lunes, 13 de febrero de 2012

Carla Badillo Coronado: “La poesía es un asunto de valientes”

Carla frente a mural en las calles de Quito (2011). Foto de Tarik Nuñez.



El año pasado el Ecuador recibió una grata noticia: Carla Badillo Coronado (Quito, 1985) poeta, narradora, periodista, bloguera, traductora, viajera y bailarina de danza tradicional, recibía el Premio Nacional de Poesía “César Dávila Andrade”, uno de los más prestigiosos del país, con su poemario Partituras Incompletas (apuntes de música y otras obsesiones).
A excusa de este antecedente, contactamos, fallidamente, a la autora mientras se encontraba recorriendo parte de Estados Unidos, ahora, nuevamente en su país, retomamos el contacto. El resultado ha sido un interesante diálogo donde las obsesiones, las rutas de viaje y las líneas de trabajo, denotan a una autora viviendo al cien por ciento la creación literaria, la única creación a la que se puede tener fe.

¿En qué momento aparece la Carla Badillo Coronado poeta, bailarina, documentalista, viajera y lectora compulsiva?
No hay un punto específico de quiebre, todo en mí ha sido siempre fragmentos, cúmulos, mutaciones. Creo firmemente que uno nace con una vocación, lo demás se va formando en el camino. En poesía, por ejemplo, de pequeña las palabras me parecían un juego, una aventura. Hoy lo siguen siendo, con la diferencia de que mis contrincantes son titánicos: la Memoria, el Tiempo, entre otros monstruos personales. Pero en general, mi apego por la poesía nace de la belleza, es decir del dolor, porque todo lo bello duele.

En cuanto a la danza empecé con ballet clásico a los 3 años y medio, bailé durante mi niñez y parte de mi adolescencia, luego pasé a la danza árabe, y desde hace varios años formo parte del grupo independiente de danza tradicional TULLPUCUNA (en quichua: colores), una experiencia bellísima porque además bailo con mi madre, con quien he compartido escenarios dentro y fuera del país.

Los viajes, en cambio, son para mí un sino, una necesidad de moverme constantemente de realidad a otra. ¿Pero qué es la realidad? me pregunto, entonces salgo en búsqueda de esa y otras tantas respuestas, aunque siempre acabe regresando con más preguntas de las que empecé. Ese círculo vicioso ha llevado a mi corazón errante a cruzar todo tipo de escenarios, desde la selva de los shuaras y de los kichwas hasta el desierto de Sonora, en Arizona; a recorrer España de sur a norte para luego saltarme a Portugal, Italia y Francia; a sobrevolar el Gran Cañón en helicóptero o a embarcarme, junto a Mark, mi compañero, casi 40 horas en un tren, de San Francisco a Colorado, atravesando ríos, desiertos y nevados, llegando a lugares no planeados como la primera taberna en Denver donde Neal Cassady solía escribir sus cartas a Jack Kerouac o a la cima de Lookout Mountain donde yace la tumba del legendario Buffalo Bill.

¿Qué tan difícil ha sido publicar tu obra en tu país?
En mi caso no ha sido difícil por una sola razón: nunca he publicado en mi país. Es decir, hasta antes del Premio Nacional de Poesía no había ni siquiera intentado publicar, por lo que no podría dar un balance real. No es que no hubiese querido publicar, lo que no quería era apresurarme. Y, paradójicamente, mientras aquí seguía trabajando silenciosamente en mis textos, afuera me pedían colaboraciones para publicaciones en revistas literarias o antologías de Estados Unidos, Italia o España, conexiones que por lo general se daban a través de mis viajes o de mi blog, por lo que tengo varias publicaciones colectivas y un poemario bilingüe: Belongings / Pertenencias, una edición muy bonita con traducciones del reconocido poeta Jack Hirschman y la portada a cargo de la pintora Agnetha Falk, que salió en California a propósito del Festival Internacional de Poesía en San Francisco, en 2009. Ahora, con el Premio Nacional “César Dávila Andrade”, espero que Partituras Incompletas (apuntes de música y otras obsesiones), vea la luz dentro de poco.


Carla en San Francisco (2011) por Mark Álvarez.


¿Cómo es tu relación con las casas editoras y editores de Ecuador?

Nula, en realidad no tengo relación con ninguna. Como te comentaba, hasta antes del Premio nunca intenté publicar. Así que desconozco como es todo el movimiento editorial ecuatoriano (condiciones, distribución, etc.) Sin embargo, debo destacar el surgimiento de nuevas editoriales independientes, de las que he visto con entusiasmo nuevas propuestas, dando importancia a la calidad de la publicación y a la obra en sí, más que al rédito que esta pueda generar. Cito, por ejemplo, el caso de Editorial Doble Rostro, en Quito, y algunas cartoneras como Matapalo (en Riobamba) y Camareta en Guayaquil.

¿Cuál es tu apreciación de la actual poesía ecuatoriana?
Mi proceso como lectora y escritora ha sido más bien solitario y autodidacta, por lo que no estoy muy al tanto de algunos escritores o grupos poéticos que han surgido en los últimos tiempos. Sin embargo, a pesar de ese margen, he tenido la suerte de encontrarme con voces potentes, cuyas propuestas resultan sumamente interesantes. Siempre he admirado a todo escritor que arriesga. Kafka decía: “Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?” Estoy de acuerdo. Creo que la poesía -y la literatura en general- es un asunto de valientes, y afortunadamente veo que en Ecuador estamos viviendo un momento de nuevas poéticas. Hay que lanzarse sin miedo a jugar con la palabra, de eso se trata.

¿Será cierto que los grupos literarios han creado nichos herméticos y especies de hordas donde fuera de ellos no existe nada?
Nunca he sido parte de ningún grupo literario. No los critico, pero simplemente no ha sido mi opción, por lo que no podría hablarte “desde adentro”. Sin embargo, sí he sido testigo de los maniqueísmos, fundamentalismos, egoísmos, y demás ismos que pueden existir al interior de ellos o, en su defecto, con otros colectivos. Casi como si fuesen religión. Y yo, precisamente huyo, de todo lo que huela a dogma o religión. Pero bueno, en esto que llaman el ‘mundillo literario’, los chismes de vecindario se dan a todo nivel, sean o no sean parte de un grupo, y precisamente esa malicia es lo que asquea. Hay escritores que se dedican más a chismear que a escribir, y entonces ¿en qué quedamos?

¿Qué tal te ha ido en los encuentros poéticos, tanto a nivel nacional como internacional?
Para no haber contado con obras publicadas en el país, me ha ido bien. He participado en un par de eventos culturales aquí, y he sido invitada a varios de gran prestigio en el exterior como el Salón del Libro Iberoamericano de Huelva (2008), The Hispanic Heritage Festival (Universidad de Nevada, Las Vegas, 2009), y el Festival Internacional de Poesía en San Francisco (2009).

¿Cuánto ayuda el estar incluida en una muestra poética, sobre todo si esta logra salir del país o si es editada fuera de él?
Ayuda mucho, pero más ayuda saber escribir. Por más que una antología esté publicada en la Cochinchina, si el texto no es bueno, en algún momento caerá. Nunca hay que subestimar al lector.

¿Crees en los concursos literarios? ¿Cómo recibiste la noticia de haber ganado el César Dávila Andrade? Y ¿qué tanto ayuda este premio a tu trayectoria literaria?
La noticia me sorprendió mucho. En mi caso, más que creer o no en los concursos literarios, era una cuestión de ajustar tiempos. Confieso que soy caótica en mi escritura, acumulo versos, citas, espasmos, crónicas, desvaríos, en hojas sueltas, en máquinas sin respaldo, en servilletas manchadas de whisky o de café, y en diarios que a veces pierdo, por lo que este fue el pretexto para plantearme más organización y compromiso con mi escritura. Era la primera vez que enviaba mis poemas a un concurso, 'arriesgándome', además, al que creo el certamen más prestigioso del país en este género, y por lo tanto sabía, de antemano, que la posibilidad de perder era mayor. Pero me lancé, y gané. Recuerdo que entregué mi manuscrito el último día, apenas una hora antes de que se cerrara el plazo. Sin embargo, más allá del premio, que desde luego me place y me honra (porque además lleva el nombre de un gran poeta al que admiro), está la satisfacción de haberme obligado a mí misma a cerrar una etapa pendiente, y a trabajar a diario, con mucho más ahínco, en mi obra. Por otro lado, soy la primera mujer en recibir este célebre premio, y la más joven, lo que desde luego es un estímulo. Sin embargo, creo firmemente que más allá de cualquier género, edad o nacionalidad está la buena o mala poesía. O mejor aún: es poesía o no lo es.

¿Cuánto tiempo te tomó escribir y corregir tu poemario Partituras Incompletas (apuntes de música y otras obsesiones)? Y, desde una autocrítica, ¿qué propones en tu obra?
Es difícil poner un tiempo exacto porque siempre iba y venía de San Francisco, que fue donde escribí el noventa por ciento del poemario. Además, el libro incluye poemas de hace 3 años, así como poemas escritos 3 días antes de que lo enviara al concurso. Pero todos con un hilo conceptual muy claro. Emily Dickinson decía: "Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía". Estoy de acuerdo. Y quizá eso es lo que he intentado transmitir con este poemario, en el que la música lo constituye de principio a fin, bajo la estructura de una sinfonía demencial, empezando por el tiempo y acabando en el silencio, y cuyas partituras incompletas anuncian, una a una, muchas de mis obsesiones, sin las cuales, desde luego, esta obra no existiría.

¿En qué trabajas actualmente?
En mi libro de viajes por diversos escenarios de Estados Unidos y Europa, en otros dos poemarios, en el bosquejo de una novela, en la traducción de dos libros del inglés al español: “Thongs” de Alexander Trocchi y“The Walk (notes on a romantic image)” de Jeffrey C. Robinson y en la preparación de un par de lecturas que daré en la Universidad Politécnica de Valencia, en España, en un par de meses. Mantengo, además, mi bitácora personal.

1 comentario:

Raul dijo...

La poesía es asunto de valientes y también de inconscientes. Muchos se lanzan a la poesía porque parece fácil, pero no saben redactar ni un párrafo en prosa correcto. Por fortuna no es el caso de Carla, que escribe con las tripas y con el cerebro al mismo tiempo, porque es mujer y puede hacer esas cosas simultáneamente, mientras baila y toma fotos. Y bueno, porque es bella, porque no es un ser de este planeta. Carla es sobrenatural. Lo digo yo, que me dedico a la hechicería y disciplinas afines. Su poesía es magnífica, potente, entrañable. Retengan ese nombre: Carla. Ya él solo es todo un poema.
Raulinsky