lunes, 13 de enero de 2014

Anatomía de una pesadilla





El horror, la violencia irracional, caos, miedo, pero sobre todo un manifiesto a la vida, a la sobrevivencia, eso es Anatomía de una pesadilla (El quirófano ediciones, 2013) de Xhevdet Bajraj (Kosovo, 1960). Un libro que explora el tema de la violencia y muerte desde la guerra.
Poesía del dolor, porque en cada poema, su personaje, va drenando cada pesadilla vivencial que lo acompaña, aquel mundo oscuro donde el sonido de metralletas, vecinos llorando e implorando por vida, mujeres violadas, niños eliminados, son un canto al que no se puede escapar.   
En estos poemas la vida se volvió el punto de quiebre, aquel estado tenso y peligroso que demanda entuertos para continuar. La voz poética, desde el terror del victimado, desde el horror del espectador, desde la impotencia de una justicia enclaustrada, desde el grito incontenible del verso, delata y expone la hecatombe.
Así Anatomía de una pesadilla es el retrato de una voz que ante la imposibilidad de pagar violencia con violencia, ha optado por registrar cada momento abrupto de un sistema donde la justicia se volvió un cadáver ultrajado.    
A continuación tres poemas que denotan la fuerza y figuras logradas por Bajraj:

 





NO TENGO MIEDO
Esta ciudad es pequeña para tu gran odio
convertiste la habitación de mis recuerdos
en cementerio de moscas
para tu diminuto corazón
me obligas a que en el delirium tremens
busque agujeros negros en el cielo
en la puerta del conocimiento
por la que se entra pero no se sale
a mí
que cada día arrojo al rostro de la noche
poema tras poema
como un guante para retar a duelo a la aurora
pero no me da miedo la muerte
la vida es la que me espanta.

SUEÑO O VIGILIA
Anoche cuando las sombras regresaban a sus casas
cuando los perros dormían saciados
junto a los tambos de basura
ellos vinieron a mi sueño sin anunciarse
rompieron la puerta de la casa
querían agarrar a los niños, amor
te querían a ti…No me atrevo a pensarlo, Dios
pretendí agarrar la pistola de papá
mas recordé que hace mucho nos quedamos sin ella
anhelé…
levantarme machacarlos con los puños
pero no pude moverme de la cama
la mariposa de la muerte me besó en la frente
entonces grité con todo el terror del mundo
pedí matar con mis quejidos los piojos de la humanidad
despedacé las paredes del sueño con el grito
tú despertaste me besaste feliz
me arropaste con tu cuerpo de cera
y a mí en todo el día no se me quitó la pena
mi sueño   vigilia de quién era.

BRILLO
Primero le mamaron los senos
después se los cortaron con cuchillo
los ángeles de la muerte juntaban sin prisa los lamentos
la vida fingida explotó como los granos de maíz al fuego
la dignidad nos cubría
con las plumas blancas del desconsuelo

En cada cabeza se enfriaba una bala
con el sol sangrando en la mano
los niños subieron a las nubes y huyeron
para crecer en los campos de nuestra añoranza

Cuando el hombre encontró los cuerpos
de los que amaba
se acostó junto a ellos y se sacó el corazón
para lanzárselo a los buitres de la guerra
adormilados bajo el cielo libre

Ahora vive sin corazón sin nombre
en el Libro amarillento de los recuerdos
las estaciones van y vienen
solo la negrura de los buitres en el horizonte
sigue brillando.


miércoles, 8 de enero de 2014

Ictus




¿Qué nos queda tras la pérdida de alguien amado?, ¿Cómo vamos sobrellevando la ausencia y llenando el vacío? y ¿Cuánto degrada la enfermedad del ser ligado en afecto y vida? Esto se cuestiona Ictus (El ángel editor, 2013) el reciente poemario de Rocío Soria (Quito, 1979). Un trabajo oscuro en su visión poética, arcano en los recovecos que recorre y apabullante en sus trazados del dolor.
En Ictus, el padre y su enfermedad, son un dueto degradándose a ritmo acelerado. Donde el pasado va trastabillando en un círculo que espera fin, poro mientras tanto va aniquilando las posibilidades de reencontrase con la realidad. Una realidad que desde la voz poética resulta imposible.

la cabeza de mi padre es un globo donde las altas presiones del líquido
forman un talud submarino
mi nombre y el de mi madre son dos peces entre las cavidades de su carne
(p 13)

tanta sonda y ninguna flor
tanta sonda y ningún recuerdo
tanta sonda y ningún poema
(p 19)

vos te quedabas de pie en el cuarto de baño vestido y con la llave de
/los olvidos abierta
(p 20)

En Ictus, la enfermedad, el padecimiento, el tiempo transcurriendo lentamente, son un reducto donde el caos es una voz apaciguada en sus alaridos internos.

pájaros de la noche mis padres y yo
la noche arrastró nuestros ruidos los volvió piedras gigantes y azules
(p 11)

yo soy el coágulo que detuvo el paso de luz en esa arteria pulsátil
/que es mi madre
(p 16)

mi cuerpo es una pequeña morgue
una sala de urgencias
un aparato que zumba y jode
un banco en el que otros se sientan a contemplar mi rostro
(p 23)






Pero Ictus, como propuesta poética, va más allá, explora la vida, la sobrevivencia justamente desde aquella herencia post mortem y ¿onírica?, donde el dolor ha migrado a los sobrevivientes, a quienes deben recordar. Pulso estrepitoso del ambiente.    

me pongo su pijama
transmuto
tengo sus mismos pies
sus manos
su mueca en las fotos
sus marcas de nacimiento
y el vaciamiento de su sonrisa
(p 31)

no habla la mujer sino el miedo que desdobla su cuerpo en infinitas
/voces y lo desdibuja
(p 42)

me recuesto con la muerte sobre el pecho
la abuela dice que mi muerte es pequeña comparada con las que
/ella tuvo
que parece solamente un animal dormido o un muñeco
(p 46)

Versos apabullantes, sensaciones donde la oscuridad de la memoria juega a verse en el espejo de la desesperanza. Eso es Ictus, un ritual tétrico, donde la muerte es una sombra que persigue, que estorba latente e incómodamente en la soledad.