viernes, 11 de noviembre de 2022

Fantasía ante una realidad violenta

Fotografía tomada de la cuenta de facebook de Adolfo Cevallos.

La literatura juvenil que se ha escrito, publicado y difundido en Manta procede de adultos que han encontrado en este género el territorio para desarrollar sus historias. Un trabajo que demanda la construcción de personajes niños o preadolescentes, la imaginación de mundos donde la magia y monstruos y esa lucha constante entre el bien y el mal son signos que resaltan, pero ¿qué ocurre cuando un joven es el que escribe y ficcionaliza?  

Creo que el resultado sería algo así como Peterson Chase y un caos gigante (Lux et Gaudium, 2022) de Cristian Cevallos de la Torre, una novela en el género de la fantasía donde tres niños tienen la misión de salvar un mundo en el que magos y seres mitológicos enfrentan a un ogro y sus secuaces. Novela sencilla en su construcción, de escenas cortas e intensas, que tributa a los grandes del género.

Fotografía tomada de la cuenta de facebook de Adolfo Cevallos

 

No hay un cierre en la historia, lo que da la posibilidad de su continuación y con ello el proyecto de una saga donde Peterson y sus amigos deben enfrentar al mal.

Hay elementos que llaman la atención en la obra: 1) el nombre de los personajes; no existen Pedro, Gregorio ni William sino Peter, Greg y Bill, lo que demarca desde ahí la influencia de lecturas universales y un desapego al contexto local; 2) la fuga de la fantasía ante una realidad violenta; aunque la novela transcurre en medio de una violencia constante, con persecuciones, secuestros, lucha con espadas…Si bien nunca, en las escenas que se describen hay sangre, se evidencia que este mundo fantástico es igual o peor que la realidad; y, 3) el recurso del humor del protagonista ante situaciones peligrosas, porque en esa transición de niño a héroe aún queda bastante por hacerse.

Dos textos le sobran a la novela: la presentación que hacen los padres del autor y el prólogo. La historia, aunque su autor sea un preadolescente, debe defenderse sola, y lo hace, porque el lector una vez que ingrese no querrá alejarse hasta conocer cómo el protagonista y sus amigos salvan a un mundo donde algunos de sus habitantes han acudido a ellos por ayuda.   


viernes, 4 de noviembre de 2022

Sobrevivir y reír en la oficina


 

Toda oficina siempre será un lugar donde las historias y situaciones bordean el absurdo. Decisiones erradas. Comentarios fuera de lugar. Bromas que con el tiempo pierden la gracia y se vuelven intolerantes. La fricción cotidiana que surge hasta de nimiedades. Todo un caldo de cultivo no apto para débiles, porque se trata de asumir la resistencia como convicción: porque no hay más opciones de empleo, porque el salario es clave para sobrevivir, o porque simplemente, en medio del derrotismo, se aceptó que la jubilación llegará desde ese lugar.

Una oficina donde hacer amigos y enemigos, donde enterarse de la vida de los otros o simplemente ignorarlos a todos, porque la oficina es un territorio donde no se necesita crear vínculos con nadie.

Esa oficina, de la que no paro de reír al ver las distintas situaciones de sus personajes, no se aleja de la realidad. Porque cada uno de los seres ficcionales que habitan esta comedia los he ido reconociendo. Y sí, nadie quiere a un Michael de jefe; menos a un Dwigth como compañero de trabajo. Porque es mejor llevarse con los Jim y Pam, salir con ellos, beber cerveza, conversar y bromear de los absurdos del día a día que uno se encuentra en sus ocho horas de labores.

Si algo debo agradecer a The Office es la avalancha de humor negro y el absurdo reiterativo de las decisiones de un jefe y trabajadores, nada desconocido para un oficinista con muchos años a cuesta.