martes, 19 de abril de 2011

Lemmy



Hay un rockero, que estuvo antes del rock, antes del metal y su maraña de géneros cada vez más en progreso; hay un individuo capaz de ir contra corriente y hacer que el resto vaya tras de él; hay un bajista que no toca como muchos bajistas; hay un endemoniado que fuma y fuma sin detenerse; hay un adicto a las máquinas traga monedas; hay un peatón que entra a tiendas de discos al encuentro de The Beatles; hay un músico que sabe lo que nos gusta, que canta lo que sentimos, que arma riffs para descontroladamente entregarnos a un mosh. Hay un Lemmy tras un Motorhead que disfrutamos sin parar.




Por ello Lemmy (2010) de Greg Olliver y Wes Orshoski, no es un documental más metalero, si no casi que la historia comprimida del metal, desde uno de sus pilares: Lemmy, bajista y vocalista de Motorhead y que previamente estuvo en algunas otras bandas. Una obra que nos lanza contra un Lemmy descarado, coleccionistas de espadas, padre de un músico, fumador empedernido, ídolo entre muchos de los ídolos del metal, aficionado a la vestimenta nazi, que comprende su posición dentro de una cada vez más farandulera escena mundial metalera, y que tolera a medias, porque no debe a nadie y al contrario muchos deben a él: sonido, estética y el entendimiento del mundo desde su visión personal y cruda.

Lemmy. Si aún no la han visto, están jodidos.







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