domingo, 20 de septiembre de 2026

¿Nuevos clásicos de la literatura manabita?


 

La reflexión me surge después de haber dialogado respecto al tema; es decir, de recordar que en Manabí se leen cinco clásicos literarios que continúan siendo referentes dentro de la provincia: novelas —todas ellas escritas por hombres— cuyos escenarios son algunas de las ciudades más nombradas de la región.

Estas obras, ordenadas por su fecha de publicación, son Un hombre y un río (1957), Sed en el puerto (1962), La mula ciega (1970), Los designios (1974) y Tauras o muertos que están vivos (1981).

¿Quién las volvió clásicas? Digamos que, para conocer al Manabí de mediados y finales del siglo XX, es obligatorio internarse en estas historias. Aquí habitan tanto las costumbres como las problemáticas de la provincia y de sus habitantes, cuestiones que, a través de las décadas y del nuevo siglo, no han cambiado del todo.

Otro factor que, a mi juicio, ayudó a consolidarlas como «clásicas» fue la academia, desde las instituciones de educación media hasta la universitaria. Profesores del área de literatura inculcaron a sus alumnos la importancia de estas obras, generando un efecto eco entre los estudiantes.

Sin embargo, la última de estas obras data de principios de los años ochenta y, desde entonces, ha existido un silencio abrumador que ha impedido señalar cualquier otra creación que pueda sumarse a la lista; sobre todo si consideramos que la tradición anterior se ha limitado estrictamente a la novela, excluyendo las colecciones de cuentos, la poesía y, aún más, el ensayo.

A más de cuarenta años de distancia, creo que no estaría de más hacer un ejercicio de acercamiento a las obras que podrían convertirse en los nuevos clásicos de la literatura manabita, y cuya lectura debería ser clave. Es decepcionante saber que aún se ignora —en su propia provincia— la obra de Hugo Mayo o Jacinto Santos Verduga; que a Hidrovo Velásquez solo se lo conoce por Un hombre y un río, descartando el resto de su producción narrativa y poética; o incluso que, ante un contexto ausente de crítica literaria, la reedición de la obra ensayística de Hidrovo Peñaherrera se vuelve cada vez más urgente.

Mientras llega —o se provoca— esa redención, sigo trabajando en una lista que es preferible no hacer pública todavía, para no herir las susceptibilidades de los autores locales.


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