domingo, 11 de octubre de 2026

La mano maldita


 

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Hay una comunidad de escritores latinoamericanos conectados con el metal: aquella música estridente e “infernal” para muchos. Una comunidad que no es tal, es decir, que no es una especie de club en el que sus miembros se reúnen para dialogar o plantear ideas de representatividad colectiva. No, cada uno desde sus países se mueve a su ritmo y bajo sus propias consignas.

Pero esta “comunidad” de escritores-metaleros —porque es innegable el gusto por el metal extremo: desde el heavy rebelde hasta el death más violento— mantiene un vínculo a la distancia: su literatura dialoga y se mueve desde las mismas consignas, con personajes provenientes de los márgenes, desencajados y ruidosos que dicen mucho de su subcultura.

 

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PabloRodríguez, amigo y periodista rockero y metalero, a quien siempre reconocí por su trabajo de comunicador en distintos medios (televisivos e impresos), me presentó el libro Tren Loco. 20 años. Pogo en el andén. Era 2010 y ese año —en una feria de libros en Ecuador— conocí la historia de una banda y el trabajo de un escritor que no constaba en mis registros: Gito Minore.

Cuatro años pasarían hasta coincidir con Minore en otra feria de libros. Un diálogo breve, algunas revistas y libros, y un contacto hermanado por la música y las actividades metaliterarias que aún permanece.

 

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Habían pasado varios años de mi encuentro con Minore cuando, un día, recibí su invitación. Ahí me contaba de un proyecto que se alineaba a otros similares en la región, como el realizado en 2014 en Chile: las antologías de poesía y narrativa denominadas Metalenguaje. Un proyecto que integraba a escritores que conocía desde su obra y a otros que no aparecían en mi mapa personal, pero cuya obra empezaba a seguir.

La mano maldita lo tituló Gito desde el respaldo de su sello Clara Beter. Era 2018 y para mí esa fue una de las mejores noticias de aquel año. Porque una historia adolescente que tenía bastante tiempo guardada encontraba una casa colectiva para difundirse. Porque conocía la obra de otros autores con los que tenía el nexo de la música y la literatura.

 

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A principios de este año, Gito me vino contando de la posibilidad de una segunda edición de La mano maldita; una donde integraría a más autores de la región. Fue cuando me llegó el borrador de la maqueta y empezamos la corrección de pruebas que me convencí de que este conjunto de relatos tendría un nuevo impulso.

Hoy vuelve a circular esta entrega que agrupa a una camada de autores provenientes de México, Argentina, Uruguay, El Salvador, Puerto Rico, Bolivia y Ecuador. Y puedo afirmar que las historias dicen mucho de una comunidad que aún en este tiempo se visibiliza con el estigma a cuestas de lo maldito, ritualista y sanguinario. Estas historias son un buen momento para desmentir todo mito.


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