sábado, 15 de agosto de 2026

Francine Capella: “Lo que busco al escribir es plantear preguntas”



El dos mil veinticinco me dio una sorpresa que no esperaba: la novela de una autora que, para mí, no constaba en el radar local. Ese año no leí el manuscrito de lo que prometía ser, según su representante, una historia alucinante y temeraria, con una protagonista que dejaría su huella en el lector. Algo pasó y no logré, en todo el año, concretar una lectura que desplegara mi juicio crítico.

Pero las obras, cuando tienen algo que decir, llegan a los lectores adecuados. Eso me dije a principios de este año, después de internarme en la trama y de ir reconociendo los entretelones de la historia.

Francine Capella (Portoviejo, 2006) no aparecía por ningún lado. Se había pasado los últimos veinte años pensando, imaginando, escribiendo, reescribiendo y corrigiéndose para hacer que sus historias dijeran algo, mucho.

Al final de este mes se realizará la presentación de su primera novela, que, a la vez, es su ópera prima como escritora. El evento tendrá lugar en su ciudad, Portoviejo. Pero mientras se acerca el día, me surgen algunas interrogantes: ¿Dónde estaba esta autora? ¿Qué formación y qué lecturas están detrás de ella? ¿Tiene más textos inéditos?


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Francine, se dice que los jóvenes leen poco o ya no leen, en tu caso ¿qué autores han marcado tu ruta como lectora?

Durante mucho tiempo me interesó más crear historias que acercarme a los escritores que las creaban. Con los años empecé a interesarme por la filosofía y por autores como Kafka, Albert Camus y Dostoyevski. Encontré en Camus una forma de pensamiento que se acercaba a algo que yo ya sentía. Su visión del absurdo no me parece triste, sino profundamente humana y libre. No creo que necesitemos encontrar un sentido universal para que nuestra existencia tenga valor. Dostoyevski, en cambio, me atrae mucho por su manera de narrar y explorar la mente humana, mientras que Kafka me acercó a esa forma de convertir situaciones cotidianas en algo extraño y significativo.

 

¿En qué momento te reconociste como escritora?

No hubo un momento exacto en el que decidiera considerarme escritora. Yo ya escribía desde antes, aunque lo veía como una forma de entretenerme, igual que dibujar historietas o crear historias para internet. Fue alrededor de los 15 años, cuando comencé a escribir Madison, que algo cambió.

Desde entonces empecé a escribir en todas partes. Llevaba un cuaderno al colegio, anotaba ideas y les contaba a mis amigas. No pensaba en publicar, solo deseaba seguir escribiendo. Con el tiempo entendí que eso ya no era simplemente un pasatiempo: era una nueva forma de expresar lo que imaginaba y de hacer que algo que solamente existía en mi mente pudiera existir también fuera de ella. Creo que fue ahí cuando realmente comencé a sentirme escritora.

 

¿Cuándo nace la idea de tu novela MADZp53?

La idea nació cuando tenía 15 años, en una etapa en la que comenzaba a interesarme profundamente por la genética y la inmortalidad. Había dejado de lado otra historia porque sentía que quería escribir algo que realmente me moviera, aunque todavía no sabía exactamente qué sería.

Aquella tarde no comencé pensando lo que haría. Me senté frente a mi computadora y empecé a escribir lo que pensaba y sentía en ese momento: mis ideas sobre la verdad, la vida, el conocimiento y la posibilidad de vivir para siempre. Así nació el prólogo.

A partir de ese pensamiento comenzó a aparecer todo lo demás. Madison nació después, pero la primera semilla siempre fue aquella reflexión que escribí.

 

¿Cuánto cambió desde el primer borrador hasta la versión final tu proyecto de novela?

Cambió muchísimo. Madzp53 pasó por varios procesos de corrección durante los años, y la versión que hoy tengo entre mis manos es muy diferente de aquel primer borrador. Curiosamente, la parte que menos cambió fue el prólogo. En cambio, el inicio de la historia sí cambió por completo. Originalmente comenzaba de una manera mucho más cotidiana. Fue durante la edición cuando sentí que podía comenzar en el punto donde realmente empezaba la historia.

También cambió mucho el ritmo. Algunos personajes y acontecimientos también desaparecieron. El final fue lo que más trabajo me dio. El camino hasta ese momento cambió muchas veces, pero el destino siempre estuvo ahí.





¿Cuánto ha influenciado tu carrera de biotecnología en la construcción de tu novela?

Mi carrera de Ingeniería en Biotecnología ha influido bastante en mi novela, aunque de una manera curiosa, porque la novela nació antes que mi carrera. Cuando tenía 14 y 15 años empecé a interesarme profundamente por los temas que aborda la historia. Cuando comencé a escribir, sabía que Madison estaba relacionada con la ciencia y la tecnología, pero ni siquiera había decidido qué estudiaba. Tuve que preguntarme qué carrera cursaba y, al investigar, descubrí la Ingeniería en Biotecnología. Me pareció que encajaba perfectamente con ella y la incluí en la historia, sin imaginar que años después yo misma terminaría estudiando esa carrera.

Cuando entré a estudiar, yo había olvidado que se lo había asignado a Madison. Con el tiempo, cursar la carrera sí me ayudó mucho durante la corrección de la novela. Es curioso pensar que primero creé a una protagonista que estudiaba Ingeniería en Biotecnología sin saber realmente qué era, y años después terminé recorriendo yo misma ese camino.

 

¿Podría Madison, la protagonista, representar la heroína que toda persona ansía convertirse?

Personalmente, no veo a Madison como una heroína, y tampoco creo que exista un héroe completamente definido como ejemplo perfecto a seguir. Madison está rota desde el comienzo: puede ser egoísta, terca, impulsiva y tomar decisiones cuestionables. Lo que me parece admirable de ella es que después de experimentar en carne propia lo que significa perder el control sobre su propia vida, siempre intentó evitar que otras personas sufrieran el mismo destino. Incluso cuando tuvo razones y herramientas para convertirse en alguien cruel, decidió no hacerlo. Al final logra aceptar que ya no es como los demás, sin dejar de reconocerse como humana. Por eso creo que cada lector puede decidir si quiere llamarla heroína, pero yo prefiero verla como una persona imperfecta que, aunque su mente la atormentaba y la volvía violenta, luchó por no convertirse en aquello que la había herido. Quizás eso sea lo más humano y admirable de ella.

 

Persecuciones, espionaje, luchas, experimentos científicos… ¿qué otros temas incluyen la novela y por qué los consideras importante en la historia?

Uno de los temas centrales de la novela es la mente humana frente a aquello que no está preparada para soportar. Desde el inicio me interesaba preguntarme qué ocurriría con la conciencia de una persona si su cuerpo dejara de morir, pero su mente continuara siendo humana. Por eso el dolor, la identidad, la libertad, la ética científica y la inmortalidad tienen tanto peso en la historia. Incluso el propio nombre de Madzp53 nace de Madison: ella misma, al analizar su sangre modificada, decide nombrar la sustancia que ha transformado su cuerpo. Para mí, esto refleja también la manera en que termina aceptando, aunque sea con ironía, que ella misma se ha convertido en aquello que intentaron crear. Aunque no lo haya deseado. La novela no trata solamente de alguien que no puede morir, sino de cuánto puede soportar una mente humana cuando tiene que vivir con algo para lo que nunca fue creada.

 

Por otro lado, amor y paternidad son dos carencias de Madison ¿por qué?

Sí, el amor y la paternidad son dos carencias importantes en Madison, aunque no son las únicas. Su relación con su padre es especialmente importante porque durante su infancia fueron muy cercanos y compartían incluso un mismo sueño. Después del divorcio, cuando Madison tenía doce años, ella vivió su separación como un abandono y terminó interpretando que, de alguna manera, había sido responsable de que sus padres dejaran de estar juntos. Esa experiencia terminó influyendo en su manera de relacionarse. Madison siente profundamente, pero tiene miedo de ser vulnerable, de ser abandonada o ver que no es suficiente. Madison no carece de amor porque no sepa sentirlo; al contrario, siente demasiado y teme las consecuencias de necesitar a alguien.

 

Finalmente ¿En qué otros proyectos literarios te encuentras trabajando?

Actualmente continúo trabajando en distintos proyectos literarios. Mi siguiente proyecto principal es El ángel que mintió, una historia de drama psicológico, fantasía oscura y urbana, en la que he podido explorar mucho más la mente de los personajes y los conflictos internos que me interesan como escritora. También continúo desarrollando historias de ciencia ficción y misterio. En el futuro me gustaría volver a experimentar con el terror psicológico y quizá explorar el romance, aunque probablemente desde un enfoque más oscuro. La ciencia ficción y las preguntas sobre la mente humana siguen siendo temas a los que siempre regreso. Creo que, independientemente del género, lo que realmente busco al escribir es plantear preguntas, intentando descubrir hasta dónde puede llevarme la mente de un personaje.



 

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