jueves, 7 de enero de 2010

Una decisión difícil

Uno a veces llega con hartos prejuicios a ciertas películas, esto me pasó recientemente ante La decisión más difícil (2009, Nick Cassavetes. Confieso que desconocía la existencia de la novela homónima escrita por Jodi Picoult). La culpable de acercarme a ella, mi esposa, que siempre está tras la caza y consumo de algún film que le arranque todas las lágrimas posibles y que por distintas razones prefiere retener en sus peores momentos y solo soltar ante una película conmovedora. La decisión más difícil fue su excusa. Se llenó de lágrimas, se provocó nuevos temores ante la existencia de nuestro hijo.

Estas cosas pasan todos los días le dije, para tranquilizarla, pero lo cierto es que cuando este tipo de cosas le pasan a uno (una hija con leucemia y que se sabe que no tiene salida y que pronto morirá) la realidad puede ser muy cruel de asimilar. Lo mismo les ocurre a los personajes que intentan llevar una vida “normal”, aunque en el fondo cada uno de ellos sabe que jamás ha sido una vida normal lo que han desarrollado en torno a un miembro enfermo. Lo suyo ha sido una lucha por tratar de sobrevivir a la sombra de Kate, con sus propios problemas sobrellevándolos a escondidas.



La trama cobra fuerza cuando la hija menor decide demandar a sus padres para así lograr una independencia de su cuerpo (esto ante el antecedente de haber sido concebida para servir de ayuda médica a los problemas que padece su hermana). Pero también nos plantea esa decisión difícil de la que tanto se habla, de vivir con todas las de ley (las que expone el personaje: una vida normal alejada de la imagen borrosa y moribunda de su hermana) y dejar morir a quien ha estado por mucho tiempo -quizás no tanto del que debería estar- a su lado en las malas y las peores, las buenas siempre han sido un anhelo cada vez más imposible de lograr.

Y no es que Anna rompe lo que pudo haber sido una historia desgastada: enfermedad y tragedia familiar, intentando profundizar en el dolor familiar que también la arrastra, sino -como la sucesión de hechos nos muestra- que su propósito es liberar a su hermana de su enfermedad y con ello a sí misma y sus allegados. Porque si la vida es vomitar coágulos de sangre, asistir a terapias de quimioterapia y tener siempre disponible una cama de hospital, es mejor desaparecer, nos dice implícitamente Kate.




Si la intención de esta película era la de alterar la vida de los espectadores (sobre todo de mujeres: madres y hermanas) lo logró. Mi esposa, mis cuñadas, algunas amigas que han llegado a esta historia se han cautivado y eso para un film dramático es lo esencial.

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