domingo, 5 de abril de 2026

La infidelidad es una comedia


 

En este tiempo de redes sociales, la infidelidad pasó de ser un tema serio a una comedia instantánea, donde el deseo y la trampa se volvieron materia prima de contenidos que han normalizado el engaño.

En esta fauna de ridiculez y malas actuaciones, los deslices marcan las dinámicas: una recurrencia que parece obligatoria en la vida de pareja. Porque los tiempos han cambiado, porque cuenta más la experiencia que la frustración, porque el amor siempre tiene fecha de caducidad…

Y entonces recuerdo Damage (1992), de Louis Malle: al hijo cayendo desde un cuarto piso; al padre desnudo bajando las escaleras con la esperanza de encontrar a su primogénito aún vivo; y la mujer —que estaba con el padre y pretendía casarse con el hijo— huyendo cabizbaja de la escena trágica.

¿Cómo se llena el vacío ante la muerte del hijo? ¿Cómo se sana la culpa? ¿Cómo se detiene el deseo hacia la mujer del hijo? Me sigo preguntando, mientras evado una nueva historia ridícula en alguna red social.