martes, 21 de septiembre de 2021

De la ética personal


 

Lo que motiva a cada uno a decir y hacer, a sostenerse y defender su posición es esa mirada, producto del análisis del entorno y sus integrantes, que se ha logrado con los años. No solo se trata de madurez y sensatez (porque para llegar a este punto los errores son cicatrices), es la ética personal que dicta las actuaciones individuales. Que clasifica lo que está bien y mal.

De eso trata The Mandalorian, de un individuo que, en base a su ética, actúa de la forma que cree es la correcta. Sus acciones no son erráticas, porque la experiencia le ha enseñado a reconocer en el otro al mal. Por eso salva al niño (un ser similar al maestro Yoda, pero en tamaño bebé, aunque tenga 50 años) que, en su rol de caza recompensas, había entregado a rezagados del Imperio.  

No solo se trata de una serie con un pistolero, naves espaciales y todo el ambiente Star Wars, se trata de un sujeto que, motivado por sus ideales (aunque en el fondo se trata del credo mandaloriano), se impone ante todos los representantes del “mal” hasta lograr su objetivo: reencontrar al “bebé Yoda” con los suyos, es decir, con los Jedi.

Una historia para recordarnos que la ética personal siempre será un punto para diferenciarnos de los demás.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Negarse a ser un Truman Burbank

El reto está en el silencio, en la evasión a exponerse, a contarlo todo, a volverse un “culebrón” de emociones y sensaciones imparable, el derroche del día a día para alimentar a comunidades vorágines de historias: voyeuristas insaciables que en el fondo envidian la existencia rosa del otro, esa proyección construida mediante sonrisas, viajes, amores, comida…

¿Qué ocurre con todos los que se han negado a ser parte de la exposición en redes sociales? ¿Tienen amigos, amores, felicidad? ¿Tienen empleos que detestan? ¿Son unos resentidos sociales que ven al otro con asco y odio? ¿Escriben y analizan, sin que nadie se lo haya solicitado, sobre la algarabía de los demás?

El reto está en negarse a ser un TrumanBurbank, aunque él ignoraba que su vida era un espectáculo, que cada paso, palabra y ocurrencia alimentaba a una legión de espectadores atentos a su existencia. Por eso cuando reconoce la verdad, también delata el mundo artificial al que ha pertenecido, aquella mentira extendida por varias décadas.

Negarse a ser un Truman, y la parodia de la existencia expuesta desde las redes sociales, es el reto, uno, cada vez, más difícil de evadir, porque la exposición, el decir, el mostrar, se volvió un lugar común, y para lugares comunes la vida misma: descolorida desazón que se busca maquillar.