jueves, 1 de noviembre de 2018

Desde una ficción desconcertante

Portada del libro, publicado en 2017 por la Casa de la Cultura ecuatoriana.



“Los hijos de puta pueden ser genios y mi papá lo fue”, esto argumenta el personaje de Prólogo, uno de los nueve cuentos que integran Faltas ortográficas (CCE, 2017) de Eduardo Varas. Una historia perturbadora donde un escritor es también un asesino serial, y su hijo, el narrador, intenta descifrar qué llevó a su padre a convertirse en el monstruo que la prensa y sociedad linchó.  

Así empieza este segundo libro de cuentos de Varas (el primero data de hace una década atrás: Conjeturas para una tarde, 2007, Banco Central del Ecuador). Un conjunto de historias que tratan sobre cine b, estrellas de rock en un paraíso alucinado, políticos zombies, escritores vengándose de otros escritores (al puro estilo de Putas asesinas de Bolaños), un hombre lobo matando y muriendo por placer, un actor fantasma, un niño aislado por su enfermedad.

Cada uno de estos cuentos es un hit, una historia que cala, que sacude, que nos hace mirar más allá de lo que hasta hace poco creíamos entender; historias cargadas de un humor negro casi imperceptible; historias donde los escritores, como personajes, aparecen, atacan, sueltan su puñado de oraciones y frases lapidarias, y luego se esfuman. 

Varas no solo ha escrito un libro para tratar temas con los cuales se convive a diario: cine, música, libros, sino para explorar qué hay en el fondo, ahí donde la voz está sola y contempla otras historias, algunas cercanas a la realidad, otras desde una ficción desconcertante.              

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