martes, 2 de junio de 2026

Biblioteca de parejas

Foto de Stanislav Kondratiev (Pexels)


Una noche, después de haber presentado uno de mis libros, una pareja de amigos se acercó a que les firmara un ejemplar. Antes de hacerlo, me entró una duda que les comenté como broma: ¿a quién de los dos se lo dedico, o a ambos? La pregunta surgía porque, en un mundo de constante búsqueda de emociones y experiencias, las relaciones de pareja no duraban. Además, era una inquietud seria porque se trataba de lectores que mantenían una biblioteca en común.

Mis amigos, no eran un caso exclusivo de parejas que compartían biblioteca; conocía a otros, a muchos, que exhibían los espacios que conformaban su tesoro: cientos de títulos que resguardaban y apreciaban; libros de autores nacionales e internacionales, adquiridos en ferias, obsequiados por escritores con los que frecuentaban; títulos raros de conseguir, ediciones agotadas…

Lo suyo, más que una colección, era el manifiesto de una actividad individual que el amor, en un primer momento, había unido: obras que mantenían un nexo con ellos, con su actividad lectora. Leían no porque la sociedad y el círculo frecuentado lo exigieran, sino porque prevalecía el gusto por internarse en historias, incluso desde la poesía.

Estas bibliotecas, imagino —por las fotos en redes sociales de muchas parejas— se alimentan de dos motivaciones donde el gusto prevalece en cada uno. Sí, habrá títulos compartidos, pero coexistirán dos afluentes movidos por un individualismo lector.

Mis amigos mantenían una biblioteca que, debido a los años que llevaban juntos, estaba bien surtida. Por eso, esa noche, volví a preguntarles ¿qué pasaría si terminaban la relación? ¿cómo fragmentarían la biblioteca? ¿se daría una repartición equitativa o simplemente alguien (el más lector) reclamaría la totalidad del tesoro?

Solo hubo risas, no necesitaban en ese momento enfrentarse al futuro.

Al final, la dedicatoria fue para ambos. Y ahora que ya no están juntos, me vuelvo a preguntar ¿quién se habrá quedado con el ejemplar firmado esa noche? ¿Alguno de los dos lo consideró lo suficientemente especial para su biblioteca individual? O tal vez —y esto es para una nueva reflexión— ¿lo dejaron olvidado como nivelador de la pata de una mesa en la sala del departamento?


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