martes, 19 de diciembre de 2006

El Quirófano,alternativa literaria



En Ecuador la publicación de revistas de arte y literatura siempre han sido sinónimo de vida corta de circulación; pocos han sido los medios que han llegado al número tres, otros a penas al número uno, y luego la nada: un nuevo nombre engrosando la lista en el cementerio de revistas sin continuidad.
El Quirófano, del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel y cuyo editor es el poeta Augusto Rodríguez, es el nuevo espacio para el arte y literatura ecuatoriana (aunque ya exista el antecedente en el internet, como el blog de la agrupación) que este colectivo propone. De formato A4 y con a penas 16 Págs. abarcan temas en torno a las preocupaciones de los escritores frente a la problemática de mercado y expansión de las obras literarias, artículos en el campo musical, creación literaria y un segmento de reseñas de libros. Las firmas que acompañan estos escritos son de conocidos en el campo de las letras ecuatorianas.
Para ser el primer número de este medio, su edición y contenidos están bien conjugados. Ahora toca esperar las próximas ediciones para ir confirmando que El Quirófano no es un síntoma de novelería en el campo del arte y literatura, sino que responde a una necesidad de difusión, donde nuevos enfoques del arte y literatura –valga la redundancia- son tratados por jóvenes escritores, cuyas preocupaciones van más allá de la mera figuración dentro del escenario de las letras en Ecuador.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Alexis Cuzme: el club del desenfado




Patricio Lovato*

La poesía según Lezama Lima: es el reto sagrado de la realidad absoluta. Como el poeta de los Premuertos y sus textos son sacrílegos; y, tienen su propia realidad para contar, vamos a tener una buena aproximación a esta definición.
Qué usa Alexis Cuzme para traducir la realidad, más allá de su realidad individual. Tiende puentes mediante el reconocimiento de imágenes y a través de estas con metáforas se integran palabras: duras, ásperas y hasta cínicas. Pero trabajadas con laboriosidad en un discurso desenfadado.
Pero qué hay con la credibilidad, la fusión de “ ver y creer” otro requerimiento que antepone Octavio Paz, para la poesía? Nos hace El Club...oír lo inaudito para ver lo imperceptible? Estoy seguro que sí. Sólo que entremos en su mundo, en su realidad con sigilo. Acerquémonos a su discurso sin ir de lleno en el análisis, no, como el viene a nosotros. Porque los formalistas dirán: qué raro. Los moralistas: qué procaz. Y los normales por lo menos diremos: qué anormal. (Le queda el consuelo de lo dicho por Caetano Veloso: visto de cerca nadie es normal)
Ante estas generalizaciones, otro punto de vista, ahora hacia la visión poética del grupo al que se pertenece el autor. Les denominan “los novísimos” y hablan de representar “una libertad del desencanto” rompiendo con estructuras pasadas e incluso cometiendo parricidio, que según el representante del Grupo, el poeta Xavier Oquendo Troncoso, consiste en matar a los autores que encauzaron sus textos, lo que lleva a crear su identidad. Ante esto hay que asegurar que ya otras generaciones anteriores a ellos “torcieron el cuello al cisne”.
Otro rasgo que lo identifica con el Grupo es la negación al nosotros y el sí al yo. El yo poético que sustenta su discurso.
Revisado el entorno, vamos dentro del texto. El sujeto poético de Alexis se proyecta sobre la objetividad externa, mediante su individualidad y se descarga en el amor y las rutinas normales básicamente. El poemario prácticamente se divide en dos corrientes con sus contenidos: la premuerte y la post muerte. Si hay vida en la muerte, en la antesala; esto es, la premuerte la actividad es intensa. El poeta ama el desamor, lo dice en dos versos: “salvo mutar en poema pisoteado / por amor al desamor.”
La primera víctima en esta premuerte; obvio, es el amor, veamos desde el epígrafe: “...ya que finalmente/ ningún amor funciona” Charles Bukowski.
En nuestros escenarios de amor normales, comunes y corrientes, ubicamos la cama desde donde pueda desenvolverse con naturalidad la imaginación. El poemario traslada estas formas para proyectarnos otras realidades, contempladas desde ángulos que estaban en la sombra y se iluminan, ahí abajo:
“...contemplarás hasta agotar / las colillas vetustas bajo la cama, / mis medias y botines jubilados / los últimos preservativos consumidos.../ ... el retrete donde paré el tiempo / para crear quimeras sin olor ni forma...”
Se puede pisotear a la ternura ? Sí, el poeta puede. El texto lo hace desde su solitaria compañía de premuerto: “ ...La ternura es una larva que debes pisotear, / rociar con esperma ácida / moscas productoras rondando tu cabeza...”
Nada es gratuito porque el amor reclama a lágrima viva la mezquindad del individualismo: “...yosoyyo, me digo / aunque desde lejos / la protesta lacrimal moje mis pies, / reclamando – sin vergüenza – el extirpado yosoytú, / sin escuchar el enfoque divertido / de mi carcajada múltiple pisoteando pretensiones...”

Alguien odia hasta aquí al poeta?. No debería, es un enfoque audaz de la realidad, con cargas de profundidad muy válidas en su expresión, hechas para el desamor que nos gobierna. Cuatro versos más: “ ... Mujer, no te amo / ...tu cuerpo es la barrera / ¿cuándo lo comprenderás?...recurrir a ti es un lugar común...”
Para la normalidad también existen contundentes cuestionamientos y cuando pone nombre a las sensaciones, salen tendencias agresivas que emancipan la soledad y el individualismo de su envoltura de compañía. Otra vez el lenguaje desenfadado con el cortejo de sinónimos en los poemas nicho y postmorten: “...que lo anormal nos recorra / sin pudorosos remordimientos...”.
Harto de mirarnos, Cuzme mira hacia sus interiores y también dispara, se retrata con lenguaje duro, del que saltan piedras como palabras afiladas a golpear-se: “...Rey / durante la estadía en mi oscuro templo. Y ahora bufón, / distracción desnuda / croquis indefenso.../ ...alimento intelectual para perros…”
Se avanza y ahora encontramos palabras que construyen pinturas de feísmo para mirarnos en nuestras gulas: “...embriagarse de grasa, / triturar tripas aliñadas. / Se emprende el curetaje al ano con los labios. / Masacre: / mosaico de caricias, sangre, fogón. / La vagina dental succiona el gusto de los dedos. / ...Imperan los asesinos. / Sin casta. Sin raza. / Con tridente y cucharón...”.
También hay cinismo al confrontar la relación entre víctimas y victimarios, el contraste expulsa la conciencia de las crónicas: “...Las niñas visten de viejas esquineras / y está bien, / sobreviven los pedófilos . / Prolongando pesadillas / a las madres.../ ...Está bien, sobreviven los pedófilos. / Víctimas / de la ofensa.”
El poemario está hecho, los poemas son estructuras osadas, para provocar sensaciones, para desatar animadversiones. Aunque pasados esos lodos queda la realidad intacta. Libro extraño, que produce un postizo alivio cerrarlo. Quedan como los efectos que dejan los malos sueños: queremos olvidarlos y nos gobiernan por un tiempo.
El poeta se hizo, tiene la confrontación de Bukowski en sus quehaceres y el piedrazo al protestar. La moral se protege bien, detrás de este escándalo habrá otro. A partir de este grito habrá silencio, todo podrá neutralizarse a partir de lo mediático. El desenfadado discurso se enfrenta a una atmósfera recreada para desvanecerlo. El poeta insistirá hasta sembrarnos a los moralistas, formales y normales, su visión, que no es si no su obra.
(texto leído en la presentación del libro Club de los premuertos)

*Escritor manabita.

No desvistas el maniquí




¿Qué demonios tramamos –y estamos pensando- desde nuestros clandestinos rincones solitarios, junto a un número, una bocina y una voz del otro lado que ignoramos si es sincera?, si todo lo fraguado se esfuma ante el enfrentamiento voz a voz. El laberinto resurge frente al rostro pensado, y entonces no nos queda más que improvisar, descartar las palabras, las oraciones, todas las frases prediseñadas dispuestas a soltar que se escurren ante el momento decisivo y... fallamos.
Después de eso la nada, el vacío sofocando los pensamientos, el peso existencial volviendo para sabotear las actividades, las acciones comunes logradas para autodistraer el peso impalpable que nos joroba más a cada instante, hasta que el último párpado baje la guardia y no nos queda más que la pesadilla aguardando con su infernal mezcla de escenas recogidas, devolviéndonos la idea de que los sueños no son más que fragmentos vivenciales descompuestos por nuestro inconsciente.
Y volvemos a nuestro estado natural: tristes esperpentos, entregados a desolados bancos de parques alegóricos (para hacer más evidente el desahucio), a lecturas abandonas días atrás por desalentadoras, resolviendo no alejarnos de la esencia oscura que no pretende liberarnos.
Y evitamos el enfermizo contacto colectivo –nada más chocante que otros rostros, otros cuerpos para profundizar la desazón que nos gobierna-: ese mundo rosa, fácil, colorido, sonriente, fanfarrón, placentero y abundante que se nos ha negado por dementes, extraños, simples y ordinarios criticones de lo inacoplable.
Y retornamos al tema depresivo predilecto, repetimos cada palabra, cada frase, cada susurro o grito demandado; imaginamos la absurda semejanza de las historias (de quien canta y la nuestra), subimos el volumen, apagamos las luces y nuevamente nos entregamos al vacío.
No somos más que un monólogo expuesto a lectores desconcertados, testigos de lo inatestiguable, necros individuos esquizoides, fantasmas sin un cuerpo complaciente, minúsculos brujos sin el bebedizo del “amor”, payasos llorones negándose a temas productivos y salvadores, poetas de lo trivial trasmitiendo versos mal logrados, pequeños y olvidados amantes oxidados.
Y continuamos el engaño: dejaremos creer que nos dijeron la verdad. Dejaremos creer que las palabras encontraron consuelo en lo distante. Dejaremos creer que desde ese instante nada cambió para el espacio actualizado, aunque en el fondo no hagamos más que mentirnos una y otra vez, como ha sido lo habitual.



Entre las obras de Woody Allen y Steven Spielberg



No recuerdo la primera vez que vi una película de Woody Allen, pero sí rememoro una imparable risa e intensas pausas de reflexión para intentar analizar qué mismo era lo que había pretendido decir el loco ese. Títulos específicos no atino, tal vez solo imágenes de alguna caracterización donde es un espermatozoide y se plantea -cruda y crítica postura- el sentido de la vida, vista desde luego como un espermatozoide poco privilegiado.
De Spielberg en cambio tengo más clara su producción en mis recuerdos, desde I. T. (que hasta ahora no me sigue agradando) hasta películas mejor logradas como Color Púrpura donde en verdad se pasa como director.
Ahora los he reunido en mi expectación, dos estilos y temáticas alejadas, disímiles en sus apreciaciones de la realidad, pero en el fondo semejantes, unidos por el talento de hacer cine; perdón, excelente cine.

Match point: amor y muerte conjugados
Match point (2005) de Woody Allen no solo rompe el esquema al que nos tenía acostumbrado el director, con la carga de humor negro y sarcasmo incontenible, sino que nos revela una nueva faceta en su cinematografía. Allen, en este film, recorre los oscuros sentimientos y realidades del amor y el deseo, donde la muerte resulta ser una opción salvadora ante estilos de vida cómodos, ante la negativa de estancarse en ambientes sin mayor encanto.
La frivolidad y comodidad de un mundo casi privilegiado es una parte de la muestra a la que el director pretende –y lo consigue- fraguar la trama espeluznante a la que enfrenta al espectador, así todas las intenciones y falsos símbolos de encontrarnos frente a una simple y trivial película de amor, deseo y traiciones se torna oscura y desesperante, hasta el punto que personaje apacibles como Chris (Jonathan Rhys Meyers) logran un giro aterrador; así el personaje protagonista, como centro atentatorio, nos muestra a lo que el fracaso en el tenis (o cualquier otro deporte y en lo que sea) puede llevar a encontrar en el amor un refugio complaciente, sobre todo cuando este amor ofrece una cómoda vida burguesa.
En cambio Nola (Scarlett Johansson, cada vez demostrando mayor talento en sus caracterizaciones) como personaje de peso en la película, es además del símbolo del deseo esa ruptura indeseable de una vida matrimonial aparentemente perfecta, la de Chris. Es el pandemonium que intenta lograr el amor y la estabilidad emocional a pesar de la desgracia de otros.
La película no solo que mantiene a la expectativa al espectador, sino que no defrauda por la inclusión de un humor negro –aunque bien disimulado-, burlesco y extremadamente sutil que aparece en las escenas de mayor importancia en el film, demostrando que el fondo es un producto de Allen, y no porque el espacio geográfico se desarrolle en Inglaterra necesariamente se recurre a ese humor tan falto de comicidad.

Munich: la guerra eterna
Espectar Munich (2005) de Steven Spielberg no solo es enfrentarnos a un tema de interminable polémica a nivel internacional, sino que es la oportunidad para conocer una ruda –y que vista desde los implicados podría ser hasta ofensiva- crítica del tema israelita y palestino, de esa interminable guerra por la tierra, por esa promesa de suelo bendito por el que se mata, no solo en los mismos territorios sino fuera de ellos.
Es precisamente fuera del contexto en conflicto donde el director desarrolla la trama de la película, reflejando toda la maquinaria de espionaje y terrorismo internacional que existe en el planeta. Spielberg arremete con su crítica al poner en su personaje protagonista Avner (Eric Bana) los cuestionamientos del absurdo de pelear por algo –para el personaje- vano, donde lo único que se gana es la demostración del más fuerte.
El film parte del secuestro y asesinato de israelitas por parte de palestinos en un hotel de la ciudad de Munich, donde por motivos de las Olimpiadas del 72 se habían reunido. Pero es a partir de allí que el director avanza, arremete y juzga las masacres en nombre de fanatismos y venganzas.
Una película no apta para apasionados por el tema, donde las escenas dan el peso necesario para comunicar la violencia representada. Los argumentos son directos y definidos, aunque ronde el desencanto de encontrarse con escenas donde se nos recuerda que la percepción del tema es vista por un estadounidense y que esa visión está lograda como producto comunicacional occidental y no desde el centro mismo de la problemática.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Garganta Profunda o mi experiencia poética



Karina Mera*

Y eso de encuentros poéticos era para mí toda una aventura de la que no tenía ni idea de cómo empezaría, se desarrollaría, ni en qué terminaría. Me le colé (con la condición de que reseñara el evento) a uno de los invitados, mi amigo, el flaco Cuzme. Y ambos nos dirigimos hasta Quito.
La organización del evento estaba a cargo de los colectivos literarios Machete Rabioso, Fe de erratas y Red Látigo de Poesía, puros mechones con pinta de rockeros malos.
La verdad, y esto solo entre usted lector y yo, ese tema de los “poetas” me altera mucho, pero como para superar los miedos hay que enfrentarlos y porque en el fondo cada uno lleva un masoquista incorporado, me fui para allá, bueno nos fuimos.
Los días programados para el encuentro “Latinoamericano” (así entre comillas, porque estando allá nos enteramos que ninguno de los dos invitados de Colombia y Venezuela, respectivamente, asistirían) fueron del jueves 27 hasta el sábado 29 de julio del 2006. Como el flaco Cuzme es responsable en su trabajo no pudimos llegar a la inauguración del encuentro, el jueves, así que lo hicimos al segundo día, viernes 28.
Un frío estremecedor nos recibió al bajar del carro y de ahí directos al cine porno Hollywood, no para entrar en calor (como de seguro estarán pensando), si no para presenciar el segundo día de lecturas y claro para que el flaco Cuzme se reporte y me presente la bola de amigos poetas (¡de miedo!, todos esos tipos medios rallados y rallados completamente, pero en el fondo poetas).
Entre cervecita y cervecita nos contaron de cómo el día anterior había estado la concurrencia, que los poetas invitados habían leído sin ningún problema, que eso de haber hecho la inauguración del encuentro en la Parada del trolebús en la Villaflora, era original y bueno...
De a poco la gente fue ocupando cada una de las butacas del cine (con la advertencia de que revisaran los asientos antes de sentarse, no vaya a ser que se encontrasen una sorpresita, ya que al ser un cine porno...) hasta casi llenarlo. Una vez dada la hora de inicio (8 PM) subieron los poetas quiteños Samuel Tituaña, Alex Tupiza, Edison Lasso, Enver Carrillo, Christian Arteaga y el guayaquileño Ernesto Carrión. No sin antes enterarnos de qué mismo era eso de Garganta Profunda (además de ser el título de una película porno antigua), para ello subió al escenario la actriz “Débora”, que le dio a la noche su toque provocador.
Sin duda los poetas más destacados en la noche –y eso que de poesía no se mucho- fueron Enver Carrillo, Samuel Tituaña y Christian Arteaga. Allí escuchamos poemas llenos de sarcasmo e ironía, como los del aparentemente adolescente (pero más viejo el tipo) Enver Carrillo, que dijo en su poema Supervivencia: “En el colegio / tocaba escupir el sanduche / para que no me lo arrebataran / ¿cómo defiendo hoy / a mi muchacha?”
Finalizadas las lecturas y tras despreciar el trago que nos invitaban, nos fuimos a descansar (¡por fin!).
Ya papelitos el día sábado 29 y luego de hacerle pata al flaco por ahí y por allá, llegamos al lugar donde se daría la tercera y última noche de lectura. Por fin podría ver en acción poética a mi amigo, el flaco Cuzme.
El lugar fue el bar La mulata de tal (bien aniñado para nuestra costumbre), donde a diferencia de la noche anterior la concurrencia era minoritaria. Igual tocó el turno a los poetas quiteños Fernando Escobar, Edwin Madrid, Susan Rocha, Jorge Gómez y Raúl Arias, también a el mantense Alexis Cuzme y riobambeño Víctor Vimos.
El quiteño Fernando Escobar arremetió con su poesía, cargada de humor negro a borbotones, así lo confirmó en poemas como La virgen: “Deja de masturbarme la boca / porque si no / voy a tener que violar / a todos tus osos de felpa / muñecas de porcelana / perros y gatos, / o ir a buscar a tu amiga / que aunque medio feíta / es más legal que vos.”
También el flaco Cuzme tuvo su parte, su poesía fue agradable (recuerden que no se mucho de poesía y otra cosa no porque sea mi amigo lo voy a alabar), en algunos casos sombría y en otros erótica, pero me impresionaron algunos versos, como los del poema Llamada sin efecto: “Ey, flaco de ojos rudos, / que más da si el mundo intenta conectarse, / nada desde afuera lo resuelve en un instante.”
Y sin duda el poeta que más me impresionó fue el riobambeño Víctor Vimos, qué fuerza expresiva la del tipo, de seguro pronto retumbará su nombre en todo el país. Una poesía fresca y sincera, que no busca estancarse en la simple pose de muchacho malo, sino que escribe a partir de la experiencia, y eso, para alguien como yo que no sabe mucho de poesía, es lo importante.
Terminadas las lecturas, los poetas –muchos agotados por las tres noches de poesía y amanecidas- se despidieron; el respectivo intercambio y obsequio de libros (de los cuales también me dieron algunos a mí), los fraternales abrazos en agradecimiento por la asistencia y bueno... al fin había enfrentado mis temores, ahora ya sabía de lo que mismo se trataba todo ese cuento de los famosísimos encuentros literarios, había estado en el centro del joven movimiento poético del país y no estaba nada mal, quizás me animase a escribir un poco.


*Estudiante de periodismo en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí.


Capote: la sangre fría del escritor



Yo soy lo bastante humano como para sentir lástima de mí mismo.
Perry Smith

Argumento fílmico
Capote (2005) de Bennett Miller, es sin duda un film que a más de uno logrará erizar, tanto por la crudeza de las imágenes como por la radiografía de la vida de Truman Capote: escritor ícono de la cultura y sociedad norteamericana de los años sesenta y setenta.
La película recrea como el escritor inicia, mantiene y finaliza su investigación en torno al múltiple crimen acontecido en el pueblo de Holcomb, en el estado de Kansas; allí la historia nos va mostrando como Capote va penetrando en la vida de la comunidad y posteriormente en la de los asesinos, para ir dando forma a su novela más conocida y mundialmente famosa: A sangre fría.
Capote (caracterizado por Philip Seymour Hoffman, que logra darle toda la fuerza expresiva y emotiva del escritor) no hace más que mostrar los dos lados de su mundo: uno, donde es el escritor fanfarrón y alma de las fiestas (ver el film Estudio 54, que también lo muestra así), ególatra incomparable; y dos, el investigador sensible que conversa con los asesinos de la familia Clouters. El film dramático centra sus diálogos con Perry Smith (Clifton Collins Jr., un actor que hay que tomar muy en cuenta) quien reafirma su importancia tanto como asesino de los cuatro miembros de la familia, así como el más sobresaliente por la sensibilidad e inteligencia que demuestra para con Truman.

Los dos lados de Truman
El film norteamericano no deja de lado las excentricidades de Truman: su narcisismo y egolatría, su recurrencia excesiva a la bebida e inclinaciones homosexuales, que lo reflejan en la película como un escritor sobresaliente dentro del círculo banal de escritores, periodistas y artistas norteamericanos de la época; por otro lado el escritor es el niño desprotegido, deprimente, humilde y solidario que se entrega amistosamente en diálogos reveladores con Perry Smith (asesino de los Clouters).

Literatura de no ficción
La película logra darle el ya reconocidísimo valor a la obra de Capote. Su novela encasillada en literatura de no ficción (porque la historia y sus protagonistas son reales) consagra al escritor norteamericano como uno de los más importantes en los años sesenta y hasta la actualidad.
A sangra fría es el trabajo de más de cinco años de investigación y observación cercana de uno de los crímenes más sonados en un pequeño pueblo del estado de Kansas, en Estados Unidos. Allí el autor se dirige para convivir con los habitantes y ser parte de la conmoción colectiva. Así es como Truman logra trasmitir en su novela la carga psicológica no solo de los dos responsables de los asesinatos, sino de muchos de los habitantes y protagonistas del sangriento acontecimiento.
Truman y Perry: amigos por interés
Truman, en el film, encuentra en Perry “una mina de oro”, ya sea por lo emotivo del asesino o por la franqueza hacia el escritor. Además porque Capote ha comprendido que su libro necesita enfocarse en la vida de los asesinos, sobre todo en la de Smith. De igual manera Perry encuentra en Capote una ayuda para su apelación en los múltiples juicios que pesan sobre él y su amigo por los asesinatos cometidos.
Ambos intentan obtener algo del otro, pero es Truman quien logra extraer de Perry la información necesaria para la composición de su libro (tanto sus diarios como la declaración de autor de los cuatro asesinatos). Y esto lo va demostrando en el cuerpo del film y de la historia, ya que mientras en la cárcel junto a Perry desniega el haber escrito siquiera una página del libro que ayudará a Smith y su amigo para no ir a la horca; por otro lado ya se comenta el exitoso proyecto novelístico de no ficción que el escritor está escribiendo, donde consta de un título llamativo y cuyos fragmentos ya han sido leídos en público.

Truman: una mente brillante
Lo más sobresaliente del film es la información que se da acerca del escritor norteamericano. Como el hecho de afirmar que de todo diálogo siempre recordaba el 94 % (teniendo en cuenta que no usaba grabadora), cualidad clave al momento de cada una de las distintas entrevistas que mantuvo con los ciudadanos de Holcomb y con uno de los dos protagonistas de los asesinatos, Perry Smith; éste quien junto a su amigo Dick Hickock fueron condenados a morir a la horca la madrugada del miércoles 14 de abril de 1965, por el asesinato a sangre fría de los cuatro miembros de la familia Clouters.


Casi un poema




La idea, como en todo cuerpo necesitado, era emborracharla y poseerla hasta la saciedad. No era un tipo pilas, como los que solía ver en rincones públicos o clandestinos, capaz de engatusar con las palabras, menos caricias claves o detalles convincentes dignos para lograr aflojar unas cuantas víctimas. Solo tenía a la poesía y cientos de páginas borroneadas en espera de corrección (según cuentan algunos). Libros, recortes de periódicos, algunas fotografías, contadas películas y un repetitivo orgasmo perdido en las paredes de mi habitación. Pero ella, estaba seguro, caería.
El cigarrillo lograría dejarme sin erecciones, de eso estaba convencido. Era mejor actuar cuando aún podía lograr todo lo imaginado y me esperaba hasta lo inimaginado por experimentar.
La maldita discoteca de por medio, pero los sacrificios serían retribuidos. Algo de billete para la inversión, una hora fija para el encuentro, varios condones para no cargar con alguna sombra, litros y más litros de alcohol para el cometido.
Desde luego cabría la posibilidad de que nada sucediera. Que me emborrachase primero y estallase en ira. Que me emborrachase primero e intentara poseerla en donde sea. Que me emborrachase primero y que me dejara por otro. Que me emborrachase primero y que una vez en el hotel me poseyera. Pero desvariar en el último momento era normal en mí. Esperaría.
Bailamos, sería la segunda vez por alguien. Recité mis escasos poemitas rosas escritos para la ocasión, algún otro poema plagiado para enternecer el terreno; una caricia vaga, un toqueteo seudo descuidado, varios besos –con esa lengua calcinada y acelerada de tanta nicotina- confirmantes del “querer”.
-me quieres -la cagó.
-te necesito –respondí.
Con botella, del mismo trago, en mano –para asegurar la borrachera fraguada- nos fuimos al hotel más baratero de la ciudad. Dobló. El plan dio resultado.
10 AM, desperté. Ella aún yacía dormida. Recogí su pequeño interior oscuro y acerqué a mi nariz, aspiré hasta recrear lo ocurrido horas atrás.
Contemplé su delgado cuerpo desnudo sobre la cama, sus largas y blancas piernas, su pubis escaso, sus minúsculos senos de pezones puntiagudos, su boca semiabierta.
Los cinco condones sin usar, regados en la mesita adjunta a la cama, desencantaron la imagen.
Prendí un cigarrillo, hallé un lápiz y sobre papel higiénico empecé a escribir un poema que hablaría del amor libre y sin ataduras, del sexo desenfrenado y sin protección, de lo poético de los hoteles miserables, del licor como afrodisíaco, del olvido como juego, del aborto como opción salvadora ante la tristeza agobiante de nuevas vidas en este mundo. Escribiría del “amor”, ella entendería.