sábado, 13 de junio de 2026

Tontos útiles

Foto de Ron Lach (Pexels)

 

En «No puedes escribir una historia de amor», Carl, su protagonista, agarra el teléfono fijo; desde ahí escucha una voz que pregunta por él y lo invita a leer en un colegio. La paga es de $100. Él reclama algo mejor, pero es todo lo que pueden ofrecerle, además de un almuerzo junto a los estudiantes.

El cuento de Bukowski, más allá de tratar sobre el bloqueo del narrador, delata cómo se dan, usualmente, las invitaciones a escritores: con pagos mínimos y algún beneficio extra. Invitaciones que casi siempre, mientras incluyan una remuneración, son recibidas de buena manera.

No siempre ocurre que las invitaciones vienen con un pago como motivación. Por eso, uno se termina preguntando ¿Está mal exigir un pago por las actividades literarias en las que se participa? ¿El trabajo de lectura y escritura sigue considerándose un pasatiempo? ¿El ser escritor continúa siendo visto como un simple entretenimiento?

Las interrogantes surgen después de semanas de haber recibido un mensaje de un número desconocido; se trataba de una invitación para ofrecer un masterclass sobre literatura en uno de los colegios prestigiosos de Manta. Constaba el día y el horario establecido para la actividad; sin embargo, pronto noté que el mensaje carecía de lo más importante: la compensación económica.

No se trataba solo de una invitación para ser jurado en algún concurso de oratoria, poesía o cuento, sino de ofrecer una clase maestra; es decir, de preparar material para abordar un tema en torno a la lectura y escritura.

Cuando respondí que me encantaba la idea de ofrecer un masterclass para el grupo de estudiantes anunciado, y que también deseaba conocer cómo sería el pago por la actividad, una barrera empezó a erigirse entre el representante de la institución y yo. Me dijeron que consultarían con los directivos si era posible el valor sugerido y que me avisarían, pero el aviso nunca llegó.

¿Está mal exigir un pago por las actividades literarias en las que se participa? No. Es el momento en el que los escritores deben negarse a las invitaciones donde no se valore su trabajo, dejar de ser los tontos útiles y empezar a establecer tarifas.

No somos Ginsberg, como reclama el personaje de Bukowski, con pagos de $1000, pero incluso los pagos simbólicos siempre darán una motivación y compromiso ante cualquier actividad abordada.


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