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domingo, 5 de abril de 2026

La infidelidad es una comedia


 

En este tiempo de redes sociales, la infidelidad pasó de ser un tema serio a una comedia instantánea, donde el deseo y la trampa se volvieron materia prima de contenidos que han normalizado el engaño.

En esta fauna de ridiculez y malas actuaciones, los deslices marcan las dinámicas: una recurrencia que parece obligatoria en la vida de pareja. Porque los tiempos han cambiado, porque cuenta más la experiencia que la frustración, porque el amor siempre tiene fecha de caducidad…

Y entonces recuerdo Damage (1992), de Louis Malle: al hijo cayendo desde un cuarto piso; al padre desnudo bajando las escaleras con la esperanza de encontrar a su primogénito aún vivo; y la mujer —que estaba con el padre y pretendía casarse con el hijo— huyendo cabizbaja de la escena trágica.

¿Cómo se llena el vacío ante la muerte del hijo? ¿Cómo se sana la culpa? ¿Cómo se detiene el deseo hacia la mujer del hijo? Me sigo preguntando, mientras evado una nueva historia ridícula en alguna red social.

sábado, 14 de agosto de 2021

Una familia dañada e insana

Ser políticamente incorrecto es una postura de vida, un argumento para denotar con lo que se está en desacuerdo, con lo que no ha penetrado ni convencido como discurso de poder. No es solo estar en contra, es asentar un juicio crítico que refleje aquello que pasa, muchas veces, desapercibido para el otro: apacible individuo sonriendo en el vaivén de las imposiciones.  

Así aprecio el cine de Haneke, por lo menos en las obras que hasta ahora he logrado ver-analizar-entender. Un cine que incomoda, que presenta una violencia que se viene gestando de a poco hasta que estalla y aturde al espectador. Un cine donde se ahonda en la naturaleza humana, en lo radical que se puede llegar a ser sin un plan de por medio.  

Happy end (2019) aunque exponga temas recurrentes como migración, violencia, muerte, y rechazo a la vida burgués europea, es una historia para continuar alerta ante el otro, en este caso una niña que mira, juzga y actúa desde una posición voyeurista. Es cierto que también da cuenta de una familia dañada e insana, por eso aquel diálogo que pone frente a frente a abuelo y nieta, principio y fin de una generación con secretos de acciones donde la muerte es narrada sin mayor remordimiento.      


 

miércoles, 30 de julio de 2014

Réquiem al ladrido ausente


Ya no lo veré moviéndome la cola al regreso a casa, escuchar sus ladridos en la noche, espantando gatos o tal vez delincuentes. Ya no correré a su lado, como lo hacía cada vez que lo sacaba por el barrio.

Ya no escucharé que sigue enfermo, que no ha comido, que continúa vomitando, que los medicamentos ya no lo alivian, que su posición sigue siendo la misma desde la última semana: acostado sobre su cama, mirando, solo mirando, sin pretender levantarse o vivir.

Ya no lo veré, y sin embargo sus fotos me (nos) persiguen, cientos de ellas en momentos felices, cientos de ellas para recordarnos su paso en nuestras vidas.

Hoy ha muerto Joshy, un miembro más de nuestra familia, y lo primero que he recordado, mientras me alejaba para no verlo “dormir” ante la inyección del veterinario, ha sido a los otros miembros, a los que pululan en mi interior: Capitán, Pepe, Morrison, Buba, Gringa, Sury…todos ellos anclados en momentos de nuestra historia. Todos ellos apareciendo en poemas y relatos, en mis reconstrucciones.


Y la lección de la vida sigue siendo la misma: vive y deja morir.