viernes, 27 de marzo de 2026

It y una lectura en convalecencia


 

Empezar y terminar un libro puede ser un reto absurdo para muchos, pero no para quienes hicimos de la lectura un refugio ante un mundo saturado de horror y una realidad cada vez más increíble en sus acciones.

Era 2019 y me recuperaba de una operación espantosa e inevitable. En esos días, la palabra sangre no solo habitaba en mis textos, también en una enfermedad cargada de anemia. Los días de reposo fueron más tolerables gracias a lectura.

Mientras sanaba de la intervención y recuperaba un poco mi orgullo, empecé y finalicé It, uno de los ladrillos de King. Leer setenta páginas al día, con subrayados y reflexiones sobre la historia, se volvió mi mérito personal.

Ningún familiar compartió mi felicidad; lo único que hacía durante el día —además de tomar la medicina, caminar por la casa e intentar recuperarme pronto— era estar acostado leyendo. Sonriendo y leyendo, como si la vida fuera así de simple. Para mí, en el mes que duró mi reto, lo fue.

Hoy, que las redes sociales abruman más, veo a jóvenes alardeando (como yo ahora) de empezar las más de 1600 páginas de la novela. Lectores que intentan construir su propia historia a partir del libro, pero que primero grabarán un video para ganar likes y luego lo abandonarán en el estante donde lo presumen. Mientras tanto, en las sombras, Pennywise se entristece porque sabe que nunca llegarán hasta él.

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