viernes, 20 de marzo de 2026

Un territorio gobernado por madres


Las vacaciones suelen tener el mismo ritmo cada año: salidas a la playa menos contaminada y ruidosa, museos, parques y, sobre todo, la asistencia a los vacacionales que el municipio oferta para esta fecha. El baloncesto continúa siendo la opción más aprovechable. Acompaño a mis hijas dos veces a la semana y la mañana transcurre sin novedad, hasta que empiezo a prestar atención al lugar en el que estoy.

Un día miré a mi alrededor y me di cuenta de que era el único padre, porque el territorio estaba gobernado por madres. ¿Son todas ellas "madres luchonas"? Porque las escucho y, en cada uno de sus gritos nombrando a sus hijos e hijas y designándoles acciones en la cancha, parece que estuvieran listas para una lucha si esta se presentara.


¿Soy un padre luchón? Porque, además de ser una isla, estoy atento a la hidratación de mis “deportistas” y, al igual que la veintena de madres, estoy listo para la defensa de ellas. Es el sexto día del curso vacacional y puedo afirmar que las historias que se cuentan en las gradas son más interesantes que los partidos aburridos de los niños.

Es imposible escapar a lo que se dice con voz fuerte: la historia de la abuela-niñera a la que su hija trabajadora le ha endilgado una tarea que no le corresponde; una tía hablándole a su sobrina para que haga recapacitar a su hermana menor, que vive pegada al teléfono y no ayuda en casa; las señoras que comentan los beneficios de purgantes caseros en ayunas; las madres jóvenes que confirman que la vecina separada tiene nuevo novio.



 

Mientras tanto, bajo el sol, los niños continúan realizando los ejercicios impuestos, rebotando la pelota, aprendiendo las reglas de un juego que muchos de ellos jamás desarrollarán; porque los vacacionales son para “hacer algo”, para estar fuera de casa, para olvidar las matemáticas o las clases de historia que las profesoras se saben solo por el libro guía…

Todas las madres son jugadoras jubiladas de baloncesto; eso me dicen sus gritos y las órdenes que emiten a los suyos: quitar el balón, rebotar, pasar, cubrir, encestar... y las muchas faltas que reconocen antes que el profesor-árbitro. Al final, la mañana ha dejado solo pequeños cuerpos sudorosos que regresan a sus casas felices, esperanzados de que en la próxima clase lo harán mejor; madres sonrientes porque se han liberado junto a sus amigas, porque conversar les hace bien; y un padre que piensa cómo abordar una historia para su blog.

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