Cada
día aparece un nuevo creador de contenido en TikTok. No tengo prueba de ello,
pero tampoco duda. Los ejemplos abundan: desde la señora que vende cosas
cantando alabanzas hasta la mujer que canta en seudo inglés; los grupos que recrean
historias sensibleras de infieles y malvados, o los relatos de niños
abandonados, madres solteras y hombres en relaciones tóxicas. Es una larga
lista de contenidos que se repiten y calcan entre sí.
En
medio de todas estas propuestas, aparecen dos creadores que dicen algo: El Jampi,
desde Manta, y El Revish, desde Guayaquil. ¿Qué los hace destacar? Me atrevería
a afirmar que la originalidad. Mientras muchos de sus colegas centran su contenido
en temas gastados, ellos van en otra línea (aunque sus primeros registros dan
cuenta de la imitación).
Son
personajes que cuentan historias desde el testimonio. Por un lado, El Jampi:
desde el incrédulo con una supuesta novia europea que termina estafado; el que
busca jóvenes para su “empresa” de prostitución masculina; el taxista de inDrive
que opina de la vida de sus clientes (y que explota sentimental y sexualmente a
alguien de su mismo género) o el delivery que no atina con los pedidos.
Por
otro lado, El Revish presenta contenido movido por la coyuntura social, política
y de seguridad. Usa un recurso constante: el ecuatoriano promedio que intenta
salir librado de distintas situaciones, terminando siempre con un estribillo
que denota el “por gusto”, lo vano de una solicitud que no llegará a realizarse.
Ambos comparten una línea: sus historias muestran al ecuatoriano común, el que se mueve en los barrios, el de la esquina, el de la jerga popular que se reconoce parte de un territorio marginal. Las tragicomedias que presentan divierten porque concentran historias cotidianas; situaciones reales que refuerzan la idiosincrasia local y nacional.

No hay comentarios:
Publicar un comentario