viernes, 27 de marzo de 2026

It y una lectura en convalecencia


 

Empezar y terminar un libro puede ser un reto absurdo para muchos, pero no para quienes hicimos de la lectura un refugio ante un mundo saturado de horror y una realidad cada vez más increíble en sus acciones.

Era 2019 y me recuperaba de una operación espantosa e inevitable. En esos días, la palabra sangre no solo habitaba en mis textos, también en una enfermedad cargada de anemia. Los días de reposo fueron más tolerables gracias a lectura.

Mientras sanaba de la intervención y recuperaba un poco mi orgullo, empecé y finalicé It, uno de los ladrillos de King. Leer setenta páginas al día, con subrayados y reflexiones sobre la historia, se volvió mi mérito personal.

Ningún familiar compartió mi felicidad; lo único que hacía durante el día —además de tomar la medicina, caminar por la casa e intentar recuperarme pronto— era estar acostado leyendo. Sonriendo y leyendo, como si la vida fuera así de simple. Para mí, en el mes que duró mi reto, lo fue.

Hoy, que las redes sociales abruman más, veo a jóvenes alardeando (como yo ahora) de empezar las más de 1600 páginas de la novela. Lectores que intentan construir su propia historia a partir del libro, pero que primero grabarán un video para ganar likes y luego lo abandonarán en el estante donde lo presumen. Mientras tanto, en las sombras, Pennywise se entristece porque sabe que nunca llegarán hasta él.

lunes, 23 de marzo de 2026

Tragicomedias que divierten


 

Cada día aparece un nuevo creador de contenido en TikTok. No tengo prueba de ello, pero tampoco duda. Los ejemplos abundan: desde la señora que vende cosas cantando alabanzas hasta la mujer que canta en seudo inglés; los grupos que recrean historias sensibleras de infieles y malvados, o los relatos de niños abandonados, madres solteras y hombres en relaciones tóxicas. Es una larga lista de contenidos que se repiten y calcan entre sí.

En medio de todas estas propuestas, aparecen dos creadores que dicen algo: El Jampi, desde Manta, y El Revish, desde Guayaquil. ¿Qué los hace destacar? Me atrevería a afirmar que la originalidad. Mientras muchos de sus colegas centran su contenido en temas gastados, ellos van en otra línea (aunque sus primeros registros dan cuenta de la imitación).

Son personajes que cuentan historias desde el testimonio. Por un lado, El Jampi: desde el incrédulo con una supuesta novia europea que termina estafado; el que busca jóvenes para su “empresa” de prostitución masculina; el taxista de inDrive que opina de la vida de sus clientes (y que explota sentimental y sexualmente a alguien de su mismo género) o el delivery que no atina con los pedidos.

Por otro lado, El Revish presenta contenido movido por la coyuntura social, política y de seguridad. Usa un recurso constante: el ecuatoriano promedio que intenta salir librado de distintas situaciones, terminando siempre con un estribillo que denota el “por gusto”, lo vano de una solicitud que no llegará a realizarse.

Ambos comparten una línea: sus historias muestran al ecuatoriano común, el que se mueve en los barrios, el de la esquina, el de la jerga popular que se reconoce parte de un territorio marginal. Las tragicomedias que presentan divierten porque concentran historias cotidianas; situaciones reales que refuerzan la idiosincrasia local y nacional.

viernes, 20 de marzo de 2026

Un territorio gobernado por madres


Las vacaciones suelen tener el mismo ritmo cada año: salidas a la playa menos contaminada y ruidosa, museos, parques y, sobre todo, la asistencia a los vacacionales que el municipio oferta para esta fecha. El baloncesto continúa siendo la opción más aprovechable. Acompaño a mis hijas dos veces a la semana y la mañana transcurre sin novedad, hasta que empiezo a prestar atención al lugar en el que estoy.

Un día miré a mi alrededor y me di cuenta de que era el único padre, porque el territorio estaba gobernado por madres. ¿Son todas ellas "madres luchonas"? Porque las escucho y, en cada uno de sus gritos nombrando a sus hijos e hijas y designándoles acciones en la cancha, parece que estuvieran listas para una lucha si esta se presentara.


¿Soy un padre luchón? Porque, además de ser una isla, estoy atento a la hidratación de mis “deportistas” y, al igual que la veintena de madres, estoy listo para la defensa de ellas. Es el sexto día del curso vacacional y puedo afirmar que las historias que se cuentan en las gradas son más interesantes que los partidos aburridos de los niños.

Es imposible escapar a lo que se dice con voz fuerte: la historia de la abuela-niñera a la que su hija trabajadora le ha endilgado una tarea que no le corresponde; una tía hablándole a su sobrina para que haga recapacitar a su hermana menor, que vive pegada al teléfono y no ayuda en casa; las señoras que comentan los beneficios de purgantes caseros en ayunas; las madres jóvenes que confirman que la vecina separada tiene nuevo novio.



 

Mientras tanto, bajo el sol, los niños continúan realizando los ejercicios impuestos, rebotando la pelota, aprendiendo las reglas de un juego que muchos de ellos jamás desarrollarán; porque los vacacionales son para “hacer algo”, para estar fuera de casa, para olvidar las matemáticas o las clases de historia que las profesoras se saben solo por el libro guía…

Todas las madres son jugadoras jubiladas de baloncesto; eso me dicen sus gritos y las órdenes que emiten a los suyos: quitar el balón, rebotar, pasar, cubrir, encestar... y las muchas faltas que reconocen antes que el profesor-árbitro. Al final, la mañana ha dejado solo pequeños cuerpos sudorosos que regresan a sus casas felices, esperanzados de que en la próxima clase lo harán mejor; madres sonrientes porque se han liberado junto a sus amigas, porque conversar les hace bien; y un padre que piensa cómo abordar una historia para su blog.

domingo, 15 de marzo de 2026

El libro ante el artículo científico


 

Existió un tiempo en el que los docentes universitarios, además de su labor en la enseñanza, tenían un objetivo claro en su quehacer académico: aportar a su línea de conocimiento. Un subgrupo de ellos encontraba la motivación de aportar desde la ficción: novelas o colecciones de cuentos que denotaban que no solo se vivía de la teoría, sino que su obra era el mejor ejemplo para los estudiantes. Profesores capaces de compartir sus libros entre sí, generar comentarios y juicios críticos más allá del halago mutuo; una sana competencia para dejar una huella en el área que enseñaban.

En ese tiempo importaba más la escritura y publicación de un libro: presentarlo, dialogar con el público —usualmente estudiantes interesados y no “obligados” a asistir— y acercarlos al proceso de escritura, a las motivaciones iniciales y a las luces del objetivo trazado de la obra.

Hoy importa más un artículo científico, un artículo de investigación y de revisión, un ensayo…textos de vida corta en revistas especializadas. Textos que casi siempre se pierden en el océano de otros textos similares. Textos que pocos o nadie comentarán o citarán, porque su aporte es mínimo. Textos olvidados en las marañas de revistas depredadoras…  

¿A qué viene lo anterior? A propósito de Vladimir (2026), la reciente serie basada en la novela homónima de Julia May Jonas. Una historia cercana al “porno para mamás” (como diría King respecto a obras similares). Una profesora con un matrimonio abierto que tiene una fijación con el profesor joven recién contratado. Una historia entretenida —para escarbar y dar con los puntos interesantes— ante lo banal que se presenta.


viernes, 13 de marzo de 2026

El poeta es una carcajada errante

El lugar común de la poesía son los poetas: cientos y miles de hombres y mujeres que un día se reconocieron no como escritores, sino como poetas. Porque entre escritores y poetas ha existido una línea, una franja invisible que los ha separado de su quehacer literario. Por eso no es de extrañar que en las biografías de muchos de ellos se explique que es poesía lo que escriben (aunque nunca faltará el todólogo que afirme que es Escritor y Poeta; incluso los más excéntricos asegurarán que son Escritor, Poeta y Periodista).

Por eso, cuando aparece una película tan ácida y descarnada como Un poeta (2025, Simón Mesa Soto) uno, como espectador, vuelve a preguntarse ¿son necesarios los poetas? ¿Son suficientes todos los poetas existentes? ¿Es necesaria la poesía de toda esta legión de poetas pululantes? 



Óscar Restrepo, el protagonista de esta disparatada y tragicómica historia, es el arquetipo de poeta que se puede encontrar en toda Latinoamérica: un bebedor extremo que prefiere filosofar respecto a la “buena” poesía. La poesía pura nacida desde el margen, sin el afán de reconocimiento; la poesía descontaminada de los intereses coyunturales. Un poeta abogando por la poesía como la expresión máxima de la creación literaria, aunque su propia obra sea irrelevante.

Pero en Un Poeta no solo se trata de la vida del poetita apestoso que todos ven con conmiseración; es también el reflejo de lo que la gestión cultural representa en muchos de los países de la región: ese entramado político de favores y compadrazgos. Esos espacios donde los consagrados determinan qué vale y qué debe olvidarse; esos centros de poder cultural que levantan y sepultan autores a su antojo.

Un poeta, es un film para desplegar carcajadas desaforadas y también, una vez disipada la risa, para reflexionar sobre el retrato exagerado de nuestra realidad.

Por aquí se puede ver.