La
reflexión me surge después de haber dialogado respecto al tema; es decir, de
recordar que en Manabí se leen cinco clásicos literarios que continúan siendo
referentes dentro de la provincia: novelas —todas ellas escritas por hombres—
cuyos escenarios son algunas de las ciudades más nombradas de la región.
Estas
obras, ordenadas por su fecha de publicación, son Un hombre y un río
(1957), Sed en el puerto (1962), La mula ciega (1970), Los
designios (1974) y Tauras o muertos que están vivos (1981).
¿Quién
las volvió clásicas? Digamos que, para conocer al Manabí de mediados y finales
del siglo XX, es obligatorio internarse en estas historias. Aquí habitan tanto
las costumbres como las problemáticas de la provincia y de sus habitantes,
cuestiones que, a través de las décadas y del nuevo siglo, no han cambiado del
todo.
Otro
factor que, a mi juicio, ayudó a consolidarlas como «clásicas» fue la academia,
desde las instituciones de educación media hasta la universitaria. Profesores
del área de literatura inculcaron a sus alumnos la importancia de estas obras,
generando un efecto eco entre los estudiantes.
Sin
embargo, la última de estas obras data de principios de los años ochenta y,
desde entonces, ha existido un silencio abrumador que ha impedido señalar
cualquier otra creación que pueda sumarse a la lista; sobre todo si
consideramos que la tradición anterior se ha limitado estrictamente a la
novela, excluyendo las colecciones de cuentos, la poesía y, aún más, el ensayo.
A más de
cuarenta años de distancia, creo que no estaría de más hacer un ejercicio de
acercamiento a las obras que podrían convertirse en los nuevos clásicos de la
literatura manabita, y cuya lectura debería ser clave. Es decepcionante saber
que aún se ignora —en su propia provincia— la obra de Hugo Mayo o Jacinto
Santos Verduga; que a Hidrovo Velásquez solo se lo conoce por Un hombre y un
río, descartando el resto de su producción narrativa y poética; o incluso
que, ante un contexto ausente de crítica literaria, la reedición de la obra
ensayística de Hidrovo Peñaherrera se vuelve cada vez más urgente.
Mientras
llega —o se provoca— esa redención, sigo trabajando en una lista que es
preferible no hacer pública todavía, para no herir las susceptibilidades de los
autores locales.

No hay comentarios:
Publicar un comentario