lunes, 16 de noviembre de 2009

Para lectores chiros


Antes de que lo que narre se vuelva una letanía berreada ya por Bukowski y por muchos otros autores, confieso que al igual que todos ellos, también viví días miserables donde mi objetivo diario era salir temprano de casa, olvidar el desayuno, olvidar el almuerzo y si era posible la merienda, caminar hasta el único sitio donde me sentía casi feliz y podía evadir la realidad: estudiante universitario, desempleado y estorbo de familia. Ese lugar era la biblioteca universitaria, ahí pasé mañanas y tardes leyendo con entusiasmo todo lo disponible y que me era imposible de comprar en mi situación. Ahí la vida pudo continuar.

Años después y por coincidencia mi trabajo se encontraría sobre la biblioteca que tanto frecuenté, en la que más de una vez me cabeceé del sueño y del hambre, ideé planes absurdos para salir de la pobreza y donde escribí muchos de mis primeros y mejores poemas (Complot ante el silencio surgió en este sitio). Desde entonces, con trabajo y dinero en el bolsillo, fue feliz a mi modo: entrando y saliendo con frecuencia de las librerías Sagitario y Científica, en los supermercados y sus secciones de lectura, acudiendo donde el pana pirata y su provisión de títulos precisos, preguntando hasta dar con las obras más baratas e interesantes en La Española…

Pero en estos días ante la imposibilidad de comprar nuevas obras, he vuelto al inicio de mis lecturas, al espacio gratuito que me permite prestar de uno a cinco títulos, autores nacionales que las librerías me niegan por los precios, autores internacionales en ediciones difíciles de conseguir. Llevarlos a casa donde el desayuno, el almuerzo y la merienda ya no son un problema, sino el caer (como ya lo hice en semanas de desesperación y decepción de lector) en las fauces de Paulo Coello (ligero) Yamile Humar (ridícula) y Deepak Chopra (insoportable).

Volver a la biblioteca que me acogió cuando el mundo a mi alrededor se derrumbaba, cuando mis zapatos soportaban horas de recorrido, y mi única esperanza era leer o desaparecer, es lo mejor en estos días que me cuesta escribir un poema, o abrir el libro en pdf de Paul Auster o de Stephen King, porque oscuridad y lectura no son compatibles.

1 comentario:

Antonio Vidas dijo...

Sin embargo lo escrito ya es algo poètico.Recordar los dìas de desnutriciòn lectora del espìritu,volver a sus orìgenes,y sobre toda esta materia recordatoria,es la argamasa violenta en la construcciòn de un poema..No ha tardado,simplemente, es el despertar del alma que se desnuda.