domingo, 9 de diciembre de 2012

Habitación 3


Una cama es todo lo que hay aquí
sobre ella innumerables cuerpos se recuerdan.
Roy Siguenza, En el hotel.


Nunca el número tres me resultó tan deseado. Me volví un fantasma, un ente silencioso que se desplazaba en medias por la habitación. Un obsesivo que aprendió a dar pasos seguros, a no pisar los tablones ruidosos. Un sujeto pendiente de quienes subían por la escalera. Un ritualista, tras la puerta cerrada, extasiado en los murmullos. Un entrometido apoderándome de los sonidos de cuerpos desconocidos.

Todo empezó en noviembre de 2011. La Feria Internacional del libro de Quito, unos viáticos escasos y la búsqueda incansable de bares y amigos, me llevaron a El Marquez, un hostal ideado para viajeros descomplicados y parejas de "momentos". Allí la habitación 3 me enseñó distintas y ricas lecciones de amor fugaz, lecciones de cuerpos acelerados y pasivos, lecciones ruidosas y mesuradas, lecciones al límite donde una cama se volvió el objeto de múltiples historias.  



Hace poco (noviembre 2012) regresé a la zona (Plaza Foch) a cobijarme en El Marquez. Fui en busca de sorpresas, de nuevas lecciones de amor. Y ahí estaba: habitación 3, recién desocupada, en ella el objeto cómplice de parejas anónimas para mí. De cuerpos que ayudaron a aflojar las tuercas de los tornillos. De parejas que azotaron sus embates incontenibles. 

Ahí estuve, sobre ella. Y las historias de un año atrás volvieron para atormentarme. Cargué con mi silencio una vez más. 

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