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| (novela, 2022) |
No
recuerdo con precisión en qué año, tras una reunión de trabajo con Carlos
Coello García, me soltó la etiqueta de lo que estaba escribiendo: terror
bíblico. ¿El terror podía venir de la Biblia? ¿Era la Biblia un libro de
terror? Y lo más importante, ¿podía darse en verdad esa fusión entre un texto
religioso y la ficción más salvaje?
Sus
poemas y cuentos tenían marcados elementos que destacaban sus historias. Por un
lado, personajes enfurecidos con las atrocidades de la sociedad, víctimas de
urbes cada vez más sanguinarias, y que encontraban refugio en la Biblia ante
sus vidas convulsionadas; por otro lado, ángeles vengadores que no dudaban en
hacer justicia, en castigar a villanos y crueles, en aplicar las sentencias más
radicales que consideraban justas.
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| (novela, 2026) |
Las
historias de Carlos hablaban de un mundo desesperante, donde los personajes no
lograban distinguir entre la cordura y la locura; hombres, en su mayoría, que
reflejaban una lucha interna, que sucumbían casi siempre a la voz interior que
los obligaba a recorrer un sendero de violencia.
¿Todo lo
anterior se enmarcaba en el terror bíblico? Sí, y pronto reconocí que la obra
de Carlos apuntaba más al terror teológico, porque sus personajes, tal y como
se mostraban en sus novelas más recientes —Oculto y El reflejo insano—,
compartían una devoción extrema, casi fanática, como una respuesta a la
necesidad de aferrarse a algo con lo cual hallar calma.
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| Carlos Coello García (Manta-Ecuador). Foto de Joselo Márquez. |
Pero, por
más increíble que pareciera, los personajes y las historias no tenían un
objetivo evangelizador; la obra de Coello se centraba en develarnos a sus
personajes engullidos en sus infiernos personales, atrapados en su realidad
alterada donde los otros siempre resultaban sus enemigos.
Y aunque
su literatura, tan viva y extraña, debía ser material de estudio para quienes
apreciaban lo raro, para docentes y estudiantes de literatura, para fanáticos
del terror y lectores frikis, su obra continuaba siendo una isla: fuera
del mapa oficial. ¿Importaba? A veces, pocas veces. Aún había mucho por
escribir: un proyecto magno, un legado que sobreviviera al autor en su
incomprendido entorno.



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