Desdoblarse
es uno de los recursos más idóneos para mirarnos desde la autoficción. A esto
nos lleva Caecus (Off Editores, 2026), de Dalton Osorno, una novela
íntima y bastante personal, donde el pasado —que bien podría ser una
autobiografía— no es más que el entramado de una novela en la que el otro —del
que se sospecha que es el mismo autor por ciertas señas— es un personaje al que
acompañamos en su recorrido existencial.
No
estamos ante una novela querellista; al contrario, hay vitalidad en las
acciones de su protagonista, incluso en las escenas más crueles contra él, en
el eco de la burlilla estentórea que acompaña su niñez. Pero no hay drama, sino
la crónica de un niño contra el mundo conocido y, luego, de un hombre
apoderándose de ese mismo mundo.
En
esta historia, a modo de homenaje, una madre es el escudo contra el entorno
canalla; y también la lectura es la construcción de un mundo mejor, una fuga
ante el horror de los demás.

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