jueves, 3 de mayo de 2007

Un grito a todos los que caminan muertos




Ahí les paso el comentario que leyó el colega poeta y borrachín Jorge Osinaga. Por cierto acerca de esas amistades de chupa ahí en la foto de izquierda a derecha Efrén Jurado, yo, Jorge Osinaga, Fernando Escobar (ese sí hasta las patas), y Claudio Du Lac, todos en un antro de Guayaquil en el 2005.

Jorge Osinaga
(escritor guayaquileño)

Las cosas buenas, dicen, siempre están escondidas, alejadas, pero prestas a ser halladas. Alexis Cuzme, con Club de los premuertos, confirma que la nueva y buena poesía del Ecuador está surgiendo desde los bordes, ajena a los tradicionales centros del país y también alejada de los vericuetos indescifrables del ejercicio de la palabra que empeña su entendimiento a una tarea tan complicada como abrir una caja fuerte.
La poesía de Cuzme es directa, sin rodeos, canta las cosas como son: de manera clara y despojada de adornos ridículos. Sin miramientos, Cuzme nos revela en su Club de los premuertos una voz que se niega a aceptar las insulsas masturbaciones mentales del enamoramiento, que le dice un alto a esa estupidez que no se qué masoquista inventó de negarse el uno por el otro, que nos grita por todos lados cómo podemos cometer el crimen de despedir por el inodoro nuestra libertad; en definitiva, el por qué aceptamos morir -con anticipos y en cómodas cuotas- por otro pedazo de carne; y nos muestra a fin de cuentas que no hay que pedir permiso para existir.
Cuzme se libera con sus palabras de lo que él denomina “el sentimiento chatarra”:

No es normal pretender cortar margaritas / en el jardín de la vecina, / escribir cartas a vaginas intocadas, / declamar –a pedido de oídos sensibleros– / versos de Neruda,/ Auden, / Lorca, / Darío / o Cardenal; / mientras mi otro yo / –el de siempre– / desde las sombras escupe y vocifera / con el esfuerzo de pulmones maltratados: / ¡La ternura es una larva que debes pisotear, / rociar con esperma ácida / moscas productoras rondando tu cabeza!

Con una mezcla de verdad, broma y preocupación, un amigo me decía que aquí y en todos lados, el vello del pubis puede halar más que un Caterpillar, y yo digo que también puede ser el más aplastante represor del hombre. Cuzme dice no, y se para firme.
Al final, al leer su obra, nos presenta las dos caras que el hombre debe enfrentar no solo en el amor, sino también en su vida, en su relación con los demás: la represión o la libertad, la entrega o la excarcelación.
Es, en definitiva, un grito; una llamada bien cargada que busca hacernos despertar. La invitación a este Club es precisa: para darnos cuenta si todos somos o no uno de sus miembros.

Guayaquil, abril 25 de 2007.

miércoles, 11 de abril de 2007

Las puertas no me dicen nada





Noemí volvió del centro con varias películas de estreno, además de un video de una de las bandas que solemos escuchar, mientras bebemos vodka, y le leo poesía y ella se excita lentamente hasta lanzarse sobre mí y besarme sin control.
Prendimos la Tv., la introducción clásica y arcana invadió la habitación, el enfoque de las velas en el escenario fue desplazándose hasta ir delatando uno a uno a los músicos: sus siluetas, rostros, el repentino espectro de alguien conocido y valorado por muchos años, pero la cortina había cesado, dándole paso al desencanto.
The Doors había desaparecido con la muerte de Jim Morrison en 1971, eso lo sabíamos bien. Jim: el poeta, músico, alcohólico, drogo, escandaloso artista norteamericano, no era más que polvo en tierra parisina.
Tras Roadhouse blues todo fue decepción (y eso que era el primer tema). Ahí, sobre mi cama, apretados: ella acariciando mi cabello y yo entre sus piernas, pensé: nuestro ídolo continúa sepultado en otro continente, y esa floja imitación sobre el escenario está de más. Quizás el tipejo ese no tenía la culpa de haber sido seguidor de Jim como nosotros, de haberse aprendido cada uno de los temas, leído sus poemas, intentado calcar algún pasaje, no tan trágico, de su vida. Pero lo que más cabreaba era que ese par de viejos sobrevivientes de la banda: Rey Manzarek (organista) y Robby Krieger (guitarrista) le hayan lavado el cerebro al pretender suplantar a Jim (sobre todo en apariencia), eso era imperdonable; así como esa armónica atmósfera que reflejaba el público reunido en la realización del video: farsantes. Con tal que la sicodelia, el enloquecedor juego de luces, los gritos y movimientos que Jim impuso les fueran recreados, nada más les importaba.
Veteranos de porquería, habían explotado, una vez más, la fama que Jim había dejado estancada en un hotel de París.
-tranquilo flaco, me dijo ella, no te amargues por algo que no importa.
Pero sí que importaba, y mucho. Tal vez ella no se había dado cuenta del fiasco que habían armado esos dos infelices, al pretender explotar el nombre de Jim y de su banda (porque fue él quien le dio nombre y estilo). Profanar su imagen, y suplantarlo con ese mamarracho que se había dejado crecer el cabello igual que él, que había grabado cada uno de los pasos y movimientos que Jim desgastó en cada concierto dado en los años 60. No era justo que esos dos viejos pretendieran ahora ser dos tipos rudos, cuando junto a Jim eran solo dos acomplejados músicos, pretendiendo callarlo, reprochando cada una de sus transgresiones sobre el escenario.
Noemí quiso escuchar Riders on the storm. Aún seguía enganchada con la imagen deprimente que Oliver Stone le había puesto a un pasaje de su película: donde Jim de niño había visto un jefe indio, el mismo que estaría -como fantasma perseguidor- el resto de su vida. Y mientras esto lograba ella, sin descuidarse de acariciar mi cabello, recordé a Pamela, la novia de Jim. Ella, que había logrado soportar al artista, alcohólico, desaseado, conflictivo y suicida en potencia. Ella, la mujer de Los Ángeles, la que logró encender el fuego en él. La elegida.
-te entiendo flaco, no es lo mismo escuchar la voz de Jim, que ver a ese tipo parecido trasladarse sobre el escenario, dar saltos, pretender ser malo e innovador, cuando todo lo que hace ya lo ha hecho alguien más y con una personalidad sobresaliente, me dijo ella.
Solo por curiosidad decidimos ver y escuchar Light my fire, la sicodelia de esa canción nunca estaba de más, y la sugestiva letra, hasta cantada por ese mechón suplantador, nos incitaba a caricias más excitantes.
A pesar de escenas detestables de parte de Manzarek (tocando el órgano con uno de sus pies), y del desencajable coro de éste y Krieger, la canción no estuvo mal interpretada. Pero, los indicios de “fanáticos”, apareciendo esporádicamente sobre el escenario, nos anunciaban lo peor.
El concierto en dvd (L. A. Woman, live, 2003) finalizaba con Soul kitchen, y ese era el colmo de algo que pudo servir como merecido tributo a Jim: músico y poeta. La canción regular en su interpretación. El público ebrio, descontrolado, salvaje en cada acto fanático, subió al escenario: cuarentonas hippies bailando, girando sobre su propio eje; obesos mostrando su abultado tanque repleto de cerveza; banderas con el rostro de Jim por doquier; un coro interminable: Doors, Doors, Doors; y la certeza de haber mal gastado dos dólares en esa decadente producción: muestra patética de dos viejos rockeros, parte de un ícono de los sesenta, que pretendían ganar varios cientos de dólares con esa basura visual. The Doors había desaparecido con la muerte de Jim Morrison en 1971, reafirmábamos.


Ya nos hemos de enterar




Marco Martínez
(Guayaquil, 1979)

Que dicen que andaba vendiendo droga y que por eso lo habían denunciado, que ya tenían semanas dándole caza los municipales, con razón lo veía todas las noches parado en la panadería de la esquina con esos pelones con los que siempre anda. Yo había escuchado que era fumón, que al último ya sólo andaba con el Luciano ese y Nicolás de arriba para abajo hasta tarde fumando, aunque sí puede ser verdad que estaba metido de traficante para tener para su vicio. Pobrecito. Muy correcto era, eso sí, dondequiera que me veía me saludaba, siempre, simpático era, bien educadito, yo no creo eso que dicen que de madrugada se andaban llevando la ropa que quedaba tendida en los cordeles afuera de las casas o sacándole las plumas y los espejos a los carros. No lo creo capaz de una villanada así. Otros dicen que dizque la policía vino para llevárselo a una clínica de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, que la tía estaba cansada de que se le perdiera la plata y que le vendiera las cosas, que ya era demasiado, que ella lo ayudaba y todo porque lo quería como un hijo pero que ya estaba harta, que comenzó llegando borracho casi todos los días y que metía a todos esos tipos a la casa a tomar cuando no había nadie, ya después de la noche a la mañana, dice, le empezó a encontrar paquetitos de droga en los bolsillos, y a todos esos chicos ella los conocía desde que eran pequeños y le daba pena verlos ahora echados a perder, y es que empezaron a frecuentar a unos hombres mayores, comentan, que todos sabían en el barrio que eran drogadictos y que andaban robando por el fondo y las malas juntas mira cómo son, que sí es verdad que te terminan dañando y de todas maneras a la tía no le gustaba que entrara tanta gente a la casa por su hija que como quiera ya no está tan chica, peor que se metieran a fumar, aunque le digo yo nunca he olido nada raro y eso que vivo atrás de ellos, y es que como los ven alegres, bullangueros, con el pelo largo ya corren la bola de que son marihuaneros. Y a mí la dueña del edificio que tiene una niña en la misma escuela que la hija de la señora Leny me dijo algo que no sé ni siquiera si comentar, y es que a mí hablar de estos temas me pone mal, y es que de todas maneras yo he escuchado que es común casos de abuso sexual entre familiares y vea, no sería raro que por eso lo haya denunciado su propia tía, y es que como madre ha de haber estado ardida, que la niñita sólo pasaba con la cabeza agachada en la escuela y por eso la orientadora había estado interesada en trabajar con ella en una terapia y ahí había descubierto que ese degenerado tocaba a la niña y la obligaba a sus porquerías, y que querían atraparlo de sorpresa, pero cuando llegaron a la casa ya se había escapado, que sólo habían encontrado unas películas arrumadas y unos cassettes viejos, que en el cuarto no tenía nada más que cuadernos y puros discos de esos que venden en la bahía tirados por todos lados, que sólo había ropa sucia y nada más, desapareció, que lo habían visto salir corriendo con una mochila, que si se demora media hora más los policías lo cogen, dónde andará ahora el infeliz, si eran primos hermanos y hasta se habían criado juntos, si tenía cara como medio de enfermo, todos esos chicos mismo tienen algo raro, no sé qué, y ni se han aparecido por aquí, han de estar con miedo de que se los lleven a ellos también, si son igualitos todos. Ya nos hemos de enterar, ya nos han de contar.

Bukowski, poeta sin vergüenza



Charles Bukowski (Alemania 1920 – Los Ángeles 1994): poeta, narrador, novelista, cronista. Es considerado un escritor de culto, sobre todo por los jóvenes que encontraron y han encontrado en sus trabajos y en su personalidad un modelo transgresor ante la sociedad, posturas y círculos literarios agobiantes –por sus trabajos sobre todo-. Poeta sobre todas las cosas, constructor de una literatura subterránea que amoldada a lectores igualmente desencantados lograron hacer de este escritor todo un personaje en los ochenta y noventa. Ya sea por sus conflictos con el alcohol –de los que nunca se arrepintió- o de su constante lucha interna y externa por mantenerse fiel a sus principios y crudeza poética y narrativa.
Bukowski es el poeta malo, el que transcribe su entorno miserable, alcohólico, insoportable, cruel, lastimero y a veces hasta conmovedor. Los siguientes tres poemas son solo una reducida –casi nada- parte de su rica y extensa obra (por lo sugestiva y real que se presenta) poética, tan necesaria de conocer sobre todo si se pretende encontrar un modelo sin espejismos en la poesía norteamericana, que como toda poesía bien escrita encaja en cualquier contexto.

Sé amable
siempre nos piden
que entendamos el punto de vista
de los otros
sin importar si es
anticuado
necio
asqueroso.

a uno le piden
que entienda
amablemente
todos los errores de los otros
sus vidas desperdiciadas
sobre todo si son
de edad avanzada.

pero su edad es lo único
en lo que nos fijamos.
han envejecido
mal
porque han
vivido
sin enfoque,
se han negado
a ver.
¿qué no es culpa suya?

¿culpa de quién?

¿mía?

se me pide que oculte
mi opinión
ante ellos
por miedo a su
miedo.

la edad no es un crimen

pero la vergüenza
de una vida
deliberadamente
desperdiciada

entre tantas
vidas
deliberadamente
desperdiciadas

sí lo es.


Atrapado
No desvistas mi amor
podrías encontrar un maniquí
no desvistas el maniquí
podrías encontrar mi amor.

Hace mucho que ella me olvidó.
Ahora se está probando
un sombrero nuevo
y luce más coqueta
que nunca.

Ella es una niña
y un maniquí
y la muerte.

No puedo odiarla por eso
no hizo nada inusual
solo que yo la quería.


A la puta que se llevó mi poemas
Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡por Dios!
¡doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡es intolerable!
¿tratas de joderme como a los demás?
¿por qué no te llevaste mejor mi dinero? usualmente
lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones
enfermos en el rincón.
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo u un billete
de cincuenta,
pero mis poemas no.

No soy Shakespeare
pero puede que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros;
siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
“veo que he creado muchos poetas
pero no tanta poesía”.

José Emilio Pacheco, poeta de todos los tiempos



José Emilio Pacheco (México, 1955): Poeta, narrador, periodista, traductor, ensayista, catedrático universitario y hombre clave dentro de las letras mexicanas y de reconocimiento latinoamericano por el aporte de su literatura. Ha publicado varios poemarios, libros de cuentos y novelas. Además de antologías y estudios literarios.
Este escritor mexicano –uno de los intelectuales más valorados en Latinoamérica y España- ha sobresalido por su literatura cada vez más renovada ya sea por los temas que no pierden, ni perderán, vigencia para el lector de temas comunes pero escritos desde una visión sensible con el avance del mundo y las decadencias personales, que logran ser muchas veces las decadencias colectivas.
Su poesía es difícil de encasillar, así como los temas a los que recurre, puesto que para Pacheco todo con lo que esté en contacto luego será convertido en poesía, sino leer alguno de sus poemarios para comprobarlo. Un poeta –como los grandes escritores- que desde su concepción localista trata –y lo ha logrado- de llegar más allá de sus fronteras, de abarcar el tiempo y espacio de sus lectores (jóvenes o de su edad), de enfrentar cada vez una crítica exigente, aunque siempre saliendo airoso en sus nuevos –por lo temporal mas no por lo temático- escritos.
Los siguientes poemas son solo una minúscula parte de su obra, que lastimosamente no se encuentra en su totalidad en el país o por lo menos en este puerto de librerías a medio abastecer –cuando no las cierran por falta de lectores- no asoman, salvo de vez en cuando algún cuadernillo.

Poema de amor con una línea de Hemingway
Yosoytú.
No
nos
separes
de
mí.

Encuentro
Ya me encontré a mí mismo en una esquina del tiempo.
No quise dirigirme la palabra,
en venganza por todo lo que me he hecho con saña.
Y me seguí de largo y me dejé hablando solo
-con gran resentimiento por supuesto.

Poesía
Contra la noche oscura
una pantalla que arde
y una página en blanco.

Contraelegía
Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.

Instrucciones para suicidarse




Rafael Arteaga
(escritor de Atuntaqui)

Si nadie le consultó para venir al mundo, ¿por qué tendría que dar explicaciones cuando quiere irse de él? –Pérez lee con atención unas hojas ajadas en sus manos temblorosas.
1.- El hecho no debe comprometer a nadie, ni antes ni después de realizarlo.
2.- Unos prefieren el dolor para acercarse a la divinidad; aquí consta la castración, por ejemplo. Otros lo hacen disfrutando su vino preferido; el corte de las yugulares es lo más recomendable. Y hay quienes siguen el refrán: “Más pronto, menos tonto”; una bala en las sienes es lo común, el salto al vacío es otra opción. (No se recomienda el uso de estupefacientes por su dudosa efectividad, en cuanto a dosis y resistencia de los cuerpos).
3.- No hay vuelta atrás; por lo que, de no tener éxito el plan A, accione inmediatamente el plan B, o C. Piense que al fallar, la cárcel o el manicomio le esperan, y deudas para los familiares que nada tienen que ver en este asunto.
4.- Revestir de misterio el suceso: Pacho Jabastiernas, por ejemplo, de pie sobre el puente, gritó obscenidades al mundo mientras se aproximaba el tren; otros –en cambio- no dicen una palabra al saltar el abismo, salvo el ¡ay! de arrepentimiento al ver cerca el asfalto, pero ya es demasiado tarde.
5.- Dejar una carta a la madre explicando los motivos del suicidio; los periódicos, si usted tiene suerte, pueden interesarse en su historia y publicarla con fotografías de cuerpo entero sobre el pavimento o remendado... en la morgue.
6.- Precauciones:
a) Si decide lanzarse al vacío, no lo haga desde el primer piso, cuando el edificio tiene otros 25. Cuidado con las carpas de los almacenes de la planta baja, que pueden arruinar los planes; y usted, quedar en ridículo.
b) Si elige la electricidad, sujete con las manos mojadas los gruesos cables de la red en la calle y no la antena del televisor. Guarde la carta del último pago, a fin de que su familia pueda exigir una indemnización a la empresa.
c) Si opta por los compuestos químicos, compruebe primero su eficacia con el perrito de la casa para determinar la dosis.
d) Si decide cortarse las yugulares, recuerde antes cuándo hizo la última donación de sangre.
e) Si busca ahogarse, que no sea en una piscina pública.
f) Si tiene un revólver, que no dispare balas de goma con cartelitos escritos: ¡BANG!
g) Si quiere ahorcarse, compruebe primero la resistencia de la cuerda y los travesaños del techo.
Recomendaciones:
a) Pagar un seguro de invalidez.
b) Haga que sus últimos dineros lleguen a instituciones benéficas empeñadas en la lucha contra el maltrato de los animales y en la defensa del medio ambiente.
c) Done por escrito –antes de que alguien se tome la atribución- riñones y córneas al banco de órganos; el cerebro y más menudencias, en cambio, a la facultad de medicina para sus clases de costura.
d) Si llega la policía, no dé tiempo a que se acerquen. Si llegan los bomberos, no siga sus instrucciones: el mundo arde en otras partes.
e) Lleve los documentos consigo, ya que nada es más triste en la morgue que un cadáver sin nombre. Pague con anticipación la bóveda del cementerio; la ciudad le agradece de antemano. Suerte.
-¡Ah, el suicidio! –balbuceó Pérez, escupiendo con rabia la colilla del cigarrillo al sifón-. Lo dejaré para otro día.
Extraído del libro Amores Estériles

Acerca de dos filmes españoles




Ente retumba en los parlantes de la máquina, su death metal absorbe toda posibilidad de ternura en mí y eso está bien, extremadamente bien, mientras Noemí, por detrás, me abraza y me dice, una vez más, cuanto me quiere, que quisiera fusionarse conmigo para jamás separarnos, que yosoytú y túsoyyo, y todas las frases aprendidas de algún libro de Hemingway. Volteo a verla ante tanta cantaleta rosa, sé que no miente, que su discurso es una interminable devoción por algo que cree.
-Intento escribir, le digo -sin ganas de argumentar: ¡déjame trabajar, esto es una avalancha asfixiante de querer, vuelve al libro, a Hemingway!. Pero dos palabras bastan para reducir el sentimiento-.
Me suelta y se aleja. Desde la habitación escucho (estridente, sombrío y colérico) a Total Death depredando el espacio con su doom, mientras me centro en recordar los filmes de la noche anterior, y redacto:

7 Vírgenes: la violencia urbana
7 Vírgenes (2005) de Alberto Rodríguez, es un film español que muestra la violencia urbana, donde las drogas, reformatorios, sexo y la constante búsqueda de la sobre vivencia -aunque ello signifique aplastar la confianza de otros- son el constante argumento del film.
Cano (interpretado por Juan José Ballesta) tras salir del reformatorio –por dos días, para asistir a la boda de su hermano- inicia con desesperación su vida donde la había dejado. Junto a su amigo Richi (Jesús Carroza) viven intensamente los dos días de libertad de Cano, entre hurtos, encuentros con amantes y amigos, visitas en antros, saqueos, conflictos familiares y rencillas callejeras.
El film en su propuesta y mensaje implícito logra llegar al espectador –si es que se logra comprender en su totalidad tanta jerga española-; la historia cercana al drama, nos presenta a un Cano en busca de respuestas y sentido a su existencia, sobre todo cuando valora la importancia familiar y de la amistad, e intenta asimilar lo caótico de su ruptura sentimental.
Un film desencantado por la continua crudeza de situaciones a las que los personajes se ven envueltos; reflejo de esa desadaptación adolescente donde prima la ignorancia familiar y los problemas se intentan solucionar con la evasión. Con un contexto urbano español que bien podría acoplarse a cualquier otro contexto con la misma clase de situaciones violentas a las que se ven acorralados sus personajes.
El final, como era de esperarse en esta clase de largometrajes, nos acerca a un caos del personaje protagonista: muere Ricci y él, Cano, decide no volver al reformatorio, comprende la importancia de empezar de nuevo. Todo simbolizado en su huída precipitada por las calles de la urbe.

Semen: una historia de amor
Semen: una historia de amor (2005) de Daniela Fejerman es una comedia romántica que desde el principio hasta el final mantendrá a la expectativa al espectador, y es que al ser una obra moderna, con todos los elementos capaz de acercarla al público acostumbrado a series televisivas cómicas (Friends, sobre todo), con toda su carga humorística y situaciones absurdas, no defraudará.
Serafín (Ernesto Alterio) como protagonista nos acerca a la apatía y pasibilidad de su vida, sin riesgos ni emociones extremas, a cuestas con sus traumas infantiles y recuerdos familiares que a la larga se tornan frustrantes, además cargando con un padre que ha perdido toda conexión con lo exterior, por la depresión y la resignación final hacia la nada.
Mediante su oficio –médico en una clínica de inseminación artificial- conoce a su paciente Ariadna (Leticia Dolera), la que logra que su patética existencia tome un nuevo y descabellado rumbo. Y es que tras perder el semen a injertarle a su paciente, opta por sacrificar el “suyo”, lo que desencadena situaciones conflictivas para el personaje, ya que ante su necesidad paternal -ella desconociendo que él es el donante de semen- comienza su odisea y comicidad (lo es para el espectador, si es que le divierte la tragedia ajena, pero tomada con harto humor) al pretender casarse con Ariadna y darle su apellido al niño, algo que no sucede y logra desencadenar más conflictos.Y entre situaciones radicales como: hurto de un niño (su supuesto hijo) de la maternidad, fabular con historias increíbles acerca de la paternidad adquirida, entre otras cosas, Serafín logra crear un entorno rosa, que al final del largometraje termina siendo eso: armonía total para la pareja y un cierre simple y predecible del film.