jueves, 20 de septiembre de 2018

Todos somos Lázaro

Troncoso interpretando a la madre de Lázaro. Foto: José Márquez.


Ayer miércoles 19 de septiembre, en el marco del trigésimo primer Festival internacional de Teatro de Manta, se presentó la obra De cómo moría y resucitaba Lázaro el lazarillo interpretado por el actor argentino Guillermo Troncoso. Una obra divertida y melancólica que llegó al espectador.
 



El ciego, primer amo de Lázaro. Foto: José Márquez.



Una metáfora de la pobreza
Lázaro ha sobrevivido porque el aire es gratis. Tiene una madre que le dio la vida, pero que le ha quedado debiendo muchas cosas, por eso lo envía donde su “tío” el ciego para que aprenda el arte de la mendicidad. Todo un sistema de artilugios claves para lucharla día a día. Luego se juntará con el “italiano” en su búsqueda por satisfacer el hambre que lo acompaña desde que nació. Posteriormente se pegará a “hermano” que ayuda a los moribundos al último peldaño hacia la muerte. Todos sus amos. Todos con sistemas fraudulentos para sobrevivir. Todos, a fin de cuentas, rechazándolo.
Por eso Lázaro se vuelve una metáfora de la pobreza en extremo. Una sombra desfigurada que no encuentra paz en su cuerpo, porque el hambre es una herencia inagotable.  Así sus desventuras no son más que un retrato de lo que pasa fuera del confort de un hogar con todas las necesidades cubiertas. Una mirada a ese Lázaro que se multiplica en las calles de los países sudamericanos. Un Lázaro que desde las urbes socialistas es uno y miles a la vez.
De cómo moría y resucitaba Lázaro el lazarillo tiene, indudablemente, la poética de Arístides Vargas. La dramaturgia posee los elementos características de otras obras escritas (y en este caso adaptadas) por Vargas. Un lenguaje capaz de arrinconar al espectador en ocurrencias, pero también en devastarlo en el aura melancólica que todo lo llena.   


El italiano, segundo amo de Lázaro. Foto: José Márquez.



Interactuar con el público 
Troncoso desde el inicio de su interpretación interactuó con el público. Primero pasando como uno más de los espectadores y causando asombro en varios de ellos. Más tarde solicitando plegarias (que fueron debidamente secundadas) y ofrendas (estratégicamente colocadas debajo de las butacas, para dar la idea de que el público las daba).
Al final, al igual que como ingresó a escena, salió entre los concurrentes, para luego regresar por sus aplausos merecidos. Lo suyo es un trabajo de mucha factura.  


Foto: José Márquez.



Sieteocho
Hoy jueves a partir de las 20h00, en el Centro de Artes La Trinchera, se presenta la obra Liza de la compañía venezolana Danza Contemporánea Sieteocho. Una obra con dirección de Anaisa Castillo. Trabajo que “expone una de las tradiciones culturales más resaltantes, clandestinas y contradictorias: la pelea de gallos. El combate entre ejemplares de las mismas características como signo de violencia simbólica en analogía con la animalidad en el hombre y la violencia social de la que somos parte”, según informa el programa.

No hay comentarios: