miércoles, 16 de septiembre de 2009

El amor y la soledad desde dos polos


Rossana es una psicóloga, una intelectual que todo pretende teorizar: la existencia, el amor, el desamor, la soledad. Una lectora y también escritora, la típica mujercita formal y antifemenina a la que la razón y seriedad pretenden sepultar. Es lesbiana, pero además de su ex pareja y su mejor amiga, nadie más lo sabe. Es una escritora que analiza al matrimonio entre un hombre y una mujer como base fundamental de la familia.

Su mejor amiga es María Rosa, es todo lo contrario: mujer corriente, coqueta, muy femenina para los hombres, resbalosa, casi una perra (para los que busquen una idea más precisa), obsesionada por la preparación de un soufflé, por el amor, abandono y desamor de su esposo.



Ambas son las representantes del amor desde dos faces: el heterosexual y homosexual, que conviven en este melodrama del grupo teatral de Portoviejo Contraluz que ha titulado Soufflé de rosas. Una obra cargada de clichés y prejuicios que buscan acertadamente mostrarnos un campo conocido: la homosexualidad, su aceptación y convivencia.

Rossana (Melissa Muñoz) y María Rosa (Juana Rosa Zambrano) brindan a los personajes toda la carga emocional necesaria para debatirse entre amigos, pacientes y lectores (Roxana) y esposo, madre y amigas (María Rosa). Problemática desesperada donde el amor -del tipo que sea- intenta ser el ultimátum para el dolor existencial. Donde el silencio y los secretos no pueden mantenerse ocultos y se exponen en el peor de los circos: la televisión (mediante un talk show que devasta al personaje gay y lo arrastra al juego de la contradicción)




Entonces los símbolos como un paquete de barajas (representación de que ambos personajes juegan por el amor) un ramo de rosas (signo arraigado del amor y la esperanza) un soufflé (el cambio y la superación individual) vuelven a la trama fácil en su desarrollo y sencilla en sus elementos discursivos: un alegato en defensa de vivir como mejor le plazca a una, a elegir el tipo de sexualidad que desee.

Obra entretenida (que sí, no escarba tan a fondo el tema del amor homosexual desde lo lésbico) que nos invita a reflexionar, que en momentos claves nos escupe los prejuicios que mantenemos ocultos y listos para soltar y que deja ver aún la influencia de sus maestros La Trinchera.

Las fotos son cortesía de Francisco Camacho.

1 comentario:

Antonio Vidas dijo...

Esas deberìan ser las polìticas sociales de igualdad, sin lavarnos con los pilatos!,dejando a un lado este Ecuador machista, homòfobo.Que no halle enjuague bucal sino, pràctica de ley y convivencia con los testes de una palabra firme!!,Viva el teatro,y una conciencia hermafrodita!!!
Saludos.