otras muestras). 2. No presentar textos nuevos de los autores incluidos (en su mayoría). 3. Incluirse en la muestra cuando él ha sido el recopilador (aunque exista finalmente la responsabilidad del editor en esto).

Entonces una nueva muestra poética que tenga una clara justificación de existir (más allá de evidenciar a nuevas voces poéticas) no queda del todo planteada, si bien autores como Ives Cadena Rodríguez, Beatriz Viteri Garcés, Luis Alberto Bravo, Edison Navarro, Dina Bellrham, Dancizo Toro, Agustín Guambo, Adolfo Santiestevan, Galo Taopanta sobresalen del resto, persiste la interrogante ¿Cuán necesario una nueva muestra poética si permanece y propone lo mismo que otras?.  

miércoles, 25 de julio de 2012

Tres interesantes poemarios ecuatorianos


Por Augusto Rodríguez


Tengo la suerte de que siempre lleguen a mis manos muchos libros, a veces por el tiempo y las ocupaciones cotidianas no se pueden comentar, pero no quiero dejar de dar un vistazo a algunos libros interesantes como La otra, La misma de Dios de la poeta quiteña Aleyda Quevedo Rojas. No es dicha del poeta quiteño Juan Secaira V. y de Trilogía de la carne del joven poeta manabita Alexis Cuzme.

La otra, La misma de Dios (Ediciones de La línea imaginaria, 2011) es el último poemario de la poeta quiteña Aleyda Quevedo Rojas y es tal vez su mejor libro. Aquí está potenciado y llevado a los límites los discursos de algunos de sus anteriores libros como Espacio vacío o La actitud del fuego. Este nuevo poemario está dividido en varias partes y arranca con un hermoso poema al lago Cocibolca de Granada, Nicaragua. Y desde ahí nos adentramos a poemas eróticos de gran fuerza como: BESAS MI SEXO/ y reinventas en mi nuca/ Inicio y escape. Besas mi sexo/ y te busco en las películas de amor/ que retuve en la cabeza. Besas mi sexo/ concentrada, amorosamente, abstrayéndote del ruido. Hasta que reviento. Estallo de gozo. Grito llamando a la muerte. Me quedo en blanco/ regreso a una escena/ y arruino la armonía. Besas mi sexo/ cortado en dos. O un poema que nos dice: Y ME ABANDONÉ a los oscuros besos que guardabas. Gritando, los nervios en carne viva. Entregada en este extremo del sol/ tan cerca al Trópico de Cáncer/ que infame me quema/ como el último de los lanzallamas/ sobre pequeña boca de hielo ardiente. En la última sección del libro hay acercamientos al mundo del cine de interesantes resultados. En definitiva, un libro limpio, puro y trasgresor para leer y releer en pareja o a solas.

No es dicha (Ediciones el tábano, 2012) es un poemario del autor quiteño Juan Secaira V., interesante y que tiene lazos con su poemario anterior Construcción al vacío. Este no es un libro sobre la enfermedad como lo dijo o leí de un escritor cuencano. Yo diría que este libro se enfrenta a las alucinaciones, a las drogas, a los discursos sociales o hasta populares como el fútbol o sobre la crisis de los sentidos y el existencialismo. Con un manejo de imágenes acertadas y sobre todo con cortes que frenan y juegan con los ritmos, leemos el poema Ácido: Demolición/ hormigas/ subiendo una montaña/ sin/ fin. O el poema cabaret G: El placer/ insecto rojo/ corretea travieso/ escotes, respuestas/ doblegarse al juego/ concesiones ante la luz latiendo/ vencerse como un gusano/ caer/ rozar al insecto/ piel/ rictus/ del espanto. Poemario novedoso, trabajado hasta el mismo hueso o hasta la médula. Debe leerse con calma y atención.

Trilogía de la carne (Editorial Mar Abierto, 2012) del joven poeta manabita Alexis Cuzme es una suerte de antología de la toda la obra publicada de este autor. En una hermosa edición nos entrega sus poemas (algunos más pulidos y trabajados) de una forma aplastante y diversa. Legado de carne, Bloody city y El club de los premuertos es una saga de libros que el autor como el mejor de los cronistas-poetas nos ofrece algo de la violencia cotidiana y real de Manta. Personajes como el justiciero o el Vengador aparecen para darnos algo de pólvora y dolor. Leamos por ejemplo: ¿Quién dejó a El Vengador/ hacer de la venganza/ un oficio lucrativo? Escucho Criminal a todo volumen. La muerte desde dos parlantes/ es más hermosa/ que correr la cortina y ver a mi vecino/ agujereado en la cabeza. O este poema: Después que la mermelada/ de su sien/ salpicó los muebles y paredes, marqué el 911, saqué a mi hijo de su cuna y nos fuimos. La calle fue una feria de globos húmedos, reventados en cadena. La amé, pero no nos soportó. Cuzme es un poeta que trabaja en silencio y su obra merece ser más leída y apreciada en el contexto nacional. Talento y oficio le sobra. Tienen que leerlo.

domingo, 17 de junio de 2012

Distintos modos de evitar a un poeta


Dentro de las últimas publicaciones de El Quirófano ediciones, ha sido grato y provechoso leer Distintos modos de evitar a un poeta: poesía cubana del siglo XXI, compilado por Lizabel Mónica. Una muestra que agrupa a 25 autores de Cuba, todos desentrañando a su país desde distintas perspectivas, todos apostando por poéticas individuales y que en algunos casos coinciden en esa mirada decadente y quemeimportista de la “revolución”.

Así autores como Legna Rodríguez Iglesias (1984) reafirman esta lectura:

Sobre la ataúd de mi grandfather
hay flores nacionales
ese hombre luchó en una guerra
hace más de 60 años
una guerra por la libertad
liberarse de lo que lo ata
es la lucha común.

(…)
ya escribí cosas, grandfather
y esa es la mejor revolución
que haré.
(Tregua fecunda, p. 15)

O aquellos versos de imágenes fuertes que expone Leymen Pérez García (1976):

La poca luz de la lámpara de aceite y la humedad no era suficiente
Para pensar en los seres y las cosas que el país abandonó.
(En un poema de José Kozer, p. 18)

Se han acumulado demasiados silencios en la madera que rozo,
en la ropa traída de Rusia, en la memoria.
(Traída de Rusia, p. 18)

La realidad desgarrada que acompaña la poesía de Yunier Riquenes García (1982):

A 26 mil pies no se ven las llagas y las supuraciones, los locos y los mendigos que rellenan las ciudades. Desde esta altura eres una postal inmóvil, pero recuerdo la ambigüedad de las postales rusas.
(He sobrevolado a 26 mil pies, p. 20)

Cuba desde sus rincones, desde aquellas voces que nos hablan de la prostitución como herencia (La maestranza de Oscar Cruz) de la traición y sometimiento literario (El forraje y el corral de Daniel Díaz Mantilla) la violencia en su pureza extrema (Huérfanos y hambrientos: la misma especie de hace siglos de Yanier Hechavarría) y demás temas expuestos entre líneas en los poemas de los autores participantes.    

Pero más allá de la poesía que agrupa esta obra, está aquella introducción de parte de la compiladora: reveladora y cruda en su realidad: “En Cuba no existe ninguna editorial que sea accesible o tenga presencia fuera de nuestras fronteras geográficas. A esta situación se suma la contundente crisis editorial del país”. Sumado a que “Desde hace dos décadas, el libro cubano tiene un promedio de 50 páginas, tanto para los géneros de cuento, poesía e incluso el de novela”, mientras que en otros países (como en Ecuador) los libros, las páginas y el papel siguen desperdiciándose en “poetas” huecos y versos detestables.

Imposible analizar en su totalidad a cada uno de los autores de la muestra, dos o tres poemas no representan ni resumen sus obras individuales. Lo que si se reconoce es el trabajo selectivo de la compiladora, a quien, sin embargo, habría que reprocharle el haber caído en el juego reiterativo de muchos compiladores: incluirse en la muestra y justificarse dentro de ella.

viernes, 8 de junio de 2012

miércoles, 6 de junio de 2012

Bradbury, el adiós


A Ray Bradbury le debo muchas horas de lectura, muchas historias y personajes, excelentes buenos momentos, y un epígrafe envolvente:

La muerte no existe. Nunca existió, nunca existirá.
Pero la hemos dibujado tantas veces, tantos años,
 tratando de apresarla, de entenderla, que vemos en ella
algo así como una entidad, extrañamente viva y ávida.
Y sin embargo, no es más que un reloj detenido,
una pérdida, un final, una sombra. Nada.
Ray Bradbury, La feria de las tinieblas.


Paz en su memoria, y a continuar redescubriendo su obra.

martes, 5 de junio de 2012

Diálogos que vivifican las palabras


Palabra viva, entrevistas desde un Quirófano (Abya Yala, 2012) de Augusto Rodríguez, puede pasar como uno más de los libros de entrevistas que ocasionalmente se publican en el país. Lo que desde mi apreciación no lo es, porque posee su valor, uno particular y necesario de consumir (sí, esa es la palabra) de apropiar, de sopesar y reconocer su importancia en los tumultuosos días literarios que padece el país: con legiones de escritores que aparecen y desaparecen, que vociferan y luego callan; todo dentro de un panorama lleno de espectáculo, donde el ser “ESCRITOR” (así con mayúsculas, sobre todo si está escrito en la credencial que se usa con demasiada solemnidad) se reconoce ya no desde la literatura, sino en el show, en la apariencia, en la figuración y reconocimiento de cofrades. Realidad repugnante, pero cierta.

Así en este contexto (no nuevo, pero siempre renovado) estas entrevistas, previamente  publicadas en la revista El Quirófano y en distintos medios digitales de literatura, se han juntado para integrar un solo y compacto cuerpo con mucho que decir, con varias y distintas perspectivas en torno a la literatura, la edición y hasta de aquel tema difícil de aislar: la pose, la careta en la que sobreviven muchos autores. 

Si bien hay una reiteración de preguntas a todos los entrevistados, como si se hubiese tratado de un cuestionario general con breves variaciones, permanece una esencia argumental desde la experiencia de los entrevistados. Por algo la maestra en este género periodístico, Oriana Fallaci, afirmaba que: “Si una persona tiene talento, se le puede preguntar la cosa más trivial del mundo: siempre responderá de modo brillante y profundo. Si una persona es mediocre, se le puede plantear la pregunta más inteligente del mundo: responderá siempre de manera mediocre”. En este libro abundan los diálogos brillantes, aunque también reducidísimas entrevistas excesivas, aburridas y sin propósito justificado de abultar páginas y decir poco.

Finalmente se comparte algunos argumentos y recomendaciones, de las múltiples voces (narradores, poetas y editores) que contiene este libro. Buen provecho:

Jorge Enrique Adoum:
“(…) la poesía es también estudio y trabajo, esfuerzo y sacrificio, para que hagan cada vez lo que están haciendo ahora”.

Rafael Courtoisie:
“Creo que la prosa poética brinda muchas posibilidades de exploración semántica, sin por eso dejar de lado el ritmo, la masa sonora del texto”.

“La narrativa, tanto en cuento como en novela, permite una expansión y la posibilidad de crear un espectáculo literario y que a veces también esconde una cuota reflexiva…”

Sonia Manzano:
“El lenguaje poético es un instrumento que demanda pericia, humildad y esfuerzos agónicos para alcanzar como fin el de trascender  un nivel poético para arribar a otro significativamente más profundo”.

Javier Vásconez:
“Un escritor pertenece a una lengua, no a un país”.

“Aquí, en Ecuador, nos tomamos demasiado en serio las genialidades inventadas por nuestros amigos en las noches de tragos”.

Ramiro Oviedo:
“(…) algunos poetas se comportan con la poesía como si fuera una marca”.

“Las perversiones del marketing han contaminado la poesía y en la blogósfera podemos hallar muchos ejemplos”.

Juan Secaira:
“La poesía exige cosas que la velocidad y fatuidad de la sociedad rechaza; una lectura atenta, una comunión, un deseo frenético y a la vez mesurado, un desafío lúdico y vital; el subvertir lo establecido con honestidad”.

Fernando Itúrburu:
“Hay que leer a todos y todas, de todas las regiones y de todos los medios en que aparecen. (…) Mientras más intercambio haya entre los poetas jóvenes menos tiempo perderán en cosas sin importancia”.

Miguel Antonio Chávez:
“Es la calidad literaria y no las fronteras geográficas lo que a la larga importará”.

Jorge Herralde:
“El auténtico escritor no necesita consejos: tiene que escribir, resistir, perseverar frente a todo”.

Xavier Oquendo:
“Toda antología es un aporte. (…) Lo que pasa es que hay muchas antologías en donde la parcialidad prima y entonces eso se convierte en una ‘amigología’ que también es válido pero no es antología”.

Julio Espinoza Guerra:
“No valen mucho las obras de los poetas camaleones, las obras de esos que quieren estar bien con todo el mundo”.

Luis Alberto Bravo:
“Que un editor no responda o no emita su criterio de evaluación o punto de vista acerca de una obra, pone en evidencia su incapacidad de profesión, pone en perfil su inoperancia y finalmente muere”.

Harold Alva:
“Soy un hombre que cree en el compromiso social, no concibo a un escritor que no se involucra con su contexto, la poesía es compromiso, no creo en aquellos que expresan que el suyo es un compromiso con el lenguaje (…)”.

Gonzalo Rojas:
“(…) los premios son tonterías, no sirven para nada. No significan ni deben significar nada (…)”.

Ana Isabel Conejo:
“Conozco a poetas que confiesan escribir pensando en los jurados habituales de ciertos premios, pero yo a eso no le veo ningún interés. Uno debe seguir su propio proceso literario y no dejarse condicionar por ese tipo de planteamientos”.

“Sin valor no se puede escribir buena poesía”.

Mauricio Medo:
“(…) la poesía se escribe desde la ausencia de un centro”.

“El único proyecto constante es la escritura”.

Gabriela Cantú Westendarp:
“(…) el contenido de un poema, incluyendo el erotismo, ha de presentarse de manera natural o no sirve”.

“La poesía requiere reposo”.

Diego Ramírez Gajardo:  
“(…) hay gente que escribe y que no tiene qué decir, hay tantos chicos escribiendo para que la mamá se sienta orgullosa, o para enamorar novias, es un acto prefabricado, hay mucha poesía decorativa”.

Esther García:
“(…) el poema es una bala que perfora el nervio, la médula o la cabeza de quien lo escuche y ahí se quedará. Será un hoyo oscuro que nada podrá tapar”.

Jorge Bocanera:
“Creo que la buena poesía siempre es actual”.

Leopoldo María Panero:
“Mi poesía crucifica a la vida. Mi poesía les enseña lo mal que está la vida”.