domingo, 3 de mayo de 2015

De la fiesta rave a San Mateo (parte IX)

Imagen tomada de https://tecnologiapuntaydeporte.wordpress.com/2011/11/17/tecnologia-en-el-mar-surfistas-conectados/



Cuando llegaron a la colina y al cementerio de San Mateo, se dieron cuenta que alguien había colocado un chongo en la punta de San Mateo, más allá del cementerio, y decidieron entrar para tomarse unos tragos.
Pasar por el cementerio y desembocar en un bar de streap tease, le daba a todo el asunto la sensación de una herejía, una irreverencia, una provocación y un desafío a la cordura.
Danni citó mentalmente un texto de Srila Prabhupada: mientras el hombre posee todo el vigor de su vida, olvida la verdad desnuda de la muerte, con la que habrá de encontrarse.
Adentro se encontraba un nutrido grupo de pescadores que no habían podido hacerse a la mar por el mal tiempo, y se encontraban varados, tomándose un trago y disfrutando del show de unas cholitas flacas y altas que bailaban desnudas.
Aquellas chicas con tatuajes en todo el cuerpo se movían de manera intrépida, poseían un ritmo bien caliente, provocativo, audaz, tremendamente loco, otras veces increíble.
Entonces Danni escribió un poema mental, titulado VERONICA:

Olas griegas y colosales/
se estrellan contra la orilla de San Mateo/
en tus ojos de pordiosera/
puedo ver el reflejo del pecado/
cada noche respiro/
el perfume de tu antro/
te veo ir y venir, agitada/
tu vientre repleto de leche/
satisfaces la necesidad sexual de varios hombres/
el dinero que cosechas/
en tus manos se convierte en polvo de arena/
te embriaga sacrificarte/
por el amor de un hombre que no conoces/
corres de un lado para otro/
sirviendo cerveza y whisky/
puedo oler el perfume que sale de tu ano/
hecho nata por el deseo/
de la noche eterna

Afuera corría un viento tremendo y las olas poseían un tamaño intimidante.
Pava Loca tenía dividida sus lealtades. Por un lado quería ver el show, pero por otro le picaban las patas por meterse al agua.
San Mateo de cuatro metros era la ola soñada por un surfista pesado como él.
Claudia y Danni se dieron cuenta de esta situación y lo llevaron, casi empujándolo a Pava Loca para que se metiera en el mar.
Pronto estaban frotando con cera las tablas y Danni le puso un parche gris sobre un pequeño agujero en su tabla, impermeable, para que no le entrara el agua.
Mientras se encontraba en estos menesteres a Danni se le vino a la mente una cita de Guy de Maupassant: la soledad prolongada puebla de visiones el vacío.

Había que sacarse la puta remando hasta la punta y cada vez que penetraban hacia el pico, tenían que subir paredes de agua cada vez más altas. La cosa se iba poniendo cada vez más preocupante. El agua estaba arremolinada, hervía de tanta agitación.
De pronto los chicos se encontraron en medio del camino a dos surfista pesados de Salinas, que no habían visto desde el cerro: se trataban del FOX y Pablito, que estaban discutiendo por un asunto ininteligible, gritaban, vociferaban y se reclamaban mutuamente, algo que los oídos de Danni no alcanzaban a escuchar.
Mientras los muchachos iban remando hacia ellos y se iban acercando, les parecía que la discusión se iba acalorando, hasta que Pablito se paró acrobáticamente, encima de su tabla y saltó hasta el FOX, y lo empezó a ahorcar. El pobre FOX se sacudía y se agitaba y pedía auxilio con los ojos desorbitados por el terror, que alguien lo libre de este loco.
Todo era absolutamente demencial y terrorífico para el FOX.
Si no se ahogaba con el tremendo aguaje de San Mateo, seguramente lo mataría Pablito.
Más adentro se encontraba, el siempre risueño, papaya Rodríguez, con su bellísima tabla Lightning Bolt, firmada por Gerry Lopez. Y de pronto preguntó:

-      ¿Qué se traen ese par de locos?
-      No lo sé-dijo Danni-, allá se están matando.
-      ¡Chiflados!-dijo papaya.

Mientras tanto Pava Loca se quedaba alucinado viendo cómo en la orilla se levantaba de manera incomprensible un pico gigantesco, salinero para formar un tubo suicida de cuatro metros. Aquella ola poseía una belleza paralizadora, terrorífica. Pava Loca le dijo a Danni:

-      Tú eres playero, ¿te atreverás a bajar ese salinero mortal?, si yo que soy salinero me siento ahuevado…
-      No importa si lo bajo o no lo bajo, ¿si muerdes?, el solo hecho de estar aquí y ver esto, junto a ti, y junto a toda esta gente pesada que está aquí ya es suficiente para mí, ¿si muerdes?, esto es historia.
-      ¡Bueno!, hasta aquí llegamos, viejo, aquí se separan los niños de los hombres, ¡cuidado se te rompe el cordón!, a Iván se le rompió el cordón cuatro veces y siempre volvió a meterse en el agua. Él tuvo suerte de no salir ahogado, ¡no vayas a hacer la misma locura!
-      Vamos a ver qué pasa-dijo Danni- sin mucha convicción.



Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
 
(Fragmento de la novela Arena Amarilla que será publicada -como tres anteriores obras- por entregas semanales)


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