lunes, 22 de junio de 2009

Qué nos queda después…

Acaba de salir mi último trabajo poético, debería estar feliz, y lo estoy, ha sido complicado lograrlo, vivirlo, sentirlo, escribirlo, corregirlo… pero algo me falta, algo se ha ido a la imprenta y ha quedado atrapado entre aquellas páginas, esos fragmentos exagerados de vida compuestos en poemas, esas figuras cubiertas de sangre, rellenas de miedo. Debería estar feliz, y hasta la semana pasada, ayer y hace cinco minutos antes de escribir esto lo estaba, ahora no sé.

Mi esposa espera (como muchas de las esposas de escritores, supongo) que el libro se venda y que no termine regalándolo, que llegue a las librerías del país, que incluso hasta salga de Ecuador. Me cuesta desencantarla de su anhelo, de mostrarle la jodida realidad en este tema de la distribución de libros. Pero me alivia saber que no dependo de la venta del poemario para mantenerla a ella y a mi hijo, porque desde una ciudad sin librerías y con pocos lectores la cosa sería (y lo es) dura de lograr.




Como me suele pasar cada vez que leo mi nombre en algo impreso, me he refugiado en todo el rock que esté a mi alcance, no, miento, no en todo el rock, sólo en Anathema (sigo atrapado con ellos y quizás el que no haya ido a su presentación en Quito sea otro punto para el vacío actual) y aunque gire una y otra vez en los diez temas de A natural disaster no podría consolarme mejor o ausentarme de la peor manera de lo que me pasa.

Por el momento espero encontrarme en la situación de Bruno (el personaje de El Perseguidor). No en la de lidiar con el existencialismo de un saxofonista talentoso pero caótico, sino con esa parte que en este momento más me importa: su libro, aquella biografía acelerada, su éxito. Saber que “mi mujer está encantada con la noticia” no de una segunda, tercera o cuarta edición, sino de la venta, del agotamiento de la obra, del éxito en nuestro medio, ese sencillo pero satisfactorio objetivo para uno.

1 comentario:

Antonio Vidas dijo...

Al fin un sueño cumplido!..Hace un año ya..Leer su nueva obra incita al neòfito maldito a amar la ciudad bajo una pasiòn inflamable de cerillas y un galòn funesto de làgrimas!!!
El valor monetario de dicho
producto,acarrea miedo en los bolsillos de los lectores,y en otras, desconfianza en el intelecto personal.Hace años, nuestro fallecido poeta de capitanes de viento,entonces mi profesor de Antropologìa Cultural en la U.T.M., Juan Vergara Alcìvar,me diagnosticò una verdad:le preguntaba el por què ya no publicaba, y èl, respondiò con amarga certidumbre-"es que ya nadie lee"..Silva Rodas despues de publicar su primer libro, flagelò los ùltimos que quedaban en imprenta...En fin, Jara Idrovo al ver en sus primeras obras el sello resplandeciente del estilo del fakir, en un arranque de locura , las quemò....Bueno , sigo pensando que, la poesìa es un acto de fe creativa y redentora , y algo de lo que usted un dìa me dijo de aquellos poetas no malos sino aquellos que no se comprometen con la palabra.Tiene razon.Le llamarè pronto para obtener su libro.Suerte y felicidades.