lunes, 11 de abril de 2011

Literatura para nuevos nichos

Que los rockeros y metaleros, en una gran proporción, no sean lectores ávidos de poesía y narrativa, es una verdad que cuesta afirmarla. Muchos son los que se niegan a conocer un poemario o un libro de cuentos que no tenga vínculo con la música y cultura a la que pertenecen.

Del otro lado están los rockeros y metaleros lectores (más allá de zines) los que han seguido y continúan tras la caza de excelentes obras literarias, los que han conjugado su estilo de vida y música con el deleite estético de un libro.

Ha sido gracias a una metalera-escritora y sobre todo lectora (Mayarí Granda) que se pensó acertadamente en dar a conocer (desde un gusto particular) autores que marcaron una generación y que han sobrevivido en sus textos en cientos de seguidores.

Gracias a ella muchos metaleros han podido encontrarse con poetas y poemas que sin duda no los dejarán ser los mismos tras estos laberintos transformadores.

Mayarí Granda (compiladora) / Clavos en la almohada


El trabajo del compilador demanda no solo la reunión de ciertos autores, si no conocer el vínculo necesario para que esos mismos autores compartan una obra. En Clavos en la almohada (2007) se reúne a las poetas Ileana Espinel, Sonia Manzano, Violeta Luna, Ana María Iza y Victoria Tobar, poetas que marcaron la lírica ecuatoriana de su época y cuya obra es un referente para muchas nuevas generaciones de escritores. Quizás la compilación pudo haber aprovechado las páginas en blanco y dar a conocer más poemas de cada una de las autoras, 19 poemas no son suficientes para comprender a una autora, aunque se entiende que el propósito de este libro es el dar al lector un motivo de continuidad y búsqueda si es que la poesía cumple su rol.



David Ledesma Vásquez / La estatua luminosa


David Ledesma (1934-1961) es todo un icono, mito y sobre todo talento de la poesía ecuatoriana del siglo pasado, sin embargo su obra es atemporal porque sigue presente en sus cientos de seguidores que encontraron en su poesía ese grito descontrolado que habita en muchos. Esta breve selección a cargo de Mayarí Granda cumple un gran objetivo: darlo a conocer a los cientos de lectores rockeros y metaleros. Ledesma: irreverente e incontenible, seguimos con tu poesía.



Euler Granda / Zancudo negro


Para quienes hemos seguido la trayectoria poética de Euler Granda cada nuevo poemario se lo degusta con placer, porque su poesía ha logrado interiorizar en el ecuatorianismo -con una universalidad depurada- desde su raíz más abrupta, pero real. En este Zancudo negro (2009) encontraremos al Granda de siempre, aquel que tras la denuncia en sus versos nos lega un mensaje que cala. Se complementa esta edición con un prólogo a cargo de Mayarí Granda (su hija).


Para conseguir ejemplares de estos libros, contactarse mediante: Decapitados / infolosdecapitados@yahoo.com / Ecuador

miércoles, 23 de marzo de 2011

Kitu palimpsesto






Kitu palimpsesto (Drugos de la naranja, 2009) de Diego Velasco Andrade es un poemario que nos traslada en su primera parte -KITWA- a un recorrido elegiaco a lo ancestral, donde elementos naturales, personajes y lenguaje conforman la parte sustancial de reconocimiento y pertenencia desde el espacio geográfico y cultural. Allí, en esta valoración, la voz lírica se asume como cronista:

Quitumbe

Tumbe partió
en la Edad de las Sequías
a morar en los verdes destellos
de una piedra

De allí descendió como de un rayo
el poderoso Quitumbe
para remontar los altos conos
de la cordillera
en donde se hallaba congelada
la luz de las constelaciones.

Guiado por los destellos del sol
sobre el metal de los cerros
Quitumbe divisó una montaña
una suave planicie cerca de las nubes:

KI-TO:
tierra sagrada del medio

Allí depositó el Espíritu
de la Gran Esmeralda
del misterioso
Reino de los Colibríes.

El Quito antilírico (nombre de la segunda parte, tan significativa y transgresiva) es donde el Velasco más conocido asoma y se explaya. La voz lírica nos ofrece una versión menos glamorosa de Quito: conquista, sometimiento, rebeldía, y joda, mucha joda intrincada desde los versos corrosivos y trabajados desde un humor que escarba más allá de la carcajada, y que nos incita a cuestionarnos la historia oficial:

QUITO a media LUZ DE AMÉRICA
Madrugada quiteña
en casa de manuela
mil ochocientos nueve
los próceres planean nuestra dependencia

Juan
Pío
Montúfar marqués de selva
alegre no dice ni pío
hasta que sube tambaleante a una mesa
y a voz en cuello proclama:

LOS ABAJO FIRMANTES
MARQUES DE SOLANDA
MARQUES DE SELVA
FLORIDA
MARQUES DE SAN JOSÉ
MARQUES DE SELVA
ALEGRE
MARQUES DE VILLA ORELLANA
MARQUES DE MIRA
FLORES
OBISPO CUEROY
CAICEDO MANUELA CAÑIZARES Y DEMÁS
PATRIOTAS EN ESTA PARTE DEL POEMA
DECLARAMOS
QUE HARTOS DE TANTO PAPELEO CON
LA CORONA
HEMOS RESUELTO CONFORMAR NUESTRA
JUNTA
SOBERANA QUE DESDE AHORA GOBERNARÁ
LA AMADA
AUDICIENCIA ANTE LAS PREOCUPANTES
AMENAZAS DEL POPULACHO
Y ADEMÁS PORQUE ¡VAYA! NO NOS
CONFORMAMOS
CON LA MITAD DEL PASTEL
dado en Quito
la madrugada del 10 de agosto
de 1809 ¡HIC!

Cesa la proclama y a la brevedad propone
Al glorioso ejército arribafirmante
Marchar ahoramismo a destinar al conde
Manuel Urríes de tan rentable ministerio…

¡TUM!
¡TUM!

¿Quién es?
¿La vieja Inés?

La junta SOBerAna de QuITO
que exige al conde Harina de Castilla
recoja sus tereques
y vuelva con su música a la matrópoli…¡HIP!

y,
¿cuándo estalla el primer grito
de la independencia?

En este poema solo estalla
el primer grito
del obispo cuero y caicedo
en la recámara de manuelita.

Este documento no oficial, surgido desde la negrura de un humor descomprometido con cuanto oficialismo esté en su ruta, cumple un rol de chivo expiatorio: ser el culpable, al que le vuelen la cabeza por transgresor, pero también el de convertirse en punto aparte, en la diferencia menos ejemplar (para algunos) y demasiado ejemplar (para muchos) de lo que la poesía puede y logra.

Finalmente en Quito Patrimonio, tercera y última parte del poemario, la urbanidad ante todo, la ciudad, sus manías y secretos a voces asumen el protagonismo total:

INSTATÁNEAS DE PENAL

En domingo
cualquier lugar de la jaula es bueno
para rendir fidelidad aun tamugo
o a las piernas absortas
de una dama de rojo.

De estos rostros
destapados en domingo
nadie sabe más que “el combo”
que vocea papas con ají
desde una esquina de la vieja casa.

Los celadores
aguzan el chaleco
ante cualquier disloque carcelario
y corren nómina:

Kleber detonó su colmenar
el día del torturado
el “pikas” pagó con un cheque vencido
las gestiones de su tinterillo
“ñato Freddy” arriesgó su trópico
de ases
en una filuda callejuela

“loca curvilínea” el cocinero negro
prostituyó sus posaderas
con el capo del bloque A…

¿quién asignó a este edificio
la virtud de reunir
tanta respiración apretujada?

Debo volver
a revelar con rigor de fotógrafo de parque

estas mis “instantáneas”.

Diego Velasco Andrade (Quito, 1958) ha logrado, más allá de esta acertada obra dentro de la lírica ecuatoriana, guiar a muchas de las actuales voces poéticas y narrativas del país, ha asumido con valentía y compromiso el rol de dirigir talleres literarios, y esto para un escritor (sin egoísmos de por medio entorpeciéndolo todo) es un motivo suficiente para su debido reconocimiento.

jueves, 24 de febrero de 2011

Fiesta, broma y espanto



La urbe es el espacio en el que la voz poética de Fiesta, broma y espanto (Tenia literaria ediciones, 2011. Edwin Rodríguez Galeas, Riobamba, 1983) transita y sobrevive, enfrentándose con los obstáculos de la vida y la crueldad citadina agazapada en cada esquina, bajo las sombras o desde la claridad más escandalosa. Se pretende huir, desconocer la violencia de fondo que trasgrede y atemoriza:

De salida

Pueda que sí,
sea necesario borrarse de los mapas ensangrentados.

Hasta entonces,
de tanto humillarme para no ser humillado
mis piernas
aún en su intento por calibrarse para esta vida,
negocian el sentido contrario.

Me niego a caminar
como víctima y testigo.

Rodríguez Galeas, mediante esta obra, pretende testimoniar su realidad, representar los papeles de víctima y victimario, ser el ojo voyeurista que la sociedad ignora, pero también mantener la analogía entre ciudad y emotividad: ambas marcadas por el olvido de una felicidad duradera.

Desde un bloque

A veces soy un golpe viejo
una angustia desterrada
y es fácil desafiar todo –eso incluye a todos-
pensarlos
como última opción,
una soga al árbol en esta noche triste,
el circo que se quiebra en las esquinas;
no importa que me abracen
que tengan la oscuridad bajo el brazo
o hachas augurando pereza y paz.

Solo necesito de mi orilla fría.

Otras;
mi fuerza es una mitología de sobra,
mi mano una gotera de números y cadáveres,
la voz de alguien -eso te incluye-
un rastro de cariño siniestro
que se deviene en burla
de cora-sonsitos destripados.




Este autor ha sido un oportuno hallazgo dentro de los poetas ecuatorianos. Esta publicación (que se puede descargar aquí) evidencia trabajo y sobre todo la búsqueda de una propia voz, que ya es bastante.

Encanto

Ahora que la materia prima del corazón
parecen ser los pensamientos
-no me refiero a un acto de obsesión por hacer nada-
sino al recurso de autocreación;
veo a las marionetas tragarse sus raíces
oigo los nocturnos pasos de los agujeros
siento mis brazos ceder distancia
dando paso a los gritos
que crean un nuevo estado de tragedia.

Decido no esforzarme
no buscar armas de inocencia masiva
donde solo hay errores
y dejar,
forzar que esta simbología absurda
encuentre su frontera en mis bolsillos.

viernes, 18 de febrero de 2011

Pedro Herrera Ordóñez: lo quimérico, imposible y arcano



La imagen perdida (CCE, 2010) agrupa multidisciplinariamente el trabajo visual de Pedro Herrera Ordóñez, un artista ecuatoriano cuya obra ha logrado el reconocimiento internacional.

Para esta cuidada y atractiva edición (catálogo y muestra viva e imponente de la obra de Herrera) aportan varios escritores del país, aquellos que se han dedicado al análisis de la plástica y los que a través de ella han desarrollado un imaginario literario (me remito a la obra Taller de luz de Diego Velasco) capaz de representar los enigmas surrealistas que este creador propone.

Se trata de un recorrido alucinante, complejo y subjetivo por demás, donde la realidad es apenas un referente al que el espectador se asoma, porque las creaciones de Herrera ahondan en lo quimérico, imposible y arcano.

Si solo se han encontrado con la obra de Herrera desde portadas de libros (en Quito varios autores le han rendido tributo de esta manera) es el momento indicado para fijarnos en este artista que cada vez intenta romper con las normas fijadas de la plástica.










viernes, 11 de febrero de 2011

Perfección y muerte para el arte




Y si justo hoy, a esta hora, cuando todos en casa duermen, cuando solo un teclado es una melodía atroz, de pausas breves, de doble bombo interminable sobre las m, cayendo sobre las u, arrastrándose hasta las e, gritándole a las r, insultando a las t, fulminándose nuevamente ante las e. Y todo en un devenir turbulento, donde el vómito, un orgasmo o una arañada podría ser el toque para despertar. Pero la muerte es el sueño sin retorno.

Sí, El cisne negro (2010, Darren Aronfsky) también me atrapó. A penas diez minutos que dejé a Nina (Natalie Portman) alabando su perfección, tras haber conjugado su dualidad siniestra, arriesgada y autodestructiva; ápice anhelante y complaciente. Halló su parte extraviada (porque siempre anduvo tras ella, acosándola desde su mente) y la volvió su vitalidad al cien por ciento, hasta quemarla.

Perturbadora y cruda, una historia que explora las subjetividades del arte desde la esencia del artista. Proponiendo a la perfección como el argumento justificable para la entrega total; la locura como el estado inaudito para ser y estar más allá de todo convencionalismo. Como la búsqueda del suicidio: bella y nefasta manifestación sin segunda escena (el arte desde un corte, desde un nudo, desde un agujero, desde un charco, desde la misma postura final...).

Película visceral y enloquecedora, recordándonos que hasta las criaturas más dóciles y sensibles guardan una fiera que se impone, a riesgo de desaparecer.

lunes, 7 de febrero de 2011

Jamás dejé el infierno



Cuando me suelen buscar como la mejor o quizás más inmediata opción para sugerir lecturas, decido dar detalles de lo que he terminado de leer en días pasados: cuentos, novelas, poesía, blogs. Todo suele gustar, pero cuando quien ha acudido a mí parece no lograr una convención total de mis sugerencias recurro a mi carta bajo la manga, la novela que me atrapó hace muchos años y la que se volvió desde entonces un lugar común para mis ojos.

El Infierno, entonces digo, con la facilidad “satánica” que se me tacha. Sí, El Infierno de Henry Barbusse, la mejor novela que haya logrado retratar la vida, sofocación, sensibilidad y avidez de un voyeur. Porque mientras vivimos a través de observar otras vidas (y sobre todo cuando la nuestra significa una nada perdida en una blancura sin rasgar) los minutos avanzan más despacio, nuestros pálpitos aceleran y de repente nos volvemos adictos. Adictos a la observación, a vivir mediante otros, mediante sus acciones; a regocijarnos hasta la demencia; a deleitarnos morbosamente hasta sentir que somos esos otros: desconocidos, que nos ignoran y a los que en el fondo poco nos importa su existencia, salvo su acción inmediata para entretenernos.




Soy, continúo y hasta ahora no pienso abandonar mi condición de voyeur. Veo, imagino, traduzco la realidad inmediata a mi fantasía posterior. Parejas, mujeres solitarias transitando una vereda, corriendo tras alguna similar; tocándose ante la ignorancia de todos (o casi todos); ofreciendo secretos para dos (al emisor y al voyeur).

Barbusse me enseñó que “Violo su soledad con mis ojos, pero ella no lo sabe, y no es violada”. Y además que “Otros se matan con un arma o con el veneno; yo me mataba con los minutos y las horas”.

No soy el único. Soy parte de una legión. Saludos hermanos donde quiera que estén.

lunes, 31 de enero de 2011

Camargo: sexo y muerte




Siempre quise conocer a la leyenda criminal, al sicópata que mi abuela temió y tuvo presente cada vez que sus hijas salían de casa, al violador y asesino que mi madre aún no cree que pudo haber sido el autor de todos aquellos crímenes del ochenta, al maniaco sexual que me recuerda cada ultraje presente aparecido desde los diarios.

La oportunidad me ha llegado al encontrar la obra Camargo de Oscar Bonilla León (Editorial Dina, 1987) un trabajo que para la década debió haberse vendido como pan caliente (este primer tiraje era de 10.000 ejemplares y quizás le continuó otro similar) sobre todo porque el tema estaba vigente, los deudos aún adoloridos, la sociedad ecuatoriana impactada por la noticia, las autoridades no saliendo del asombro y un Camargo envejecido desde una celda esperando a que otro interno lo aniquilara.





Una obra espeluznante, porque no solo es la interpretación del autor, si no que la voz del asesino aparece con fuerza en cada una de estas 250 páginas, confesándose sin tapujos, culpando a la sociedad de su “enfermedad”, buscando mediante la narración de sus atrocidades una paz interior, demostrando la facilidad para engatusar, someter, violar y estrangular a mujeres y niñas; gritándole a León Febres Cordero (Presidente por esos años) que la inseguridad urbana era su refugio.

Un trabajo que nos ayuda a conocer a este asesino en serie desde su profundidad criminal, a saber que no siempre la fuerza es la que predomina en los asesinos, porque el conocimiento lo supera. Daniel Camargo Barbosa lo confirma en este libro.