sábado, 1 de agosto de 2026

Mucha pantalla, poca cama


 

Los escritores siempre están esperando que algo en su interior haga clic para empezar una nueva historia; que algo se remueva dentro de ellos para volver a obsesionarse con la historia elegida. Muchas horas frente a una pantalla y pocas horas sobre una cama, porque mientras la historia continúe latiendo, hay que aprovechar el ritmo aparecido.  

Por un momento —a veces más de la cuenta—, los asuntos familiares y laborales deben esperar. Es una pausa urgente que casi siempre lo trastoca todo y lo arruina. Pero no importa, porque la punta de una historia ha aparecido y se continúa escarbando para hacerla visible.

¿Alguien que no sea otro escritor entenderá el dilema? ¿Alguien que no sea una esposa enfurecida podría justificar tal acción egoísta? ¿Alguien que no sea el jefe del trabajo estaría de acuerdo con las ausencias porque el fin es necesario?

El escritor sabe que las historias, sus historias, no aparecen en él a cada momento; que a veces pasa meses seco, sin ideas, sin esbozos, sin nada que le aporte a su obra. Él sabe que cuando la chispa brota, por la situación que sea, es vital refugiarse con ella y extraer todo de sí. Y entonces el mundo, toda la vida conocida, deja de importar.

(A propósito del k-drama El chico de la última fila, Kim Kyu-tae, 2026)