Creo
que fue en el lobby de un hotel —a propósito de una feria de libros— donde,
conversando con Ernesto Carrión, él me comentaba que su suegro, en los años 60,
fue amigo de Jacinto Santos Verduga (Chintolo), poeta manabita que acabó con su
vida en Guayaquil.
La
historia giraba en torno a una pelea protagonizada por Chintolo y el poeta
lojano Carlos Eduardo Jaramillo. Esta anécdota, interesante por las rencillas
que en el ámbito literario y, sobre todo, poético se daban y continúan dándose
como una especie de estigma en el mundillo de las letras, quedó conmigo como
tesoro verbal.
Y
continué creyéndome esta versión hasta que se publicó Fados del atardecer
(2025, El Ángel Editor: sello ecuatoriano que viene agregando a su catálogo a
autores cuya obra es necesaria para todo aquel que se considere lector de
poesía), del mismo Carlos Eduardo Jaramillo. Un libro imponente, no solo por la
cantidad de páginas (722), sino también por la poesía contenida en él.
Ahí
aparece “Perros de caza”, poema escrito y fechado el 26 de marzo de 2012, y
tras ello, el derrumbe de una versión. No existió tal pelea y, aunque la idea
de imaginar a los puños a estos dos poetas en su juventud siempre fue un tema
de conversación con quien estuviera dispuesto a escucharme, las razones de
Jaramillo me convencieron.
Una
obra que no es una antología, sino el compendio de poesía inédita y escrita
desde los años 60 hasta 2025. Familia, amores, amigos…la vida desde el podio de
la experiencia; una obra para leer y subrayar; poemas que se van quedando en retumbe.

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