domingo, 31 de agosto de 2014

La violencia heredada




“Un pez solitario” del grupo teatral La Trinchera retrata a la sociedad ecuatoriana desde dos francos: la aceptación del machismo como símbolo hereditario y varonil, y la espectacularidad de hechos violentos dentro de un marco institucionalizado. Así la prepotencia, el alcoholismo, la agresividad verbal y física logran un cuerpo aceptado desde la moral católica.

Por ello sus personajes no son más que títeres dentro de un ambiente “natural” donde la amenaza, agresión, sentencia y muerte contra ese “objeto” poseído llamado mujer, logran un espacio adecuado desde la manipulación mediática sometida.  

El histrionismo de Freddy Reyes aporta substancialmente al desarrollo de los personajes asumidos, desde el sombrío machista-alcohólico-criminal, hasta el homofóico-comediante-estrambótico presentador de televisión.

“El sentido de la utilidad, sin las consecuencias morales”, afirma el presentador del reality show, y es esta la sentencia para que un crimen no sea valorado desde su condición sangrienta sino desde algo aberrante cuya afinidad es el espectáculo desde una pantalla en la comodidad del hogar.

Y así el personaje-espectro femenino victimizado deja en claro que “Dejar de ser mujer para ser una imagen sin historia” desde un show que ha elevado la violencia como ese algo canonizado en la sociedad.

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