jueves, 25 de junio de 2026

El terror religioso en la obra de Coello García

(novela, 2022)



No recuerdo con precisión en qué año, tras una reunión de trabajo con Carlos Coello García, me soltó la etiqueta de lo que estaba escribiendo: terror bíblico. ¿El terror podía venir de la Biblia? ¿Era la Biblia un libro de terror? Y lo más importante, ¿podía darse en verdad esa fusión entre un texto religioso y la ficción más salvaje?

Sus poemas y cuentos tenían marcados elementos que destacaban sus historias. Por un lado, personajes enfurecidos con las atrocidades de la sociedad, víctimas de urbes cada vez más sanguinarias, y que encontraban refugio en la Biblia ante sus vidas convulsionadas; por otro lado, ángeles vengadores que no dudaban en hacer justicia, en castigar a villanos y crueles, en aplicar las sentencias más radicales que consideraban justas.



(novela, 2026)


Las historias de Carlos hablaban de un mundo desesperante, donde los personajes no lograban distinguir entre la cordura y la locura; hombres, en su mayoría, que reflejaban una lucha interna, que sucumbían casi siempre a la voz interior que los obligaba a recorrer un sendero de violencia.

¿Todo lo anterior se enmarcaba en el terror bíblico? Sí, y pronto reconocí que la obra de Carlos apuntaba más al terror teológico, porque sus personajes, tal y como se mostraban en sus novelas más recientes —Oculto y El reflejo insano—, compartían una devoción extrema, casi fanática, como una respuesta a la necesidad de aferrarse a algo con lo cual hallar calma.



Carlos Coello García (Manta-Ecuador).
Foto de Joselo Márquez.


Pero, por más increíble que pareciera, los personajes y las historias no tenían un objetivo evangelizador; la obra de Coello se centraba en develarnos a sus personajes engullidos en sus infiernos personales, atrapados en su realidad alterada donde los otros siempre resultaban sus enemigos.

Y aunque su literatura, tan viva y extraña, debía ser material de estudio para quienes apreciaban lo raro, para docentes y estudiantes de literatura, para fanáticos del terror y lectores frikis, su obra continuaba siendo una isla: fuera del mapa oficial. ¿Importaba? A veces, pocas veces. Aún había mucho por escribir: un proyecto magno, un legado que sobreviviera al autor en su incomprendido entorno.

 

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