Cinco años demoré en abrir las páginas de Samay Pushac (guardián de los sueños) (Dragón Luz) de
Paulina Soto. Recuerdo que su autora, en mi segunda visita a Loja (2016), me lo
entregó como uno de sus mayores proyectos literarios. Un trabajo por el que
había apostado no solo en los años dedicados a pensarlo y darle forma, sino en
la materialización, la que se realizaría en 2014.
Cinco años en los que otras lecturas se
fueron atravesando constantemente. Cinco años en los que contemplaba el
ejemplar y cuando creía estar preparado para abordarlo, siempre ocurría algo. Sin
embargo, el momento llegó. Hace un mes lo abrí, empecé por el primer capítulo y
desde ahí no paré hasta finalizarlo.
Por ahora (porque mi encanto con la novela
tiene un objetivo) solo puedo decir que la historia es uno de los trabajos más
sobresalientes de Soto (por lo menos de lo que he leído de su obra narrativa).
No solo se explaya en temas vinculados a la tradición oral, mitos y leyendas de
Loja (temas que aparecían ya en su cuentario ¡Alas! de 2006) también es un
homenaje a su ciudad y su fantasmagoría urbana y rural.
La novela se complementa con doce ilustraciones relacionadas a la historia.
He imaginado esta fantástica historia como
una serie atrapando a miles de espectadores alucinados por las peripecias de
sus héroes; he recorrido Loja desde la versión turística hasta la clandestina;
he sufrido por las situaciones de peligro de Esteban, Jonathan y Helena; he
aplaudido cada acto salvador de este mundo asediado por el mal.
Si en algún momento se encuentran con esta
voluminosa novela (461 páginas), no teman adentrarse en ella. Y si, ya
internados en la trama, se reconocen riendo, quiere decir que están disfrutando
de todo ese humor que da equilibrio a todas las acciones peligrosas a las que
sus protagonistas deben hacer frente.
Paulina Soto no
solo es poeta, narradora y ensayista, también fue letrista de la banda gótica
Lago Gris, con temas como Invierno, Amor de serpiente, Soledad. Creadora y
editora de Dragón Luz, un sello que tiene publicado dos libros en su catálogo.
Contactamos con
ella desde su natal Loja, para dialogar en torno a su trabajo literario, el que
abarca varios géneros y una producción que con los años va sumando títulos a
los ya publicados: ¡Alas!, Caricias y puñaladas, Samay Pushac, Ciudad de
vírgenes, entre otros.
Saludos Paulina, el metal y la poesía han estado más
vinculados de lo que se creía, ¿cómo le va a tu obra en este sentido?
El rock me ha
gustado desde siempre y al ser escritora, necesariamente ambos intereses se
condensan. Mi poesía tiende más a ser combativa, con acepciones del diablo y de
la muerte, algo cruel, aunque no me olvido del amor y el desamor. No solo se
relaciona con el rock sino también con experiencias pasadas, deseos y
frustraciones.
Tu producción literaria abarca obras de poesía,
narrativa y ensayo ¿en qué género te sientes más cómoda?
En todos. Por
necesidad también experimento en pequeños guiones de teatro propios, y
adaptaciones para sainetes. No es comodidad la palabra, sino más bien satisfacción,
al menos cuando se completa la obra. No me siento cómoda, escribir es un arte
muy difícil, y yo más bien lo concibo como una enfermedad genética y adictiva.
¿Cómo les ha ido a tus libros? ¿Qué clase de
comentarios han generado?
Me ha resultado
muy difícil llegar al público por varias razones: el Ecuador no se distingue
por ser un país de lectores, las editoriales son precarias, los canales de
distribución inexistentes. Cuando finalmente mi obra ha llegado al lector, sí
he tenido muy buenos comentarios, principalmente porque mi estilo tiene mucho
de fantasía, que es algo novedoso, al menos para el medio. También hay que
distinguir entre la crítica general y la del lector especializado. Cuando se
trata de críticos literarios es bastante duro recibir una crítica, pero es una
buena forma de mejorar tu estilo y descubrir algo nuevo.
Para tener una producción considerable, eres parte de
ese grupo de autores aún underground de Ecuador ¿has intentado salir de este
margen?
No me considero underground,
es decir, no como si fuera una postura. Siempre me ha atraído lo extraño, lo
exótico, aquello que rompe las normas sociales, la ciencia ficción y el
misticismo. Sucede más bien que mi estilo fue el que encajó con el mundo del
metal. Es igual que en el caso de los escritos de Edgar Allan Poe que calzan
perfectamente con el estilo gótico. Poe no era rockero, en el siglo XIX no
existía el rock. A veces la gente ve lo que quiere ver; me recuerda a un
espectador que juraba que vio la sombra de un demonio en el fondo del escenario
mientras yo leía poesía.
En el pasado colaboraste con la banda gótica Lago Gris
¿ha ayudado esta colaboración a la difusión de tus textos?
En realidad, sí.
“Lago Gris” fue para mí una experiencia muy interesante, fue muy placentero ver
como se fundía la poesía y el rock; y el leer poesía delante de un público tan
temible como el rockero fue aterrador. Al principio no pensé que resultaría y
pensé que me iban a insultar o algo así, pero la gente lo aceptó muy bien.
Recuerdo que luego puse a vender mis libros en un bar rockero y la mitad se
vendieron, la mitad se los robaron, lo cual significa que pegaron. También me
ayudó a fortalecer mi estilo acerca del tipo de escritora que soy, porque al
ser mujer, muchas veces se nos encasilla en la imagen romántica y llorona.
¿Ha llegado tu obra a lectores rockeros y metaleros? ¿Crees
que tiene, tu obra, elementos de interés para ellos?
Mi obra no ha
llegado en gran medida al público en general por las razones que ya expuse. Sí
creo que mi obra tiene elementos de interés específicos al metal, la novela “Samay
Pushac” por ejemplo, tiene un personaje que tiene una banda de rock y se
describe cómo participa en un concierto. Sin embargo, es más bien algo de lo
que el público debe apropiarse bajo su propia perspectiva.
¿Reconoces que existe una “comunidad” de autores
vinculados al metal en Ecuador? ¿Te sientes parte de esa “comunidad” dispersa?
Sí hay una
comunidad de escritores góticos, metaleros, gore, etc., cada quien, con su
subgénero, y trato siempre de colaborar con ellos; lamentablemente, parece que
el movimiento ha decaído muchísimo, sobre todo en Loja. Apenas se oyen
conciertos y los rockeros ni suenan ni truenan. Por ahora no hay quien tome la
batuta.
¿En qué proyectos literarios te encuentras ahora?
He tomado la
estrategia de participar en concursos de poesía y narrativa. Sé que es muy
difícil atinarle al gusto de los jueces y por lo tanto ganar, pero es bueno
porque te mantiene activo, te obliga a escribir con una fecha límite y aunque
no ganes, te queda la obra, la cual después puedes publicar, mejorar o lo que
prefieras. El proceso es frustrante pero productivo. Fue así como escribí
“Ciudad de Vírgenes”, la novela de ciencia ficción que publiqué hace unos meses.
También acabo de escribir un nuevo libro de poesía: “Prótesis”; y me gustaría
embarcarme en un libro de cuentos. Otra táctica es la de procurar participar en
simposios literarios, así he escrito algunas ponencias y ensayos. Funciono
mejor bajo presión porque últimamente la autodisciplina me falla bastante.
Finalmente, hay algo que el lector siempre pregunta
¿se es escritor metalero o metalero escritor?
No puedo hablar
por las demás personas, pero en mi caso soy escritora en primer lugar. En mi
opinión un escritor debe ser primero un observador de su entorno y un
investigador objetivo de la ciencia y la historia. Debe ser honesto consigo
mismo, incluso si sus apetitos chocan con los supuestos valores de la sociedad.
La vida es muy corta y hay mucho que leer y escribir. Ya habrá otros que se
encarguen de catalogarnos a su gusto.
En el año 2226 no existe más civilización que un
pequeño reducto llamado Ciudad de vírgenes, una especie de monasterio donde sus
habitantes tienen funciones específicas, donde la realidad es todo cuanto le
aseguran los ancianos del lugar (los líderes) donde la monotonía es parte del
rito cotidiano y la alimentación se la gana con el desarrollo y cumplimiento de
las acciones encomendadas.
Este futuro distópico es el que narra Deneb, una joven
observadora (en su presente cada individuo tiene funciones y una clasificación)
que además de velar por ella debe hacerlo por su hermano y una amiga.
Pero Deneb no es especial, es solo un clon más de los
que habitan Ciudad de vírgenes. Una ciudad que con los días empieza a delatarle
secretos perturbadores. Así los cuestionamientos, respecto a la importancia de
su rol como clon, empiezan a surgirle una cadena de interrogantes que finaliza
fuera de la ciudad, donde la verdad resulta increíble.
2
Al igual que en Fahrenheit 451 a los personajes de
esta ciudad no les es permitido leer literatura, “se decía que podría deformar
su concepción del mundo y llevarla a tomar decisiones pasionales antes que
racionales.” (p. 31)
Mas, las decisiones de Deneb no las determinan los
libros, sino la verdad respecto a su condición de clon, y de la mentira que ha
vivido y descubre: “Los que sobrevivimos habitamos en las ruinas de las antiguas
ciudades, devorándonos los unos a los otros, de la inmundicia y de lo que
hallamos, como cucarachas. Muchos mutaron horriblemente debido a la radiación
de la gran grieta.” (p. 71)
Los secretos fuera y dentro de Ciudad de vírgenes son alarmantes
para ella: “Siempre había pensado que la carne era cultivada en laboratorios inmaculados
en algún lugar de los campos productores. No sabía que salía del cuerpo amorfo
y enorme de una mutante en el fondo de un sótano en ruinas”. (p. 91)
“Hoy desperté siendo yo misma”, escribe Deneb en su
diario, para recordarse eventos, ante las lagunas mentales que va teniendo más
seguido. Palabras que le ayudan a estar cuerda entre tanto asombro, en aquella
realidad donde se es alguien reemplazable y reutilizado (porque nada se desecha
todo se aprovecha, sentencia un personaje).
Y es que “La tecnología del siglo XXI fue el pináculo
de la civilización humana. Después todo empezó a decaer, la naturaleza empezó a
cobrar el precio justo…” (p. 113) le comenta su amigo Chaca, un mutante (mitad
humano y felino) que le enseña los oscuros secretos de su ciudad.
Una ciudad, habitantes e historia que no son lo que
aparenta. Toda una farsa laberíntica en un cierre abierto que desconcierta.
3
Paulina Soto (Loja, 1973), con esta novela, no solo
plantea una obra desde el psicoanálisis, sino que desde un retorcido desdoble
de personajes presenta una trama alucinada, oscura y sangrienta, con varios
elementos que otorgan a Ciudad de vírgenes (CCE, Núcleo Loja, 2016) toda una
cosmovisión que perturba.
Una obra distópica, en la mejor escuela de los grandes
de la ciencia ficción. De ritmo ágil e historia envolvente. Un trabajo que
debería ser parte de los clubes de lectura de los colegios del país.
Sin embargo, más allá de ser una novela interesante,
tanto por su trama y personajes alucinados, el trabajo de edición le ha jugado
en contra, desde una portada que no logra conectar con la historia, hasta
elementos más básicos en la composición general.