domingo, 14 de abril de 2013

Publicar, distribuir y sobrevivir




La primera vez que me lo propuse (hace más de diez años) fracasé en mi intento, y no porque el libro no se haya publicado, todo lo contrario: publiqué, distribuí y me “hice” escritor a los ojos de otros. Fracasé porque el libro (uno sencillo de forma e inmaduro en contenido) no alcanzó objetivos imprescindibles relacionados al campo de la edición. Objetivos claves para que un libro y su autor logren sus metas.

Así, y esto en base a la experiencia, reconozco que muchos autores nóveles ignoran que pocas veces un primer libro tiene éxito comercial (aunque siempre están las excepciones). La familia y los amigos no conforman un público lector mayoritario, menos cuando persiste más el “favor” de colaborar comprando un ejemplar y no las verdaderas intenciones de conocer la obra.

No arriesgues en el tiraje
El problema de muchos autores es que están convencidos (porque nadie les ha dicho lo contrario) de que a mayor tiraje de su libro, mayores serán las oportunidades de lograr un reconocimiento local y nacional. Error. Optar por un tiraje corto: 200 o 300 ejemplares, los precisos para llegar a medios, críticos y otros escritores (si es que existe interés en llegar a ellos) para generar comentarios que pongan en el mapa literario del país tu trabajo literario. También está la otra opción: comprar publicidad pomposa en los medios comerciales, pagarle a comentaristas literarios, decirle a tu compadre que escriba maravillas de tu libro, inventarte un personaje y escribir sobre tu misma obra como lo más genial de la ciudad, provincia, país, del siglo. Todo vale. Todo se ha hecho. 

Lo cierto es que conozco a muchos autores que después de haber publicado sus primeros libros, al poco tiempo decidieron comprar archivadores más espaciosos donde guardar toda aquella producción que aún espera ser descubierta.  






La alternativa de un blog
Desde el 2006 estoy vinculado a los blogs, primero al de colectivos culturales que me publicaron algunos textos, y luego con la apertura de Ciudad hecatombe, una bitácora dedicada a la literatura y que se ha mantenido todos estos años en el ciberespacio, con un promedio de tres entradas semanales. 

¿Cuánto me ha ayudado este blog? Más de lo que imaginé. ¿Cómo ayudaría a la obra de un escritor desconocido la apertura de una de estas bitácoras? Digamos que conozco a muchos autores que abrieron, postearon, y mantuvieron un discurso sin contradicciones en sus blogs que les sirvió como enganche para que sellos editoriales se interesaran en publicar sus obras. 

Es cierto que un blog, actualmente, ha pasado a segundo plano. Facebook es la nueva plataforma donde los autores desconocidos encuentran lectores, a veces más de los que habrían soñado. Se vuelven pequeños fenómenos digitales, aunque muchas veces lo que escriban no sean más que borradores a los que les falta trabajo. Sin embargo un blog sigue manteniendo esos otros recursos que lo vuelven más interactivo a los lectores (hipervínculos, audio y video) sobre todo cuando existe una obra que urge promoción, que necesita darse a conocer, ya no en un contexto local, sino global.

¿Ir o no a las librerías?
Las librerías son para autores que buscan vender sus libros con calma, sin desesperación, ni la alucinada idea de volverse un best seller. Suele ocurrirles a los autores jóvenes, y desconocidos, que sus libros pasan desapercibidos en las perchas, aunque a veces algún lector en busca de rarezas da con uno de ellos, le gusta, lo recomienda y el éxito, finalmente, tarda algunos años, pero llega.  

Pero yo no confío en las librerías, me han quedado mal. Y aunque debo reconocer que gracias a ellas he ganado en lectores, me hubiese gustado que algo de aquellas ventas generadas me haya llegado. Por eso no sé si alegrarme o entristecer cada vez que paso frente a una librería-papelería del centro de Manta y vuelvo a reconocer a uno de mis libros descolorido por el tiempo (desde el 2007) y con un pequeño y fosforescente precio que sin duda no llegaré a disfrutar tras su venta.

Pero más allá de este lamento conozco a autores que evitaron todo este trámite: guardaron varios ejemplares de sus libros en maletas o portafolios, tocaron las puertas de los colegios, luego los corazones de las colegialas y se volvieron sus propios vendedores, desde entonces reeditan cada cierto tiempo sus libros y son leídos y citados (¡éxito!).

Distribuye o archiva
Entonces para ti, autor joven y desconocido (aplica también para los no tan jóvenes y que igual son desconocidos) que llevas tu libro a cuesta, te dejo algunas de las recomendaciones que me han funcionado, en mi corta carrera, para hacer conocer mi obra y lograr que los lectores compren mis publicaciones:

·         Consigue amigos seguros que puedan comercializar tu libro en sus ciudades.
·         Crea un blog exclusivo para tu libro, donde conste: microbiografía tuya, características de la obra, fragmentos, comentarios, lugares de distribución (los amigos y sus ciudades), y el valor.
·         Canjea el libro con la obra de otros autores.
·         Envía el libro a ferias, mejor si contactas con colectivos literarios que expongan en un solo stand.
·         Envía muestras gratis a editores, blogueros y otros escritores.
·         Anuncia en las redes sociales que el libro se vende como pan caliente (aunque solo hayas vendido un ejemplar).
·         Publica en el blog el cómo escribiste tu obra. El lector siempre quiere saber ¿qué estaba pensando el autor cuando escribió aquello?.
·         Estampa la portada de tu libro en una camiseta y obséquiasela a tu novia(o) esposa(o) amiga(o).

Y si al final nada de esto te funciona, si ignoraste cada consejo exagerado de esta página, te recomiendo que busques cartones y cinta de embalaje, porque con el tiempo los libros no vendidos terminan siendo un estorbo en la casa.

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